Periferia

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Wednesday, 21 December 2016 00:00

Editorial 122: Tierra abonada

Un huracán pasó por Colombia y causó toda clase de desastres. También dejó tierra fértil abonada para sembrar con los excluidos, los escépticos y los oprimidos. El huracán del NO tocó tierra firme el 2 de octubre y aún no se sabe cuántos muertos dejó ni cuántos más causará, tampoco el número de corazones solidarios que despertó, ni los nuevos vientos huracanados y tormentas salvajes que desató.

Las últimas semanas que hemos vivido los colombianos y colombianas hacen parte de una obra de suspenso, seguramente tenebrosa y perversamente calculada por las élites que encabezan los oligarcas y terratenientes, para desarmar y desmovilizar totalmente gratis a uno de sus mayores contradictores. Los resultados apretados del plebiscito dejarían en un verdadero paraíso a las oligarquías para seguir promoviendo un Estado atrasado, conservador e injusto, en medio de una paz neoliberal y con una oposición armada reducida drásticamente.

Piensa mal y acertarás, dice un sabio dicho. A eso nos han acostumbrado los políticos y las clases que se han aplastado por más de dos siglos en el poder y que se niegan a levantarse para que otros se sienten, o mejor para que despedacen ese cómodo sillón y se pongan a trabajar en beneficio de una nación lacerada por tantos golpes, engaños y crueldades recibidas. El imperialismo, la comunidad internacional, los garantes y los financiadores harían parte del reparto de la fina obra tejida con filigrana. “¡Qué pena, qué pesar!, –dirían todos al unísono– nos esforzamos tanto, pero lamentablemente el mismo pueblo en su máxima democracia dijo NO a los acuerdos. Nada podemos hacer”.

Y en este estado de cosas, tal como pasó en 1957, el país se salvaría con un gran pacto de élites. Al fin y al cabo una ya tiene premio Nobel y la otra está viva y coleando para jugar de nuevo en la presidencia hacia el 2018, o por lo menos en dicho pacto para gobernar. Todos veremos avanzar las reformas en contra del pueblo sin que ninguna de estas dos partes mueva un dedo para frenarlas.

Pero el diablo es puerco, también dice el refrán popular. Y lo que se pierde por un lado se gana por otro. El nivel de unidad y movilización provocado por lo que sería un gran engaño al proceso de paz generó la salida a la calle de cientos de miles de colombianos y colombianas, y en estos próximos días podría crecer exponencialmente. A pesar de que muchos de los que se movilizan solo quieren que se respeten los acuerdos de La Habana, otros sectores han planteado salir contra la reforma tributaria, la ley Zidres y las demás reformas arbitrarias e injustas que se aprobaron o se cocinan en el Congreso de la República.

Las propuestas que van tomando fuerza y que se han escuchado en boca de los más disímiles actores políticos hablan de impulsar un Gran Diálogo Nacional por la Paz y contra el pacto de élites. Se habla de formas democráticas de participación como cabildos abiertos, asambleas populares, mingas de pensamiento, etc., en donde la ciudadanía y los sectores de toda clase pongan a jugar sus propuestas de paz, encaminadas a superar asuntos sociales y cotidianos como el pésimo sistema de salud, el costo de la educación y la ruina en que se encuentra la universidad pública, los altos costos de los servicios públicos, la tragedia ambiental, la pobreza y la desnutrición en la que viven millones de personas en Colombia, entre otros. Tal vez estos temas y asuntos serían los que estaban esperando los 22 millones de colombianos y colombianas que no ven en las urnas ninguna posibilidad para mejorar su crítico nivel de vida.

Un elemento en favor de estas iniciativas es que los mismos sectores y comunidades que se sumen a estos procesos de participación y movilización se representarían a sí mismos y no serían suplantados por los partidos tradicionales y tampoco por otras formas organizativas. En suma, los efectos negativos de los resultados del plebiscito, estarían provocando toda una suerte de proceso constituyente en donde por primera vez en la historia el pueblo caminaría hacia la construcción de su propio futuro.

Es tierra abonada para las organizaciones comunitarias, sociales y populares de todas las tendencias políticas, que siempre han hablado de organización y trabajo desde la base. Un momento para dejar de hablar tanto y actuar en consecuencia y coherencia con el contenido de sus discursos.

