Arturo Buitrago

Arturo Buitrago

Martes, 12 Septiembre 2017 00:00

El cronista de la revolución

La escuchas y la vuelves a escuchar,una y otra vez. Es esa canción que ha sonado desde los años 60, y que ha sido traducida en distintos idiomas. No sabes si ponerte de pie y buscar una pareja para bailar, o simplemente encontrar tu propia sombra y bailar con ella,o quedarte sentado para dejarte encantar por esa cancióny evocar el sentimiento que una guitarra, con sus seis cuerdas, sobre el pecho y muy cerca del latido del corazón, le hacía vibrar a su intérprete. A un lado de él, Santiago Martínez, Rafael Lorenzo y Pedro Sosa, uno de ellos con otra guitarra marcando el ritmo, unas maracas moviéndose al vaivén de las olas del mar cubanas,y el percusionista con una lata de betún golpeando el piso, como un cencerro recordando el paso libertario de aquellos hombres y mujeres que un día bajaron de la Sierra Maestra al ritmo de la revolución.

Ese son musical develó el sentimiento más profundo de amor hacia el pueblo, de aprendizajes del Caribe que le transmitió a otros pueblos para entonar la libertad como esperanza y verdad; un amor profundo de los bardudos a las personas sencillas, a los campesinos a todo el pueblo cubano, en esa voz ronca y gruesa de Carlos Puebla y su conjunto Los Tradicionales que fundó en 1953.



…Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso cerco a la muerte…


Esas crónicas convertidas en ritmos tradicionales del Caribe le dijeron al pueblo cubano y atodo el mundo, especialmente a su vecino del norte, que nadie ni nada podría detener la gran marcha hacia un mundo mejor, iniciada un primero de enero de 1959. Carlos como muchos cubanos vivió el cambio de sistema político al ver llegar una nueva estrella a su país.

Nació en Manzanillo, una ciudad ubicada en el oriente de Cuba en la provincia de Granma un 11 de septiembre de 1917, día que coincide, curiosamente, con el golpe de Estado al presidente socialista Salvador Allende en Chile en 1973, a quién unas coplas también le escribió (Elegía a Salvador Allende), y con el atentado a las Torres Gemelas en los EEUU en 2001.

Carlos: cómo no aprender tanto de él en sus canciones, cuando cantaba con la cadencia del ritmo cubano, sintiendo el calor del otro en las manos,moviéndose a este ritmo en el baile. Ya sabía muy bien cómo expresarlo antes de la revolución, cuando desde sus inicios como músico popular y tradicional del folklore cubanosus canciones eran especialmente boleros, canciones de amor. Luego del triunfo, Carlos siguió cantándole al amor, a un amor revolucionario; fue insistente en hacer música los hechos triunfantes en la voz y el sentir del pueblo.En esas canciones narraba la nueva vida para el pueblo cubano, y las letras descubrían la importancia de las reformas educativas, agrarias, culturales, etc. Esas canciones aún siguen mostrando el porvenir y la esperanza.

Una vez leí que desde muy niño se dedicóde forma autodidacta a aprender música, primero con la armónica y luego con la guitarra;además que tuvo que trabajar en esa época en distintos oficios: carpintero, zapatero, azucarero, entre otros más, y por ello sabía muy bien cuál era el camino para hacer la revolución con su voz y guitarra.Eso hasta que pudo dedicarse a la música por completo en 1953, en La Habana. Enla Bodeguita del Medio entonaba las canciones que tanto recorrieron el mundo por las radios y los LP, como una especie de afrodisiaco musical.


Sin duda, las letras de todas las canciones siempre estaban cargadas de poesía y como decía Gabriel Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro”, era y es música para hacer el amor en su marcado compás caribeño: en las reuniones de amigos, en las tertulias, en la intimidad y soledad de la casa, en el recorrido hacia el lugar de estudio, en los café-bar de salsa y boleros, en todas partes canciones como: Hasta siempre Comandante Che Guevara, Canto a mi Pueblo, Cuba que linda es Cuba,Duro con él, La Bola, Soy del pueblo, Queremos vivir en paz, Que pare un momento el Son, Soy del pueblo, Todo por la reforma agraria, YankeeGo Home,  Mira yanqui como nos reímos, Y en eso llego Fidel, esta última una de las más sonadas.


