Julian Alvarán

Julian Alvarán

Por segundo año consecutivo, el próximo dos de junio organizaciones sociales, jóvenes, mujeres, niñas y niños, campesinos, pobladores urbanos y de los reverdecidos campos quindianos se manifestarán en la segunda Marcha Carnaval Somos Territorio, Agua y Vida en la ciudad de Armenia, con el propósito de ratificar la defensa del territorio que se encuentra amenazado por el modelo económico extractivista del Gobierno nacional, y para reafirmar que el agua vale más que el oro, que tienen el derecho a habitar el territorio y que también la naturaleza tiene el derecho a que se le cuide y proteja para preservar la vida en el planeta.

El Quindío asediado por el extractivismo
Este pequeño departamento clavado en la cordillera central, en la región del Eje cafetero, es uno de los territorios de mayor biodiversidad y riqueza natural en nuestro país y por ello está bajo la mirada codiciosa de las multinacionales, con el beneplácito de los gobiernos de turno.

Luego del terremoto del año 1999, que devastó a la capital Armenia y a varios municipios como Pijao, La Tebaida, Circasia, entre otros, sumado a la crisis cafetera, los gobernantes de esta región en complicidad con empresarios, impulsaron una economía fundamentada en el turismo que genera contradicciones significativas, ya que por un lado ha conllevado a una ruptura de tejidos sociales, cambios bruscos en la cultura campesina y popular de sus habitantes, contaminación, además de situaciones de orden público asociadas al microtráfico de drogas, el consumo de licor y delincuencia, y por el otro lado ha generado importantes recursos económicos para sus habitantes y en algunos aspectos ha permitido edificar alternativas desde un turismo consiente.

Sin embargo durante la última década se ha venido imponiendo otro énfasis en la economía del territorio. Igual que en buena parte del país, el Gobierno nacional viene implementando la extracción de minerales como renglón económico primordial; es por ello que como lo señala Néstor Ocampo, ambientalista de la región “a principios del 2008 nos enteramos que el 61.8% del área de todo el departamento estaba comprometido en proyectos de gran minería, 98 contratos de concesión ya otorgados para ese año,  de los cuales 80 en manos de multinacionales y en trámite 133 más. Eso significaba que habíamos sido desposeídos del territorio y ni siquiera nos habían avisado, porque ni en la Gobernación ni en la CRQ (Corporación Autónoma Regional del Quindio), ni en la Asamblea departamental, ni en los municipios, se sabía de eso, situación que venía caminando desde el 2003”.

A esto se suma la preocupación por el impacto que el proyecto La Colosa de la Anglo Gold Ashanti podría generar en el territorio, pues aunque la Consulta Popular del pasado mes de marzo en Cajamarca (Tolima) haya puesto freno a las intenciones de la multinacional, esta maniobra para no irse con las manos vacías. Tal preocupación se sustenta en el hecho que “La Colosa no queda solo en Cajamarca, porque de 16 títulos mineros que conforman el proyecto La Colosa regional, 11 se encuentran total o parcialmente en el Quindío. Y luego de los problemas que hubo con los precios del  café, aquí en el Quindío se le ha apostado a otros proyectos, la agricultura en otras áreas, el turismo, y son actividades que se echarían al traste con la gran minería, en caso que permitiéramos que por lo menos un solo proyecto se consolidase en estas tierras, y ya tenemos algunos impactos en los municipios de cordillera como lo son  Salento, Pijao, Córdoba, Génova y Calarcá”, asegura Néstor.

Pero la minería no se constituye en la única amenaza, cabe recordar la problemática de la cual ya hemos hablado en Periferia sobre las 86 torres de energía de alta tensión que se vienen instalando desde Risaralda hacia el Quindío, y que están en función de la producción de energía para la gran minería; pero también el riesgo que significa para el agua del departamento “la presencia de otra multinacional, la Smurfit Kappa Cartón de Colombia, quien ha sembrado y está sembrando con pinos y eucaliptos todas nuestras montañas, avanzan como un cáncer por las montañas con la complicidad de las autoridades  ambientales y gubernamentales, pero eso hace parte de un mismo modelo económico  extractivista, lo más atrasado que hay, que es lo que se le está imponiendo al país”, concluye Néstor Ocampo.

