Periferia

Periferia

Monday, 16 October 2017 00:00

¿Quiénes somos?

 

La CORPORACIÓN

La corporación Periferia Comunicación Alternativa fue fundada en el año 2004, por un grupo de amigos interesados ​​en hacer la comunicación alternativa y popular la mejor herramienta para visualizar los procesos de resistencia de las comunidades de la periferia de Colombia.

 

EQUIPO EDITORIAL PERIFERIA COLOMBIA

 

Director General
Olimpo Cárdenas Delgado

El Flako

Julian Alvarán

Jazmín Grajales

Walter Salazar

Sara López

Miguel Romero

 

¿QUIÉNES SOMOS?

 

Periferia es un proyecto de comunicación popular que comenzó en el año 2004 como la apuesta de un grupo de amigos interesados ​​en hacer de la comunicación popular una herramienta para visibilizar los procesos de resistencia de las comunidades en la periferia de Colombia.

Entendemos la Comunicación Popular como el proceso en el que las comunidades por su iniciativa construyen estrategias para atender sus necesidades de comunicación. Desde esta perspectiva se prioriza la escucha, el diálogo y la construcción colectiva de saberes, y se problematiza la realidad con el objetivo de transformarla.  Por esta razón entendemos que la comunicación no tiene únicamente una función informativa, sino que hace parte de la cotidianidad de nuestras comunidades para mediar, resolver o develar conflictos. La Comunicación Popular es entonces una respuesta de las gentes organizadas en la búsqueda de una sociedad más justa, libre y humana.

 

Partiendo de esta concepción de la comunicación, la Corporación Periferia ha desarrollado  varias líneas de trabajo, entre las que se encuentran: la publicación mensual del Periódico Periferia, las escuelas de comunicación popular, la construcción de un fondo editorial y un centro de documentación y  la autogestión a través de los servicios de nuestro Centro de Artes Gráficas y otros servicios editoriales y audiovisuales.

 

 

MANIFIESTO PERIFERIA EN SUS 10 AÑOS

Dicen que los sueños, sueños son. Pero en Periferia llevamos más de diez años de lucha y esperamos seguir por muchos más, para que nuestros sueños, que son los sueños de buena parte de los oprimidos del mundo, se hagan realidad. Aquí compartimos con nuestros lectores algunos de esos sueños para que nos ayuden a seguirles dando forma y contorno en la lucha denodada por una sociedad mejor.

Sujeto Político

Desde su nacimiento, Periferia asumió como propósito contribuir a la construcción de un sujeto político en el país. Y entendemos por sujeto político a aquel capaz de comprender plenamente su realidad y de actuar consecuentemente para transformarla. Y esta es una tarea, aparte de política, fundamentalmente ética: se trata de un sujeto capaz de construir una sociedad nueva donde no exista dominación, explotación ni opresión de ningún tipo.

Por lo tanto este sujeto debe encarnar en sí mismo un proyecto ético en el cual la vida digna sea un valor fundamental y un derecho para todos. Por esa misma razón este sujeto es plural, en la medida en que aúna en su lucha la reivindicación de todos los oprimidos (obreros, campesinos, indígenas, mujeres, homosexuales, grupos étnicos, etc.), sin intentar subordinar ningún sector de esta lucha a un sector que se arrogue el privilegio de encarnar en sí mismo el sujeto revolucionario.

Las palancas fundamentales para la construcción de este sujeto son la autonomía, entendida como consciencia crítica, y la unidad de lo diverso. Dos dimensiones atacadas permanentemente desde el poder mediático que intenta aniquilar la capacidad de juicio de los individuos e imponer el pensamiento único, al servicio del sostenimiento de esta sociedad ominosa. Por eso creemos que nuestro trabajo, en tanto ayuda a recuperar la capacidad de juicio de los individuos y promueve la unidad de los diversos sectores oprimidos, es fundamental para la emergencia de este sujeto.

Economía

Desde Periferia apostamos por una economía alternativa y distinta, que redefina el concepto de necesidad humana y comprenda que éstas no pueden ser infinitas, porque nuestro planeta no es inagotable. Una economía verdaderamente solidaria, que nos lleve a replantear nuestro consumo excesivo. Que además replantee la división del trabajo entre intelectual y productivo, entre países productores de materias primas y productores de manufactura y tecnología, y que además propenda por la abolición de la división del trabajo entre hombres y mujeres, rescatando a estas últimas del sino capitalista y patriarcal que las relega a asumir como forma única de subsistencia el trabajo reproductivo. Una economía que devuelva a las  cosas su valor de uso y en la que prime el buen vivir de los seres humanos en armonía con la naturaleza, por encima de la productividad, la rentabilidad y el lucro.

Apostamos a las iniciativas de autogestión y de construcción de circuitos económicos solidarios que nos permitan reubicar nuestro papel como consumidores y a la vez productores de bienes y servicios, generando dinámicas más justas de intercambio y distribución.

Una economía que se cuestione la sobreproducción de basura contaminante, a partir de una reducción consciente de nuestro consumo. Que devuelva el papel central a las relaciones de intercambio local y nos hermane a nivel global en una única lucha por cuidar y dignificar la vida de todas las especies.

Para ello es necesario acabar con el lucro de la guerra, democratizar las instituciones internacionales de manera que todos los países del mundo tengan acceso en igualdad de condiciones a los espacios de toma de decisiones y la garantía para cada quién de un lugar en el mundo, donde pueda desarrollar su creatividad en medio del disfrute, construyendo territorio sin fronteras.

Democracia

La democracia es imposible en el capitalismo. Y, Periferia, como propuesta de comunicación popular, lo ha venido poniendo de manifiesto, no solo a través de un discurso teórico, ideológico y político sino con ejemplos palpables recogidos en la periferia de nuestros campos y ciudades, en cada una de sus ediciones. En ellos se  deja sin argumentos la propuesta del sistema capitalista, un sistema que descansa en la inequidad, la injusticia, la explotación y la opresión de unos pocos contra las mayorías; amén de la destrucción del planeta.

Por eso, para Periferia la democracia es más que un discurso, es una acción y una propuesta que descansa en valores y postulados, construidos colectivamente, como: el reconocimiento y el respeto de la diversidad, la individualidad y la singularidad de los sujetos sociales, aun dentro de las diversas propuestas políticas, los partidos y los movimientos. 

Democracia es argumento, equidad, comprensión, convencimiento y razón, en vez de violencia. Es igualdad a la hora de acceder y producir información, a la hora de comunicar, de conocer, de saber, de educarse, de abrigarse, de alimentarse; es distribución equitativa de la riqueza y de los bienes escasos; es el disfrute de todos los bienes naturales y los materiales y científicos, que producen felicidad y satisfacción a la humanidad; es la disposición y control público de los servicios domiciliarios, de salud y educación; es reconocer, respetar y defender la vida de todos los seres, incluida la naturaleza; es la construcción de una cosmovisión en donde humanidad sea equilibrio, equidad y convivencia entre hombres, mujeres y naturaleza; es soberanía alimentaria; es acceso a la justicia y a la dignidad; es participación política y posibilidad de participación en las decisiones sobre los temas más importantes de la nación. Es poder participar en la construcción colectiva de una nueva sociedad, autónoma, en donde se reconozca y respete la diversidad social, política, cultural, sexual, étnica y se construya un discurso amplio, fraterno, antipatriarcal e incluyente.

Justicia

La justicia no es la aplicación de la ley; pues la ley misma, en una sociedad dividida en clases, tiene como propósito sostener, legitimar y operativizar el privilegio de los poderosos y su dominación sobre el resto de la sociedad.

La justicia, tal como la entiende Periferia, nace de una sociedad que se organiza para superar las condiciones de opresión y sometimiento. En este sentido, la justicia es la conquista de la dignidad, tiene que ver con que se pongan al alcance de cada ser humano y de cada colectivo las condiciones necesarias y suficientes para realizar esa dignidad, para vivir una vida que valga la pena vivirla. Ese es el rasero para medir las leyes y su aplicación.

En este sentido la justicia se emparenta con la equidad y con la libertad. Es justa una sociedad que le ofrece a cada individuo y grupo social la posibilidad de realizarse como seres humanos libres, partiendo de las condiciones reales en las que se encuentra su vida. Así, la equidad significa que los recursos y las oportunidades no se distribuyen por igual entre los individuos y los colectivos, sino intentando fortalecer aquellos individuos y grupos que están en condiciones desventajosas frente a los demás.

La sociedad actual, organizada para promover la acumulación de capital mediante la explotación y la competencia, lo que espera es que cada individuo le aporte según sus capacidades y que reciba de ella, para satisfacer sus necesidades, proporcionalmente al trabajo realizado. Frente a esta máxima que hace imperar en la sociedad la ley del más fuerte, la máxima del Manifiesto del Partido Comunista sigue siendo la mejor expresión hasta nuestros días de ese ideal de justicia social: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Pues suele pasar que aquellos individuos o grupos que por sus propias condiciones están más impedidos para aportar al desarrollo material de una sociedad son justamente los que más necesitan. Y no hay que esperar al advenimiento de la sociedad comunista para empezar a aplicar en nuestras relaciones personales y sociales esta lógica, que debe horadar desde la cotidianidad la lógica salvaje del capitalismo en nuestros días. Esa ha sido también la apuesta en Periferia.