Aquí pensaban seguir
ganando el ciento por ciento
con casas de apartamentos
y echar al pueblo a sufrir

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar (Bis)



En eso llegó Fidel, describe claramente cómo era cuba antes de la revolución,la “diversión” simboliza el casino, la lotería, el juego, lo que se había convertido la isla, como el patio trasero de diversión para los gringos, con el amparo de los gobiernos cubanos.

Pasamos la vida escuchando canciones, y esta se va transformando en la medida que estas ondas sonoras se integran al latido del corazón, ese que está al lado izquierdo y tiene la sangre roja. Carlos Puebla como muchos de la generación de músicos de los años 60, que comprendían movimientos como la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción, la Nueva Canción Chilena, Canción Social, tenían tres cualidades particulares, independiente del país: un gran amor por las personas más humildes y sencillas del país, porque muchas veces no tienen cómo expresar sus necesidades, querer mejorar las condiciones sociales, especialmente de las zonas más vulnerables para que no haya desigualdad, y un respeto profundo por la cultura, sus tradiciones, su lenguaje sencillo, sus instrumentos y la forma de relacionarse. Como se repetía luego de las elecciones en Chile un 4 de septiembre de 1970, luego del triunfo de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende: "No puede haber una revolución sin canciones".

Y nada más sencillo que Carlos Puebla, como lo escribió el mismo para su epitafio:
Yo soy esto que soy
un simple trovador que canta.

Domingo, 30 Abril 2017 00:00

Mi amigo Carlitos, el reciclador

“Yo tenía en uno de los costados del parque principal un puestico de mangos, duré casi seis años con él, este me dio el sustento diario para mí y mi madre. Ponía los mangos encima de una cajita de plástico blanca, la recuerdo muy bien, y con unas varillas que servían de patas para que quedara como una mesita. Vendía de todos los precios: desde $100 hasta $500. Los conseguía trepándome en los árboles frutales de las veredas del corregimiento donde vivo: San Antonio de Prado, en Medellín. Con lo que alcanzaba a vender en un día compraba unas panelas, arroz, dos huevos y varias papeleticas de café para llevarlas a mi casa, donde vivo con mi mamá. Ella está ya muy viejita; con sus 84 años de vida ya tiene dificultades para caminar, y casi todo el tiempo está quieta en la casa.  

Esa era mi rutina de todos los días, hasta el día que entendí que la situación económica estaba muy dura. Recuerdo que una tarde mamá llegó al puesto de mangos para pedirme algún peso para comprar lo del almuerzo y no había ni vendido $500, esa noche conversando con ella en casa le dije que ese negocio estaba muy malo. –Claro mijo, ni para comprar dos papeleticas de café alcanza–, me contestó. Entonces decidí rebuscármela de otra forma. Yo no iba a dejar que mamá aguantara ni que se muriera de hambre. Uno no puede dejar morir de física hambre al ser que le dio la vida.

Es que a uno de 49 años dónde lo van a contratar, dónde voy a conseguir trabajo en una empresa con todas las prestaciones y seguridad social. A uno viejo y acabado en ninguna parte lo contratan legalmente. En esos días de desolación, tratando de vender los manguitos, fue cuando se me apareció la virgen en un pensamiento, una idea para salir de este apuro. Me dije: Carlos Arturo, me voy a poner a reciclar. Y pensé que cuáles eran los lugares donde no pasaban reciclando, y fue cuando decidí coger una ruta algo larga para ensayar. Conseguí dos costales de malla, de esos rojos, me los colgué en cada hombro y arranque a caminar loma arriba. Las primeras veces el recorrido era desde el parque principal del corregimiento hasta la vereda Montañita; entraba al lugar que llaman “La Quesera” y volvía a bajar dando una especie de vuelta, eso es como 6 kilómetros en total. Fue un martes, nunca se me olvida cuando empecé, porque ese día es que pasa el camión de la basura por esas veredas. Recogí tanto reciclaje que cuando bajaba llevaba los dos costales llenos, y en las manos como podía también cargaba reciclaje, bueno, lo que creía que era reciclaje, pues no todo lo que llevaba se podía vender. Yo pensaba que todo lo que las personas botaban servía para venderlo en la chatarrería.