A este panorama se le suma el reciente anuncio del Ejército de Liberación Nacional, ELN, de instalar este 27 de octubre la fase pública de conversaciones con el gobierno en Quito- Ecuador, cuyo primer punto de la agenda habla justamente de la participación de la sociedad en la construcción de la paz. Uno de sus máximos líderes y jefe de la delegación de paz de esa guerrilla, planteó en la entrevista concedida a Telesur el sábado 15 de octubre, que la responsabilidad de trabajar por la paz y por su propio destino está en la sociedad misma, e invitó a todas las iniciativas sociales y políticas, y en especial al 63 % que no participó en el plebiscito, a que se apropien de esta propuesta.

Es un momento para trabajar como verdaderas hormigas, de manera laboriosa, colectiva y coordinada. Como dice la canción de la agrupación Calle 13,  “Aquí llegaron las hormigas, vamos conquistando tierras enemigas. Invisible, silenciosa y simultánea, toda la invasión es subterránea. Sin disparar al aire, sin tirar misiles, sin tener que matar gente usando proyectiles, la guerra la peleamos sin usar fusiles. Somos muchos hermanos con muchos primos, la familia es grande porque nos reproducimos”.

Wednesday, 21 December 2016 00:00

Editorial 121: Vamos por más

Después del entusiasmo que nos produjo la etapa de la vuelta España del 10 de septiembre y de sacarnos el nudo de la garganta provocado por la alegría de ver a Nairo Quintana, a Darwin Atapuma y al Chavito brindar lecciones de ciclismo en Europa; después de leer las crónicas que recuerdan a Nairo en su pubertad sembrando papa y repartiendo domicilios en bicicleta o en su adolescencia compitiendo y peleando en las carreteras boyacenses con los muleros, caemos en cuenta que estas historias también hacen parte del ambiente propicio que necesitamos todos y todas en estos momentos políticos para meternos más en la construcción del proyecto de país que queremos. Además, resaltar a Nairo y Esteban Chávez es importante no solo por sus antecedentes humildes o populares sino porque han sido capaces de expresar, a pesar de su fama, su simpatía por las causas sociales y por la paz, cosa que la mayoría de famosos no hacen para evitar compromisos que pongan en riesgo sus intereses económicos.

Y esta reflexión se afianza después de leer la columna de William Ospina titulada “Votar sí: la hora de la Franja Amarilla”, publicada en El Espectador también este 10 de septiembre. Ospina nos ayuda a quitarnos de encima la preocupación que tenemos muchos en estos momentos frente a la decisión que debemos tomar ante el plebiscito. Decir Sí o No a los acuerdos que firmarán el 26 de septiembre en Cartagena el gobierno y las Farc. También nos ayuda el escritor a los que tenemos reproches o críticas a esos acuerdos, a expresarlos con toda claridad sin sentir con ello que estamos atacando la paz ni sumándonos a la ultraderecha guerrerista. Ospina nos apoya con su escrito a los que tenemos críticas a los acuerdos y sin embargo votaremos en favor del Sí, porque consideramos que hay que ir por más.

Este ambiente revuelto entre política, polémica y orgullo por ser compatriotas de los escarabajos, nos dio fuerza para compartir este pronunciamiento que surgió del segundo seminario metodológico y político de la Mesa Social para la Paz, una iniciativa que busca generar la participación de la sociedad en la construcción de la paz y en el proceso que está pendiente por instalar de manera oficial entre el gobierno y el ELN. Este seminario que justamente se desarrolló en Bogotá el 9 y 10 de septiembre, arrojó expresiones de este tenor:

Los anhelos de paz de la sociedad colombiana se miden también por los niveles de felicidad expresados en los rostros de su pueblo. Y estos niveles aún se encuentran bajos, los rostros cuarteados de los más humildes no pueden expresar sonrisas porque en sus ollas no hay comida, porque en los hospitales no hay medicina ni servicio, porque sus niños y niñas tienen que trabajar en vez de ir a la escuela. Porque para ellos no hay casa en dónde soñar, su techo en millones de casos son las estrellas, y los arropa el frío.

Para que un pueblo tenga felicidad y paz, se requiere más que un acuerdo de dejación de armas, más que unas pequeñas reformas rasgadas al egoísmo del oligarca, más que un pedazo de tierra condicionada, más que un perdón arrancado a las malas al Estado criminal, y más que un espacio estrecho lleno de obstáculos para jugar a la democracia.

