Amenazado el complejo cenagoso del Sur de Bolívar

Por José Antonio Gutiérrez D.

Bajando desde Micoahumado, camino hacia la cabecera municipal de Morales, Sur de Bolívar, hay un complejo ecosistema donde se encuentran las lomas de la Serranía de San Lucas con una sabana donde el tórrido aire se siente aplastante, y con la ciénaga, donde en sus cálidas aguas babillas y manatíes coexisten con infinidad de peces en las épocas de desove. En esta región se encuentra una de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) más antigua de la región, la de Arenal y Morales, creada por una resolución el 24 de junio de 1999 y desarrollada con un importante impulso del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

Esta ZRC, de 29.100 hectáreas como todas las que hay en el país, se creó en el marco de marchas y protestas campesinas en la región, según cuenta Víctor Campos, presidente de la ZRC, “durante una protesta en San Pablo, en 1996, ahí surgió la propuesta”. Hasta ese momento, la región era considerada Zona de Reserva Forestal, por lo cual los campesinos no tenían propiedad de la tierra. Los principales productos de la ZRC son arroz, yuca, plátano, maíz y pequeña ganadería. Todo es a pequeña escala: los arroceros más grandes no pasan de las 20 hectáreas; el promedio son dos o tres hectáreas. Los ganaderos tienen entre 30 y 50 vacas.

Pero una de las actividades más importantes en la región es la pesca. Existe en la región un complejo cenagoso compuesto por Simoa, Confín, Morrocoy, Manatí, San Rafael y Paredes, parte del cual se encuentra en la ZRC y está siendo amenazado por distintas actividades humanas. Un ejemplo puede ilustrar la problemática. Hace unos siete años se secó la ciénaga de Morales: para hacer caminos carreteables y para evitar inundaciones, fueron construyendo muros y puentes de relleno con los cuales bloquearon los caños que irrigaban la ciénaga. En gran medida han sido responsables de esto los ganaderos y políticos de Morales, que cercaron la ciénaga para utilizarla como pastizales para las vacas. Esto ha sido posible porque desde hace décadas el INCORA (luego INCODER, ahora ANT) entrega títulos a los ganaderos sobre los playones.

La ciénaga de Morales está sedimentada, y allí están sembrando palma aceitera, la cual succiona, cada una, unos 30 litros de agua al día. Estos terrenos luego son cercados y a veces protegidos con seguridad privada. Debido a esto, la ciénaga se ha secado, y los pescadores que antes pescaban allí se han ido para la ciénaga de Simoa, lo que genera una gran sobreexplotación. Los pescadores que llegan de Morales son unos 60, mientras que de Simoíta apenas son unos 15 pescadores, y de Simoa son apenas unos 10. Esta situación se ha vuelto insostenible y demanda, según Campos, todo un re-ordenamiento territorial.

Como consecuencia, el 16 de enero del 2016, guerrilleros del Frente Luis José Solano Sepúlveda del Ejército de Liberación Nacional (ELN) retuvieron a 15 pescadores en la ciénaga de Simoa mientras estaban realizando sus labores de pesca con transmayos. A las 36 horas los dejaron en libertad, pero un par de veces volvieron a tomar acción destruyendo los transmayos. En un reciente comunicado de este frente, aclaran que “conocedores (…) de la labor que ustedes desempeñan para sacar la alimentación para sus familias, (…) ustedes (…) están causando un daño muy grande al medio ambiente porque están haciendo una pesca destructora (…) por esa razón nos ha tocado actuar con algunos reteniéndolos y destruyendo los transmayos; tenemos conocimiento que se están organizando para hacer una pesca adecuada, nos parece que ese debe ser el camino correcto, respetar las normas de pesca. En ningún momento hemos prohibido la pesca, lo que sí estamos en contra es del método que están utilizando y mientras ustedes no piensen en el futuro de sus hijos y nietos (…) vamos a estar muy vigilantes y cuando ustedes no cumplan nos toca actuar porque nosotros no compartimos el daño que ustedes hacen con coger un pescado y matar dos para botarlo”.