Paz

Por paz en Periferia no entendemos la ausencia de guerra ni el silencio de los fusiles. Sociedades pacíficas no existen hoy en el mundo, aunque en muchas de ellas no haya guerra ni confrontación armada de ningún tipo. No puede haber paz en un mundo en guerra, pero la ausencia de la guerra no es garantía de nada. En una sociedad con profundas desigualdades sociales, con prácticas terribles de esclavitud y opresión, la ausencia de guerra y de confrontación más bien da testimonio de un poder de dominación alcanzado por los poderos que ni siquiera posibilita la manifestación más natural de los oprimidos. Esa dominación casi absoluta se logra muchas veces a través de la represión armada, pero también por la aniquilación de la capacidad de juicio que logra con su acción persistente, pero despiadada, la industria cultural.

La paz es una convivencia pacífica entre sectores sociales diversos, lo cual implica el respeto y la tolerancia recíproca. Pero la prédica de la tolerancia como un valor absoluto es un instrumento de guerra contra los oprimidos. En una sociedad organizada para mantener la dinámica de acumulación de capital que enriquece descaradamente a una minoría al tiempo que causa la ruina económica y moral de la mayoría, la paz exige justamente elevar en la conciencia de la gente a la calidad de intolerable lo que esta sociedad acepta por norma.

Así, para nosotros, la paz solo puede ser el resultado de una sociedad donde han superado todas las formas de opresión, donde existen las condiciones necesarias y suficientes para que los individuos y los colectivos desarrollen su autonomía y la capacidad para idear y desarrollar sus propios proyectos de vida, sin que estos se vean obstruidos por intereses mercantiles y particularistas. Todo lo demás es una falsa paz, que oculta o impone como norma la desgracia de las mayorías; o lo sumo es una pax romana, que se impone sobre aquellos que previamente han sido reducidos a la impotencia.

 

En 2015 la Federación Colombiana de Periodistas –FECOLPER– y Reporteros Sin Fronteras pusieron de manifiesto una verdad que para entonces ya era evidente: en Colombia existe una escandalosa concentración de los medios de comunicación en manos de 10 grupos y familias, quienes son propietarios de canales de televisión, emisoras, periódicos, revistas y medios digitales. A través del proyecto “Monitoreo de la Propiedad de Medios” pudimos constatar que las empresas mediáticas del país hacen parte de  grandes grupos económicos como lo son la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, la Organización Ardila Lulle y el Grupo Empresarial Santo Domingo- Valorem, quienes no sólo concentran gran parte de las audiencias sino que también tienen empresas en otros sectores.

Por solo tocar un ejemplo, la Organización Luis Carlos Sarmiento, dueña de medios como El Tiempo, también ostenta inversiones en empresas de otros sectores como la agroindustria, energía y gas, la infraestructura, la hotelería, la minería e industria, y el financiero e inmobiliario. Es por esto que las líneas editoriales de los medios de cada grupo empresarial se han alineado a los intereses económicos de sus negocios. Esta relación pone de presente el problema de una opinión pública que se busca construir, no desde los intereses de los ciudadanos, sino desde los intereses de los grandes empresarios.

En el 2008 Periferia y un grupo de estudiantes de comunicación popular hicimos el ejercicio de preguntarle a transeúntes en las calles de Medellín por temas de interés nacional y luego por las problemáticas en sus cotidianidades. Cuando se indagó por temas gruesos, como el papel que estaba jugando el Gobierno de esa época, y por sus políticas de seguridad democrática y confianza inversionista, en principio las personas respondían con una actitud positiva, hasta fanática en algunos casos, pero al continuar indagando por su conocimiento sobre su contenido y alcances, las respuestas comenzaron a carecer  de argumentos propios: “la seguridad democrática y la confianza inversionista son muy buenos porque han mejorado la situación del país”. Era la voz de los medios masivos en boca del pueblo. Lo que ellos expresaban correspondía entonces a información  que los medios que consumían les proporcionaban.

Al continuar indagando por otros temas con más cercanía a sus realidades cotidianas, afloró un panorama menos alentador: la mayoría nos manifestó su inconformidad por la manera en la que funcionaba el sistema de salud, el sistema educativo, el desempleo, y mientras nos acercábamos a temas como el precio de la canasta familiar y los servicios públicos más aumentaba la indignación de estas personas. Sin embargo en este caso y a diferencia de los temas gruesos (seguridad democrática y confianza inversionista), ninguno de ellos o ellas conectaba la relación entre Gobierno, administración pública, y situación social y económica. No le asignaban la responsabilidad a nadie. ¿Cómo explicar esto? ¿Por qué estas personas estaban a gusto con un Gobierno cuya prioridad no eran los asuntos sociales? ¿Por qué no responsabilizaban al Gobierno de las carencias, esas sí bien conocidas y padecidas por estos humildes, y  ante las cuales reaccionaban con indignación?

La respuesta la conseguimos al preguntar por su opinión sobre  los medios de comunicación que consumían, que como ya dijimos eran las grandes empresas mediáticas. Estas respuestas expresaron cansancio frente a los temas y a los formatos de televisión, prensa y radio, pues consideraron que estos medios siempre hablaban de lo mismo. Si esto lo relacionamos entonces con el contexto de concentración mediática anteriormente enunciado, podemos entender que las agendas de los grandes medios en lugar de pensar en los problemas de la gente, están centrados en las agendas y los intereses políticos y económicos de los poderosos.

Ante este problema la pregunta por quiénes somos los representados y cómo somos representados en los medios de comunicación cobra una  importancia central, sobre todo si vamos a hablar de una comunicación para la paz. En el caso de las empresas mediáticas, el otro, diverso, es ignorado y utilizado desde el estereotipo; en estas no hay espacio para los debates de Jairo, el mecánico del barrio Castilla en Medellín, para las luchas de la comunidad de Guamal, Meta, en contra de la explotación petrolera, o para la de María, presidenta del sindicato de trabajadoras domésticas.  Y menos si Jairo, María, o las comunidades de Guamal están organizados y poniendo en debate asuntos políticos y sociales que cuestionan el estado de cosas injustas.

Por ello, para hablar de un periodismo para la paz, debemos hablar del oficio por visibilizar el país diverso que es nuestra Colombia, y la tarea de los medios de comunicación popular, entonces, es la de arraigarse a los territorios y construir en conjunto con las comunidades apuestas comunicativas que partan de sus propias necesidades, con miras a construir una conciencia pública que responda a las necesidades de las mayorías, en lugar de una opinión pública que responda a los intereses económicos de unas minorías.  

Esta es la tarea que iniciamos hace 13 años con el periódico Periferia, la de aunar voces con apuestas por un país justo y con dignidad para la gente de a pie, pero también la de enunciar las violaciones a los derechos humanos y las injusticias que se dan en un país como Colombia, donde mientras se asesinaban más de cinco mil personas, la mayoría jóvenes desempleados de zonas rurales y barrios periféricos, para engrosar y maquillar las cifras de la guerra contrainsurgente,  los medios masivos de información callaban y replicaban las voces oficiales que ofrecían relatos exitosos sobre el triunfo militar de los “héroes” de Colombia sobre los terroristas. Vale la pena para nuestra labor recordar a Paulo Freire citando a Marx en la pedagogía del oprimido cuando escribió: "Hay que hacer la opresión real todavía más opresiva, añadiendo a aquella la conciencia de la opresión, haciendo la infamia todavía más infamante, al pregonarla".

De la guerra a la construcción de paz
La comunicación, como proceso social y humano, atraviesa nuestra cotidianidad individual y colectiva. Como lo dice Erik Torrijo en su texto “Emancipar la comunicación para sustentar la paz”, es gracias a los vínculos comunicacionales que toda sociedad se constituye, dado que estos hacen posible la expresión, la interacción y el entendimiento en el sentido del diálogo. Estos últimos son también los fundamentos culturales para la paz, por lo que Torrijo sustenta que la comunicación es paz, aunque no toda la paz dependa de ella.

Sus argumentos nos llevan a preguntarnos por el papel que las empresas mediáticas han jugado en la construcción de la guerra y la paz en nuestro país, cuando estas han limitado la comunicación a un ejercicio informativo, instrumental e impositivo, que visibiliza a unos e invisibiliza a otros, según sus necesidades e intereses económicos y políticos. Mientras la comunicación esté cautiva en unos pocos, y no le pertenezca a todo el colectivo de la sociedad, la paz será el relato de esos pocos que la tengan cautiva.

