Periferia

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Presurosos y optimistas, más de un centenar de hombres y mujeres, representantes de organizaciones sociales, campesinas, indígenas, étnicas y populares de distintas regiones de Colombia pasaron la frontera por vía terrestre y aérea buscando llegar hasta Quito, Ecuador, el pasado 27 de octubre. Su objetivo era presentar en la instalación de la mesa de diálogos entre Gobierno y ELN una propuesta construida a muchas voces para que la sociedad participe, aprendiendo de los aciertos y desaciertos de La Habana, en este nuevo proceso de negociación, que precisamente tiene como primer punto la “Participación de la sociedad”. Por su lado, los distintos medios de comunicación nacional e internacional estuvieron durante horas en la Capilla del Hombre, lugar elegido para la instalación, expectantes por las diferentes declaraciones de miembros del alto gobierno que no dejaban en claro los pormenores para la instalación de la mesa de negociación ese día.

Sin embargo el optimismo pronto se convirtió en desilusión cuando el Gobierno desautorizó a su delegación para viajar a Quito, horas antes a la instalación, y a su vez anunció públicamente que no se instalaría la mesa hasta que el ELN liberara a Odín Sánchez, político chocoano retenido por esta insurgencia desde el pasado abril.

Condiciones y desconfianzas
Luego de dos años de diálogos exploratorios, el 30 de marzo de este año el ELN y el Gobierno anunciaron desde Caracas el acuerdo de diálogos para instalar una mesa pública de conversaciones en Quito, Ecuador, y que en posteriores momentos podría desarrollarse en Brasil, Cuba, Venezuela y Chile. Este acuerdo definió una agenda de negociaciones, así como criterios frente a información, pedagogía, funcionamiento y financiación. Allí, por ejemplo, consta que “Las conversaciones en la fase pública se desarrollaran de acuerdo con el orden de la agenda establecida. Cualquier cambio se hará de mutuo acuerdo”; sin embargo, ese mismo día el presidente Juan Manuel Santos anunció en una alocución que no instalaría la mesa en Quito hasta que el ELN liberara a los secuestrados, pese a que hasta el momento este tema no era una condición consensuada, sino que hacía parte del subpunto 5F de la agenda de negociación. Desde este momento el Gobierno condicionó la negociación, al mejor estilo de las exigencias que han hecho sectores de la derecha durante todo el proceso de La Habana.

De esta manera empezó el tire y afloje entre las partes. Durante meses reinó la incertidumbre por las acciones militares y políticas del Gobierno y el ELN que ponían freno o alumbraban el inicio de la fase pública. Santos seguía insistiendo públicamente en la necesidad de que el ELN liberara a todos los secuestrados para poder darle inicio a este proceso, y por su parte el ELN se mantuvo entre la espada y la pared, es decir, entre hacer valer el acuerdo pactado o ceder a la presión mediática.

El ambiente además se ponía más tenso dados los avances de la mesa de negociación de La Habana y su pronta refrendación, lo que en palabras de los medios masivos y algunos analistas, significaba para el ELN quedarse atrás en el tren de la paz. De hecho, a finales de septiembre, antes del plebiscito, el ministro del interior Juan Fernando Cristo, y el presidente Juan Manuel Santos, anunciaron de nuevo que si el ELN liberaba a todos los secuestrados, esa misma semana iniciaban la fase pública. Así, no es difícil pensar que toda esta presión sobre el ELN no era más que una dilación por parte del Gobierno mientras avanzaba en La Habana, y con dicho acuerdo pactado y refrendado, obligar a los elenos a una negociación exprés, y de paso, negar la posibilidad de participación a la sociedad.

Pero sucedió lo que pocos esperaban. En el plebiscito especial para la paz resultó como ganador el No, y aunque por una mínima diferencia, esto frenó el ritmo en el que se movía el acuerdo logrado entre el gobierno y las FARC, y puso en el debate público la necesidad de modificarlo de cara a las exigencias de algunos sectores de la élite colombiana. Esto, además de desesperanzador, generó nuevas preguntas sobre lo que pasaría, en consecuencia, con una posible refrendación de acuerdos con el ELN. De hecho, esta insurgencia publicó en su cuenta de twitter que “los adversos resultados del plebiscito dejan claros los obstáculos para el avance de la paz”; sin embargo la reacción espontánea de miles de jóvenes universitarios, organizaciones sociales, y sectores que respaldaban dichos acuerdos, que convocaron a marchar en defensa de la solución negociada al conflicto armado en las principales ciudades, consiguiendo llenar las plazas públicas, ejerció presión para que el Gobierno desempolvara la negociación con el ELN y pusiera sus esfuerzos en desenredar el inicio de la fase pública.

El resultado del plebiscito también evidenció la relevancia que pueden tener los puntos de la agenda acordada en marzo con el ELN, y de manera concreta el primer punto de participación de la sociedad, ya que muchas voces se alzaron exigiendo participación, llamando a un diálogo nacional que lograra involucrar también al 63% de colombianos que no participaron en el plebiscito por indiferencia, por desconocimiento, por rechazo a lo pactado, o por sentirse desconocidos por el Estado que los busca en elecciones pero los margina de las decisiones fundamentales que tienen que ver con su vida. Esta situación, en últimas, puso de manifiesto la necesidad de volver a la sociedad protagonista en las transformaciones para la paz.

Ante este nuevo impulso, ambas partes declararon que no se levantarían de la mesa, y por tanto el 6 de octubre llegaron a un nuevo acuerdo de diálogos anunciado días después desde Caracas para destrabar el proceso. En este, acordaron instalar el 27 de octubre la mesa pública de conversaciones en Quito, e iniciar la agenda con el punto 1 de Participación de la Sociedad, y el subpunto 5F de Acciones y dinámicas humanitarias. Además, el ELN se comprometía a liberar a dos de los secuestrados antes de esta fecha, y “A solicitud del ELN, y conforme a la ley, y una vez instalada la Mesa se procederá a desarrollar el trámite correspondiente para conceder dos (2) indultos en un plazo de 30 días”, data en otro de los documentos firmados por el Gobierno y la insurgencia.

