Bien común y paz

La historia es testimonio de vida; su análisis objetivo es un camino imprescindible para llegar a la equidad, la libertad, la soberanía, y por consiguiente a la paz integral; por el contrario, su desconocimiento nos lleva inexorablemente a la esclavitud, en cualquiera de las formas que esta adopte. Ella, en el caso americano, nos permitirá finalmente entender el origen de la injusticia y por tanto, de la violencia y la guerra, que se basan en la implementación de la concepción de la codicia particular, impuesta a sangre y fuego por la “culta, civilizada y cristiana Europa”, en su etapa capitalista del imperialismo colonialista.

A la vez, nos mostrará que la solución la han tenido desde siempre los pueblos indígenas, con su concepción del bien común, construida durante miles de años y defendida heroicamente por ellos en los últimos cinco siglos, la cual, bien sea por la actitud de las clases dominantes en cuanto a esconder la realidad, o de la corriente de avanzada en cuanto a imitar lo europeo, no ha querido ser tenida en cuenta como el fundamento de nuestras luchas.

Ahora, cuando se acaban de firmar los Acuerdos de La Habana, que deberemos refrendar masivamente si queremos tener un escenario que nos permita avanzar en mejores condiciones hacia la paz integral, y golpear las posiciones guerreristas que tanto daño le han hecho al pueblo, es un buen momento para hablar de la historia, ya que entendemos que la paz no es posible sin el conocimiento de esta. Y es un buen momento, además, por cuanto nuestras clases dominantes pretenden hacerla desaparecer en aras del desarrollo neoliberal, mientras que -y esto es lo más grave- quienes aspiramos a un modelo social para el buen vivir, embelesados en buena medida con los procesos electorales, apenas si la mencionamos; solamente algunos investigadores independientes, pacientemente, buscan profundizarla y darla a conocer. Cabe anotar, en tal sentido y con el ánimo de aportar, lo siguiente:

La historia indígena: Los pueblos originarios de nuestro continente, como debía saberse, construyeron en miles de años y hasta nuestros días un modelo de sociedad basado en la concepción del bien común; la más avanzada conocida hasta ahora y el mayor aporte de América a la humanidad. Por tanto su cultura, incluida la historia, ha sido desarrollada de manera integral por toda la colectividad, sin exclusiones. Dicha historia ellos la han recogido, conservado y socializado permanentemente por medio del relato oral, la leyenda, la religión, el baile, la música, y en algunos casos, la escritura. En los últimos tiempos, muchos indígenas han obtenido un título universitario que les ha permitido avanzar de manera científica y metódica en el rescate de su pasado.

La historia recortada: La bárbara invasión capitalista de los imperios eurocristianos a América, en su etapa colonialista de los siglos XVI y XVII, se constituye en uno de los más vergonzosos episodios de la historia mundial. Esto no solamente por la violencia ejercida contra los naturales, sino básicamente, debido a la imposición a sangre y fuego de la concepción de la codicia particular, origen de su modelo de explotación, con consecuencias realmente desastrosas que llegan hasta nuestros días. La depredación de la vida en general, y del ser humano y de la naturaleza en particular, la iniciación de la violencia de los explotadores sobre los explotados, el genocidio físico y cultural, el robo de la propiedad colectiva y su privatización, la explotación inmisericorde de los trabajadores, la imposición de elementos culturales atrasados por cuanto estaban al servicio de intereses individuales, como religiones, lenguas y modelos familiares patriarcales y machistas, la exclusión étnica, social, económica, política, de género y de sexo, son los aspectos centrales más dañinos de dicha concepción, hoy combatidos por todas las gentes que buscan un modelo social comunitario.

En cuanto a la historia, establecieron una recortada, primero por medio de sus cronistas, y luego por las academias de historia, ya que solamente habla de las “hazañas” de las clases dominantes, dejando por fuera las realizaciones populares o tergiversando lo poco que han dado a conocer de ellas.

La historia invisible: Nos referimos a una nueva corriente que busca el desconocimiento total de ella y que se ha desarrollado en dos momentos; inicialmente, cuando el gobierno nacional, profundamente preocupado por las investigaciones que venían adelantando sectores de avanzada que estaban poniendo en jaque su amañada historia recortada, y que permitían el acercamiento a la realidad de buena parte de la población, decidió expedir el decreto 1002, de 1984, por medio del cual la historia, la geografía y la educación para la democracia serían diluidas en una sola área. Más tarde, con la imposición de la política neoliberal que presionaba a los diferentes gobiernos para que se pusiera fin a la enseñanza de la historia, buscando que los pueblos neocolonizados perdieran su identidad y asumieran sumisamente la cultura del consumismo. En tal sentido, en la enseñanza han jugado un papel preponderante la imposición de los estándares y las pruebas saber, que impiden la libre expresión de las comunidades educativas y dan mayor importancia a las ciencias físicas, desconociendo el papel vital de las humanidades.

La historia real: Tiene como precedente y punto de partida la aborigen, así como las expresiones y luchas de la mujer, las negritudes, los campesinos, las capas populares, los obreros, los estudiantes y los intelectuales, bien sea con relatos orales o escritos, y cuya búsqueda, en los últimos tiempos, ha corrido por cuenta de investigadores y entidades tanto independientes como de izquierda y no pocos de derecha.

En consecuencia, para avanzar hacia la paz integral que anhelamos, es necesaria una historia que recupere la concepción indígena del bien común como punto de partida y de llegada de nuestro proceso económico, social, político, ideológico y cultural. Que muestre cómo la contradicción central de dicho proceso en América, a partir del siglo XVI, se ha dado entre la concepción del bien común, iniciada por los indígenas, en defensa de la vida, la naturaleza, la libertad, la soberanía y la independencia, y la concepción de la codicia particular impuesta violentamente por los invasores eurocristianos, origen del capitalismo imperialista y colonialista, el mayor depredador del mundo conocido hasta ahora. Que continúe desarrollando y dando a conocer las investigaciones realizadas sobre nuestra realidad. Que sea enseñada a profundidad en los establecimientos educativos. Y de manera fundamental, que sea trabajada con y a partir de las comunidades.

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Jaime Celis Arroyave
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