En el marco del conflicto armado esta situación para las clases populares no tiene un tinte diferente. La relación entre los poderes económicos y políticos con los actores del conflicto han impuesto una única versión de lo sucedido, en donde ellos son víctimas amenazadas, y en peligro latente. Esta tensión se traslada a toda la sociedad, especialmente a los más pobres que son la mayoría. En esta labor el periodismo ejercido desde las empresas mediáticas ha jugado el papel de arraigar una cultura del conflicto, del enemigo interno, y del miedo. En este marco la postura oficialista se irriga por toda la sociedad y se convierte en su relato. En el corazón de ese relato está la venganza, la militarización del pensamiento, y la consecuente violencia generalizada.

En la época del conflicto bipartidista a mediados del siglo pasado, la prensa señaló de bandoleros a los campesinos alzados en armas para defenderse en diferentes regiones del país de la violencia estatal y paramilitar (pájaros), y se dedicó a cubrir el despliegue de las operaciones militares. ¿Qué país tendríamos si la gente del común hubiera conocido las razones de estos campesinos? ¿Si el Gobierno hubiera escuchado sus reclamos? Esto no lo sabemos, pero la historia demuestra que la negación del otro solo favoreció el incremento y transformación de los ciclos de violencia.

Igualmente, las estadísticas, los partes de guerra y los resultados del actual conflicto se cubrieron a partir de los comunicados de prensa de las instituciones oficiales, y la otra parte, como las víctimas que producía  este conflicto, quedaron a un lado de las noticias. Se llegó a negar la existencia del conflicto; el discurso del enemigo interno se tomó los titulares de prensa, la televisión y la radio.

Se logró descontextualizar las causas, los orígenes y las razones de los diferentes actores armados, metiéndolos a todos en un mismo costal, de manera que para la sociedad daba lo mismo una masacre paramilitar que una toma guerrillera; daba lo mismo 10 muertos que 100, y daba lo mismo que se hubieran asesinado a las víctimas con sevicia y cometiendo vejámenes  en medio del combate.  Finalmente, la cereza del pastel sería la justificación pública, en horario triple A y por televisión, a cargo del jefe de Estado, de los crímenes en donde estaban involucrados los miembros de las fuerzas militares, llamados falsos positivos de manera eufemística. “No eran angelitos… no estarían recogiendo café”, refiriéndose a los jóvenes asesinados.

Ahora, en cuanto al proceso de paz en La Habana  entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno, este se adelantó en medio de un modelo de aislamiento y secretismo, orientado a que la sociedad perdiera cualquier interés en ellos. Una vez alcanzados los acuerdos de paz, medios como RCN optaron por obstaculizar su desarrollo, afianzando discursos en contra de lo que las partes acordaron y maximizando las voces contra este. Sin embargo esto es otro ejemplo de los intereses que existen detrás de la información, porque RCN hace parte de la Organización Ardila Lule, de la cual también hace parte la empresa de gaseosas Postobón, quien tiene investigaciones judiciales por supuesta financiación a grupos paramilitares.  Detrás de la oposición o de la invisibilización de los procesos de paz, como pasa con el actual proceso en Quito entre el ELN y el Gobierno, existe un interés claramente político para ocultar las causas del conflicto, y evitar que algunos actores expresen su visión sobre la solución política y en especial sus propuestas de cambio.

Por estas razones, hay que volver al libro “La violencia en Colombia” de Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, un libro de testimonios, donde se recogen las voces, imágenes de víctimas y testigos de la cruel historia de la violencia bipartidista. En el ejercicio periodístico no hay que olvidar a esas fuentes inagotables que hacen de la memoria una revelación de testimonios que nos impulsa a poner punto seguido a la historia, a seguir escribiéndola, pero que a su vez también favorecen ejercicios de visibilización y posteriormente de justicia.

En medio de esta “horrible noche” diferentes apuestas de memoria han comenzado la tarea de tejer iniciativas que busquen la verdad de lo sucedido. Muchos son los casos en los que hemos trabajado de la mano con personas que han resultado víctimas del conflicto. Narrar sus historias a través de un medio ha permitido ejercicios de darle un orden lógico a lo sucedido, y poder transmitirlo a otras personas y familiares, quienes muchas veces sólo se enteran de lo sucedido a través de un recorte de periódico, porque para muchas de estas personas narrar de su viva voz la historias resulta doloroso.

También ser publicados en un medio ha servido en procesos judiciales, como sustento de que aquellos aterradores sucesos sí existieron, por lo cual  es un deber del Estado garantizar la justicia y verdad en estos casos. La verdad en muchas oportunidades sale a flote gracias a la vocación honesta de un comunicador o comunicadora popular, o la de un periodista.

Hay que manifestar que el conflicto armado ha generado una restricción para nuestra labor. También  ha generado un miedo que se sustenta en el asesinato a periodistas que ejercen una rigurosa labor en las regiones, cubriendo temas relacionados a las alianzas del poder, las violaciones de derechos humanos, las víctimas. Quienes han cubierto la otra versión del conflicto han sido señalados y estigmatizados. Este miedo busca generar límites para un periodismo  como ejercicio vivo, independiente y  sin sometimientos al  poder económico.  

Ante el actual contexto y desde nuestro ejercicio podemos afirmar que no existirá paz mientras se mantengan los conflictos sociales. La paz no es la ausencia de guerra ni el silencio de los fusiles. Así esta sea ya una frase que parece de cajón.

Por ello creemos que las transformaciones sociales son un imperativo. En el caso de la comunicación es necesario que afloren y se mantengan medios que sean la voz de  las comunidades como protagonistas. Pero esto solo puede darse a partir del reconocimiento de las organizaciones sociales y de las mismas comunidades de la necesidad de vincular en todas sus apuestas, procesos y proyectos la comunicación como eje estratégico, pero una comunicación que camine hacia la construcción de una nueva visión del mundo, del poder político y de la justicia social, que sea humanista, democrática, con valores solidarios. Es decir, una comunicación para la paz.

Como hemos dicho anteriormente, la comunicación popular es núcleo de la autonomía, porque les da la herramienta a las comunidades para que se autorreconozcan, y para que valoren sus propios esfuerzos, sus luchas y sus propuestas sociales y políticas, para que se vean como protagonistas de su propio presente y futuro, y no como gregarios de las apuestas de otros.

Wednesday, 04 October 2017 00:00

Editorial 132: Una oportunidad para la paz

El cuatro de septiembre el ELN y el Gobierno de Colombia publicaron un documento conjunto en el que anunciaban el acuerdo al que llegaron sobre cese al fuego bilateral y temporal. La noticia, aunque esperada, no dejó de ser un acontecimiento, un hecho extraordinario si se tiene en cuenta que desde el principio el Gobierno planteó que el modelo de negociar en medio del conflicto no cambiaría, y menos después del éxito obtenido en el proceso de La Habana con las FARC. Contrasta con la postura del ELN que aspiraba, desde la instalación en febrero de 2017, que el proceso se diera en medio de un pacto de cese al fuego. Según los elenos, este pacto crearía un ambiente favorable a la paz y evitaría derramamiento de sangre, siempre doloroso e innecesario.

Por estar las partes en polos opuestos es que el acuerdo de cese al fuego es un acontecimiento, igual o de mayor importancia que la visita del Papa Francisco. O mejor, los dos acontecimientos jugaron en un tiempo preciso para complementarse y crear un momento político que le permitiría a las partes darle oxígeno al polémico y oculto proceso de Quito, y brindar un gesto de bienvenida al sumo pontífice que con su peregrinación por Colombia venía no solo a respaldar los procesos de paz y reconciliación, sino a cobrar unas cuentas pendientes a esa masa católica y conservadora que en octubre de 2016 le había dado en la cara a las aspiraciones de millones de colombianos y colombianas que querían una paz, mucho mejor de la que se alcanzó con las FARC, gracias a la derrota del plebiscito.

Es decir que el acuerdo de cese bilateral jugó y jugará durante los siguientes meses en el ámbito político nacional e internacional, y pondrá en la agenda de amigos y enemigos de la paz el tema de la continuidad del proceso con el ELN, lo que significa que el tema se va a meter en las campañas electorales de 2018.

Los astros se alinearon durante cinco días para el Gobierno Santos, que pudo mirar por el rabillo del ojo y con sorna a los uribistas católicos, apostólicos y romanos que tanta zancadilla le han puesto a los procesos de paz, y levantar su alicaída imagen aporreada por los escándalos de corrupción más recientes;  también para el ELN que le torció de alguna manera el cuello al modelo de negociar en medio de la guerra y ganó legitimidad e imagen ante la nación. Esto limpia el camino para que avance el punto uno de la agenda: Participación de la sociedad en la construcción de la paz, el cual venía embolatado por la prioridad que el Gobierno le venía dando a los asuntos humanitarios del punto 5F, especialmente al asunto del secuestro y las hostilidades contra la infraestructura petrolera.

Sería mejor o políticamente correcto decir que nadie ganó y nadie perdió, pero la verdad es que las cuentas de cobro se presentaron y hasta se puede decir que fue justo que así se dieran las cosas. Además es seguro que impactarán los resultados futuros a nivel electoral.

