Sueños de paz

Al suroriente caucano, en el municipio de Caldono, vereda San Antonio, resguardo Pueblo Nuevo, está ubicada una de las 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), delimitadas y concertadas entre el Gobierno Nacional y las FARC. En este lugar le correspondió concentrarse al “Frente Jacobo Arenas”, conformado por 439 combatientes, organizados en cuatro columnas guerrilleras.

 

Este punto de las montañas caucanas, de cara a la cordillera central, territorio ancestral del Pueblo Nasa, por segunda ocasión se hace testigo de la negociación y posterior dejación de armas de una insurgencia armada colombiana, pues acá mismo, a inicios del 1991, el Movimiento Armado “Quintín Lame” dio paso de la vía armada a la vía política.

Hoy, tanto huéspedes como anfitriones de este pueblo étnico ancestral, igual que en aquel entonces, no siendo ajenos a sus luchas, a sus sueños ni a sus culturas, se funden en uno sólo. Es posible que ello sea, si no la única, al menos la más visible razón por la que en este campamento reine la hermandad, la solidaridad, la humildad, la convicción, la disciplina, las ganas de vivir y seguir luchando, ahora, por la vía político-social. Dicho comportamiento, típico de su cultura, se refleja en el desempeño en los quehaceres cotidianos que demandan las ZVTN (prestar guardia, hacer “rancho”, colaborar en trabajo comunitario, construir cambuches, estudiar, organizar y participar en actividades culturales y políticas, etc.), tal como lo fue en tiempos de guerra, lo que los llevó a ser uno de los frentes más aguerridos de las FARC y, por tanto, de los más temidos por el Ejército Nacional.

El Pueblo Nasa también ha sido víctima, pues no solo sus territorios han sido desde siempre invadidos, profanados, saqueados, usurpados, sino que sus resistencias a estos abusos han sido criminalizadas y reprimidas a sangre y fuego por parte de los organismos de seguridad del Estado y sus escuadrones de la muerte, antiguos “pájaros” y hoy paramilitares, quienes aún siguen activos y fortalecidos. Por eso, tomaron mano de la resistencia activa y militar, heredada por siempre de sus mayores: “quien se somete de manera dócil y voluntaria ante el opresor y el explotador, es peor que su mismo verdugo”.

Re-creando la memoria
En momentos de esparcimiento que alcanzamos a arrebatarle a la rutina diaria en el campamento, algunos indígenas nasa, que en su gran mayoría engrosan las filas del Frente Jacobo Arenas en calidad de combatientes y milicianos, asentados en la zona veredal Carlos Perdomo, revuelcan, un poco y a su manera, retazos de su memoria histórica como pueblo ancestral.

A  vuelo de pájaro nos narra Fernando, un joven de 28 años, ex-gobernador de uno de los resguardos de esta zona: “allá, por los años 1600, luego de fuertes y extensas confrontaciones armadas lideradas por la Cacica, luego de su muerte, la Corona Española invita a las comunidades ancestrales en resistencia,  en cabeza del Cacique Sat Tama,  a una negociación y allí nos dispusieron, más por imposición que por consenso, los  resguardos (en idioma paez, Sat Tama Kiwe=resguardo o tierra del Cacique Sat Tama), validados a través de los llamados títulos coloniales”. Toma la palabra Ernesto Díaz, otro miliciano que nos acompaña: “pero los efectos de esta forma de organización engañosa, implicó dividirnos como pueblo, como comunidad y como etnia, pero, según ellos, esto era para protegernos o resguardarnos, pero en verdad nos condujo fue a la confrontación entre pueblos hermanos. La división de nuestro pueblo es cada vez mayor, a tal punto que, por ejemplo, en tan solo cinco municipios de los que hacen parte del área de influencia social y política de este campo de guerra, existen mínimo 40 resguardos, sin contar los demás municipios más lejanos de esta zona”. Fernando añade: “y es más, así como nos organizaron por resguardos, por ahí mismo nos impusieron el cabildo, el bastón, el cacicazgo y hasta algunos trajes o vestimentas diarias y de rituales de nuestros pueblos. Ernesto remata: “y también sus formas malas de gobernar, pues no podemos ocultar ni negar que algunos de nuestros gobernadores han terminado en replicar desafortunadas formas del gobierno institucional, y esa fue otra forma de colonizarnos”.

El escepticismo persiste
A pesar del estado de ánimo jocoso y alegre que les acompaña a diario, incluso en la adversidad, no dejan de expresarnos, con  pausada y tranquila forma de hablar que les caracteriza, su escepticismo frente al actual proceso de dejación de armas, pues, en otra conversa, el Mayor Joaquín Chocúe, un veterano militante de las resistencias armadas de la región, trae a la memoria la masacre en la Finca El Nilo, en la que, en tiempos de negociación entre el Gobierno Nacional y el Movimiento indígena “Quintín Lame”, los paramilitares asesinaron a 40 indígenas (incluidos niños y mujeres), lo que se entendió como un mensaje mortal de traición por parte del Gobierno a los recién desmovilizados y a sus comunidades.

Ya por estos días en varios municipios ruedan panfletos de las Águilas Negras reafirmando su presencia en la región, y lanzando amenazas directas a líderes y lideresas, lo que llena de angustia y zozobra a la comunidad en general. El actual derramamiento de sangre selectivo a nivel nacional (más de 75 asesinatos en los últimos cinco meses) habla por sí solo. A pesar de esto, de las filas de guerrilleros y milicianos de esta zona veredal emana gran entusiasmo y compromiso con la apuesta de continuar la lucha, haciendo de la palabra su única arma, sin perder de vista, según lo expresan, con quién se hizo la negociación y a quién confrontarán en el escenario político y
social.

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