Hernán Pineda

Hernán Pineda

Tuesday, 16 May 2017 00:00

Los discursos de la paz

En el año 2016 fuimos testigos de múltiples discursos, algunos de ellos hegemónicos, posicionados gracias al poder mediático de medios de comunicación: impresos, radiales y televisados –todos ellos propiedad de conglomerados económicos–, en torno a la paz y multiplicados por pazologos, ONG’s y formadores de opinión.

 La mayoría de los discursos han orbitado en torno a los siguientes ejes:

  1. Todos los problemas de la ruralidad se solucionarían sin la presencia de la insurgencia.
  2. La paz impulsaría el desarrollo competitivo del país, mejorando las condiciones de vida en la ruralidad.
  3. El único culpable de una guerra sin sentido ha sido una insurgencia sin proyecto político, siendo el único actor que ha realizado acciones armadas en estos años de guerra.
  4. La actual institucionalidad es suficiente para adelantar los pocos cambios que se necesitan para lograr la paz.

La síntesis de estos discursos es uno sólo, volver inviable un proyecto de país que provenga de actores distintos a los que están en el poder. El uso de determinados adjetivos, de panelistas y entrevistas en emisiones centrales de los noticieros, el repetir cotidianamente la misma matriz mediática, le apuestan a este fin. El tema central de los discursos no sólo en desvirtuar a la insurgencia en su tránsito a la lucha política legal (al respecto la misma insurgencia ha replicado la matriz mediática y ha caído en errores al manifestar que ahora sí van a hacer política, ¿es que antes no lo hacían?), sino negar el rol de los actores sociales y políticos anti-neoliberales y anti-capitalistas y mostrarlos como unos locos con ideas arcaicas.

Este discurso se podría considerar como un complemento de la política desarrollada en los últimos años, donde las instancias gubernamentales, los medios de comunicación y panelistas, pretenden condicionar y direccionar las formas de protesta, los discursos que se deben desarrollar, incluso, determinar quiénes deben ser los liderazgos de la izquierda, resaltando algunos (ejemplo de ello es ubicar a neoliberales como Claudia López y Sergio Fajardo como “líderes de izquierda”) y proyectando el rechazo hacia otros.

Estos discursos, direccionados hacia el movimiento social, están centrados en crear una ilusión propagandista relacionada con que no hay que pelear con el Estado, por el contrario es necesario trabajar de la mano con él, para resolver los problemas de la comunidad, y con que la institucionalidad del país es lo suficientemente fuerte. Esto  apunta a generar dispersión de la disputa del poder y distraer los objetivos de proyectos emancipatorios.

Este discurso ha sido correspondido, en cierta medida, por diversos sectores, tanto de ciudadanía, como de los organizados, que han abandonado las jornadas de acción directa, de pintas, de bloqueos, de paros, de organización y movilización, por interminables comités para conciliar con el gobierno –los cuales casi nunca llegan a resultados concretos–, y como complemento, jornadas de Twitter que no alteran el poder establecido.

Los discursos de la paz apuntan a consolidar una sociedad despolitizada, que no logre diferenciar entre izquierda y derecha, aduciendo que representan lo mismo, donde reducen la política a institucionalidad, a la acción de partidos, a delegar los reclamos sociales, a participar en la dinámica institucional vigente, siendo un triunfo para quienes ostentan el poder. Ejemplo de lo anterior ha sido la participación de la sociedad en espacios de negociación con la insurgencia, donde la participación es administrada por terceros –como los foros temáticos de La Habana–, y las propuestas de la sociedad emanadas de estos espacios no son vinculantes, como si el conflicto no hubiera reconfigurado territorios y las mismas formas de habitarlos.

Comprender esto representa los múltiples retos de los procesos alternativos, que le apuestan no sólo a reivindicaciones que apunten a mitigar la crisis social y económica social existente, sino a construir modelos de sociedad centrados en lo colectivo, en la permanencia en el territorio, con una relación armónica con la naturaleza; un modelo económico centrado en el sujeto y no en la acumulación. En este sentido, es necesario generar condiciones, acumulación de fuerza, que permitan avanzar. Es por ello que se hace necesario volver a la acción directa contra el capital, a la marcha, la pinta, la organización barrial, sindical, obrera, campesina y popular, volver trinchera de disputa cada escenario de resistencia.

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