Aunque según el texto, “para el cumplimiento de este Acuerdo se establecerá un mecanismo de veeduría y verificación integrado por el Gobierno Nacional, el Ejército de Liberación Nacional, la ONU, y la Iglesia Católica; mecanismo que funcionará con el doble propósito de prevenir e informar cualquier incidente”, la pregunta es ¿qué debemos hacer los colombianos y las colombianas organizados y no organizados en medio de esta coyuntura de cese al fuego? Y ¿cómo aprovechar esos tres meses para sacar adelante las aspiraciones colectivas por las que hemos trabajado  o  que hemos soñado tanto tiempo?

Un asunto clave es rodear el acuerdo, protegerlo, y esto se puede hacer a través de las veedurías sociales y comunitarias en los territorios, especialmente en donde el conflicto ha sido más fuerte; nada impide crear estos mecanismos y debería ser bien visto por las cuatro partes oficiales. Gracias a estas veedurías se acompañarían con acciones humanitarias a las comunidades de los territorios que por causa de la violencia paramilitar, la judicialización y la criminalización de sus organizaciones sociales vienen padeciendo persecución de diferente índole.

También sería un momento propicio para identificar los territorios que han sufrido mayor impacto por el asesinato sistemático de líderes y lideresas sociales, y extender de esta manera un cese de hostilidades en contra de la sociedad civil. Este cese debería incluir el alivio a la población carcelaria que sufre la indignación del hacinamiento, la insalubridad y la falta de atención a las enfermedades catastróficas. Debería contemplarse la salida, a casa por cárcel o condicional de aquellos presos y detenidas cuya situación lo requiera por razones humanitarias.

Por otro lado, existen razones suficientes para considerar el momento de cese bilateral como una oportunidad para desarrollar la propuesta de cese de hostilidades contra toda la sociedad, en especial los pobres que padecen la legislación tributaria en su contra; el sistema de salud que mata y un desempleo e informalidad que ya nadie aguanta.

Finalmente, es fundamental que en este periodo las organizaciones sindicales, los campesinos, los estudiantes, los trabajadores y usuarios de la salud, las mujeres, las iglesias, los procesos, las regiones, las etnias, etc., se preparen para participar en las audiencias que están acordadas en la mesa de Quito y que seguramente se desarrollarán una vez sea instalado el cuarto ciclo de negociaciones que inicia el 23 de octubre.

Pero no solo deberían prepararse para la participación los sectores y procesos que están o van a ser convocados a Quito. Todos los que tengan experiencias, ideas y metodologías concretas para garantizar que desde sus espacios se pueda aportar a la paz de Colombia y en especial a sus transformaciones, también deberían exigir su participación.

El cese al fuego bilateral y temporal, en suma, es una gran oportunidad para que el país ensaye otras formas diferentes o adicionales a la tradicional participación electoral, tan desprestigiada. Las consultas, las mesas de trabajo, los cabildos, las asambleas populares, las constituyentes, las mingas y toda clase de iniciativas institucionales o extrainstitucionales están a la orden del día en un país que clama participación y paz, pero con cambios y transformaciones.

Sunday, 01 October 2017 00:00

Machuca: la otra versión de los hechos

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Casi 20 años después de la tragedia de Machuca en el nordeste antioqueño (18 de octubre de 1998),  en donde un estallido de un oleoducto a manos de fuerzas del ELN provocó un desenlace trágico de 84 muertos, el periodista irlandés Gearoid  Padraig Ó Loingsigh, quien por un tiempo vivió en Segovia, escribió un libro en el cual investigó elementos que nadie había puesto de relieve y que involucra además del ELN, la responsabilidad de Ocensa y el Estado colombiano en dicha tragedia. Periferia habló con él sobre la obra que será lanzada el 3 de octubre en Quito - Ecuador.

Periferia: ¿Cuál fue la razón que lo motivó a escribir este libro justo en este momento que hay un proceso de paz con el ELN?
Gearoid: Independientemente de este proceso, la verdad es necesaria, hay cosas qué  escribir sobre Machuca y lo iba a hacer con o sin proceso de paz con el ELN. 84 muertos y quemados en medio de semejante tragedia da escalofrío, pero hay necesidad de presentar otras explicaciones distintas a la que ha dado el Estado, que no ha escuchado ni leído la sociedad, por ejemplo en materia de industria petrolera, y el impacto de esta en la tragedia. No defiendo al ELN, pero creo que esta organización tiene razón en muchas cosas frente a la industria petrolera, por eso sale mejor librado en el libro que las empresas y el Estado.

P: ¿Cuáles son esas cosas que la gente no sabe o no ha leído o escuchado sobre la industria petrolera?
G: Pues la misma industria, y los Estados hacen hasta lo imposible para que no se sepa que esta es una actividad de mucho riesgo; que las explosiones en los oleoductos son más comunes de lo que se cree, que un oleoducto no explota solamente por agentes externos, o cargas dinamiteras, sino también por reacciones químicas, corrosión, movimiento del suelo, mayor o menos humedad o lluvia, etc. También que la industria en el mundo gasta miles de millones de dólares en prevención y seguridad industrial, en planes de contingencia. Los tubos explotan en Canadá y en México, o en Nigeria, y causan incendios también, y matan personas, pero allá existen los protocolos y los planes de contingencia que hacen que una tragedia sea menos grave.

P: ¿El comando del ELN que realizó el atentado podía saber qué clase de crudo o material llevaba este oleoducto que pasa por Machuca?
G: Antes debo explicar que el oleoducto que pasa por Machuca viene de Casanare. En Machuca no hay petróleo, el oleoducto pasa por allí porque está en la línea recta hacia el occidente y resulta más barato construirlo en el lugar que se hizo, cerca de Machuca. Estos oleoductos llevan petróleo crudo, pero este no tiene la misma composición química de otro, y nadie puede saber qué reacción concreta tiene este tubo, excepto la empresa que lo transporta. En este caso Ocensa. En mis investigaciones Ocensa nunca preparó a la comunidad para una eventualidad como la que se presentó, ni advirtió el peligro de la cercanía del tubo, ni se aseguró que estuviera en el otro lado de la montaña, en donde no había gente, entre otras cosas, lo cual hubiera cambiado el destino de esas 84 personas, aun en medio de un atentado dinamitero de la guerrilla.

P: ¿Entonces qué fue lo que pasó?
G: Los guerrilleros rasos que pusieron la carga son responsables de lo que se llama homicidio culposo de 84 personas, eso no se puede poner en duda; pero quienes pusieron el tubo cerca a Machuca también tienen culpa. Esa noche el tubo transportaba un petróleo muy volátil, muy puro, que al contacto con una hormilla u otra fuente de calor explotaba fácilmente;  Corantioquia concluye que  cualquier derrame siempre afectaría el pueblo de Machuca y que se debería mover el pueblo o el tubo, y que si se hubiera puesto el tubo del otro lado de la montaña nunca hubiera matado a nadie. Es decir, que con guerrilla o sin guerrilla, los  protocolos básicos para atender en cuestión de minutos una tragedia de esa magnitud son obligatorios y en este caso no existían. No había comunicación para avisar cualquier accidente, la ambulancia más cercana está a dos horas y media por carretera destapada; el plan de contingencia no contemplaba incendios y se sabe que en accidentes con quemados la atención de las primeras horas es fundamental. En esta oportunidad la tragedia se dio a las 12:30 de la media noche, y los últimos heridos salieron en helicóptero a las 4 de la tarde, es decir 15 horas y media después.

P: En el libro usted presenta debates jurídicos frente a la responsabilidad del ELN, ¿cuáles son esos debates?
G: No son tan fáciles, pero en principio los fallos hablan de dolo eventual por parte de quienes llevaron a cabo los atentados, y de coautoría en el caso de los comandantes del COCE. Según los análisis de juristas y los míos propios, no hay dolo porque ningún guerrillero sabía ni quería causar semejante tragedia, menos sobre una población en donde habían familiares de sus compañeros o de ellos mismos. Lo de Machuca le causó más daño al ELN, a su imagen externa e interna. Y en cuanto a la responsabilidad de la comandancia, es absurdo, así no funciona la guerrilla, no hay órdenes en directo ni conocimiento de las acciones que corresponden a las estructuras regionales o locales.

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Esta obra saldrá a la luz pública oficialmente el 3 de octubre, luego de su lanzamiento en Quito. Después en Colombia se harán presentaciones y lanzamientos en Bogotá, Cali y Medellín, inicialmente.

Sea como fuere, a la comunidad de Machuca aún no le sanan las heridas. El pueblo es tan pobre como hace 30, 20 o 10 años. El tubo sigue allí, igual que el pueblo, igual que la gente que se curó sola sus heridas. Todos han ofrecido recursos pero ninguno ha cumplido. Esta obra podría coadyuvar a  generar un nuevo momento para encontrar verdad y resarcir a las víctimas, y a su dignidad.

