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La concepción americana del bien común es un libro escrito por Jaime Celis Arroyave, que analiza el hilo conductor de la historia de nuestro continente, desde sus verdaderos orígenes, los indígenas, hasta nuestros días; hilo conductor que se refiere a la lucha entre la concepción del bien común, desarrollada por los pueblos originarios, durante miles de años (el mayor aporte de América a la humanidad), y la concepción de la codicia particular, impuesta violenta y engañosamente por los invasores eurocristianos, a partir del siglo XVI. Por tanto, un balance de la rebeldía que hemos construido los pueblos americanos durante cinco siglos de resistencia a los diferentes imperialismos, que ha devenido en una corriente de avanzada, fundamento de nuestra inaplazable liberación.

En la presentación, el autor dice:

“América, a lo largo de su milenaria historia, que parte de los pueblos indígenas, ha construido su propia experiencia, su propia cultura y, esta, a pesar de la enorme influencia externa, a partir del siglo XVI, principalmente europea, sigue siendo americana, es decir, única; pero, a la vez, forma parte del bagaje cultural del mundo, con el que se interrelaciona dialécticamente y al que le ha aportado importantes elementos. Sin embargo, sigue teniendo, como los demás países y continentes, su propia identidad, la cual debe ser entendida para poder impulsar los cambios más acertados.

Precisar la singularidad de América, sin subjetivos regionalismos, es, además de recuperar y darle significado a sus valiosos aportes a la cultural mundial, encontrar el camino acertado para su transformación al servicio del bien común”.

Y en otros apartes dice:

“Con la concepción indígena del bien común se inició tanto la historia de América como la de su proceso revolucionario que nos llevará a una sociedad integral, plena, equitativa soberana y en paz, para el buen vivir”.

“El pueblo americano tiene su propio y original discurso, expresado por millones de bocas y de ejemplos a lo largo del continente y de su historia; este discurso cuenta con una matriz: el bien común, la cual tiene presencia, gracias a nuestros pueblos indígenas, desde el principio de los tiempos”.

El libro puede conseguirse en la sede del periódico Periferia, en algunas de las principales librerías de Medellín, o llamando a su autor, al teléfono 3146020150.  

    

 

La Fogata Editorial y Lanzas y Letras presentan una nueva edición, corregida y actualizada, de la obra escrita por Carlos Medina Gallego que recrea la mística de resistencia y las vivencias cotidianas del movimiento estudiantil en sus épocas de mayor radicalidad. Presentamos las palabras de las editoriales y del propio autor que prologan esta nueva edición.

 

En Medellín, pedidos: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Desde todo el país, compras online: http://www.lafogataeditorial.com/libros/al-calor-del-tropel

 

Por qué esta reedición, por qué ahora

 

En las presentaciones públicas de nuestros libros le damos especial importancia al debate, las opiniones y las sugerencias de los participantes. “Sería bueno reeditar Al calor del tropel, un libro de referencia para el movimiento estudiantil”, dijeron, en una ocasión. Tomamos nota de la sugerencia. Consultamos a jóvenes —y no tan jóvenes, ya que la primera edición del libro es de 1992—, hablamos con estudiantes que hoy se organizan en las distintas facultades del país. El veredicto fue unánime: sería muy bueno reeditar el libro. Para eso están nuestras editoriales: para recoger las inquietudes, necesidades y demandas del movimiento social. El paso siguiente, entonces, fue llevarle la idea al autor.

Carlos nos recibió en su casa, aceptó la propuesta sin dudar. Sellamos el acuerdo sin papeles, sin firmas: bastó la fraternidad y la confianza.

Sin adentrarnos en debates que exceden a este modesto espacio introductorio de una obra que marcó épocas, sí podemos decir cuál ha sido nuestra motivación política —como editores, como militantes de iniciativas culturales, pero militantes al fin— al apostar a la reedición de este texto.

Quienes hacemos La Fogata Editorial, quienes sostenemos Lanzas y Letras, creemos que la memoria histórica tiene peso propio, más allá de las coyunturas. Entendemos esta reedición como un aporte a mantener viva la mística de lucha, el sentido de compro- miso, la vocación de entrega militante que expresa la obra original. La realidad actual sigue tan signada por injusticias estructurales, por padecimientos y cercenamientos a las libertades, como lo es- taba en la época de radicalización juvenil que refleja esta historia.

Hoy como ayer las expectativas de cambio social siguen estando en la juventud, en particular en aquella que resiste la marginalidad, el estigma social y el racismo; la misma que en décadas pasadas pobló las universidades públicas y vivió los padecimientos de los barrios populares, siguiendo el ejemplo de Camilo Torres. Una juventud que, al igual que los y las jóvenes de Al calor del tropel, desborda la universidad, se compromete con el estudio, con la militancia, y mantiene viva la lucha por cambios estructurales. Junto a esa juventud, seguimos creyendo que el fondo de la propuesta y la práctica política estudiantil iniciada el siglo pasado es cuestión del presente.

 

La Fogata Editorial Lanzas y Letras

Noviembre de 2016

 

Prólogo a la tercera edición

Carlos Medina Gallego

El camino recorrido por el activismo estudiantil en las dos últimas décadas está cargado de sueños y esperanzas, de escuelas cotidianas de formación que se confrontan con las viejas y ancladas prácticas de movilización, que se reinventan y se colorean de los entusiasmos con que siempre está vestida la legítima protesta juvenil.

Una nueva generación de liderazgos se coloca al frente de la lucha por una educación pública al servicio de las necesidades del país, que esté financiada con suficiencia y oportunamente por el Estado, que sea gratuita y con la oferta de bienestar necesario para garantizar que los ambientes y atmósferas universitarias proporcionen el aire suficiente y sano para que los futuros conductores de la nación se formen al más alto nivel y con las mayores oportunidades. Esta nueva generación tiene un orden de motivaciones distintas a las que nos movieron a nosotros en la década que va de finales de los 60 a comienzos de los 70, en un universo global que los coloca frente a nuevos retos personales y colectivos.