La movilización social en Carnaval
Dicha situación ha conllevado procesos de movilización social permanente, pero no solo entendida como salir a marchar, sino también como lo señala Blaney  Arístizabal, guía de montaña e impulsor, al igual que Néstor, de la Marcha Carnaval,  “existen iniciativas particulares de personas que tienen procesos de eco granjas, producción desde huertas orgánicas, también a través de cierto turismo se ha rescatado parte de la cultura cafetera siempre que los pequeños productores han visto la oportunidad de ofrecer su producto directamente al consumidor nacional o extranjero; también están los procesos educativos que buscan llegar a las escuelas y colegios llevando esta educación de lo que es nuestro territorio y nuestro entorno. Dichas iniciativas apuntan a la sostenibilidad desde la producción local y para lo local se convierten en experiencias de resistencia”.

Sobre esto, Néstor agrega que “la gente en el mundo del arte está haciendo pinturas, obras de teatro, títeres, danzas relacionadas con esta problemática y lo que representaría la gran minería para nosotros; además de profesores en universidades que están motivando a los estudiantes a hacer investigaciones que permitan aclarar todo eso porque es un tema muy complejo”.

Es en esa perspectiva que surge la iniciativa de realizar la Marcha Carnaval, siguiendo el ejemplo de los y las tolimenses, poniendo de manifiesto que la amenaza sobre los territorios requiere del latido y el caminar urgente de todas y todos.  Como lo afirma Adriana Adarve, integrante del Círculo del Fuego y también organizadora de la Marcha Carnaval,  “esta inició en el Círculo del Fuego, pero sumado a esta movilización ciudadana se han unido personas naturales y organizaciones sociales que lo que quieren es defender nuestro territorio y en esta segunda versión se ha visto mucho más el acoplo de la marcha, muchas personas y organizaciones que desde sus labores diarias, por ejemplo como agricultores, empresarios independientes, creativos, personas naturales que ven en la mega minería una amenaza para lo que ellos son y admiran y amamos que es nuestro territorio. Ha sido una plataforma para que a todos quienes vemos la vitalidad de que se conserve y se  respete el territorio, se nos escuche; es un espacio donde todos nos unimos pues generalmente todos los procesos están individuales, pero aquí nos juntamos y le demostramos a las personas, al mundo, al Gobierno que no queremos que nuestro territorio sea irrespetado”.

En este sentido, han venido en una labor permanente de comunicación, de gestión, de dar a conocer en qué consiste la marcha, pero no solo la misma, sino como señala Adriana, “por qué tienen que defender el territorio, porque una falla que hemos encontrado es que los mismos cuyabros tenemos un desconocimiento sobre dónde estamos parados, no tenemos ni idea qué es el Quindío y por qué debemos cuidarlo”. Así mismo, esperan que el dos de junio sea todo un carnaval, pues tendrán artistas en tarima y durante los recorridos, que estarán llenos de colorido, música y alegría.

Y posterior a ello como menciona Adriana “la marcha se ha transformado en una plataforma creativa, es decir, muchas personas que estamos allí tenemos nuestros procesos particulares de defensa del territorio, entonces tenemos guías turísticos, agricultores, creativos; todas las profesiones, todos los que haceres se han ido articulando para que desde la cotidianidad esté la defensa del territorio”.  Estas acciones en su conjunto, igual que el impulso de acciones jurídicas como las Consultas Populares que ya vienen dinamizando en municipios como Pijao, Córdoba y Calarcá, buscan construir una estrategia integral para defender la vida y el territorio.

Periferia entrevistó a Isabel Rauber, una pensadora latinoamericana, profesora universitaria, pedagoga política y doctora en filosofía que se ha preocupado desde hace muchos años por “buscar, junto con los movimientos populares, las alternativas que permitan construir soluciones a las problemáticas sociales”. Rauber habló sobre sus críticas al marxismo ortodoxo, las posturas vanguardistas de la izquierda, el lugar de los movimientos sociales en la actualidad latinoamericana y su mirada al proceso de paz colombiano.

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