Así las cosas, el ELN procedió a liberar inmediatamente al ex-alcalde de Charalá (Santander), Fabio León Ardila y a Nélson Alejandro Alarcón, último de los cuatro arroceros que estaban en su poder, y días antes también liberados. Y aunque con esto ya cumplía su compromiso, también inició operativos para proceder con la liberación de Odín Sánchez de Oca, político chocoano que le adeuda al Estado colombiano 5.855 millones de pesos y que fue condenado por participación en la conformación de grupos paramilitares en asocio con Fredy Rendón Herrera, alias “el Alemán”.

Con estos hechos, el panorama parecía alentador para dar inicio a la fase pública. La Cancillería de Ecuador tenía todo listo para garantizar las condiciones logísticas de la instalación, y por su parte Gobierno y ELN detallaron quiénes integrarían sus respectivas delegaciones negociadoras. A este ambiente se sumó que un día antes de la instalación circuló la noticia de que Odín Sánchez ya se encontraba en libertad. Sin embargo, horas después el Comité Internacional de la Cruz Roja desmintió la información, y a partir del momento el silencio prevaleció hasta el día siguiente, cuando al medio día, el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, anunció en un comunicado que “la ceremonia inaugural será reprogramada hasta que exista la certeza que el Señor Odín Sánchez ha regresado sano y salvo a la libertad”, señalando además que el Gobierno siempre “dejó claro que era necesaria la liberación efectiva del ex congresista Odín Sánchez para dar inicio a esta fase pública”.

Los sectores sociales que se sentaron en Quito
Lo sucedido fue para muchos colombianos una odisea, en especial para quienes viajaron por tierra y luego de 20 horas de viaje, justo cuando llegaron a la Capilla del Hombre, se dieron cuenta que la instalación había sido cancelada. Sin embargo, también fue una oportunidad para fortalecer y consolidar propuestas. Luego de debatir y analizar lo sucedido, los representantes de sectores sociales de Colombia presentes en Quito, entre ellos la Comisión Étnica de Paz, el Movice, la ONIC, el Comité de Impulso de la Mesa Social para la Paz, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento Social de Discapacidad de Colombia, el Coordinador Nacional Agrario y Voces por la Paz - grupo de refugiados colombianos en Ecuador-, citaron a varios medios de comunicación a una rueda de prensa para dar a conocer un documento público construido conjuntamente. Su mensaje fue que pese a la no instalación de la fase pública con el ELN, la sociedad ya se había sentado en la mesa, y por lo tanto, la negociación tendría que ser también con esta. Expresaron que se ofrecen como mediadores para contribuir a superar eventuales crisis del proceso, e hicieron un llamado a las partes “al cumplimiento de los gestos humanitarios que hayan asumido para la instalación de la mesa”.

Durante esta rueda de prensa también manifestaron que “La sociedad continúa trabajando en el fortalecimiento de una propuesta de participación en la construcción de paz”, y en función de eso, desarrollaron al día siguiente una reunión de organizaciones sociales en la Universidad Andina de Quito, con el objetivo de compartir las distintas visiones, apuestas y preocupaciones alrededor del tema de paz. Terminada esta agenda regresaron a Colombia con la esperanza de que los problemas y dificultades del proceso entre Gobierno y ELN se superaran, y así la fase pública en la que esperan participar, pudiera iniciarse prontamente.

¿En qué va el proceso?
La poca información existente frente a las conversaciones entre Gobierno y ELN luego de la fallida instalación, no brindan muchas ilusiones para el futuro próximo.

Luego del 27 de octubre han continuado los intercambios pero de manera muy esporádica, según lo contó el jefe de la delegación del ELN, Pablo Beltrán, al portal Verdad Abierta, cuando dice que “De vez en cuando aparece es el general Eduardo Herrera; a Frank Pearl no lo han vuelto a mandar por aquí; vino el cuñado del presidente, Mauricio Rodríguez, y tampoco volvió a aparecer”.

Las discusiones se han centrado en el tema de la liberación de Odín Sánchez como exigencia del Gobierno por fuera de lo pactado, mientras que el ELN dice que lo liberarán cuando el Gobierno cumpla con su parte de nombrar a dos prisioneros del ELN como gestores de paz e indultar a dos más. Sin embargo, el Gobierno se ha negado a ello y continúa dando un manejo mediático al caso del político chocoano a fin de ejercer presión sobre el ELN, a la vez que gana tiempo para concretar el acuerdo y refrendación de la negociación de La Habana, y convertir ello en otro elemento más de presión que obligue a la insurgencia elena a ceder en sus pretensiones de participación de la sociedad, transformaciones y democracia, cerrando de paso cualquier posibilidad de un acuerdo que en verdad contribuya a la construcción de la paz.

La sociedad insiste en la paz
Pese a esta dinámica estática que ha tomado la instalación de fase pública de la mesa de negociación, las diferentes organizaciones sociales del país han estado en constante movimiento exigiendo y construyendo propuestas para materializar el anhelo de paz de los colombianos. Este es el caso de la Mesa Social para la Paz que busca ser un espacio complementario de los diálogos con la insurgencia. Por ello, el Gobierno y el ELN no pueden menospreciar la participación activa de las organizaciones que hacen parte de su comité impulsor, y la de otras organizaciones que también asistieron a Quito; su papel en la fase de negociación será vital para avanzar en la consolidación de un consenso con las mayorías que hasta el momento no participan en la decisiones del país. Por eso, en el comunicado que elaboraron en Quito manifestaron que “los problemas que evidencia la actual crisis es la falta de mecanismos de comunicación entre las partes, y entre éstas y la sociedad”, dejando en claro que el éxito del proceso que se avecina dependerá en parte de aprender de los errores, en gran medida impuestos por el Gobierno, en materia de pedagogía y comunicación de la negociación de La Habana.

Muchas personas del Valle de Aburrá están expectantes frente al evento que se avecina ¡Y no es para menos! Más de 400 artistas de todos los rincones de Colombia, entre ellos cantantes, músicos, bailarines, actores, muralistas, cuenteros, payasos… y todos los que están convencidos de que el arte, además de brindar diversión, debe cumplir el papel social de transformar la realidad, se reunirán este año en nuestra ciudad. Los artistas, en el marco de este evento llamado Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda, tienen una cita desde el 9 hasta el 12 de diciembre con las comunidades que habitan los barrios de Medellín y sus alrededores, pues es que ellos creen que todas las comunidades, con dinero o sin dinero, deben tener acceso al arte y a su creación.