 

Pese a esto, en su corazón habita el pálpito de la rebeldía, un humanismo que se niega a desaparecer en el abismo del pragmatismo económico, y residuos del altruismo que llevó a miles de jóvenes de otras generaciones a asumir grandes sacrificios en el convencimiento de estar haciendo lo correcto. Esta nueva generación debe hacer la lectura correcta de su tiempo, encontrar la razón de ser de su forma de existir en lo colectivo, abrigar pequeñas y grandes luchas reivindicativas con la mayor objetividad posible y en el marco de logros alcanzables. Debe moverse con mayor inteligencia que la nuestra, porque son mayores los retos, más grandes los obstáculos, y no por ello insignificante el mundo de las oportunidades. Deben, como comunidad, hablar una sola lengua, la de la unidad, y salirse de la torre de babel de las ideologías, sin abandonarlas como fundamento pero haciendo especial énfasis en lo político, que es lo que realmente transforma; hay que dejar hablar a la práctica que une y callar a la palabra que distancia.

 

Estamos entrando a un momento histórico complejo, cargado de grandes incertidumbres y expectativas donde, inevitablemente, los jóvenes de hoy van a tener que jugar un papel determinante en la construcción de una sociedad más digna, libre y democrática. Estamos tratando de cerrar un largo ciclo de violencia que se niega a morir y que sigue consumiendo la vida de los más humildes en la voracidad acumulativa de poder de los más poderosos. El camino de construcción de paz no es nada fácil, porque no desaparece de un día para otro la discordia que alimentó décadas de odio y de venganza. Pero los jóvenes universitarios de hoy tienen que tomar en serio su papel, sacar suficiente distancia del pasado, y proyectarse cargados de amor por la vida en una ruta de reinvención del país de sus padres y abuelos. Tienen que poner fin a esa costumbre despreciable que establece que los hijos de los pobres vayan a los campos de batalla para que los hijos de los poderosos vayan a las zonas francas y a las zonas rosas.

 A esta altura de mi existencia no soy nadie para recomendar nada, pero si pudiera reiniciar mi vida, sin arrepentirme de nada de lo hecho —que fue lo que le correspondió a los jóvenes de mi tiempo, cuyo espíritu se ve reflejado en este libro—, comenzaría por prestar mayor atención a mi formación profesional y humanística, compensar de mejor manera los sacrificios de mi familia, estar más cerca de las necesidades de la gente que de las de mi organización política, y construir conjuntamente con los otros una ruta de realizaciones pequeñas de las que pudiera dar razón al cabo del tiempo. Acompañaría más a los liderazgos naturales que a los liderazgos impuestos y me formularía como propósito hacer de mi país un territorio en el que cada uno de sus habitantes tuviese garantizado los derechos fundamentales.

Este país necesita de muchos y bellos profesionales para que lo habiten del lado de la gente y los territorios; estoy convencido que un buen ingeniero, un buen médico, un agrónomo, cualquier profesional ejerciendo humana y justamente su oficio, cargado de amor por los seres humanos y por su patria es, por ese solo hecho, un auténtico revolucionario.

Si hoy pudiera comenzar de nuevo, mi programa político se- ría sencillo y contundente: lucharía para que en mi país la vida se respetara a cabalidad y tuviera una connotación sagrada; para que nadie, ni institución alguna, se considerara con derecho a poner fin a la vida de un ser humano. Trabajaría del lado de los ambientalistas en la defensa de los patrimonios comunes de la humanidad: el agua, los páramos, los bosques, las selvas, el aire, la iluminación solar, la biodiversidad, el planeta como recurso de vida; por la utilización adecuada y racional de los recursos y por una cultura sustentable de las relaciones del ser humano con la naturaleza.

Buscaría por todos los medios que se garantizara a plenitud el derecho a la alimentación y la seguridad y la sustentabilidad alimentaria de la nación; que en todos nuestros hogares la gente tuviese derecho a sus siete comidas diarias y que los niños y niñas, además, lleven repletos de frutas y dulces sus bolsillos cuando corran tras las mariposas y los sueños. Trabajaría para que todas las familias tuvieran una casa lo suficientemente amplia donde dar cabida a la solidaridad y a la sonrisa de las mujeres y de los trabajadores, una casa que tuviera más espacio y luz que cosas innecesarias y asfixiantes. Una casa que, además, estuviese construida desde nuestras tradiciones pluriétnicas y multiculturales.

 No economizaría el menor esfuerzo por conseguir para todos una educación de calidad desde el vientre hasta la muerte, en la vida y para la vida, cargada de las pertinencias y necesidades del país y repleta de oportunidades para todas las condiciones socia- les; una educación capaz de orientar los talentos y condiciones de cada uno, en la que los programas tengan en consideración las capacidades y limitaciones de cada ser humano, potencien las primeras y vayan llenando con paciencia el reloj de las segundas.

Volvería a marchar sin la menor duda por el hospital de La Hortúa y por el derecho a una salud de calidad, preventiva y curativa, a cargo del Estado. Por el derecho al trabajo digno, bien remunerado, de calidad, que tenga todas las garantías y seguridades laborales y prestacionales, la mayor estabilidad. Un trabajo que les permita a todos los ciudadanos y ciudadanas del país reproducir sus condiciones de existencia y las de sus familias, con calidad, sin angustias ni incertidumbres.

 Acompañaría las luchas de las mujeres y de las comunidades LGTBI por sus derechos; saldría a marchar en tacones si fuese necesario, sin el menor escrúpulo ni la menor vergüenza. Levantaría en alto la bandera de la no violencia contra la mujer y la no exclusión por ninguna causa. Me sumaría a la lucha de los defensores de los derechos humanos, a las de las comunidades afrodescendientes e indígenas y la de los sectores populares; volvería a marchar cuantas veces fuese necesario para demandar derechos y trabajaría para hacerlos efectivos.