También para que haya paz y felicidad se deben dejar correr las aguas de los ríos sin permitir que mueran en las represas, sin que estas sirvan para quebrarle las entrañas a la tierra o laven el veneno que se vierte sobre millones de toneladas de tierra, que antes eran montañas en donde corría el viento y la vida.

Ese torrente que durante siglos ha impulsado la fuerza de nuestra resistencia seguirá a pesar de todo. Y sumarán en su camino las luchas y los logros de otros, y los acuerdos de otros serán ventanas por donde penetren nuestros anhelos, y les diremos que Sí a pesar de todo, y sobre ellos nos impulsaremos también para seguir construyendo, para llenar los vacíos que están por llenar, para ir por más.

Nuestra batalla sigue. Es grande, y en ella el triunfo es sobre todo ético, es moral, es por las víctimas y por la verdad. Para las víctimas del Estado y sus agentes su verdad vale tanto como revivir a sus muertos, encontrar a sus desaparecidos, o recuperar su pedazo de tierra. La verdad y el perdón tendrán algún sentido para los oprobiados cuando sea sincero y no una exigencia legal o un simple acto demagógico del agresor, porque solo quien ha sufrido vejámenes sabe descubrir en los ojos del victimario el valor de su arrepentimiento; eso ayuda a curar el alma. Además no sirve que sea solo la víctima la que conozca el relato y la responsabilidad del agresor; la verdadera reparación está en la verdad histórica que nos permita conocer sus razones y el victimario se avergüence de estas.

Alguna vez alguien preguntó con pesimismo si habíamos hecho algo bien y la respuesta nos golpeó en los rostros; esta estaba al frente de nuestros ojos. Lo mejor que hemos hecho y debemos seguir haciendo es existir y seguir luchando, y avivando la llama de la rebeldía y del humanismo en donde esta se apague o en donde sea posible encenderla.

Y a eso nos convoca este encuentro. A llevar el calor de nuestra lucha a cada rincón de la sociedad, para que esa llamarada contagie de calor todos los escenarios de la fría pobreza y queme la amargura de los áulicos de la guerra y el egoísmo. Vamos por más.

Monday, 05 December 2016 00:00

Desaparecidos made in Medellín

“Yo siempre soñaba con la misma escena: él golpeando en la casa y yo abriendo, y él abrazándome, diciendo que lo tenían escondido en un lugar, que se había logrado escapar. Era como mi deseo que eso pasara. Yo me levantaba llorando todos los días, es como que tengo tan marcado ese sueño, que creo que lo soñé todos los días. Se le detiene a uno la vida”. Testimonio de Shaira Rivera, hija del desaparecido Guillermo Rivera

 

Medellín, la ciudad más innovadora y la más educada. 968 personas desaparecidas, solo entre los años 2012 y 2015, a las que hay que sumarle 66 nuevos casos en lo corrido de 2016. De las 347 personas reportadas como desaparecidas en 2015, 26 aparecieron muertas y 132 continúan desaparecidas.

El propósito sigue siendo el mismo, ejercer terror como mecanismo para extorsionar o para controlar a la gente y el territorio.

"Las estructuras ilegales utilizan esa práctica para bajar el perfil y no hacerse tan visibles. No aumenta el número de asesinatos, pero desaparecen personas", es lo que según el periódico El Tiempo ha dicho el alcalde Federico Gutiérrez, quien al conocer el informe sobe Derechos Humanos presentado por la personería de Medellín, aseguró que “si bien bajaron los homicidios, aumentaron otros tipos de delitos como la desaparición y eso es gravísimo”. La Personería municipal sostiene sobre las desapariciones, que “las cifras son más que preocupantes”, y Human Rights Watch señaló que la desaparición es una forma de control y dominio de los grupos armados para ocultar los cadáveres y no incrementar las cifras de homicidios.

Esta última entidad advirtió a comienzos del año en curso, que los grupos surgidos después de la desmovilización de los paramilitares siguen cometiendo actos de violencia, y citó el informe 2015 del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el que se reportan 24 personas desmembradas presuntamente por grupos sucesores del paramilitarismo, lo cual es coherente con la denuncia hecha por defensores de Derechos Humanos de Medellín sobre la existencia de “casas de terror” o sitios donde se tortura, descuartiza y desaparece personas. Este hecho además es reconocido por el alcalde como “una realidad en la ciudad” y reseñado en informes del Centro de Consultoría de Conflicto Urbano C3 donde se habla de la existencia de al menos 15 viviendas en la comuna 10, destinadas a torturar y descuartizar personas.