Es por eso que el Festival quiere extenderles la invitación con el fin de que ustedes no se queden por fuera. Este es un evento para todos y todas, donde podremos confluir entre el arte y la cultura, porque al son que nos toquen, bailamos.

Ustedes se preguntarán de dónde salieron este montón de aparecidos con la idea de hacer un Festival Nacional de Arte. Pues déjennos contarles que ya van siendo cuatro añitos en que todo este montón de artistas se reunieron, en las cálidas tierras de Barranquilla, con el propósito de crear un Movimiento Nacional de Arte y Cultura, donde personas de todos los lugares, estratos, edades, colores y sabores, pudieran disfrutar de los espectáculos totalmente gratis, es más, en sus barrios, esquinas y veredas, porque es que este festival se traslada solito a donde usted lo necesite. Luego de eso, el festival ha andado el frío paisaje de Pasto, el caliente clima de Arauca, y ahora, llega al clima templadito del Valle de Aburrá donde los anfitriones esperan con los brazos y el corazón abierto.

¡Hey usted! Sí, usted, señor artista. Escríbanos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. y pregunte por el formulario de inscripción, ¿o es que se va a perder la oportunidad de compartir el sabor y las culturas que vienen con los artistas de todo el país?

Martes, 29 Noviembre 2016 00:00

Entren que caben cien

El Timbalero sonó con fuerza. La versión del coro más conocida de Héctor Lavoe. El salón del club de ejecutivos en el piso 30 del edificio Tequendama estaba con sobrecupo. “Entren que caben cien, entre que solo falta usted”, retumbó con fuerza en la voz del cantante; enseguida y ante la invitación del artista, desde la multitud fueron desfilando los sombreros caribeños y las marimondas, las decimas de los afros y el tiple y la machetilla de los norte santandereanos, las mujeres y la comunidad LGTBI, los llaneros, todo el centro oriente colombiano, y las comunidades de fe e iglesias. En pocos minutos estaba el escenario lleno de color, lleno de país, y los que no habían sido llamados querían pasar al escenario, querían participar de la fiesta.

Así, con alegría y rompiendo esquemas, la Mesa Social para la Paz le daba la bienvenida a cerca de 500 personas que reflejaban toda esa diversidad étnica, cultural y de clase que contiene nuestro país. Con esta puesta en escena, con esa explosión de alegría, el mensaje de la participación había sido bellamente expresado. “Entre usted también, empresario, Gobierno y todo el mundo, en esta propuesta caben todos y todas porque con los que se discute, se dialoga y se construye paz, y el país es también con los diferentes, con los contradictores”, así lo manifestó Marylen Serna, una de las lideresas del Congreso de los Pueblos y del comité de impulso de la Mesa Social para la Paz, quien además hacía las veces de maestra de ceremonia.

La Mesa Social para la Paz nacía oficialmente después de trasegar un año, en el que se dedicó a crecer, a conversar con todos y todas, a llenar de contenido la propuesta de participación y diálogo nacional para construir colectivamente la paz de Colombia. En esa tarea, fue fundamental el Comité de Impulso de la Mesa, que se había conformado en noviembre de 2015. En ese entonces acudieron al llamamiento más de mil personas que representaban 48 grandes procesos con cientos de organizaciones, entre las que se destacaron las comunidades de fe, iglesias menonitas, presbiterianas, musulmanas, que llegaron de regiones y del extranjero. También las comunidades afro y los indígenas. Esta era la cuota inicial de un gran movimiento por la paz.

Grande fue la sorpresa cuando Daniel García Peña, profesor de la Universidad Nacional, quien acompañaba en el protocolo a Marylen, invitó a dar un saludo al ex vicepresidente Francisco Santos del Centro Democrático. El auditorio enmudeció, era osado que una figura abiertamente contraria a la mayoría de los que llenaban el recinto se apareciera allí y mucho más para tomar la palabra. “Todos dirán que estoy en el lugar equivocado", manifestó Santos, y rompió el hielo; según el ex vicepresidente, la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz le gustaba, y hasta dijo que compartía la agenda del ELN, de la participación y el diálogo, y que estaba dispuesto a firmar el pacto que se proponía, el cual conservaba ese espíritu. Le aplaudieron y no hubo tomates ni insultos.

Es que la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz, y su invitación a ambientar un gran proceso democrático nacional para construir un país plural, justo, a través del diálogo entre los más diversos sectores, parece que le suena cada vez a más personas y procesos. Según la exposición que hizo uno de sus miembros, esta propuesta consta de tres pasos: ambientación y pacto político para el diálogo y la participación, que se haría después de caminar los territorios, hablar con las comunidades y sectores y sondear los temas polémicos de nuestra sociedad, tratando de construir una agenda común de país. Este pacto se acordaría entre la sociedad, el Gobierno y el ELN en la mesa de Quito, pero se desarrollaría fuera de allí. Una segunda etapa sería la deliberatoria o de diálogo nacional, debate, sistematización, y ordenamiento de los espacios en donde se concentrarían los temas de agenda de transformaciones necesarias para la paz y la democracia, que constituyen la tercera etapa de negociación de esa agenda junto con los acuerdos necesarios para la transformación. La refrendación e implementación se desarrollarían en la medida que la sociedad tenga capacidad de llegar a acuerdos, algo así como acuerdo alcanzado, acuerdo refrendado e implementado. Eso le propondrían a la mesa de Quito las organizaciones que se sumen a la iniciativa, que según dijeron sigue siendo un borrador al que le falta aún y que van a someter a la construcción colectiva. Participar es paz fue y será la consigna que impulsen en adelante.

Viernes, 25 Noviembre 2016 00:00

Editorial 123: La ruleta de la paz

A la paz se llega para vivir, para ser feliz, para alcanzar un mundo soñado, para lograr la libertad y hacer a otros lo que quisiéramos hacer con nosotros mismos, a la paz no se llega para morir.

Pero este es un país en un planeta donde buscar la paz es emprender un camino hacia la muerte. Un lugar en donde luchar por los cambios que aparentemente todos y todas queremos, es meterle cinco balas al tambor de la vida y darle vuelta para luego apuntarse en la cabeza; aunque tal vez tenga la oportunidad de sobrevivir.

Eso le viene sucediendo desde hace décadas a las personas que lo han intentado. Le sucedió a Guadalupe Salcedo en los años 50 cuando creyó en la paz que le ofrecía el general Rojas Pinilla. Salcedo, un hombre liberal que se dedicó a combatir contra las injusticias de su época y que jamás fue derrotado en el campo de batalla, vino a sucumbir en la silla vieja de una humilde tienda de barrio, bajo las balas del pacificador que lo invitó a él y a su ejército a hacer la paz.