Luchar por el derecho a la vida digna, la alimentación, la vivienda, la educación, la salud, el trabajo, la cultura, el ocio y la re- creación, sería —o seguiría siendo— mi nuevo programa de lucha política.

Hoy pienso que los jóvenes estudiantes tienen una mayor responsabilidad política, y que deben participar decidida y organizadamente en los escenarios de la lucha política democrática por los cargos de elección popular en todos los espacios posibles. Deben hacer a un lado los impedimentos ideológicos, políticos y morales para cumplir con la obligación ética y moral de servir con integridad y honradez a su sector social y a su país.

La publicación de esta nueva edición de Al calor del tropel, que ha acompañado la lucha estudiantil en las últimas décadas, debe servir para orientar la lucha de los jóvenes en un deslinde con su pasado y en la construcción de un nuevo horizonte de realizaciones, que debe comenzar con la recuperación juiciosa del espíritu que inspiró el surgimiento y la lucha de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil —MANE— y su programa mínimo. Esa es la historia de hoy.

 

"Vamos por una Paz Completa” puntualizó el Presidente, Juan Manuel Santos,  en su alocución de este lunes después del anuncio de la instalación de la fase pública de negociación entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional -ELN-, realizado desde la Casa Amarilla en la ciudad de Caracas, Venezuela.

Tres años duraron los diálogos exploratorios entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN, ya el pasado 30 de marzo ambas partes habían anunciado el acuerdo de diálogo para la paz de Colombia, reconociendo que “la paz es un bien supremo de toda democracia, y con el objetivo de ponerle fin al conflicto armado, erradicar la violencia de la política; ubicando en el centro del tratamiento a la situación de las víctimas; y avanzar hacia la reconciliación nacional mediante la activa participación de la sociedad en la construcción de la paz estable y duradera”. La agenda de este proceso consta de 6 puntos: 1. Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz, 2. Democracia para la Paz, 3. Transformaciones para la Paz, 4. Víctimas, 5. Fin del Conflicto Armado y 6. Implementación.

 Con la participación de cuatro delegados del Gobierno Nacional y cinco del Ejército de Liberación Nacional -ELN-, ambas delegaciones comunicaron que  instalarán el próximo 27 de Octubre en la ciudad de Quito, Ecuador, la  fase pública de negociación. Estos diálogos iniciarán con el punto de “Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz”, donde se plantea que será: primero,  en función de iniciativas y propuestas, que hagan viable la paz, en el curso y contexto de este proceso, segundo, sobre los temas de la agenda y tercero, un ejercicio dinámico y activo, incluyente y pluralista, que permita construir una visión común de paz que propicie las transformaciones para la nación y las regiones.

De igual manera se acordó iniciar con el proceso de liberación de personas retenidas por esta guerrilla  antes del 27 de octubre (2 casos), el comandante Pablo Beltrán Jefe Negociador de esta guerrilla manifestó la voluntad que se tiene para demostrar un ambiente favorable a la paz. Ambas partes se comprometieron a partir de la fecha a realizar otras acciones y dinámicas humanitarias en favor del anhelo del pueblo colombiano. Ambas delegaciones agradecieron a los países garantes Venezuela, Ecuador, Cuba, Chile y Noruega por el apoyo en este proceso tan importante para el pueblo colombiano.

Por su parte, el Presidente Juan Manuel Santos en su alocución se dirigió a las y los colombianos, expresando que: “hoy tenemos una gran oportunidad para lograr una paz no sólo estable y duradera, sino más amplia y más profunda“, calificó el inicio de las conversaciones como una buena noticia y reconoció como fundamental para el proceso la liberación de las personas retenidas por esta guerrilla. El Presidente finalizó su intervención planteando que ahora con la nueva mesa se fortalece el anhelo de paz y ésta será una paz completa y después de leer una carta entregada por una niña de Bojayá el día de ayer en su visita, Santos llamó,  por los niños y niñas y el futuro de Colombia, a construir la paz.

El pasado viernes 7 de octubre la lluvia no impidió que cerca de 30 mil antioqueños salieran a movilizarse en defensa de la solución política del conflicto armado y a los acuerdos firmados entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.  Miles de estudiantes universitarios, víctimas, organizaciones sociales y familias se dieron cita en el Parque de las luces para salir a marchar hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe bajo la consigna: "La paz nos pertenece: acordemos ya".

 

Ya lejos de las cámaras, de las prebendas, del posible Premio Nobel y del reconocimiento mundial, el presidente colombiano Juan Manuel Santos se revuelve en su laberinto: cómo matar la esperanza de paz firmando un acuerdo de paz. Hoy Colombia ha vuelto a experimentar el mismo miedo con el que ha aprendido a sobrevivir en el último medio siglo

El sobrevuelo de los cazabombardeos israelíes  Kfir cuando se firmaba el acuerdo de paz en Cartagena de Indias, fue un mensaje a García, el aviso de un plan en marcha contra los diálogos. Rodrigo “Timochenko” Londoño, líder de la guerrilla, se preocupó con el intimidante vuelo rasante. Sabía que tras un sobrevuelo, llegaba la destrucción. Y esta vez, el mensaje era la destrucción de la paz tan arduamente negociada y negada.

Lo cierto es que las negociaciones se llevaron a puerta cerrada y a espaldas de la gente, sin  participación popular y sin un debate colectivo que permitiera convertir al pueblo en cómplice, en militante del proceso de paz, en lugar de tratarlo como un extraño que debía aprobar lo que lo que se había pactado desde lejos y en reuniones cerradas.

¿Un montaje?