Fernando Quijano, director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), también describió para la revista Semana la existencia de casas del terror ya identificadas en el Valle de Aburrá, tales como “la casa de las muñecas”, ubicada cerca de la antigua Catedral en el municipio de Envigado; “el matadero” de Caldas; “la ratonera” en Aranjuez, entre otras. Afirma que “hay denuncias de que están desapareciendo gente en ladrilleras, los pican y los echan al horno”. También explicó en entrevista para Caracol TV que “tenemos en Aranjuez la llamada Ratonera, está la de la parte alta de la Comuna 16, está la de la zona del sector del Cafetal en Comuna 8, hay dos o tres identificadas en Comuna 10, una en El Chagualo, una en La Paz y hay una en el sector de Barrio Triste”.

Pero las “casas de terror” en el Valle de Aburrá tienen su historia y no es reciente. Se dice que las impuso el cartel de Medellín en épocas de Pablo Escobar, durante la fatídica guerra que libró contra el Estado y los Pepes. Pero fue el Bloque Cacique Nutibara de las AUC quien las desarrolló como método intimidatorio aplicado a sus enemigos y opositores; a las milicias populares primero y luego contra el Bloque Metro.

La explicación para el incremento de la desaparición de personas podemos encontrarla en el panorama de alianzas criminales establecidas a finales de la década pasada, y que aún continúa con algunas mutaciones entre grupos criminales de narcotraficantes y estructuras paramilitares de las AUC con sectores importantes la élite local que incluye a empresarios y la institucionalidad (policía, ejército, fiscalía y gobierno municipal y departamental) que permitieron, en principio, implementar “el proyecto Orión”; un tipo de alianza entre la legalidad y la ilegalidad que puso en marcha el experimento piloto para sembrar el paramilitarismo en la ciudad de Medellín y otras ciudades de Colombia.

De ahí, pasando por el pacto de la “Paratranquilidad urbana” y el “Pacto del Fusil”, tan convenientemente negados por la institucionalidad y los empresarios, hemos llegado a un Medellín con una imagen tan eficazmente promocionada como destino turístico y ciudad para los negocios, que el maquillaje de las estadísticas de inseguridad, violencia y violación de Derechos Humanos son sistemáticamente ocultadas por el marketing de ciudad. Es allí donde también, según Análisis Urbano, “el accionar de las Convivir, la explotación sexual de menores, las apuestas ilegales, el control territorial de las estructuras paramafiosas y sus bandas, las vacunas, el pagadiario, el lavado de activos” sirven de caldo propicio para las casas de tortura y la desaparición forzada.

Y para recordarnos que los desaparecidos son seres humanos con familias que aún esperan verlos, así sea su cadáver o sus restos, están las Madres de La Candelaria, organización nacida en 1999 en respuesta a las numerosas desapariciones forzadas, secuestros y homicidios en el marco del conflicto armado colombiano. Madres, padres, esposas, hijos y familiares de víctimas del secuestro, la desaparición forzada y demás violaciones de los Derechos Humanos, en busca de la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición de actos violentos, generadores de intenso dolor y múltiples sufrimientos. Ellas hacen visible la situación de desaparición forzada que padece la ciudad, el departamento y el país. Es una resistencia civil que tiene el propósito de hallar las personas que han sido secuestradas. Se niegan a ser parte de una sociedad ciega, sordomuda.

Presurosos y optimistas, más de un centenar de hombres y mujeres, representantes de organizaciones sociales, campesinas, indígenas, étnicas y populares de distintas regiones de Colombia pasaron la frontera por vía terrestre y aérea buscando llegar hasta Quito, Ecuador, el pasado 27 de octubre. Su objetivo era presentar en la instalación de la mesa de diálogos entre Gobierno y ELN una propuesta construida a muchas voces para que la sociedad participe, aprendiendo de los aciertos y desaciertos de La Habana, en este nuevo proceso de negociación, que precisamente tiene como primer punto la “Participación de la sociedad”. Por su lado, los distintos medios de comunicación nacional e internacional estuvieron durante horas en la Capilla del Hombre, lugar elegido para la instalación, expectantes por las diferentes declaraciones de miembros del alto gobierno que no dejaban en claro los pormenores para la instalación de la mesa de negociación ese día.