Y le sucedió en los años 60 a unos hombres y mujeres conducidos por Ciro Trujillo, que huyendo de las violencias causadas por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, buscaron alejarse de la pacificación conservadora para construir su propia paz en territorios autónomos alejados del egoísmo individualista, pero también allí fueron alcanzados por las balas puestas en el tambor. Solo el azar permitió que un puñado de ellos lograra huir al juego de la ruleta y se fueran a construir un ejército del pueblo en las montañas de Colombia, para construir la paz algún día. A Pedro Antonio Marín le correspondió liderar ese grupo que ofrendaría muchas vidas durante décadas... por la paz.

También contra el plan de pacificación del pacto de élites acordado en 1958 y durante 16 años por el partido liberal y el conservador, llamado Frente Nacional, se fueron unos jóvenes para Cuba a entrenar para tratar de repetir en suelo patrio la proeza de los barbudos. Hoy, ya maduros y conducidos por uno de sus fundadores, se encuentran en Quito esperando a que los pacificadores decidan emprender con ellos el camino de la paz. Ojalá, pensarán ellos, que la invitación no sea a jugar a la ruleta de siempre, la misma que desde 1964 viene jugando Nicolás Rodríguez cuando apenas tenía 14 años y su señora madre remendaba los uniformes de la recién fundada guerrilla del ELN.

Entre los años 80 y 90 se quedaron en el camino otros soñadores de la paz como las cinco mil almas de la Unión patriótica, o los cientos de almas de A Luchar, y Carlos Pizarro Leongómez comandante del M-19 asesinado dentro de un avión en pleno vuelo, solo semanas después de haber firmado la paz con Virgilio Barco. Y muchos, pero muchísimos más, centenares de miles de anónimos se han quedado en el camino que emprendieron un día creyendo que por allí se llegaba a la justicia, a la igualdad y a la paz.

Hoy, ese camino plagado de peligros es evitado por la mayoría de la nación, y es lógico, ¿quién quiere andarlo sabiendo lo que le espera? Seguramente la gente no es boba, y no es que no quiera los cambios, pero no es capaz, le da miedo entrar en el juego mortal de la ruleta de la paz.
Por eso, quizás, queriendo salir del problema de cualquier manera, hoy se pide a gritos la paz a cualquier precio. La paz sin participación y sin cambios. La paz exprés desean otros y otras. Una paz sin armas y sin guerra dicen los más ingenuos. Será sin las armas y sin la guerra de las guerrillas porque en una sociedad militarizada y sin la opción de debatir sobre ese flagelo, millones de armas seguirán en las manos de paramilitares, bandas, mafias, civiles y fuerzas militares; estas últimas, en especial, no están dispuestas a dejar de disparar bajo ninguna circunstancia, se necesitan para “defender la patria”, aunque no se sabe ahora de quién la defenderán. Tal vez sea para defender a las transnacionales, a la oligarquía, a los corruptos y a los pacificadores de turno.

Después del 2 de octubre de 2016, cuando se perdió el plebiscito por la paz, las insurgencias y los millones que esperábamos el triunfo del Sí entramos en modo incertidumbre. Y aunque se encendieron las luces de la posible instalación de la mesa de Quito con el ELN, seguramente para ocultar el fracaso de La Habana, el gobierno y la oligarquía empezaban a vivir un sueño dorado, un país sin guerrilla a cambio de una ilusión de acuerdo de paz. Un sueño dorado porque con una guerrilla jugada por la paz y la otra esperando en Quito la instalación de unos diálogos que tal vez jamás inicien, el gobierno tiene el camino despejado para continuar la aplicación de reformas en contra de las libertades y la justicia social, y favorables al gran capital. Mientras tanto, el movimiento social ha estado ocupado, razonable y honestamente movilizándose en defensa de los acuerdos y exigiendo mayor participación de la sociedad en la construcción de la paz integral. ¿Qué más quieren los señores de la guerra?

Tal vez el nuevo acuerdo de La Habana del 12 de noviembre, aunque remendado y maltratado por la ultraderecha y quienes apoyaron el suicidio colectivo de la nación, sea un paso para que el camino de la incertidumbre y las minas anti transformaciones se abra. Como se dijo en el pasado editorial, la tierra está abonada para seguir sembrando. Y es terreno fértil para todos y todas, nadie tiene excusa para no jugársela por un país a la medida de sus intereses, los que sean. Los de una colonia en ultramar con reyezuelos terratenientes y homofóbicos; o la de una nueva patria equitativa, libre y soberana.

Ahí están las opciones. Pueden ser muchas más: la indiferencia, la de tirar la piedra y esconder la mano, la de responsabilizar a los demás. O, la de la participación y el diálogo entre todos y todas, la de los oídos abiertos especialmente a las necesidades de las víctimas y los despojados, la que distribuye mejor la riqueza, la que busca educación y salud universal y de calidad al alcance de todos y todas. No hay que tenerle miedo a la participación, a la democracia y a la vida.

Señores y señoras empresarios, políticos de toda clase, partidos, obreros y campesinos, negros e indígenas, estudiantes y mujeres, colombianos y colombianas, la mesa está servida.

La concepción americana del bien común es un libro escrito por Jaime Celis Arroyave, que analiza el hilo conductor de la historia de nuestro continente, desde sus verdaderos orígenes, los indígenas, hasta nuestros días; hilo conductor que se refiere a la lucha entre la concepción del bien común, desarrollada por los pueblos originarios, durante miles de años (el mayor aporte de América a la humanidad), y la concepción de la codicia particular, impuesta violenta y engañosamente por los invasores eurocristianos, a partir del siglo XVI. Por tanto, un balance de la rebeldía que hemos construido los pueblos americanos durante cinco siglos de resistencia a los diferentes imperialismos, que ha devenido en una corriente de avanzada, fundamento de nuestra inaplazable liberación.