 

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PRESENTACIÓN

Periferia es una corporación que nació en el 2004 como un proyecto de comunicación popular. Desde entonces editamos mensualmente el periódico Periferia Prensa Alternativa, una publicación de alcance nacional, elaborada con los aportes de colaboradores y reporteros populares de diferentes regiones del país. Desde hace nueve años  sacamos a circulación anualmente una agenda que en principio recogió los aportes fotográficos del periódico, pero  a lo largo del tiempo  se ha perfilado como una apuesta estética y como un espacio de difusión del trabajo de fotógrafos, colaboradores y amigos  que trabajan en la periferia con las comunidades, por lo cual en las últimas ocasiones la agenda ha tenido un enfoque temático, con la finalidad de poner la mirada sobre un asunto específico de las comunidades periféricas.  A su vez esta agenda es una manera de autogestión de la Corporación para el trabajo periodístico y  formativo.

 TEMA

 El tema central de este año “Mujeres que luchan en la Periferia” tiene como objetivo resaltar las apuestas que realizan las jóvenes, niñas, campesinas, indígenas, lideresas, activistas, feministas, obreras, trabajadoras informales, artistas, ancianas, madres, víctimas, entre otras,  que buscan transformar su territorio, en las ciudades o en el campo de Colombia. En el contexto de nuestro país, donde muchos sectores se oponen al enfoque de género en políticas públicas, como Corporación creemos que el rol de la mujer es primordial para la construcción de la paz en los territorios, por esto la mirada de nuestra  agenda quiere poner de presente a estas luchadoras que día a día apuestan por un país diferente, justo y en paz.

 BASES

  • Pueden participar fotógrafos profesionales o aficionados
  • Se pueden enviar entre una y tres fotografías
  • Cada fotografía debe llevar un pie de página que contextualice dónde se tomó, quién es la persona fotografiada, y explicar por qué esta mujer es una luchadora (máximo 25 palabras)
  • Las fotografías deben enviarse al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. con el asunto: Convocatoria - Agenda 2018
  • Las fotografías deben estar en alta calidad
  • Fecha límite: 25 de septiembre

 

SELECCIÓN

 La selección estará a cargo del comité editorial del periódico Periferia Prensa Alternativa.

 

RECONOCIMIENTO

 A las personas con fotografías seleccionadas se les hará saber a través del correo electrónico, igualmente se publicará en la página web www.periferiaprensa.com. Los ganadores recibirán  un certificado de su participación, dos Agendas + Colección de libros de La Fogata Editorial y Periferia

 

FECHAS

Convocatoria: 08 septiembre – 25 de septiembre

Publicación de resultados: 2 de octubre

 

DERECHOS DE AUTOR

 La Corporación Periferia es una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es visibilizar las luchas y apuestas de las comunidades en la Periferia. El propósito de este concurso no es comercial y la inscripción para participar es gratuita.  Los autores de las obras que resulten finalistas y entren a formar parte de la selección final aceptan ceder a Periferia –de manera no exclusiva- el derecho de uso y reproducción de las imágenes. El derecho de uso que asume Periferia sobre las fotografías finalistas no enajena la propiedad patrimonial e intelectual de los autores y su campo de acción está limitado para fines educativos y sociales. Periferia se compromete a reconocer los respectivos créditos de autor cuando las fotografías sean publicadas.

Ya está circulando Jardines Mágicos, una cartilla de úteros para colorear inspirada en flores colombianas. Su objetivo es empoderar a niñas y mujeres de su cuerpo y su feminidad. Periferia conversó con su autora, Carolina Ramírez, quien nos habló de su vida y nos contó sobre esta propuesta y el trabajo que gira alrededor de ella.

 

Periferia:Carolina, ¿qué es Jardines Mágicos, cuál es su objetivo?

Carolina Ramírez: Jardines Mágicos es un libro de úteros para colorear inspirado en flores colombianas. Nació porque en las historias que nosotras escuchamos de las mujeres, muchas de ellas nos cuentan cómo la misma medicina les decía que se sacaran el útero si ya habían tenido hijos. Esa carga con la que se ha visto el útero es muy fuerte, y cuando se ha extraído es solo por prevención, entonces hay que resignificar también el útero, hay que darle otras connotaciones. Nuestros órganos sexuales están también colonizados, porque por ejemplo las trompas de Falopio se llaman así porque Falopio era uno de los médicos que hacía experimentos con mujeres esclavas y sin anestesia, y mira, nosotros cargando la memoria de Falopio. Hay muchos asuntos para trabajar, porque también es necesario comprender que nosotras no tenemos un aparato reproductor, son nuestros órganos y no estamos tampoco obligadas a reproducirnos. Obviamente tampoco es negar a quien quiera reproducirse. Debemos mostrar a las niñas que llevamos un jardín en donde se pueden cultivar muchos sueños. El útero es un centro de poder para nosotras, porque si en el útero se logra gestar un hijo, imagínense la fuerza que se puede poner ahí, también para crear lo que nosotras queramos crear. Queremos seguir proponiendo esa metáfora.

P: ¿Cuéntanos un poco de ti y tu trabajo, cómo llegaste a este enfoque y a esta propuesta?

CR: Yo nací en Segovia, pero hace 15 años me vine a Medellín a estudiar psicología. Después que me gradué empecé a ver que todos los trabajos a los que llegaba era acompañando mujeres. A partir de un trabajo que tuve con enfoque de género, me movilicé mucho alrededor del tema. Allí empecé a tener un reconocimiento de mí misma y de las demás, a darme cuenta que todas las historias que llegaban tan macabras para mí eran las mismas historias de mi abuela, de mi tatarabuela, de mi vecina, es decir, que era la misma historia de las mujeres. Allí empezó esa inquietud mía por el trabajo con enfoque de género.

En el 2014 con otras amigas que habían sido compañeras de trabajo, decidimos emprender el colectivo Artemisa, y desde ahí tomé la decisión de no trabajar más con la institucionalidad. En el 2014 dos de nosotras hicimos la formación en terapia menstrual, con una mujer argentina. Allí trabajamos el ciclo femenino, relacionándolo con un momento de la vida de las mujeres, y con una fase vital de nosotras. Eso es fundamental, porque cuando hablamos de empoderamiento femenino, se trabaja mucho es desde lo político. También está esa otra parte de nuestro cuerpo y naturaleza. Una de las artimañas del patriarcado fue negar nuestra naturaleza, hacernos ver como histéricas, entonces de esa forma nos ponen a andar de manera lineal, y nosotras no somos lineales. Nuestra apuesta es empezar desde ahí, para reconocernos como mujeres cíclicas y entender que nuestro cuerpo no está enfermo. Allí empecé a recuperar la confianza en mí misma. También nos dimos cuenta de todas las taras que tienen las mujeres y la colectividad con la menstruación, pese a que sean muy empoderadas de lo político. Empezamos a entender que estamos muy conectadas con la tierra, y que la tierra es tan cíclica como nosotras. 

Allí iniciamos el trabajo de pedagogía menstrual, porque cuando nosotras aceptamos estos procesos físicos, biológicos, naturales en nuestro cuerpo y cuando nos damos cuenta que estamos en una conexión muy grande con la tierra, porque ella también pasa por cuatro ciclos, entonces nos damos cuenta que no estamos locas, ni histéricas, ni bipolares, sino que simplemente estamos supremamente conectadas con la tierra.  Se trata de recuperar ese saber y esa fuerza con los ciclos naturales de la vida. Desde allí nos reconocemos y empoderamos para que cuando lleguemos a los espacios políticos podamos respetar también nuestros propios ciclos. 

 

P: ¿En qué consiste el trabajo que realiza el colectivo Artemisa?

El fuerte de nosotros es la terapia menstrual, para sanar esos procesos de ciclicidad femenina, pero también hacemos el trabajo de pedagogía menstrual, no solo la terapia que es más personal. La pedagogía se hace en espacios públicos y privados, por ejemplo el Círculo de mujeres que facilitamos en el barrio Castilla, en el parque Juanes de la Paz desde hace dos años, cada 28 días, cada luna llena. Lo iniciamos porque se recrudeció en un momento la violencia en el territorio, entonces empezamos a hacer el círculo pensando en las mujeres que sufrían por la muerte de sus hijos, sus hermanos, pero después empezaron a llegar mujeres de otras partes de la ciudad, y ahí en el parque hemos tenido hasta 50 en un solo círculo. 

 

P: También eres autora de un trabajo llamado “El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo”, ¿en qué consiste esta propuesta?

Cuando nosotras empezamos a hacer el proceso de pedagogía menstrual, empezamos a darnos cuenta de la fractura que había en las mujeres a raíz de su menstruación, entonces empezamos a trabajar, a desmitificar, pero no había cómo hacerlo también con las niñas, para evitar o para hacer la prevención, y acompañarlas para que recibieran su menstruación de una forma más bonita. Ahí se nos ocurrió crear un cuento, materiales que estuvieran más a la mano de nosotras, y ahí me propuse escribir El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo. Nos interesaba mucho que fueran princesas clásicas, pues estas ya tienen un anclaje en lo colectivo, entonces era importante hacer la resignificación en ellas, porque también pensamos que esto de negarles a las niñas que se llamen princesas, es muchas veces nadar contra la corriente. Nosotras propusimos no pelear con eso, pero mostrarles a las niñas otra forma de ser princesas, porque está también Mononoke,por ejemplo, que es una princesa guerrera.

