Editorial 119: Es un paso, pero no el último

Sin duda los acuerdos alcanzados entre el gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC EP-, constituyen un acontecimiento histórico; no todos los días una guerrilla marxista de 52 años de lucha armada y popular con alcance y opinión internacional, logra un consenso con un gobierno heredero de 200 años de costumbres republicanas conservadoras. Quién gano y quién perdió con este acuerdo solo se podrá saber en los siguientes años; por ahora, siempre y cuando el Estado cumpla y no se empeñe en repetir la receta vieja de acribillar a la nueva fuerza legal que nazca del proceso, podríamos decir que hay una oportunidad de construir democracia a través de los espacios institucionales y la posibilidad de transformar las costumbres políticas, casi todas montadas sobre preceptos atrasados y sobre filosofías extranjeras. Si es así ganamos, si no hemos perdido todos y todas en este país. Por eso hay que acompañar el proceso de refrendación que se acoja y votar por el sí, para que no quede duda que el problema de la guerra no es un asunto del que se pueda responsabilizar al pueblo.

Este es el segundo punto que queremos tratar. La insurgencia colombiana, tanto las FARC como el ELN y el EPL surgieron en los años 60 en el contexto del Frente Nacional, una descarada componenda de los partidos tradicionales que excluyeron a todos los demás partidos y corrientes políticas de la posibilidad de llegar al poder por la vía legal. Las FARC especialmente nacieron después de que, por decisión del Estado, toneladas de bombas les cayeran encima a las comunidades organizadas en procesos colectivos en Marquetalia, El Pato, Guayabero, entre otros. Y estas comunidades y otros cientos de miles de personas en todo el territorio nacional venían de ser víctimas de otra guerra provocada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948; alevoso crimen también perpetrado por la oligarquía conservadora, que para el caso como dijo Gaitán era lo mismo que la liberal. No fueron las guerrillas ni el pueblo los que provocaron la guerra o las guerras en Colombia.

La guerra es solo una expresión del conflicto en Colombia, y tiene componentes militares, sociales, económicos e ideológicos (como el que libran los medios masivos en favor de los más poderosos), que se expresan en muchas guerras. La guerra contra los pobres, propiciada por los legisladores y materializadas en leyes como la del sistema de salud, es una de ellas, y mata más gente que la confrontación armada entre el gobierno y las FARC. Es guerra contra los pobres, por ejemplo, que el Estado se gaste el presupuesto en armas y ejércitos élites mientras encarece los costos de la educación superior; es una guerra que mueran niños, niñas, y ancianos en todas las regiones del país por desnutrición; es guerra privatizar la salud y los servicios públicos; es guerra el desempleo, y lo es también el fomento de la cultura mafiosa. Es parte de esta guerra importar los alimentos que podrían cosechar nuestros campesinos y campesinas en las tierras de las que fueron desplazados por los paramilitares; es guerra sostener la mentira de que los paramilitares no hacen parte de la política del Estado. Y como todas esas guerras se mantienen hasta ahora y algunas ha dicho el gobierno que no está dispuesto a discutirlas por ningún motivo, entonces no es el fin de la guerra.

No le hace bien al momento histórico de cambios y transformaciones que se hable del "fin de la guerra" y mucho menos del "último día de la guerra". Este tipo de lenguaje tiene por lo menos dos problemas: es hegemónico, y la hegemonía del lenguaje es otra de las guerras que los medios masivos de comunicación vienen librando contra el pueblo y en favor del mercado y del modelo económico neoliberal que también mata muchísima gente. No olvidemos cómo en 1990 un señor Fukuyama habló del fin de la lucha de clases y de las ideologías, sin embargo las guerras entre ricos y pobres se han multiplicado. Podríamos decir que la lucha del mercado viene triunfando a unos costos aterradores contra la vida del mismo planeta. Por otro lado, como ya se dijo, las formas de guerra son muchas y los actores que las viven y las confrontan no solo en el campo militar sino social y popular también lo son y siguen vigentes. Por el bien de la unidad de las fuerzas populares que sostienen miradas diversas del momento que vive el país, no se debería insistir en lenguajes que generen debates innecesarios; por el contrario, los lenguajes y mensajes deben llamar a acompañar el proceso de paz y a continuar en la lucha, porque no existe una mejor forma de construir la paz que con la lucha, la participación y la movilización de toda la sociedad.

Aún si las fuerzas empresariales y políticas más poderosas de Colombia, o sea la oligarquía, permitieran que se instalara la mesa de negociaciones con el ELN, y de este diálogo se llegara a otro acuerdo, tampoco se podría hablar del fin de la guerra. La guerra es la principal herramienta de acumulación de capital, es decir, es la mejor forma para que los más poderosos lo sigan siendo, por ello no es tan sencillo asumir el mensaje alentador, aunque sin duda alguna todos y todas anhelemos el verdadero fin de la guerra.

Las condiciones nuevas que el gobierno exige al ELN para instalar la mesa de diálogos no son más que una forma de prolongar la guerra, mientras finaliza el proceso con las FARC y reorganiza su máquina de guerra para llevar a esta guerrilla a una mesa de negociación en un estado de postración. En más de tres oportunidades el máximo jefe del ELN ha instado públicamente a instalar la mesa en Quito- Ecuador, y ha retado al gobierno a hablar de todo en esa mesa, inclusive de esas condiciones nuevas. A pesar de estas manifestaciones públicas y de la insistencia de reconocidas personalidades colombianas y extranjeras y sus gobiernos para que el ELN y el presidente Santos instalen la mesa, este último no ha querido tomar la decisión, tal vez presionado por las élites políticas y económicas guerreristas.

Debería el país todo, ricos y pobres, organizados y no organizados, de izquierda y de derecha, preocuparse y participar más en este debate nacional histórico. Es la única manera de que no le metan los dedos en la boca, como dicen popularmente. Sería la mejor forma de hablar sobre cuáles son las transformaciones que necesitan las mayorías colombianas. Juan Manuel Santos por cuenta propia y en nombre de los que lo pusieron en el poder, ha manifestado en repetidas oportunidades que no está dispuesto a discutir el modelo económico, pero las últimas grandes movilizaciones, protestas y paros piden a gritos el cambio de modelo económico; nadie ha realizado una gran encuesta preguntando cuál es el nivel de reconocimiento y respaldo de la sociedad al modelo económico o si la gente sabe qué es; si la mayoría de la gente supiera que la ley 100 de 1993 que sostiene el sistema de salud hace parte de su corazón, le exigiría al gobierno por unanimidad que lo cambiara de una vez por todas. La paz del país y del planeta llegará cuando se cambie el modelo y el sistema económico; mientras tanto sería necesario, pertinente y humanista llevar a cabo transformaciones democráticas que permitan que el pueblo viva y disfrute su país en mejores condiciones. Las mesas de diálogo con las insurgencias hacen parte de ese propósito, pero la participación de la sociedad es fundamental. ¿Será acaso que descubrimos que el agua moja?

Share this article

About Author

Periferia
Login to post comments

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

 

Calle 50 #46-36 of. 504

 

(4) 231 08 42

 

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.