Con el pasar de los días los habitantes de la zona me fueron conociendo y dejaban al lado de la basura que se lleva el camión, las bolsas con el reciclaje. Y aprendí con el tiempo que lo que a uno le sirve es papel, cartón, envases de gaseosa grandes, y chatarra, que es por la que mejor pagan.

Con los cinco años que llevo en el reciclaje, he aprendido que no todo se puede ir a vender el mismo día que se recoge, toca ir guardando en la casa, especialmente lo que es la chatarra. El reciclaje cambia mucho de precio. Lo mantengo bien organizado, porque hay que separarlo bien, estripar bien las latas, clasificar el papel archivo de los otros, el cobre, el aluminio, no solo es recogerlo, toca arreglarlo bien para que no lo rechacen donde lo vendo, y no pierda tiempo en la bodega, entonces llevo todo a la casa y allí lo clasifico muy bien. Por eso es que en la casita organicé varios lugares para mantenerlo, muchas veces esa chatarra me ha sacado de unos líos impresionantes. Es muy difícil ahorrar plata en estos tiempos que todo es tan costoso y toca vivir del día a día. Guardar la chatarra es como tener unos ahorros para el día que suba el precio y llevarla a vender.

De las situaciones que le pasan a uno por ignorante al principio, fue la vez que llevaba las botellas de cerveza a la chatarrería, allí me pagaban por kilo de vidrio, pero si las vendo directamente en las tiendas me dan $100 por botella, así le gana uno más.

Donde vendía el reciclaje, le caí bien al señor, porque yo desde siempre he sido una persona muy humilde y honrada. Un día llegué con tantos costales trepados en mi hombro y sudando hasta petróleo, como dicen. El señor me propuso prestarme una carreta pequeña que no estaba usando, con la única condición que mientras la usara fuera construyendo la mía, esto para que me fuera más fácil transportar todo el material. Ese día salí empujando la carreta del negocio, y con la chatarra que iba recogiendo en los recorridos fui haciendo la propia. Solo me quedaba faltando pagar a un soldador para armarla y comprarle las llantas, entonces un señor que me regala el reciclaje me prestó la plata y así pude terminarla.

Uno de los días más alegres que tuve fue cuando la armamos. La organizamos muy bien, con llantas grandes para que me quedara fácil moverme al subir y bajar con el reciclaje, y con varas largas para poder agarrarla. Mi carreta es única en el pueblo, quedó lo más de bonita, y pintadita toda azul. Cuando bajo muy cargado la gente me grita: ¿Carlitos compró un camión o qué?

Los martes y los viernes son los días que voy a recoger el reciclaje en la vereda, porque son los días que pasa el camión de la basura, y los otros días me dedico a organizarlo bien. También hay días que voy a ayudarle al señor de la chatarrería a organizar todo el material que le llega, otros días hay personas a las que les recojo el reciclaje que me dicen que les ayude a arreglar el techo de la casa, a trastearse, a limpiar la finca, a revolver la mezcla para tirar segundos pisos, y yo estoy dispuesto a ayudarles para lo que necesiten. Es como un servicio mutuo”.

Carlitos saca de su bolsillo un imán grande, lo pone encima de una lata, y esta no se pega, entonces coge la lata y la mete en una de las bolsas de la basura. “Mire esto, no sirve de reciclaje. Señor, hoy en día las cosas no las hacen como antes, ya todo es basura, y hacen las cosas con pasta, todo es desechable, como la vida misma”.