 

P: ¿Cómo esta propuesta se relaciona con los movimientos sociales y el trabajo político?

CR: Una de las cosas que también hizo el patriarcado fue hacernos pensar que lo espiritual era una cosa y lo político otra. Pero para que fluyan bien tienen que encontrarse estos dos componentes. Los movimientos sociales necesitan humedecer el alma, para que en su lucha no se resequen, y se humedece es desde allí, cultivando lo espiritual, y la relación que hombres y mujeres tenemos con los ciclos naturales.

Nota: Esta cartilla puede adquirirla en la sede principal de Periferia (Calle 50 # 46-36, of 504. Medellín), o a través de nuestras redes sociales.

 

 

 

 

 

La Fundación Pueblo Indio en Quito fue la sede que recibió a cerca de 20 medios de comunicación alternativos y populares que llegaron desde Colombia, con el objetivo de conocer de primera mano el estado de la negociación entre el Gobierno colombiano y la insurgencia del ELN, convocados por la Federación Internacional de Prensa de los Pueblos (FIPU). Este lugar, legado del MonseñorLeonidas Proaño, sacerdote aquien le acuñan “la revolución del poncho”,un proceso a favor de los indígenas empobrecidos del Ecuador, abrió el espacio para preguntas e inquietudes sobre el curso de la negociación, sobre la cual ante la llegada próxima del Papa Francisco a Colombia se cierne en el debate un posible cese bilateral.

Un día inicia temprano para los integrantes de la delegación de paz del ELN. A las seis de la mañana comienzan a trabajar, y a las ochoya deben estaren la mesa para dar inicio a las discusiones con su contraparte, que se desarrollan hasta la una de la tarde. Pablo Beltrán confiesa que hace un esfuerzo, “así los debates sean muy fuertes, profundos y con muchas distancias, para que esto no se convierta en un asunto personal”. En las tardes preparan los elementos para las discusiones del día siguiente, atienden a la prensa y a las relaciones políticas.

Paradójicamente, lo que más extrañan de la vida en las selvas es la tranquilidad. “En las montañas de Colombia uno vive muy tranquilo, cero ruidos, agua limpia… esta vida aquí es muy agitada, es bastante fuerte y en ese tren de trabajo estamos seis semanas seguidas”, afirma el jefe de la delegación.

Lo claro de la negociación es que encontrar un punto de aproximación no ha resultado fácil, y no es para menos. En la mesa se encuentran sentadas dos partes totalmente opuestas. Desde el inicio ha existido una serie de desencuentros que han marcado el ritmo lento del proceso; el Gobierno por su parte ha condicionado la negociación a temas que van a apareciendo en el transcurso de esta, y en ese sentido la delegación expresó que si bien son conscientes de que son un organización pequeña, en la mesa están en condiciones de igualdad con la delegación del Gobierno.

Los negociadores del Gobierno, en cabeza de Juan Camilo Restrepo, buscan aplicar un modelo de negociación basado en el proceso llevado a cabo en la Habana con las FARC, pero el ELN insiste en que  para ellos este proceso tendrá que ser muy diferente. “Las FARC se sentaron a negociar, nosotros queremos poner los temas que son importantes para el país”,manifestó el delegado Carlos Reyes. La realidad es que si alguna vez las insurgencias buscaron dos mesas y un proceso, nunca existió una sincronía debido al desarrollo de los mismos tiempos de cada mesa y a la voluntad del Gobierno.

De las experiencias pasadas de exploración de negociación, como la llevada a cabo en la época de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, o del proceso durante el gobierno de Samper, expresa Beltrán que “hemos aprendido que cuando avanzamos con un Gobierno, llega el siguiente y lo desconoce. Quiere decir que no hay una política de Estado. ¿Qué otra cosa hemos aprendido? De toda esa élite dirigente ya vamos aprendiendo quiénes tienen voluntad de que esto cambie y hay una gran mayoría que están cómodosde cómo está Colombia y no quieren que cambie”.

Su visión sobre la paz  es que esta tiene que ser un proceso de abajo hacia arriba. “El primer punto de la mesa es la participación y este no ha comenzado”,comentó  Consuelo Tapias. En este sentido, en el momento no se está discutiendo cómo va a ser la participación que es el 60% del proceso. Para esto, las partes han llegado al preacuerdo de realizar las audiencias preparatorias con 25 estamentos de la sociedad colombiana, los cuales representarán desde lo sectorial y territorial la diversidad de voces sobre este primer punto  y darán como resultado la estructura de la participación  de la sociedad.  Según la delegación del ELN, el Gobierno concibe la participación como reunir gente sin ninguna repercusión, mientras que para ellos este ejercicio debe ser parte esencial del contenido del acuerdo de paz.

A pocos días de terminar el tercer ciclo, las fuerzas y las discusiones sevolcaron en conseguir el Cese al Fuego Bilateral. Las partes dieron a conocer sus condiciones para este, sin embargo el cese del que se hablaba en este momento no corresponde al del punto 5 de la agenda de negociación. Según la delegación, “este cese es de un momento especial que busca crear confianza en el desarrollo de la mesa y busca desatrancar los puntos de la agenda”. Este momento ha sidoimportante en la mesa porque el Gobierno, quien desde el inicio se había negado a hablar del cese, desde hace unos meses evalúa esta posibilidad y porque la guerrilla de manera conjunta como organización está cohesionada entorno a la decisión de pactar este cese.

Las expectativas de la negociación de la delegación del ELN son claras. Al preguntarle a Pablo Beltrán sobre los mínimos que esperan de esta, responde decididamente: “los mínimos es que saquemos la violencia de la política,  y que se cree una mayoría por la paz que imponga unos cambios básicos urgentes, si esta negociación aporta a eso nos damos por bien servidos”, también afirmó que esta negociación les ha permitido ver una élite dividida entorno a la paz,y comprender la importancia del momento histórico que cruza el país.

Se logró el Cese Bilateral

Después de extender este tercer ciclo, el lunes  4 de septiembre el país se levantó con la noticia de que las partes lograron acordar el Cese al Fuego Bilateral, en la madrugada del domingo. Tanto  el Gobierno como la insurgencia consiguieron comprometerse con el objetivo principal de mejorar la situación humanitaria de la población del país.

El Cese iniciará el 1 de octubre y se extenderá hasta el 9 de enero, con la posibilidad de prorrogarse en la medida en que las partes cumplan los compromisos adquiridos en este acuerdo. Por su parte el gobierno se comprometió con el sistema de alertas tempranas para la protección a líderes sociales, un programa de carácter humanitario para mejorar condiciones de salud de los presos del ELN y la puesta en marcha de las audiencias preparatorias. El ELN se comprometió a suspender retenciones, enrolamientos de menores y detonaciones contra la infraestructura.

Por el momento, el ciclo de conversación se extenderá para precisar los aspectos logísticos del Cese que será verificado por un mecanismo en donde estarán la ONU, la Iglesia y las partes.

 

 

PIE DE FOTO:La delegación que recibió a los medios de comunicación estuvo integrada por diferentes figuras dentro de la guerrilla como Gustavo Martínez, Aureliano Carbonell, Carlos Reyes Niño, Consuelo Tapias, Silvana Guerrero, Alirio Sepúlveda y Tomás García. Luego del recibimiento a este espacio se uniría después el Comandante y jefe de la delegación de paz de la guerrilla, Pablo Beltrán. La FIPU entregó camisetas a la delegación con el mensaje “Stop Wars”.

El pasado 29 de agosto se llevó a cabo el evento conmemorativo de los 35 años del Instituto Popular de Capacitación –IPC-, el cual tuvo como mensaje político que la memoria, la verdad y la democracia son elementos fundamentales para hacer el tránsito en la sociedad colombiana de la guerra a la paz.

San Javier, Moravia y Aranjuez fueron los lugares elegidos para ser recorridos durante esta conmemoración debido al trabajo que esta organización ha realizado desde hace más de tres décadas en estas comunas de Medellín. Este espacio también fue el escogido para hacer el lanzamiento del informe “Resintiendo la violencia política”, un ejercicio que comenzó como un diagnóstico para el plan de reparación colectiva hacia la organización, pero que terminó por tomar la forma de un trabajo de memoria colectiva, que según Diego Herrera, presidente del IPC,“está en el marco de la búsqueda de la verdad frente a las agresiones y el daño político ocasionado, no solo al IPC, sino también al movimiento de derechos humanos en Antioquia y en el país”.