Hay quienes tienen dudas sobre las causas del plebiscito, y el montaje del gran operativo electoral a sabiendas de antemano que cualquier resultado no tendría efectos jurídicos ni legales sobre lo acordado, y afirman que se trató de una concertación entre dos sectores de la derecha colombiana que compartieron durante años los presupuestos del Plan Colombia, los miles de millones de dólares estadounidenses y la inteligencia, asesoramiento y entrenamiento israelí.

Son sectores que necesitan volver a reunir sus intereses militares, financieros y políticos comunes, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que durante años jugaron a ser enemigos, intentanto dejar a la ciudadanía una sola opción: uno o el otro.

Aunque ello significara un plantón al acompañamiento internacional, una bufonada de la clase política dirigente, el terror mediático y  la poca seriedad de un gobierno que abre la posibilidad de revisar el Acuerdo para incluir las pretensiones del poder fáctico, el de los grandes empresarios y terratenientes para quienes la guerra ha sido un negocio que no quieren perder.

¿Se trata de permitirle al uribismo un reencauche político y electoral para que se incluyan en el Acuerdo beneficios jurídicos a militares y paramilitares condenados por masacres y genocidios cuando Uribe era –primero- gobernador de Antioquia y luego presidente del país, con Santos en el Ministerio de Defensa?, se preguntan.

Ya el jesuita Francisco de Roux, una voz sensata dentro del catolicismo colombiano, señaló que el plebiscito sobre la paz se estaba convirtiendo en una suerte de debate pre electoral, donde entraban más en juego las opciones políticas de dos viejos rivales, el presidente Santos y el ex presidente Uribe, que las posibilidades de la propia paz. ¿Maquiavélico?

Para el escritor Héctor Abad  Faciolince, las preocupaciones de Uribe no son los puntos sobre la tierra (Desarrollo Agrario Integral); de desmovilización y zonas de concentración (Fin del Conflicto); sobre la sustitución de cultivos (Drogas Ilícitas); y menos aún el plebiscito (Verificación y Refrendación), sino los puntos segundo (participación política) y quinto, que contiene es la Jurisdicción Especial para la Paz y el Sistema integral de Verdad, Justicia y Reparación, al que se pueden acoger los militares condenados por crímenes conexos al conflicto y, a partir de ahí, cabe la posibilidad de que se llame a juicio también a los civiles implicados por los militares. “Este es el quid del asunto, ahí están los verdaderos motivos del No”.

 

La historia, el miedo ¿vuelven a repetirse?

 El sentimiento es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia, explica la escritora Laura Restrepo, quien fue negociadora de la paz con el Movimiento M-19 en los años ´80. “Los colombianos sabemos por experiencia que un proceso de paz abortado, con la consiguiente situación ambigua entre legalidad y clandestinidad, pone en alto riesgo la vida de quienes han participado en las negociaciones con nombre propio y a cara descubierta”.

La historia reciente de Colombia muestra que en medio de un proceso de paz  ocurrió la matanza de dos mil militantes de la Unión Patriótica, organización legal afín a las FARC, y recuerda el asesinato de la mayoría de los comandantes del M-19 durante el proceso de desarme e ingreso a la política legal.

El mecanismo y la pregunta

A la hora de explicar un resultado que tomó a muchos por sorpresa, las miradas apuntan al mecanismo con que se llevó a cabo la consulta: el plebiscito, una herramienta de participación directa cuestionada por ciudadanos y expertos: ya pasó recientemente con el Brexit en Reino Unido.

Las declaraciones del líder de las FARC, Timochenko, de que iban a reflexionar e intentar que el proceso siga adelante, sugieren que tal vez no había necesidad de darse tanta prisa. ¿Para qué convocar la consulta entonces? Quizá hubiera sido mejor que la propuesta partiera de la ciudadanía, tras un proceso de debates. Entonces se hubiera tenido  que reunir firmas para un referendo, pero se debiera dejar la iniciativa en manos de la ciudadanía.

Hay un componente de manipulación y  eso es evidente también en la manera en que está formulada la pregunta. La pregunta no fue “¿Aprueba usted los acuerdos de paz?”, sino “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Lo lógico es que pregunta fuera “Sí” o “No” a los acuerdos de paz, todo eso de la paz estable y duradera sobraba.

Jürg Steiner, profesor emérito de la Universidad de Berna, en Suiza, y experto en política deliberativa, señala que hubiera sido buena idea plantear otras subpreguntas: ¿Sostiene que no hay que acordar de ninguna manera con las FARC? ¿O apoya la apertura de nuevas formas de negociación?

También se debe analizar cuál es el rol de un presidente convocando a una consulta de este tipo. Yanina Welp, directora para América Latina del Centro de Investigación sobre Democracia Directa de la Universidad de Zúrich, señala que en un proceso como el de Colombia es importante que haya deliberación pública pero que la consulta no debiera ser vinculante salvo que la ciudadanía lo pidiera, y en Colombia eso no estaba en la agenda sino que fue Juan Manuel Santos quien lo puso. Y aquí hay lugar para suspicacias.

Manipular el miedo

Lo que sí queda claro, es que volvió a ganar el que sembró más miedo. Con bases infundadas y conclusiones erróneas, por puro miedo, los colombianos rechazaron la paz acordada entre el gobierno y los comandantes de las Farc.

La ultraderecha ganó el plebiscito y ha hecho oposición con la misma estrategia con que gobernó Álvaro Uribe: infundiendo miedo a punta de mentiras y de medias verdades, de señalamientos y de campañas de odio, a sabiendas de que la confrontación le da más réditos que la cooperación.