Jueves, 03 Noviembre 2016 00:00

Hija de su tiempo: Alfonsina Storni

Cómo te conocí
Pasaba en el calendario el año 1996 cuando uno de mis amigos, Ignacio, me prestó un cassete negro viejo que hoy todavía conservo. Era de su padre, pero estábamos en  la época de la juventud en que todos los amigos compartíamos la música que nos gustaba. Era una recopilación de música latinoamericana muy de moda para la época; habían canciones de Inti Illimani, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,  y por el lado B, al inicio, había una canción interpretada por Mercedes Sosa, muy bien la recuerdo, sus versos me conmocionaron... “por la blanda arena que cubre el mar, su pequeña huella no vuelve más, y un sendero sólo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”, cantaba ella con esa voz tan profunda.

Días después llegué a la casa de Ignacio esperando a su padre para preguntarle más sobre aquellos versos. La sensación que tenía era como la de un pequeño niño con ansias de un regalo. Pasadas las 7:30 pm escuché desde el cuarto que estábamos, abrir la puerta de la casa; era el padre de Ignacio. Las emociones se hicieron muy presentes. Luego de saludarlo, inmediatamente lancé la pregunta casi sin dejarlo llegar, -espere un momento me preparo un café y nos sentamos un rato en la sala-, me dijo.

Acomodados en la sala los tres, colocamos el cassete para escuchar en el lado B la canción, que el papá de Ignacio nombró como “Alfonsina y el mar”. Aquellos versos comenzaron a flotar por el aire; de la biblioteca sacó dos pequeños libros café, uno de ellos llamado “Antología poética”, y empezó a leer en voz alta este poema:

“Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

Luego, nos contó que la canción que tanto me gustó fue escrita por Ariel Ramírez y Félix Luna, inspirada en estos versos que hacen parte del último poema que Alfonsina Storni escribió antes de morir. Nos dijo también que de su muerte hay muchos mitos: que ocurrió internándose en el mar lentamente hasta morir, que desde la parte alta del muelle del Club Argentino de mujeres en Mar de Plata, Argentina se lanzó al mar, y otros cuentan que fue un accidente mientras caminaba por el muelle.

Seguimos la noche entre versos y poemas, y las historias de una América Latina convulsionada por los cambios, la migración y las nuevas políticas estatales. Aún trato de recordar muchos más de los detalles que escuchábamos del papá de Ignacio al contarnos sus pasiones por la música y la poesía latinoamericana. Él era muy enfático en la necesidad de tomar como ejemplo aquellas personas luchadoras que lograron revolucionar la vida desde la cotidianidad.

Hoy, luego de tantos años de leer poesías, sigo resaltando en Alfonsina Storni su verso tierno y amoroso, su revolución de sentir la vida, de cómo los versos que se postraron de sus manos a los cuadernos en la intimidad se convirtieron en luz.


Alfonsina por ella misma
Mi nombre es Alfonsina Storni, nací el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza; mis padres fueron Alfonso Storni y Paulina Storni. A mis 4 años, junto a mis padres y hermanos nos trasladamos hasta Argentina en la ciudad de Rosario. Cuando tenía 12 años escribí un poema algo triste y centrado

Mi vida siempre ha estado enfocada al mundo de las artes; aunque mis primeras experiencias laborales fueron ayudando a mi madre en labores simples dentro de un pequeño lugar para tomar café, como lavar los platos y atender las mesas.

En mi adolescencia me adentre más al mundo del teatro convirtiéndome en actriz, después decidí realizar una carrera como maestra rural en Coronda y allí recibí mi título profesional. En esos momentos me vincule a dos revistas literarias: "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas", donde escribía y conocí muchos de los poetas más importantes para la época como Horacio Quiroga, Federico García Lorca, entre otros. Como mujer fui una de las primeras en hacer parte de la comunidad de escritores de Argentina. Mi verdadera pasión siempre ha sido escribir.