El trabajo del IPC comenzó enlos años 80's en Medellín y en las regiones de Urabá y Suroeste antioqueños, alrededor de la educación sindical y el acompañamiento a las comunidades campesinas en su lucha por la tierra, y a organizaciones barriales y urbanas. Desde entonces su trabajo se ha consolidado alrededor de la educación,la investigación y la comunicación de carácter popular, con diferentes iniciativas que han fortalecido un trabajo regional en defensa de los derechos humanos.

Su labor se ha visto obstaculizada por diferentes ciclos de violencia entre los cuales han ocurrido sucesos como: allanamientos ilegales, detenciones arbitrarias, torturas, secuestros, y amenazas. Este ejercicio de memoria señala como responsables de estos hechos a agentes estatales y paramilitares que buscaban restringir el ejercicio crítico y social del IPC. Uno de los momentos mástristes en esta historia de violencia política contra el IPC es el de la bomba del 29 de agosto de 1999.“A pocos minutos de la 1:00 de la mañana fue activado un artefacto explosivo en la sede del IPC. La onda explosiva destruyó parte de las instalaciones del primer piso, donde se situaban el área administrativa, el auditorio, el centro de documentación y el archivo”, relata este informe.

Pese a estos actos de intimidación y terror, el IPC ha continuado su trabajo y en el marco de las apuestas que buscan construir una paz a través de la negociación política durante los últimos años, han reafirmado, según ellos, la permanencia del colectivo y su resistencia política.En la actualidad el IPC trabaja en articulación con las organizaciones sociales,en iniciativas encaminadas a rodear la implementación del acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y las FARC, por lo cual han acompañado espacios como el Congreso Nacional/Regional de Paz, distintosforos sobre el balance de la implementación, y también han venido rodeando el proceso con el ELN en Quito.

Esta conmemoración de sus 35 años se da entonces en un momento en el cual su apuesta ha generado unos escenarios de diálogo social y político, alrededor de la agendas específicas en Medellín y en subregiones de Antioquia, en temas como el de la Comisión de esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición, la reforma política y la reforma rural integral.

Thursday, 31 August 2017 00:00

Soy Azul pero me dicen Violeta

En el colegio mis amiguitas se burlaban de mi nombre, Violeta, por eso nunca me gustó, y cuando apenas tenía cinco años les dije a mis padres Luis Santiago y Claudia que quería cambiármelo. Ellos se sorprendieron, era solo una niña y ya tomaba determinaciones sobre mi vida, ¿y cómo quieres llamarte? Azul les dije, era mi color preferido.

Mis padres, amorosos, siempre cuidaron de mis dos hermanos y de mí, pero no tanto para prohibirnos soñar, jugar y volar por cuenta propia, como dice mi padre. Él cree que los humanos somos como las aves: a los pichones siempre los cuidan, les dan de comer y les enseñan lo básico, luego deben volar por cuenta propia y ahí los padres casi siempre terminan su tarea. Ellos se esmeraron por nuestra educación, no tanto para que obtuviéramos buenas calificaciones sino para que aprendiéramos y fuéramos buenas personas con capacidad de tomar decisiones.

Por eso nos levantamos libres, bueno, hasta donde el cuidado de nuestros padres nos lo permitía. Siempre estábamos con papá y mamá, a donde quiera que fuera mi padre por razones de su trabajo allá estábamos los cinco; mi padre es el mejor ingeniero mecánico del país, eso dice él orgulloso y yo le creo, se graduó como yo de la Universidad Nacional, pero él lo hizo cuando yo ni siquiera estaba en sus planes, por allá en el año 81. Es un antioqueño muy buena gente, humano, buen lector, amante de Dostoievski, y del ajedrez, hasta lo practicó en competencia. Ha trabajado en las principales obras viales del país y es experto en ventilación de túneles; aunque ya se pensionó aún lo llaman para asesorías. A veces peleamos por las ideas políticas, confieso que yo soy más radical que él. Mi padre cree que es tan mala una dictadura de izquierda como una de derecha. Yo lo pongo en duda.

Mi madre es adorable. Aunque se graduó en la Universidad de Cundinamarca y es tecnóloga agrícola, desde que nació mi hermano mayor no tuvo más vida sino para nosotros. Ella es la que nos transfirió el carácter fuerte, la solidaridad y la capacidad del equilibrio, nunca uno de nosotros tuvo más que el otro; mi madre nos conoce en lo más profundo y sabe de qué somos capaces y de qué no, ella sabe que somos incapaces de caminar senderos de injusticia. Nunca se queda callada y discute siempre que considera que tiene argumentos; además es una artista, hace con sus manos casi lo que quiera: con la madera, con las telas, con las agujas, con las pinturas; sus manos saben amar y en especial saben transformar.

Y mis dos hermanitos… ellos son libres, igual que yo, y nos amamos. Todos terminamos nuestras carreras universitarias con enfoque humanista, y cada uno se ha tomado en serio lo que escogió ser y hacer. El mayor, aunque vive lejos, nunca se ha ido, siempre quiso saber de dónde proviene nuestra especie y las razones de sus comportamientos culturales, además escribe muy lindo; y el menor es increíble, nunca quiso estudiar formalmente, ni asistir a clases en el colegio, pero ante la angustia de mis padres se comprometió a graduarse y lo hizo, al estilo de Estanislao Zuleta. Estudió por su cuenta y obtuvo uno de los mejores resultados en las pruebas Icfes; ahora se empeña en prepararse para transformar el sistema educativo del país.

No sé qué decir de mí, es tan difícil hablar de una misma. No sé si es importante haber tenido una gran memoria desde muy niña, y haberme aprendido las 32 banderas de los equipos del mundial de futbol del año 98 en Francia, o haber leído un libro maravilloso que me regaló mi padre, “los niños del mundo”; aún lo recuerdo, todavía me impresiono con las imágenes de los niños de Brasil de la zona de la Amazonía, sus pies siempre descalzos permitían que sus dedos crecieran diferente a los míos, tanto que servían como las manos para agarrar cosas. Nunca fui la mejor estudiante, pero sí una de las más destacadas, quería estar en todo, lo discutía todo, incluso el día de mi graduación de bachiller exigí hablar en la despedida pública en el teatro, pese a que no estaba en el protocolo.

Tal vez sea importante contar que siempre me irritó la injusticia, en todos los casos, las discriminaciones, las desigualdades sociales, nunca pude con eso. Tengo grandes amigas y amigos, muchos de ellos gracias a que en un momento tuve el valor de defenderlos justo cuando eran agredidos, como Alejandro que era víctima de la homofobia de sus compañeros. Cuando terminé la secundaria ya sabía lo que quería estudiar, para eso me formé toda la vida al lado de los que amo, para ayudar a cambiar el mundo, y también en el colegio tuve la oportunidad de encontrar mi vocación de socióloga. Me presenté a la Universidad del Rosario, por si acaso no pasaba a la Nacional, pero pasé, y nunca tuve duda que era allí donde quería terminar mi carrera. Y así lo hice este año, en 2017, antes de que mi vida y la de mis seres queridos se volviera casi un infierno por cuenta del atentado cobarde del Centro Comercial Andino.

Jamás negaré mi pensamiento crítico, ni mis autores preferidos como Fals Borda o Estanislao Zuleta; admiré sus vidas rebeldes y en especial sus actos rebeldes, siempre atados a las transformaciones sociales, al humanismo. Para eso estudié, por eso trabajé muchas veces durante mi carrera con comunidades de diferentes regiones del país; conozco de primera mano sus ausencias y sus carencias, las viví con ellos, no me pueden engañar con cuentos. Por eso hice mi tesis con las comunidades de Suárez, en el departamento del Cauca. Por eso escojo a mis amigos entre los que como yo quieren transformar estas injusticias. Por eso jamás sería capaz de cometer un acto infame que cegue la vida de personas que igual que yo son víctimas de un sistema decadente.

La vida de mis padres, de mi familia y de mis amigos cambió desde el 24 de junio de 2017 a las 7:30 pm, ocho días después del atentado del Centro Comercial Andino. En casa estaba mi padre solo, enruanado, apaciguando el frío de la noche bogotana. Cuando abrió la puerta tras los golpes, recibió tal vez el impacto más grande de su vida. Le increparon, le entregaron la orden de allanamiento, y le enrostraron que yo, Violeta, su hija, tenía una orden de captura por intervenir en el atentado del Andino. Solo de imaginarme el momento, siento el mismo frío y desolación que él sintió. Los agentes fueron por los rincones de la casa, buscaron quién sabe qué, era la casa de mis padres, no la mía. Le quitaron su celular, se llevaron cuatro computadores, dos torres viejas, y dos discos portátiles en desuso, todos de mi padre, y hasta unas USB publicitarias sin usar que le había entregado una compañía española en la que presta asesoría. Luego abandonaron el lugar sin grandes hallazgos.