Para evitar nuevos incidentes, parte de la población ha tomado la iniciativa, como se menciona en el comunicado. Se han puesto ciertas regulaciones sobre la pesca: la malla del transmayo con la que permiten pescar debe ser de 320 en adelante, una malla grande, para que no atrape al pescado pequeño. Cada canoa no puede llevar un transmayo de más de cuatro kilos. Los pescadores comerciales pueden pescar solamente de lunes a viernes, quedando esta práctica estrictamente vedada los fines de semana, aunque sí se permite la pesca para el consumo familiar. Se pueden instalar las redes solamente desde las 2pm en adelante. La caza del manatí y del caimán queda terminantemente prohibida. La comunidad se encarga de que haya gente de ellos mismos vigilando que esta normativa se cumpla. Al que no cumple con las medidas de las mallas, se les queman. Si reincide o si caza, se le prohíbe el ingreso a la ciénaga.

Pero si bien las regulaciones están ayudando a un manejo más sostenible de la pesca, los pobladores que dependen de la ciénaga para su subsistencia son concientes de la necesidad de desarrollar alternativas económicas, pues la pesca tiene solamente una temporada de dos a tres meses en la cual se puede desarrollar. Ya han presentado algunas propuestas a la alcaldía de Morales y están a la espera de una respuesta por parte de las autoridades. Sin embargo, es en este punto que se encuentran con el más grande obstáculo: la falta de organización de la comunidad. Como lo reconoce la vicepresidenta de la ZRC, Melina del Real, “no se ha logrado un acuerdo comunitario para hacer la actividad en la ciénaga sostenible, en buena medida, porque las asociaciones de pescadores son inexistentes”.

La necesidad de proteger la ciénaga de la sobreexplotación tras el incidente con los elenos, ha llevado a que comiencen a darse los primeros rudimentos de organización, muy incipiente e informal, que está sirviendo tanto para regular la actividad, como para contribuir a una mayor educación sobre la necesidad de proteger este ecosistema único. Recientemente, 57 organizaciones comunitarias domiciliadas dentro de la ZRC se han agrupado en una figura llamada Azocamsur (Asociación de la Zona Campesina de Morales y Arenal, Sur de Bolívar), la cual reúne a Juntas de Acción Comunal, de mujeres, cooperativas, agropecuarias, de víctimas, de transporte. Los grandes ausentes son los pescadores. Esta asociación, fundada en diciembre del 2016, busca fortalecer las organizaciones sociales, interlocutar con las instituciones e implementar un plan de desarrollo propio sostenible para la ZRC. Este espacio también se relaciona con otros procesos organizativos en el Sur de Bolívar: con Fedeagromisbol y también con las asociaciones de Micoahumado, territorio que se define como agroalimentario.

Nos comenta Melina que “la idea es poder ampliar la ZRC a Micoahumado y hacerla lo más incluyente posible. Porque no podemos permitir que cosas políticas nos afecten, ya que la ZRC es una figura que nos permite la permanencia en el territorio. No estamos todavía en ANZORC, pero estamos ya articulando trabajos. Desde nuestra perspectiva, ANZORC es una asociación nacional que agrupa a ZRC, esto debe ir más allá de los espacios hoy alineados con Marcha Patriótica o con el Congreso de los Pueblos, hay que buscar la unidad. Como ZRC debemos vencer prevenciones para no quedar desarticulados de lo que pasa en el país”. El desafío es grande, pero posible. De la misma manera que la ZRC es una garantía para la permanencia del campesinado en el territorio, debe ser también un mecanismo para la preservación del medio ambiente y la producción sostenible. La preservación del complejo cenagoso del Sur de Bolívar y de esta cultura anfibia parece depender de estos esfuerzos.

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