Jueves, 03 Noviembre 2016 00:00

Hija de su tiempo: Alfonsina Storni

Cómo te conocí
Pasaba en el calendario el año 1996 cuando uno de mis amigos, Ignacio, me prestó un cassete negro viejo que hoy todavía conservo. Era de su padre, pero estábamos en  la época de la juventud en que todos los amigos compartíamos la música que nos gustaba. Era una recopilación de música latinoamericana muy de moda para la época; habían canciones de Inti Illimani, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,  y por el lado B, al inicio, había una canción interpretada por Mercedes Sosa, muy bien la recuerdo, sus versos me conmocionaron... “por la blanda arena que cubre el mar, su pequeña huella no vuelve más, y un sendero sólo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”, cantaba ella con esa voz tan profunda.

Días después llegué a la casa de Ignacio esperando a su padre para preguntarle más sobre aquellos versos. La sensación que tenía era como la de un pequeño niño con ansias de un regalo. Pasadas las 7:30 pm escuché desde el cuarto que estábamos, abrir la puerta de la casa; era el padre de Ignacio. Las emociones se hicieron muy presentes. Luego de saludarlo, inmediatamente lancé la pregunta casi sin dejarlo llegar, -espere un momento me preparo un café y nos sentamos un rato en la sala-, me dijo.

Acomodados en la sala los tres, colocamos el cassete para escuchar en el lado B la canción, que el papá de Ignacio nombró como “Alfonsina y el mar”. Aquellos versos comenzaron a flotar por el aire; de la biblioteca sacó dos pequeños libros café, uno de ellos llamado “Antología poética”, y empezó a leer en voz alta este poema:

“Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

Luego, nos contó que la canción que tanto me gustó fue escrita por Ariel Ramírez y Félix Luna, inspirada en estos versos que hacen parte del último poema que Alfonsina Storni escribió antes de morir. Nos dijo también que de su muerte hay muchos mitos: que ocurrió internándose en el mar lentamente hasta morir, que desde la parte alta del muelle del Club Argentino de mujeres en Mar de Plata, Argentina se lanzó al mar, y otros cuentan que fue un accidente mientras caminaba por el muelle.

Seguimos la noche entre versos y poemas, y las historias de una América Latina convulsionada por los cambios, la migración y las nuevas políticas estatales. Aún trato de recordar muchos más de los detalles que escuchábamos del papá de Ignacio al contarnos sus pasiones por la música y la poesía latinoamericana. Él era muy enfático en la necesidad de tomar como ejemplo aquellas personas luchadoras que lograron revolucionar la vida desde la cotidianidad.

Hoy, luego de tantos años de leer poesías, sigo resaltando en Alfonsina Storni su verso tierno y amoroso, su revolución de sentir la vida, de cómo los versos que se postraron de sus manos a los cuadernos en la intimidad se convirtieron en luz.


Alfonsina por ella misma
Mi nombre es Alfonsina Storni, nací el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza; mis padres fueron Alfonso Storni y Paulina Storni. A mis 4 años, junto a mis padres y hermanos nos trasladamos hasta Argentina en la ciudad de Rosario. Cuando tenía 12 años escribí un poema algo triste y centrado

Mi vida siempre ha estado enfocada al mundo de las artes; aunque mis primeras experiencias laborales fueron ayudando a mi madre en labores simples dentro de un pequeño lugar para tomar café, como lavar los platos y atender las mesas.

En mi adolescencia me adentre más al mundo del teatro convirtiéndome en actriz, después decidí realizar una carrera como maestra rural en Coronda y allí recibí mi título profesional. En esos momentos me vincule a dos revistas literarias: "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas", donde escribía y conocí muchos de los poetas más importantes para la época como Horacio Quiroga, Federico García Lorca, entre otros. Como mujer fui una de las primeras en hacer parte de la comunidad de escritores de Argentina. Mi verdadera pasión siempre ha sido escribir.

