El cronista de la revolución

La escuchas y la vuelves a escuchar,una y otra vez. Es esa canción que ha sonado desde los años 60, y que ha sido traducida en distintos idiomas. No sabes si ponerte de pie y buscar una pareja para bailar, o simplemente encontrar tu propia sombra y bailar con ella,o quedarte sentado para dejarte encantar por esa cancióny evocar el sentimiento que una guitarra, con sus seis cuerdas, sobre el pecho y muy cerca del latido del corazón, le hacía vibrar a su intérprete. A un lado de él, Santiago Martínez, Rafael Lorenzo y Pedro Sosa, uno de ellos con otra guitarra marcando el ritmo, unas maracas moviéndose al vaivén de las olas del mar cubanas,y el percusionista con una lata de betún golpeando el piso, como un cencerro recordando el paso libertario de aquellos hombres y mujeres que un día bajaron de la Sierra Maestra al ritmo de la revolución.

Ese son musical develó el sentimiento más profundo de amor hacia el pueblo, de aprendizajes del Caribe que le transmitió a otros pueblos para entonar la libertad como esperanza y verdad; un amor profundo de los bardudos a las personas sencillas, a los campesinos a todo el pueblo cubano, en esa voz ronca y gruesa de Carlos Puebla y su conjunto Los Tradicionales que fundó en 1953.



…Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso cerco a la muerte…


Esas crónicas convertidas en ritmos tradicionales del Caribe le dijeron al pueblo cubano y atodo el mundo, especialmente a su vecino del norte, que nadie ni nada podría detener la gran marcha hacia un mundo mejor, iniciada un primero de enero de 1959. Carlos como muchos cubanos vivió el cambio de sistema político al ver llegar una nueva estrella a su país.

Nació en Manzanillo, una ciudad ubicada en el oriente de Cuba en la provincia de Granma un 11 de septiembre de 1917, día que coincide, curiosamente, con el golpe de Estado al presidente socialista Salvador Allende en Chile en 1973, a quién unas coplas también le escribió (Elegía a Salvador Allende), y con el atentado a las Torres Gemelas en los EEUU en 2001.

Carlos: cómo no aprender tanto de él en sus canciones, cuando cantaba con la cadencia del ritmo cubano, sintiendo el calor del otro en las manos,moviéndose a este ritmo en el baile. Ya sabía muy bien cómo expresarlo antes de la revolución, cuando desde sus inicios como músico popular y tradicional del folklore cubanosus canciones eran especialmente boleros, canciones de amor. Luego del triunfo, Carlos siguió cantándole al amor, a un amor revolucionario; fue insistente en hacer música los hechos triunfantes en la voz y el sentir del pueblo.En esas canciones narraba la nueva vida para el pueblo cubano, y las letras descubrían la importancia de las reformas educativas, agrarias, culturales, etc. Esas canciones aún siguen mostrando el porvenir y la esperanza.

Una vez leí que desde muy niño se dedicóde forma autodidacta a aprender música, primero con la armónica y luego con la guitarra;además que tuvo que trabajar en esa época en distintos oficios: carpintero, zapatero, azucarero, entre otros más, y por ello sabía muy bien cuál era el camino para hacer la revolución con su voz y guitarra.Eso hasta que pudo dedicarse a la música por completo en 1953, en La Habana. Enla Bodeguita del Medio entonaba las canciones que tanto recorrieron el mundo por las radios y los LP, como una especie de afrodisiaco musical.


Sin duda, las letras de todas las canciones siempre estaban cargadas de poesía y como decía Gabriel Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro”, era y es música para hacer el amor en su marcado compás caribeño: en las reuniones de amigos, en las tertulias, en la intimidad y soledad de la casa, en el recorrido hacia el lugar de estudio, en los café-bar de salsa y boleros, en todas partes canciones como: Hasta siempre Comandante Che Guevara, Canto a mi Pueblo, Cuba que linda es Cuba,Duro con él, La Bola, Soy del pueblo, Queremos vivir en paz, Que pare un momento el Son, Soy del pueblo, Todo por la reforma agraria, YankeeGo Home,  Mira yanqui como nos reímos, Y en eso llego Fidel, esta última una de las más sonadas.


Aquí pensaban seguir
ganando el ciento por ciento
con casas de apartamentos
y echar al pueblo a sufrir

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar (Bis)



En eso llegó Fidel, describe claramente cómo era cuba antes de la revolución,la “diversión” simboliza el casino, la lotería, el juego, lo que se había convertido la isla, como el patio trasero de diversión para los gringos, con el amparo de los gobiernos cubanos.

Pasamos la vida escuchando canciones, y esta se va transformando en la medida que estas ondas sonoras se integran al latido del corazón, ese que está al lado izquierdo y tiene la sangre roja. Carlos Puebla como muchos de la generación de músicos de los años 60, que comprendían movimientos como la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción, la Nueva Canción Chilena, Canción Social, tenían tres cualidades particulares, independiente del país: un gran amor por las personas más humildes y sencillas del país, porque muchas veces no tienen cómo expresar sus necesidades, querer mejorar las condiciones sociales, especialmente de las zonas más vulnerables para que no haya desigualdad, y un respeto profundo por la cultura, sus tradiciones, su lenguaje sencillo, sus instrumentos y la forma de relacionarse. Como se repetía luego de las elecciones en Chile un 4 de septiembre de 1970, luego del triunfo de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende: "No puede haber una revolución sin canciones".

Y nada más sencillo que Carlos Puebla, como lo escribió el mismo para su epitafio:
Yo soy esto que soy
un simple trovador que canta.

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Arturo Buitrago
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