En la presentación, el autor dice:

“América, a lo largo de su milenaria historia, que parte de los pueblos indígenas, ha construido su propia experiencia, su propia cultura y, esta, a pesar de la enorme influencia externa, a partir del siglo XVI, principalmente europea, sigue siendo americana, es decir, única; pero, a la vez, forma parte del bagaje cultural del mundo, con el que se interrelaciona dialécticamente y al que le ha aportado importantes elementos. Sin embargo, sigue teniendo, como los demás países y continentes, su propia identidad, la cual debe ser entendida para poder impulsar los cambios más acertados.

Precisar la singularidad de América, sin subjetivos regionalismos, es, además de recuperar y darle significado a sus valiosos aportes a la cultural mundial, encontrar el camino acertado para su transformación al servicio del bien común”.

Y en otros apartes dice:

“Con la concepción indígena del bien común se inició tanto la historia de América como la de su proceso revolucionario que nos llevará a una sociedad integral, plena, equitativa soberana y en paz, para el buen vivir”.

“El pueblo americano tiene su propio y original discurso, expresado por millones de bocas y de ejemplos a lo largo del continente y de su historia; este discurso cuenta con una matriz: el bien común, la cual tiene presencia, gracias a nuestros pueblos indígenas, desde el principio de los tiempos”.

El libro puede conseguirse en la sede del periódico Periferia, en algunas de las principales librerías de Medellín, o llamando a su autor, al teléfono 3146020150.  

    

 

Jueves, 03 Noviembre 2016 00:00

Una nueva oportunidad para la paz

Algunas caras nuevas en la delegación oficial de paz de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, hacen prever que los “elenos” estarían preparados para enfrentar con seguridad y suficiencia la fase pública de las conversaciones de paz con el gobierno de Colombia, que iniciarían el 27 de octubre en la ciudad de Quito, en temas como los de género, diversidades étnicas, paramilitarismo y víctimas, que han sido el corazón de las polémicas en los acuerdos de La Habana por cuenta de los mensajes engañosos impulsados por el Centro Democrático.

Una figura de mujer, desconocida para casi la totalidad de los televidentes que observaron en vivo la transmisión del anuncio de la fase pública entre el ELN y el gobierno, es uno de esos nuevos rostros. Se trata de Consuelo Palacios, una joven de ascendencia afrodescendiente, quien militó en el movimiento social y político A Luchar en los años 90 en la región antioqueña.

Consuelo se vinculó desde muy joven a A Luchar y ante la persecución, los asesinatos y el exterminio al que fue sometida su organización social a manos de los organismos de seguridad y armados del Estado colombiano, tuvo que huir. “Luego cuando se incrementó toda esa persecución me vinculé a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, pero esta organización también fue prácticamente exterminada, entonces ya no tuve otra opción que irme para la montaña para preservar mi vida y continuar mi proyecto revolucionario, empuñando las armas del ELN”.

Frente a las preguntas por el presunto maltrato que reciben las mujeres en la guerrilla y la condición de desigualdad a las que son sometidas, Palacios manifiesta: “el ELN tiene una política de igualdad de género en el desarrollo del trabajo, en las oportunidades y el crecimiento como militantes. La conducción estratégica de la organización respalda la participación y el desempeño de la mujer en el liderazgo social y político. Nunca he recibido maltratos; tenemos un código de funcionamiento, una normatividad que regula el trato entre compañeros y no se permite el maltrato o violencia contra las mujeres, este código interno penaliza este tipo de maltratos”. Lo que pasa, dice Consuelo, es que el régimen sataniza la participación de la mujer como líder y como revolucionaria, entonces a través de los medios masivos deja ver que allí en la guerrilla la mujer se prostituye, la maltratan o la hacen abortar, pero según ella, en el ELN no es así.

Consuelo Palacios llegó a la delegación por sus capacidades según dice, nadie le regaló nada. En el ELN hay varias mujeres que están en la línea de mando, y no solo será ella la que participe en el proceso desde la delegación, son varias mujeres que apoyarán diferentes campos en esta negociación de paz. Como ella viene del trabajo político y social, considera que tiene capacidad para abordar temas en este campo y en el de participación política y el debate de género.

En las imágenes de Telesur y en las fotos de los diarios y de las redes sociales, aparecen junto a Consuelo dos hombres, uno de ellos, el más joven, es Bernardo Téllez. Es un campesino caribeño nacido en el departamento del Cesar, quien también dio sus primeros pasos en la lucha revolucionaria en los procesos sociales. “En 1987 en el contexto del paro costeño estuve en un núcleo de colaboradores clandestinos, posteriormente me incorporé con tan solo 17 años. Luego el paramilitarismo conociendo mi vinculación a la guerrilla secuestró a mis padres y los tuvieron cautivos por más de un año. En esa época los paramilitares utilizaban toda la información de los organismos de inteligencia del ejército y la policía para golpear no solo a los guerrilleros sino especialmente a sus seres queridos, con el fin de doblegarlos. Por fortuna mis padres fueron dejados en libertad por mediación de la Cruz Roja, hacia el año 97. Pero años después en el 2005, los paramilitares asesinaron a mi único hermano, un campesino que no tenía ningún vínculo con la guerrilla”, concluyó Bernardo.

Frente a las condiciones y características que diferencian esta negociación de otros esfuerzos realizados en años anteriores, Téllez señala que en esta oportunidad pareciera que en la sociedad existen intenciones de paz verdaderas, “viene creciendo un fuerte anhelo por encontrar una solución política al conflicto social y armado, pero se requiere de la capacidad del proyecto social y de las organizaciones populares que puedan catapultar una propuesta de paz y participación política que sea imparable”.

Téllez considera que todo esto se puede dar si hay voluntad del ELN, si hay participación del pueblo en la construcción de la paz, y en especial si hay la voluntad por parte del Estado, sus gobernantes y el régimen, de sacar la violencia y la guerra sucia de la lucha política y de ideas. Si es así, si el ELN en su exploración observa que las condiciones están dadas, estaría dispuesto, según Téllez, a posibilitar que las armas se vayan dejando y así pasar a la lucha política sin armas.

El tercer integrante de la delegación, que no es nuevo en el ELN, es Gustavo Martínez. Este hombre es realmente un baluarte del ELN en la lucha contra el paramilitarismo. Martínez ha desarrollado su vida guerrillera en diferentes frentes, pero el que más conoce de sus proezas es el Darío Ramírez Castro, con influencia en el departamento de Antioquia y la parte sur de Bolívar.