Viernes, 01 Agosto 2014 21:39

Tocó esperar las volquetas

Volquetas

Levantarse temprano, antes que el sol salga, ponerse la ropa de trabajo, las botas y el sombrero se está convirtiendo para muchos campesinos que viven en los alrededores de la ciudad de Medellín en historia del pasado. Y no es producto de las nuevas tecnologías agropecuarias, sino que esa vocación campesina de sembrar cuando la luna indique el cuarto creciente, podar,  desyerbar o abonar en menguante ha cambiado para los nuevos campesinos. A ello los ha forzado el precio tan bajo de sus productos en el mercado y las “oportunidades”, que abre para las fincas campesinas los nuevos planes de ordenamiento territorial –POT-, que intenta convertir lo urbano en suburbano.

Martes, 01 Julio 2014 22:28

¡Foooo!, yo no fui

malos-olores

Ingresamos al baño y nos sentamos en eso que el artista Marcel Duchamp en 1917 inmortalizó con el nombre “La Fuente” en el museo de Nueva York, otros lo han denominado como la silla de la filosofía y otros como el lugar de la intimidad más importante en esta sociedad. Luego de levantarnos le activamos el dispositivo que hace que corra una corriente de agua y se lleve bien lejos lo depuesto allí. Y no hay nada más incómodo que verlo dar vueltas y quedarse en aquel lugar o devolverse porque el desagüe se tapó.

Sábado, 15 Septiembre 2012 22:34

El periódico El Mundo y su disfraz

Desde el primero de septiembre en el periódico El Mundo, que circula principalmente en la ciudad de Medellín (área metropolitana), aparece, debajo de su logo, particularmente en una franja roja, "la compra de este periódico financia los proyectos de Fundamundo”. Además, el costo del periódico rebajó de $1.200 a $1.000 de lunes a viernes. Todos sabemos que los medios de comunicación masiva están inscritos en contextos de intereses económicos y políticos, oportunistas, donde la información y la opinión están sujetas a esto, entonces, la pregunta obligada es: ¿por qué el cambio de razón comercial de este periódico y su baja de precio?{jcomments on}

Viernes, 25 Mayo 2012 20:01

¡Como que nos engañaron!

Hace aproximadamente 1 año una señora visitó la institución donde laboro como docente, en Itagüí- Antioquia, a ofrecer una maestría en gestión de la tecnología educativa. Y varios docentes nos reunimos para escuchar cuál era su propuesta. Inicialmente nos motivamos, porque la maestría que nos ofrecía tendría un subsidio del 50% por el hecho de ser docentes vinculados al magisterio.

María Mercedes Becerra Espitia fue una joven estudiante esperanzada en culminar sus estudios e ingresar formalmente al mundo laboral, ese que pensaba era justo; recordaba siempre una frase que en el colegio le decían mucho los profesores: “el trabajo dignifica al ser humano”; pero en el momento de llegar al almacén 9:00 am, nunca había sospechado que el trabajo no es ese simple ejercicio de vender y que cada 15 días le paguen su sueldo. Ese día que salió a las 7:00 pm aprendió una verdad que muchos conocían desde sus propios sufrimientos y que nunca se la enseñaron en el Sena durante las clases de “emprendimiento”.

 

Martes, 16 Noviembre 2010 21:59

Iglesia y Estado no han partido cobijas

Julio es profesor de una institución educativa pública del municipio de Itagüí, al sur del área metropolitana del Valle de Aburrá (Medellín). Hace aproximadamente 3 meses fue sorprendido con una notificación de la secretaría municipal de traslado que no había pedido. Recordaba entonces Julio que su calificación del año anterior había sido buena (93 puntos sobre 100), por tanto no podía ser esto la motivación del traslado. Cuál no sería su sorpresa cuando, después de indagar la causa de esta notificación, se enteró que obedecía a un reclamo desde la parroquia de la localidad.

 

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