Vladdo, periodista y caricaturista colombiano, recuerda que en las últimas cuatro elecciones presidenciales las campañas han gravitado siempre alrededor del miedo a las FARC y de cómo librarse de ese temor. Ese fue el factor determinante en la elección de Andrés Pastrana, quien se propuso como derrotero devolverle la tranquilidad al país mediante un acuerdo de paz con esa guerrilla. Luego, como reacción al fracaso de Pastrana, el país eligió a Uribe, quien durante su campaña prometió combatirlas, aunque decretó que el conflicto no existía.

Y con esa bandera antiguerrillera y un grito permanente de guerra se hizo reelegir, de una manera poco ortodoxa, pero con el miedo como banda sonora y la seguridad como promesa. “La culebra sigue viva”, solía decir.

Con su política de la seguridad democrática, Uribe se consagró como el mayor manipulador de los miedos y para preservar su legado ungió a Juan Manuel Santos como su heredero. Sin embargo, cuando optó por hacer la paz con las FARC, Uribe se transformó en su más fiero opositor. Nunca en la historia moderna de Colombia un expresidente había sido tan tóxico para un sucesor como lo ha sido Uribe con Santos; sobre todo en su oposición al proceso de paz, señala Vladdo.

Uribe también habló insistentemente del temor por la impunidad que conllevaba el proceso de paz de Santos, pero nunca dijo una sílaba de la negociación que en su mandato llevó a cabo con los grupos paramilitares, estrechamente ligados al negocio de la droga y que cometieron incontables masacres y asesinatos de políticos, periodistas y líderes sindicales, entre otros; crímenes casi todos que siguen impunes, sin resolverse.

Con el único fin de meter miedo, los que impulsaban el ‘No’ urdieron toda clase de falacias, como el temor al castrochavismo, como decirles a personas humildes de la tercera edad que si ganaba el Sí les iban a quitar sus pensiones para subsidiar a los desmovilizados de las Farc, como hablar de expropiaciones masivas y de cancelación de subsidios que nunca estuvieron contemplados en los acuerdos.

Y Alejandro Ordóñez, el ex procurador y precandidato presidencial del uribismo, célebre por haber quemado las obras completas de Piaget, Montesquieu y novelas de García Márquez y Victor Hugo en un parque de Bucaramanga, comparó al Sí con la llegada del diablo.

Es más, hasta el día de la votación, los partidarios del ‘No’, suponiendo que iban a perder, trataron de deslegitimar el plebiscito y de poner en entredicho el papel de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

La comunicación

Los errores de comunicación de la campaña por el Si fueron notorios: en vez de una estrategia proactiva el gobierno montó una campaña reactiva para minimizar el impacto de las teorías conspirativas de los defensores del No, y en lugar de lanzar una campaña unívoca, los partidarios de la paz optaron por enviar mensajes dispersos, dirigidos más al raciocinio que a las percepciones y sentimientos.

Pese a las declaraciones del Papa Francisco, quien hasta último momento instó a los colombianos a “blindar los acuerdos en el plebiscito”, la Iglesia Católica tampoco ayudó, pues, con pocas excepciones, los más altos jerarcas optaron por declararse “neutrales”.

Quienes determinaron el resultado del plebiscito fueron los que ven la guerra por televisión, los habitantes de los mayores centros urbanos –excepto Bogotá–, mientras aquellos que han sufrido en carne propia los horrores de más de 60 años de violencia dieron un ejemplo de reconciliación al votar abrumadoramente por el ‘Sí’. Esos que no votaron basados en el miedo inventado por Uribe, sino que han sobrevivido al pánico real del conflicto, fueron los mayores derrotados este día triste y lamentable.

Para el catedrático chileno Pedro Santander, una lección quedó clara: los motines oligárquicos se hacen con los medios y buena parte de sus desenlaces depende de cómo se opere con y a través de ellos.

El gerente financiero de la campaña del No

Durante 30 días Juan Carlos Vélez, excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de la campaña por el No en el plebiscito colombiano por la paz, tomó un avión 35 veces no solo para coordinar una estrategia basada en la indignación sino para lograr que los empresarios lo apoyaran financieramente, convenciendo a los sectores poderosos para que enviaron un mensaje fuerte y claro, que no se dejarán quitar nada, absolutamente nada.

Le fue bien: recaudó 1.300 millones de pesos (unos 45 millones de dólares) de 30 personas naturales y 30 empresas, entre ellas la Organización Ardila Lülle, Grupo  Bolívar, Grupo Uribe,  Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto), Corbeta y Codiscos, aunque reconoce –en entrevista con Leonardo Jurado- que esa diferencia tan abismal entre el sí y el no que arrojaban  las encuestas, le generaba problemas para conseguir dinero.

Vélez habló de los detalles de la campaña, de los puntos que se deben renegociar y de la revancha del Centro Democrático luego de salir perdedores en tres jornadas electorales anteriores: presidencia, alcaldías y Congreso. “No nos imaginamos que ganaríamos. El país ha caído en un error que le ha quitado credibilidad a la política y es creer en encuestas”, dijo.

De hecho, la manipulación de esas mismas encuestas le hizo mucho daño a un gobierno que sin un plan B,  se llenó de optimismo y de triunfalismos.  Y la campaña del No se basó en el poder viral de las redes sociales, con golpes bajos como la transmisión de una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba quebrado.

Los estrategas de imagen -de Panamá y Brasil- recomendaron que obviara explicitar los acuerdos y se  centrara el mensaje en la indignación. La estrategia era la tergiversación y la manipulación de los sentidos. En emisoras de estratos medios y altos la campaña por el No se basó en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos se enfocamos en subsidios. En la Costa el mensaje terrorista era que de ganar el Si, Colombia se iba a convertir en Venezuela.

Como dice Laura Restrepo, hoy el sentimiento general de los colombianos es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia. Pero también de rabia, y por eso miles y miles de colombianos siguen movilizados para que los acuerdos sean para la paz.