Los medios insisten en que hay pruebas contundentes contra mí, y contra los chicos que fueron seguidos con sigilo y detalle y capturados casi al mismo tiempo. Sin embargo, hoy nadie da crédito a las supuestas pruebas, pasó la fiebre mediática, el desenfreno. Nadie volvió a preguntar por la señora que vio a un tipo extraño en el baño de mujeres el día del atentado, ni por la ausencia de las cámaras de seguridad y los perros antiexplosivos justo ese día, ni por las autoincriminaciones del Clan del Golfo. Mucho menos se volvió a preguntar por el infierno que se presentaba en casa de una familia que veía cómo su entorno se derrumbaba, cómo los amigos de la casa se alejaban temerosos, cómo el teléfono dejó de sonar, y cómo las visitas dejaron de llegar.

Ahora mis padres discuten entre sí, evitan hablarse o lo hacen por señas, tienen paranoia, sienten que todas las comunicaciones están interceptadas y que los vecinos del frente en realidad son agentes que los observan y los escuchan. Ya no ven ni oyen noticias, en estas casi siempre quieren mostrarles a un monstruo en vez de a su hija alegre y amorosa; están mamados de la frase “pruebas contundentes” que usaban a toda hora los “periodistas” de Caracol y la W.

La última vez que nos vimos con mis padres fue en mayo. Desde entonces no siento el calor de sus brazos en mi cuerpo. Sufro por ellos, y aunque no me siento culpable de nada, desearía que todo esto jamás hubiera sucedido. Sus vidas les cambiaron, tienen miedo que involucren a sus otros hijos en toda esta farsa. Soportaron seguimientos descarados, amenazas de nuevos allanamientos. Les ha tocado cambiar hábitos, y hasta acudir a los psicólogos para superar todo este trago amargo. Desde mayo no saben de mí, y no quiero que lo sepan, es mejor así. No puedo volver y eso me revienta por dentro, siento que no tengo garantías, los medios de comunicación me condenaron antes de que yo pudiera siquiera demostrar mi inocencia.

Confío en mis padres, en su fuerza, en su amor y tengo la seguridad que convertirán la adversidad en una nueva etapa de resurgimiento. Ellos seguirán yendo al psicólogo para que les ayude a soportar la angustia, se ayudarán con el tabaco y las oraciones; al final pasarán por encima de todo gracias a la fuerza del amor.

Me llamo Violeta, no soy terrorista, quiero ser azul como el cielo, y libre como el viento.
*La voz de la protagonista de esta historia fue reconstruida a partir de las declaraciones e historias de sus padres.

Thursday, 31 August 2017 00:00

Editorial 131: Hay que mirar para adentro

“… ¡Oh buen Dios! ¿Qué título daremos a la suerte fatal que agobia a la humanidad? ¿Por qué desgracia o por qué vicio, y vicio desgraciado, vemos a un sinnúmero de hombres, no obedientes, sino serviles, no gobernados, sino tiranizados…?”, escribía Étienne de la Boétie en 1548, haciendo hincapié en cómo un solo hombre o pequeñas élites son capaces de llevar a millones a desarrollar los actos más serviles, perversos y complacientes, la mayoría a cambio de nada.

Esta es una muy buena referencia para reflexionar sobre lo que ha sido capaz de cocinar el poder político e ideológico durante siglos en los cerebros de casi todos los mortales, lo que nos deja con un panorama triste de la humanidad actual, y nos estalla en la cara todos los días en Colombia. Las últimas semanas han estado llenas de noticias que reafirman, a pesar de la manipulación y la cosmética de los medios masivos que las disfrazan, cuál es la calaña de las élites que gobiernan y desangran a la Nación y se llevan por delante las vidas de quienes intentan oponérseles.

Segovia es una población al nordeste de Antioquia en donde casi toda su gente vive de la minería artesanal, y junto con sus vecinos de Remedios reciben el sustento diario de esa actividad. Otros, como la transnacional Gran Colombia Gold hacen minería pero a gran escala, y por supuesto se llevan la mayor tajada dejando solo el paisaje desolador. Pero según sus altos ejecutivos, ellos no contaminan con mercurio: al parecer sacan los lingotes ya listos de la veta o la mina. Los malos son los mineros ancestrales nacidos la mayoría en el territorio. También habría que hurgar en la historia y enterarse cómo fue que estas poderosas empresas llegaron a esa región y se apoderaron de todo gracias a la arremetida paramilitar y a través de terribles masacres. Vale decir que Segovia y Remedios al igual que las poblaciones del país donde se explota oro, carbón, petróleo u otro mineral no son conocidas por su gran desarrollo, más bien se conocen por su miseria.

Desde el 21 de julio de 2017 en esas poblaciones se desarrolla un paro cívico en defensa de la minería artesanal, donde el común denominador es la brutalidad policial y militar contra los manifestantes que ha dejado muertos, heridos y hasta mutilados entre las personas que protestan. En este caso los manifestantes no son tan buenos y justos como los que protestan en Caracas, y la Policía y el Esmad no son tan malos como sus homólogos del vecino país, como lo muestran al desayuno, al almuerzo y la comida los grandes medios de comunicación, que como cosa rara no van a la región a entrevistar a los mineros y a la gente humilde sino a los grandes empresarios y las autoridades para que reafirmen que la lucha es contra la minería ilegal y contaminante, dejando en el ambiente que los pequeños mineros son poco más que delincuentes, y los policías inocentes víctimas de estos.

Contrasta esta grave injusticia, con el encuentro de comunidades ambientalistas llevado a cabo en Fusagasugá los días 5 y 6 de agosto de 2017, en donde se denunció la práctica extractiva minero energética como una política descontrolada, corrupta y depredadora contra las comunidades y sus territorios. Allí se discutió cómo enfrentar en el ámbito nacional esa práctica y cómo hacer respetar los resultados de las consultas populares que el Estado a través de sus instituciones quiere desconocer con argumentos baladíes, que se estrellan contra sus propios falsos argumentos de democracia y participación.

También en estas semanas los escándalos de corrupción, dicho por representantes de las mismas élites, tocaron fondo. Los casos de Reficar, Odebrecht, y otros, en donde las élites se reparten la plata de la salud, la educación y el presupuesto de la Nación, salpicó a todos: a los uribes y uribitos, a santos y santitos, a los ordoñez y los ñoños, a los de Cambio Radical, y a la U, a los liberales y especialmente a los conservadores expertos en recibir mermelada de todos los sabores. Todos los combos políticos de la derecha que han gobernado, como dijo William Ospina, desde hace 200 años el país, están embadurnados de porquería, y salen en televisión a vociferar en contra de la corrupción y hasta harán campaña para derrotarla. Son tan descaradas las élites y los medios masivos, que ofrecen notas informativas extensas para mostrar los éxitos empresariales de los delfines, en donde hacen gala de sus centros comerciales nuevos de costos superiores a los 120 mil millones, logrados seguramente con el sudor de sus frentes. Y nuestro pueblo goza viendo a los exitosos jóvenes derrochar sumas que entre millones de humildes y en años de trabajo jamás alcanzarían a reunir. Ojalá nuestro pueblo recuerde todo esto cuando vengan las elecciones en 2018.

Y hubo más noticias, todas confirmando los delitos y la perversidad de los héroes de la patria, y de la policía, que sirven gustosos a las élites que gobiernan. Las madres de Soacha acudieron a acciones públicas para denunciar en la Plaza de Bolívar la impunidad en que se encuentran casi 5000 casos de falsos positivos, o sea crímenes alevosos de los militares contra jóvenes inocentes e indefensos llevados a cabo durante la presidencia del hoy senador Uribe. Una práctica que por su cuenta mantienen militares y paramilitares en todo el territorio nacional. Y se destapó también luego de 12 años la responsabilidad d ela policía, , denunciada desde entonces, en el asesinato del niño Nicolás Neira, con la confesión del mayor Torrijos, comandante en el 2005 del Escuadrón que descerebró al joven; el oficial, preso por narcotráfico (qué joyita) aceptó que encubrió durante todos estos años a los responsables intelectuales y materiales.

Sin embargo el problema son los vecinos, es Maduro y su pueblo que lucha con uñas, dientes y manos para quitarse de encima a los gringos, a la CIA, y a la caterva de arrodillados que exigen democracia en Venezuela, cuando a los ojos de cualquiera que tenga dos dedos de frente, es obvio que se quieren robar el petróleo del país con las mayores reservas mundiales. ¿Existe alguna razón ética y moral para que algún funcionario, servidor público o líder de los gremios capitalistas colombianos diga una sola palabra frente a las supuestas injusticias de otros países? ¿Será que en Colombia no existe un departamento llamado Chocó, y otro Guajira, en donde niños, niñas y ancianos mueren de hambre porque las élites se roban la plata? ¿Acaso se nos olvidó quiénes y cómo se vienen robando la plata de la salud y las pensiones para construir lujosas edificaciones tipo resorts?

Queridos y queridas compatriotas, a ver si despertamos y miramos un poco hacia adentro de la casa, antes de hurgar en la de los vecinos. A ver si nos damos una oportunidad de barrer la basura que aquí nos inunda.

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