Martínez manifiesta que conoce casi hasta el último palmo de esas regiones y que allí junto con el comandante Alape del secretariado de las Farc confrontaron durante muchos años la arremetida del paramilitarismo, descaradamente apoyada por las fuerzas militares. Dice que a estos les proporcionaron más de dos mil bajas, y recibieron también en sus filas por lo menos a 500. Martínez es un hombre inteligente, de un gran olfato político, con intereses culturales profundos y con alcances comunicativos altos. A pesar de estar curtido en la guerra, tiene una inclinación al diálogo y a la comprensión de los fenómenos de la violencia desde el punto de vista humanista y sociológico.

El 27 de octubre el ELN y el Gobierno de Colombia tendrán una oportunidad para inyectar optimismo a la nación a través de este proceso que da paso a la fase pública. Serán por lo menos 30 los insurgentes que integrarán el equipo o delegación de paz, y 10 de ellos estarán en la mesa como principales y suplentes. Es posible que este proceso se inicie con un pacto de cese del fuego y con unos gestos de carácter bilateral para darle confianza a las partes. Ya el ELN inició la entrega de retenidos y probablemente este gesto sea respondido de la misma manera por el gobierno dejando en libertad o como gestores de paz a varios de sus miembros presos en las cárceles. Esta fase pública iniciará abordando el primer punto de la agenda, “Participación de la Sociedad”, y el 5F, que trata sobre acuerdos humanitarios. Ojalá esta sea otra oportunidad para la paz en Colombia.

Jueves, 03 Noviembre 2016 00:00

Editorial 122: Tierra abonada

Un huracán pasó por Colombia y causó toda clase de desastres. También dejó tierra fértil abonada para sembrar con los excluidos, los escépticos y los oprimidos. El huracán del NO tocó tierra firme el 2 de octubre y aún no se sabe cuántos muertos dejó ni cuántos más causará, tampoco el número de corazones solidarios que despertó, ni los nuevos vientos huracanados y tormentas salvajes que desató.

Las últimas semanas que hemos vivido los colombianos y colombianas hacen parte de una obra de suspenso, seguramente tenebrosa y perversamente calculada por las élites que encabezan los oligarcas y terratenientes, para desarmar y desmovilizar totalmente gratis a uno de sus mayores contradictores. Los resultados apretados del plebiscito dejarían en un verdadero paraíso a las oligarquías para seguir promoviendo un Estado atrasado, conservador e injusto, en medio de una paz neoliberal y con una oposición armada reducida drásticamente.

Piensa mal y acertarás, dice un sabio dicho. A eso nos han acostumbrado los políticos y las clases que se han aplastado por más de dos siglos en el poder y que se niegan a levantarse para que otros se sienten, o mejor para que despedacen ese cómodo sillón y se pongan a trabajar en beneficio de una nación lacerada por tantos golpes, engaños y crueldades recibidas. El imperialismo, la comunidad internacional, los garantes y los financiadores harían parte del reparto de la fina obra tejida con filigrana. “¡Qué pena, qué pesar!, –dirían todos al unísono– nos esforzamos tanto, pero lamentablemente el mismo pueblo en su máxima democracia dijo NO a los acuerdos. Nada podemos hacer”.

Y en este estado de cosas, tal como pasó en 1957, el país se salvaría con un gran pacto de élites. Al fin y al cabo una ya tiene premio Nobel y la otra está viva y coleando para jugar de nuevo en la presidencia hacia el 2018, o por lo menos en dicho pacto para gobernar. Todos veremos avanzar las reformas en contra del pueblo sin que ninguna de estas dos partes mueva un dedo para frenarlas.

Pero el diablo es puerco, también dice el refrán popular. Y lo que se pierde por un lado se gana por otro. El nivel de unidad y movilización provocado por lo que sería un gran engaño al proceso de paz generó la salida a la calle de cientos de miles de colombianos y colombianas, y en estos próximos días podría crecer exponencialmente. A pesar de que muchos de los que se movilizan solo quieren que se respeten los acuerdos de La Habana, otros sectores han planteado salir contra la reforma tributaria, la ley Zidres y las demás reformas arbitrarias e injustas que se aprobaron o se cocinan en el Congreso de la República.

Las propuestas que van tomando fuerza y que se han escuchado en boca de los más disímiles actores políticos hablan de impulsar un Gran Diálogo Nacional por la Paz y contra el pacto de élites. Se habla de formas democráticas de participación como cabildos abiertos, asambleas populares, mingas de pensamiento, etc., en donde la ciudadanía y los sectores de toda clase pongan a jugar sus propuestas de paz, encaminadas a superar asuntos sociales y cotidianos como el pésimo sistema de salud, el costo de la educación y la ruina en que se encuentra la universidad pública, los altos costos de los servicios públicos, la tragedia ambiental, la pobreza y la desnutrición en la que viven millones de personas en Colombia, entre otros. Tal vez estos temas y asuntos serían los que estaban esperando los 22 millones de colombianos y colombianas que no ven en las urnas ninguna posibilidad para mejorar su crítico nivel de vida.

Un elemento en favor de estas iniciativas es que los mismos sectores y comunidades que se sumen a estos procesos de participación y movilización se representarían a sí mismos y no serían suplantados por los partidos tradicionales y tampoco por otras formas organizativas. En suma, los efectos negativos de los resultados del plebiscito, estarían provocando toda una suerte de proceso constituyente en donde por primera vez en la historia el pueblo caminaría hacia la construcción de su propio futuro.

Es tierra abonada para las organizaciones comunitarias, sociales y populares de todas las tendencias políticas, que siempre han hablado de organización y trabajo desde la base. Un momento para dejar de hablar tanto y actuar en consecuencia y coherencia con el contenido de sus discursos.

A este panorama se le suma el reciente anuncio del Ejército de Liberación Nacional, ELN, de instalar este 27 de octubre la fase pública de conversaciones con el gobierno en Quito- Ecuador, cuyo primer punto de la agenda habla justamente de la participación de la sociedad en la construcción de la paz. Uno de sus máximos líderes y jefe de la delegación de paz de esa guerrilla, planteó en la entrevista concedida a Telesur el sábado 15 de octubre, que la responsabilidad de trabajar por la paz y por su propio destino está en la sociedad misma, e invitó a todas las iniciativas sociales y políticas, y en especial al 63 % que no participó en el plebiscito, a que se apropien de esta propuesta.