*Sociólogo venezolano, investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, y analista asociado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) – Artículo publicado originalmente en http://estrategia.la

Los derechos a la verdad y al esclarecimiento de los sucesos ocurridos en el marco de los conflictos armados en el mundo, se han convertido en derechos de suma importancia para transiciones exitosas, puesto que en ellos se encuentra el objeto central de la reparación: la dignificación de las víctimas mediante los relatos que den cuenta qué pasó con sus familiares y por qué les ocurrió a ellos, en pro de la garantía que aquello jamás vuelva a ocurrir.

Diferentes académicos, investigadoras e investigadores han ido construyendo diversos relatos sobre los orígenes, desarrollos y consecuencias del conflicto armado en Colombia, intentando comprender y esclarecer los sucesos de violencia que ha vivido el país. El Acuerdo entre las FARC y el Gobierno de Colombia ocupó un punto completo a las Víctimas y es nodal para entender lo acordado.

María Emma Wills, una de las investigadoras más importantes en este tema, asesora del Centro Nacional de Memoria Histórica y quien participó con un ensayo para la Comisión Histórica titulado “Los tres nudos de la guerra colombiana: un campesinado sin representación política, una polarización social en el marco de una institucionalidad fracturada, y unas articulaciones perversas entre regiones y centro”, conversó desde Cartagena con el equipo de Periferia sobre los orígenes del conflicto armado, la participación de las víctimas en el proceso de paz y los retos en el posacuerdo.

¿Considera que las víctimas han estado realmente en el centro del proceso de diálogo?

Si todos nosotros recordamos como fue el proceso de negociación en La Habana, sabemos que en algún momento tanto los negociadores del Gobierno como de las FARC, acordaron que iban a recibir a víctimas del conflicto, víctimas de todos los actores del conflicto en La Habana. En ese momento cuando se inician el viaje de 20 víctimas cada mes o cada tres semanas tenemos una transformación que ocurre en la mirada de quienes estaban allá, porque lo que llevan los testimonios de las víctimas es, de manera descarnada, una forma de contarle a los negociadores los impactos de la guerra en vidas humanas, en términos de violaciones a los derechos humanos, masacres, desapariciones forzadas, secuestros. Escuchar a una víctima es realmente transformador porque la víctima te relata una historia no desde un protocolo ideológico o político, sino realmente desde una experiencia sentida, vivida, cotidiana. Eso envía un mensaje pedagógico a quienes estuvieron en la mesa, que entendieron que la negociación no era sólo una negociación política entre dos actores confrontados sino que había también un imperativo moral de acabar con la guerra, pues tenía unos costos humanos vergonzosos para todos nosotros, no importa de que orilla vengas. Esta mañana alguien me decía que a partir del momento en que llegaron las víctimas ambas partes dijeron: no nos paramos de la mesa sin haber firmado pues entendemos que es un imperativo para todos nosotros.

Algunas de las reflexiones que quedan es que quizá este Acuerdo no llega a esclarecer los orígenes del conflicto, ¿qué piensa usted frente al tema del esclarecimiento y la verdad en todo el proceso de negociación?

Hay varios momentos. Primero, hay que reconocer que la academia colombiana y las organizaciones de víctimas y de derechos humanos tienen enormes archivos y han ido, a medida que avanza el conflicto, esclareciendo lo ocurrido en Colombia. Entonces, no es que con los acuerdos se inicie el proceso de esclarecimiento pues ya inició hace mucho tiempo con estas organizaciones que han teniendo enorme cuidado con sus propios archivos para legarle a las generaciones futuras las tareas de esclarecimiento que ellas han emprendido. Luego con la ley de justicia y paz del 2005, el Estado colombiano recibe un deber: el deber de memoria. Ya no sólo las organizaciones y la sociedad civil tienen el encargo de no dejar perder esa memoria, de no dejarla en el silencio, sino que ahora también tenemos al Estado comprometido con el deber de memoria y se crean varias instituciones, en particular el Centro Nacional de Memoria Histórica que tiene como mandato dignificar a las víctimas y el esclarecimiento histórico y ambas vienen con archivos que se deben proteger como patrimonio público.

Y puntualmente, en cuanto a la Comisión Histórica de los 12 investigadores y los 2 relatores ¿llegan a concluir algo en común?

Luego como parte del pacto de las negociaciones, las dos delegaciones acuerdan constituir la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en la que se propone al país una serie de ensayos con hipótesis sobre los orígenes del conflicto armado, cuáles fueron las condiciones que lo hicieron perdurar durante tantas décadas y qué degradó ese conflicto armado. Entonces tuvimos 12 miradas que le propusieron distintas hipótesis al país sobre esas preguntas.

Esas reflexiones y visiones sobre el conflicto armado ¿en qué coincidieron?

Si hubo coincidencias. En muchos de los ensayos se menciona el problema de la tierra y el problema del sectarismo político. Hay variaciones y hay distintos énfasis pero creo que esos dos hilos, el factor tierra y el factor sectarismo e intolerancias, están en la mayoría de los ensayos.

¿Y cuál es su posición frente a eso?

Pues yo considero que el problema de Colombia viene desde el siglo XIX, es decir antes de los años 20 del siglo XX donde hubo una gran movilización de campesinos, agraria y sindicalista. Cuando nos constituimos como república independiente hubo una serie de condiciones que configuraron una trayectoria muy compleja distinta a la de otros países de América Latina. Se construyeron en Colombia los partidos políticos, y esos partidos en medio de un contexto de enorme precariedad estatal: no había fisco, no había ejército nacional, no había mercado. Eso llevó a que los partidos fueran más poderosos que el Estado, que no fue garante de derechos sino un Estado o liberal o conservador. Cuando tienes un Estado metido en la política pues es incapaz de contener los conflictos porque es parte del conflicto. Para que el Estado sea garante de los derechos humanos y democrático tiene que ser un Estado lo más imparcial posible frente a los actores en conflicto; acá eso no lo teníamos y fue lo que nos metió en un lío. Los partidos hicieron que la nación colombiana surgiera escindida: había una nación liberal y otra conservadora. Pasamos al siglo XX de manos de la regeneración tratando de sacar al Estado de las pugnas políticas y regionales, pero ahí no resolvimos el sectarismo, sino que lo anclamos al Estado aún más por el Concordato; es problemático que el Estado se convierta en Estado religioso, convirtiendo el conflicto entre buenos y malos.