Es un momento para trabajar como verdaderas hormigas, de manera laboriosa, colectiva y coordinada. Como dice la canción de la agrupación Calle 13,  “Aquí llegaron las hormigas, vamos conquistando tierras enemigas. Invisible, silenciosa y simultánea, toda la invasión es subterránea. Sin disparar al aire, sin tirar misiles, sin tener que matar gente usando proyectiles, la guerra la peleamos sin usar fusiles. Somos muchos hermanos con muchos primos, la familia es grande porque nos reproducimos”.

"Vamos por una Paz Completa” puntualizó el Presidente, Juan Manuel Santos,  en su alocución de este lunes después del anuncio de la instalación de la fase pública de negociación entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional -ELN-, realizado desde la Casa Amarilla en la ciudad de Caracas, Venezuela.

Tres años duraron los diálogos exploratorios entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN, ya el pasado 30 de marzo ambas partes habían anunciado el acuerdo de diálogo para la paz de Colombia, reconociendo que “la paz es un bien supremo de toda democracia, y con el objetivo de ponerle fin al conflicto armado, erradicar la violencia de la política; ubicando en el centro del tratamiento a la situación de las víctimas; y avanzar hacia la reconciliación nacional mediante la activa participación de la sociedad en la construcción de la paz estable y duradera”. La agenda de este proceso consta de 6 puntos: 1. Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz, 2. Democracia para la Paz, 3. Transformaciones para la Paz, 4. Víctimas, 5. Fin del Conflicto Armado y 6. Implementación.

 Con la participación de cuatro delegados del Gobierno Nacional y cinco del Ejército de Liberación Nacional -ELN-, ambas delegaciones comunicaron que  instalarán el próximo 27 de Octubre en la ciudad de Quito, Ecuador, la  fase pública de negociación. Estos diálogos iniciarán con el punto de “Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz”, donde se plantea que será: primero,  en función de iniciativas y propuestas, que hagan viable la paz, en el curso y contexto de este proceso, segundo, sobre los temas de la agenda y tercero, un ejercicio dinámico y activo, incluyente y pluralista, que permita construir una visión común de paz que propicie las transformaciones para la nación y las regiones.

De igual manera se acordó iniciar con el proceso de liberación de personas retenidas por esta guerrilla  antes del 27 de octubre (2 casos), el comandante Pablo Beltrán Jefe Negociador de esta guerrilla manifestó la voluntad que se tiene para demostrar un ambiente favorable a la paz. Ambas partes se comprometieron a partir de la fecha a realizar otras acciones y dinámicas humanitarias en favor del anhelo del pueblo colombiano. Ambas delegaciones agradecieron a los países garantes Venezuela, Ecuador, Cuba, Chile y Noruega por el apoyo en este proceso tan importante para el pueblo colombiano.

Por su parte, el Presidente Juan Manuel Santos en su alocución se dirigió a las y los colombianos, expresando que: “hoy tenemos una gran oportunidad para lograr una paz no sólo estable y duradera, sino más amplia y más profunda“, calificó el inicio de las conversaciones como una buena noticia y reconoció como fundamental para el proceso la liberación de las personas retenidas por esta guerrilla. El Presidente finalizó su intervención planteando que ahora con la nueva mesa se fortalece el anhelo de paz y ésta será una paz completa y después de leer una carta entregada por una niña de Bojayá el día de ayer en su visita, Santos llamó,  por los niños y niñas y el futuro de Colombia, a construir la paz.

Los derechos a la verdad y al esclarecimiento de los sucesos ocurridos en el marco de los conflictos armados en el mundo, se han convertido en derechos de suma importancia para transiciones exitosas, puesto que en ellos se encuentra el objeto central de la reparación: la dignificación de las víctimas mediante los relatos que den cuenta qué pasó con sus familiares y por qué les ocurrió a ellos, en pro de la garantía que aquello jamás vuelva a ocurrir.

Diferentes académicos, investigadoras e investigadores han ido construyendo diversos relatos sobre los orígenes, desarrollos y consecuencias del conflicto armado en Colombia, intentando comprender y esclarecer los sucesos de violencia que ha vivido el país. El Acuerdo entre las FARC y el Gobierno de Colombia ocupó un punto completo a las Víctimas y es nodal para entender lo acordado.

María Emma Wills, una de las investigadoras más importantes en este tema, asesora del Centro Nacional de Memoria Histórica y quien participó con un ensayo para la Comisión Histórica titulado “Los tres nudos de la guerra colombiana: un campesinado sin representación política, una polarización social en el marco de una institucionalidad fracturada, y unas articulaciones perversas entre regiones y centro”, conversó desde Cartagena con el equipo de Periferia sobre los orígenes del conflicto armado, la participación de las víctimas en el proceso de paz y los retos en el posacuerdo.

¿Considera que las víctimas han estado realmente en el centro del proceso de diálogo?

Si todos nosotros recordamos como fue el proceso de negociación en La Habana, sabemos que en algún momento tanto los negociadores del Gobierno como de las FARC, acordaron que iban a recibir a víctimas del conflicto, víctimas de todos los actores del conflicto en La Habana. En ese momento cuando se inician el viaje de 20 víctimas cada mes o cada tres semanas tenemos una transformación que ocurre en la mirada de quienes estaban allá, porque lo que llevan los testimonios de las víctimas es, de manera descarnada, una forma de contarle a los negociadores los impactos de la guerra en vidas humanas, en términos de violaciones a los derechos humanos, masacres, desapariciones forzadas, secuestros. Escuchar a una víctima es realmente transformador porque la víctima te relata una historia no desde un protocolo ideológico o político, sino realmente desde una experiencia sentida, vivida, cotidiana. Eso envía un mensaje pedagógico a quienes estuvieron en la mesa, que entendieron que la negociación no era sólo una negociación política entre dos actores confrontados sino que había también un imperativo moral de acabar con la guerra, pues tenía unos costos humanos vergonzosos para todos nosotros, no importa de que orilla vengas. Esta mañana alguien me decía que a partir del momento en que llegaron las víctimas ambas partes dijeron: no nos paramos de la mesa sin haber firmado pues entendemos que es un imperativo para todos nosotros.

Algunas de las reflexiones que quedan es que quizá este Acuerdo no llega a esclarecer los orígenes del conflicto, ¿qué piensa usted frente al tema del esclarecimiento y la verdad en todo el proceso de negociación?