Bueno para terminar y a propósito de la construcción de paz en los territorios ¿hay alguna diferencia entre solución política al conflicto armado y paz?

Si total. El Pacto Político es apenas un inicio que nos da un marco de acción. La paz es un proceso social y cultural mucho más profundo en el cual nosotros tenemos que cambiar el chip, como bien lo dijo el General Mejía, y aceptemos que los adversarios se tienen que tratar como opositores legítimos y nunca convertirlos en enemigos absolutos de nuestras posturas cuando son disidentes de nuestras posturas.

Paz Colombia llegó a Cartagena

Previo a la ceremonia protocolaria en la cual se firmará el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, encabezado por Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, la ciudad de Cartagena vive un ambiente de optimismo ante la llegada de muchos representantes de países aliados del proceso, organismos internacionales e invitados especiales. También desde las regiones de Colombia llegarán representantes de las organizaciones de víctimas y organizaciones sociales, universitarios, líderes sindicales y los gobernadores de los 32 departamentos del país.

Se espera que durante el evento, que tendrá una duración aproximada de 70 minutos, haya un homenaje a las víctimas y las intervenciones de Ban Ki-Moon Secretario General de la ONU, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.

Pero también han llegado ciudadanos por sus propios medios desde diferentes regiones, entre ellos, Paz Colombia Duque, quien en la mañana del domingo llegó en un bus desde la ciudad de Medellín. Nos encontramos con él y conversamos, quien con su habitual traje, recorría las calles del centro histórico de Cartagena.

¿Cómo ve el proceso de paz?

Yo soy Paz Colombia Duque, me cambié el nombre hace 38 meses. Llevo un proceso de amor, paz y tolerancia, de desapego a lo material, ya conseguí mi paz que ahora necesitamos los colombianos y el mundo entero. Estoy apoyando este proceso de paz en Colombia para acabar con esta guerra absurda, ya que por medio del conflicto armado durante 52 años no se pudo lograr el fin de ambos bandos. Yo le digo sí a la paz, sí a la desmovilización, luego se tendrán que ganar un voto con una lucha muy intensa. No queremos que bombardeen más la selva donde mueren muchos animales y se destruye la naturaleza, para que no hayan más minas antipersonas, para que los colombianos no nos sigamos matando entre sí.

¿Cuál es la intención de estar presente hoy en Cartagena?

Bueno, estar mañana en el día histórico en la firma del Acuerdo, que será un paso más caminando por el Sí a la paz.

¿Cómo hizo para llegar hasta acá?

Me tocó trabajar muy duro para ahorrar unos pesos y poder desplazarme. Me vine en bus durante más de 13 horas de viaje y vamos a ver como pasamos el resto de la semana. 

¿Qué mensaje envía usted a los colombianos para su participación en el plebiscito del 2 de octubre?

Yo les digo que voten el Sí, no tengan miedo, el Sí no les dará la presidencia como dicen muchos que están desinformando. El sí es para que se desmovilicen, es muy diferente cuando lleguen las votaciones electorales, ahí cada colombiano decidirá y tomará su decisión.

 

En el amplio terreno nombrado El Diamante, el cielo varía entre un candente sol y lluvias torrenciales, y así mismo el terreno cambia constantemente entre un pantanero y un desierto árido. Las noches claras son acompañadas por la sabana y por las estrellas, y para este evento también con música revolucionaria: vallenatos, merengues, joropos y rock con letras inspiradas en la lucha y la transformación social, donde los delegados de la conferencia, después de haber trabajado todo el día, se dispersan bailando. Las Sabanas de Yarí fueron escogido como el sitio de la Décima Conferencia Guerrillera a propósito por las FARC, debido a que, como explica Joaquín Gómez: “siempre ha sido asentamiento de nuestros máximos jefes, lo segundo es que aquí se presentaron combates muy fuertes con los paramilitares y los sacamos, lo tercero es que a pesar del Plan Patriota nosotros continuamos ahí, y lo cuarto es que aún estamos aquí”.

Guerrilleros y guerrilleras de todos los rangos han compartido sobre sus vidas, historias y razones de haberse unido a la revolución colombiana, tanto en entrevistas formales como en momentos cotidianos como cocinar, descansar, y disfrutar de los eventos culturales. Entre otras, hemos escuchado razones como la pobreza, la falta de acceso a la educación, por conciencia desarrollado desde sus militancias legales, y por la represión del estado y la impunidad de ello frente a sus compañeros del movimiento social asesinados. Ellos y ellas declararan su motivación para transformarse en una organización política, afirmando que dejar las armas no quiere decir dejar la lucha. En las ruedas de prensa los representantes del Secretariado han reiterado una y otra vez la unidad de los delegados quienes han aprobado el acuerdo final y han mostrado su disposición en transitar en conjunto al nuevo movimiento político sin armas. Pablo Catatumbo recordó que a lo largo de la historia de la organización una de las fortalezas ha sido: “mantener la cohesión y la unidad” y que hacia el futuro también la organización seguirá trabajando unida.