Hay varios momentos. Primero, hay que reconocer que la academia colombiana y las organizaciones de víctimas y de derechos humanos tienen enormes archivos y han ido, a medida que avanza el conflicto, esclareciendo lo ocurrido en Colombia. Entonces, no es que con los acuerdos se inicie el proceso de esclarecimiento pues ya inició hace mucho tiempo con estas organizaciones que han teniendo enorme cuidado con sus propios archivos para legarle a las generaciones futuras las tareas de esclarecimiento que ellas han emprendido. Luego con la ley de justicia y paz del 2005, el Estado colombiano recibe un deber: el deber de memoria. Ya no sólo las organizaciones y la sociedad civil tienen el encargo de no dejar perder esa memoria, de no dejarla en el silencio, sino que ahora también tenemos al Estado comprometido con el deber de memoria y se crean varias instituciones, en particular el Centro Nacional de Memoria Histórica que tiene como mandato dignificar a las víctimas y el esclarecimiento histórico y ambas vienen con archivos que se deben proteger como patrimonio público.

Y puntualmente, en cuanto a la Comisión Histórica de los 12 investigadores y los 2 relatores ¿llegan a concluir algo en común?

Luego como parte del pacto de las negociaciones, las dos delegaciones acuerdan constituir la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en la que se propone al país una serie de ensayos con hipótesis sobre los orígenes del conflicto armado, cuáles fueron las condiciones que lo hicieron perdurar durante tantas décadas y qué degradó ese conflicto armado. Entonces tuvimos 12 miradas que le propusieron distintas hipótesis al país sobre esas preguntas.

Esas reflexiones y visiones sobre el conflicto armado ¿en qué coincidieron?

Si hubo coincidencias. En muchos de los ensayos se menciona el problema de la tierra y el problema del sectarismo político. Hay variaciones y hay distintos énfasis pero creo que esos dos hilos, el factor tierra y el factor sectarismo e intolerancias, están en la mayoría de los ensayos.

¿Y cuál es su posición frente a eso?

Pues yo considero que el problema de Colombia viene desde el siglo XIX, es decir antes de los años 20 del siglo XX donde hubo una gran movilización de campesinos, agraria y sindicalista. Cuando nos constituimos como república independiente hubo una serie de condiciones que configuraron una trayectoria muy compleja distinta a la de otros países de América Latina. Se construyeron en Colombia los partidos políticos, y esos partidos en medio de un contexto de enorme precariedad estatal: no había fisco, no había ejército nacional, no había mercado. Eso llevó a que los partidos fueran más poderosos que el Estado, que no fue garante de derechos sino un Estado o liberal o conservador. Cuando tienes un Estado metido en la política pues es incapaz de contener los conflictos porque es parte del conflicto. Para que el Estado sea garante de los derechos humanos y democrático tiene que ser un Estado lo más imparcial posible frente a los actores en conflicto; acá eso no lo teníamos y fue lo que nos metió en un lío. Los partidos hicieron que la nación colombiana surgiera escindida: había una nación liberal y otra conservadora. Pasamos al siglo XX de manos de la regeneración tratando de sacar al Estado de las pugnas políticas y regionales, pero ahí no resolvimos el sectarismo, sino que lo anclamos al Estado aún más por el Concordato; es problemático que el Estado se convierta en Estado religioso, convirtiendo el conflicto entre buenos y malos.

Bueno para terminar y a propósito de la construcción de paz en los territorios ¿hay alguna diferencia entre solución política al conflicto armado y paz?

Si total. El Pacto Político es apenas un inicio que nos da un marco de acción. La paz es un proceso social y cultural mucho más profundo en el cual nosotros tenemos que cambiar el chip, como bien lo dijo el General Mejía, y aceptemos que los adversarios se tienen que tratar como opositores legítimos y nunca convertirlos en enemigos absolutos de nuestras posturas cuando son disidentes de nuestras posturas.

Lunes, 26 Septiembre 2016 00:00

Paz Colombia llegó a Cartagena

Previo a la ceremonia protocolaria en la cual se firmará el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, encabezado por Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, la ciudad de Cartagena vive un ambiente de optimismo ante la llegada de muchos representantes de países aliados del proceso, organismos internacionales e invitados especiales. También desde las regiones de Colombia llegarán representantes de las organizaciones de víctimas y organizaciones sociales, universitarios, líderes sindicales y los gobernadores de los 32 departamentos del país.

Se espera que durante el evento, que tendrá una duración aproximada de 70 minutos, haya un homenaje a las víctimas y las intervenciones de Ban Ki-Moon Secretario General de la ONU, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.

Pero también han llegado ciudadanos por sus propios medios desde diferentes regiones, entre ellos, Paz Colombia Duque, quien en la mañana del domingo llegó en un bus desde la ciudad de Medellín. Nos encontramos con él y conversamos, quien con su habitual traje, recorría las calles del centro histórico de Cartagena.

¿Cómo ve el proceso de paz?

Yo soy Paz Colombia Duque, me cambié el nombre hace 38 meses. Llevo un proceso de amor, paz y tolerancia, de desapego a lo material, ya conseguí mi paz que ahora necesitamos los colombianos y el mundo entero. Estoy apoyando este proceso de paz en Colombia para acabar con esta guerra absurda, ya que por medio del conflicto armado durante 52 años no se pudo lograr el fin de ambos bandos. Yo le digo sí a la paz, sí a la desmovilización, luego se tendrán que ganar un voto con una lucha muy intensa. No queremos que bombardeen más la selva donde mueren muchos animales y se destruye la naturaleza, para que no hayan más minas antipersonas, para que los colombianos no nos sigamos matando entre sí.

¿Cuál es la intención de estar presente hoy en Cartagena?

Bueno, estar mañana en el día histórico en la firma del Acuerdo, que será un paso más caminando por el Sí a la paz.

¿Cómo hizo para llegar hasta acá?

Me tocó trabajar muy duro para ahorrar unos pesos y poder desplazarme. Me vine en bus durante más de 13 horas de viaje y vamos a ver como pasamos el resto de la semana. 

¿Qué mensaje envía usted a los colombianos para su participación en el plebiscito del 2 de octubre?

Yo les digo que voten el Sí, no tengan miedo, el Sí no les dará la presidencia como dicen muchos que están desinformando. El sí es para que se desmovilicen, es muy diferente cuando lleguen las votaciones electorales, ahí cada colombiano decidirá y tomará su decisión.

 

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