La participación de los presos políticos y las presas políticas ha sido celebrada toda la semana, y durante la tarde del miércoles 21, el grupo de 24 delegados prisioneros políticos y prisioneras políticas compartieron sus perspectivas sobre la transición de su organización y la situación carcelaria en Colombia. Desde sus propias experiencias insisten en la denuncia de las graves violaciones de los derechos humanos y el incumplimiento sistemático con las leyes vigentes por parte del gobierno y el  INPEC. Este grupo de delegados tiene permiso para participar en la conferencia con la condición de regresar a la cárcel después de su terminación, y ya han manifestado que cumplirán con su palabra a pesar de ser conscientes de que la próxima ley de amnistía no cobijará sino a los prisioneros y prisioneras por rebelión y sus conexos.

Pastor Alape informó que en su conjunto los delegados de la conferencia reconocen la necesidad e importancia del enfoque de género, étnico e indígena en el nuevo movimiento político. Alape contó que a su llegada a las FARC habían apenas 60 unidades, y entre ellas, solo 3 mujeres. Según Manuela Marín, representante de la sub-comisión de mujeres de las FARC-EP, hoy en día las mujeres alcanzan a ser 33% de las filas de las FARC-EP, y en la conferencia representan 40% de los delegados. El rol de la mujer en este momento histórico es importante, como cuenta Marín: “Nosotros estructuralmente nos hemos declarada una organización anti-patriarcal, eso creo que ha sido un logro de nosotras como guerrilleras pero también un logro enorme como organización que hemos venido madurando esa concepción de como debe ser el país. (…) El tema va a ser parte de nuestro programa político, va a ser parte de todas nuestras banderas y todo el trabajo organizativo y político que vamos a hacer. Estamos muy tranquilas porque sabemos que no vamos a empezar de cero, sino que en Colombia hay enormes acumulados de organizaciones de mujeres muy valientes que se están dando este palea.”

Si bien se proyecta una actitud de esperanza, motivación y unidad, adentro de la guerrillada también hay varias preocupaciones que se han dado a conocer. Las FARC-EP reiteran constantemente la necesidad de que el gobierno cumpla lo acordado, y también que esto es solo el inicio para una lucha no armado. Frente a la imposibilidad de haber discutido el modelo económico en la negociación es evidente una frustración por parte de la organización, en este sentido Catatumbo manifestó: “Los acuerdos de paz no contemplan apoyo al modelo económico neoliberal, siempre nos hemos opuesto y nos seguiremos oponiendo al modelo extractivista y al modelo neoliberal que le hacen tanto daño al país, de hecho uno de los principales problemas que tiene Colombia es ese,” lo cual la guerrilla  entiende como la raíz de los conflictos sociales, de género, ambientales, y participación ciudadana, este último tema será el más importante para la implementación de los acuerdos mismos.

En términos minero-energéticos, también hay preocupación por parte de la guerrilla. Catatumbo reconoció que la cuestión minero-energético se quedó débil en lo escrito de los acuerdos: “Si ustedes leen los acuerdos, se darán cuenta que en realidad si hizo falta haber incorporado muchos más elementos sobre ese asunto (extractivismo) pero la realidad es que el gobierno siempre se negó a discutir el modelo económico en la mesa (…)  precisamente ahora con los acuerdos de paz se abre la puerta para que la gente siga luchando con otras condiciones para alcanzar las reivindicaciones y hacer esa lucha contra el modelo económico”. Durante la semana los representantes del Secretariado han reiterado la importancia de la naturaleza desde su ideología y trabajo histórico. “Somos comprometidos con el medio ambiente, con la población y con los recursos naturales,” dijo Mauricio Jaramillo, y tanto él como Bertulfo Alvarez contaron varias iniciativas históricas desde las FARC-EP  para la conservación, incluyendo la protección de parques naturales del saqueo de minerales y madera, tanto como iniciativas comunitarias contra la caza de animales en vía de extinción. Alape resaltó que algunas zonas de reserva “se ha mantenido también por el conflicto porque ni el capital trasnacional, ni capitales nacionales, han podido hacer inversiones en el marco de lo que se está llamando ahora el eco-turismo, en lo que por supuesto también está incidiendo capitales trasnacionales”.

Catatumbo caracterizó el gobierno actual como de “un desorden terrible,” haciendo  referencia a la para-política, la para-economía y la corrupción, y nombró el paramilitarismo como: “la mayor amenaza para los acuerdos de paz, para la sociedad, y para la democracia en Colombia.” La participación ciudadana es absolutamente central para los acuerdos, en todos sus aspectos, y hay muchas dudas sobre la posibilidad de esa participación bajo la coyuntura de amenazas por parte del Estado. De esta manera Alape manifestó que: “Los acuerdos tienen unos alcances de cómo va a jugar la ciudadanía en la sociedad (…) No se trata de nosotros llegarles a las comunidades con programas establecidos porque sería entrar en la contradicción de todo lo que hemos hecho históricamente (…) todos los proyectos hay que construirlos en conjunto con las comunidades.” En la coyuntura donde 13 líderes y lideresas comunitarios y ambientales han sido asesinados en las semanas desde el anuncio de la firma de los acuerdos, el  enfoque en la participación ciudadana sigue siendo precario. Frente a esto Alape expresó que el primer paso va a ser la implementación de la mesa de garantía de seguridad, la cual deberá instalarse y empezar a funcionar al final de este mes o a principios de octubre.

 

La conferencia terminará mañana, 23 de Septiembre. Durante la semana los delegados han trabajado en plenaria, primero escuchando intervenciones de opiniones y preocupaciones de cada delegado al nivel nacional, y después aportes individuales de los cuales escucharon 121 guerrilleros, quienes habían escrito para este ejercicio de a una ponencia. Desde el día 20 han trabajado reunidos en comisiones específicas sobre la implementación de los acuerdos y conclusiones de la conferencia; Lozada opinó que hoy es un día definitivo para las decisiones sobre qué características tendrá la nueva organización, incluyendo la composición del nuevo estado mayor central durante la transición al movimiento político. La socialización de las conclusiones se dará  conocer al cierre de la conferencia.

 

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