Sin embargo el optimismo pronto se convirtió en desilusión cuando el Gobierno desautorizó a su delegación para viajar a Quito, horas antes a la instalación, y a su vez anunció públicamente que no se instalaría la mesa hasta que el ELN liberara a Odín Sánchez, político chocoano retenido por esta insurgencia desde el pasado abril.

Condiciones y desconfianzas
Luego de dos años de diálogos exploratorios, el 30 de marzo de este año el ELN y el Gobierno anunciaron desde Caracas el acuerdo de diálogos para instalar una mesa pública de conversaciones en Quito, Ecuador, y que en posteriores momentos podría desarrollarse en Brasil, Cuba, Venezuela y Chile. Este acuerdo definió una agenda de negociaciones, así como criterios frente a información, pedagogía, funcionamiento y financiación. Allí, por ejemplo, consta que “Las conversaciones en la fase pública se desarrollaran de acuerdo con el orden de la agenda establecida. Cualquier cambio se hará de mutuo acuerdo”; sin embargo, ese mismo día el presidente Juan Manuel Santos anunció en una alocución que no instalaría la mesa en Quito hasta que el ELN liberara a los secuestrados, pese a que hasta el momento este tema no era una condición consensuada, sino que hacía parte del subpunto 5F de la agenda de negociación. Desde este momento el Gobierno condicionó la negociación, al mejor estilo de las exigencias que han hecho sectores de la derecha durante todo el proceso de La Habana.

De esta manera empezó el tire y afloje entre las partes. Durante meses reinó la incertidumbre por las acciones militares y políticas del Gobierno y el ELN que ponían freno o alumbraban el inicio de la fase pública. Santos seguía insistiendo públicamente en la necesidad de que el ELN liberara a todos los secuestrados para poder darle inicio a este proceso, y por su parte el ELN se mantuvo entre la espada y la pared, es decir, entre hacer valer el acuerdo pactado o ceder a la presión mediática.

El ambiente además se ponía más tenso dados los avances de la mesa de negociación de La Habana y su pronta refrendación, lo que en palabras de los medios masivos y algunos analistas, significaba para el ELN quedarse atrás en el tren de la paz. De hecho, a finales de septiembre, antes del plebiscito, el ministro del interior Juan Fernando Cristo, y el presidente Juan Manuel Santos, anunciaron de nuevo que si el ELN liberaba a todos los secuestrados, esa misma semana iniciaban la fase pública. Así, no es difícil pensar que toda esta presión sobre el ELN no era más que una dilación por parte del Gobierno mientras avanzaba en La Habana, y con dicho acuerdo pactado y refrendado, obligar a los elenos a una negociación exprés, y de paso, negar la posibilidad de participación a la sociedad.

Pero sucedió lo que pocos esperaban. En el plebiscito especial para la paz resultó como ganador el No, y aunque por una mínima diferencia, esto frenó el ritmo en el que se movía el acuerdo logrado entre el gobierno y las FARC, y puso en el debate público la necesidad de modificarlo de cara a las exigencias de algunos sectores de la élite colombiana. Esto, además de desesperanzador, generó nuevas preguntas sobre lo que pasaría, en consecuencia, con una posible refrendación de acuerdos con el ELN. De hecho, esta insurgencia publicó en su cuenta de twitter que “los adversos resultados del plebiscito dejan claros los obstáculos para el avance de la paz”; sin embargo la reacción espontánea de miles de jóvenes universitarios, organizaciones sociales, y sectores que respaldaban dichos acuerdos, que convocaron a marchar en defensa de la solución negociada al conflicto armado en las principales ciudades, consiguiendo llenar las plazas públicas, ejerció presión para que el Gobierno desempolvara la negociación con el ELN y pusiera sus esfuerzos en desenredar el inicio de la fase pública.

El resultado del plebiscito también evidenció la relevancia que pueden tener los puntos de la agenda acordada en marzo con el ELN, y de manera concreta el primer punto de participación de la sociedad, ya que muchas voces se alzaron exigiendo participación, llamando a un diálogo nacional que lograra involucrar también al 63% de colombianos que no participaron en el plebiscito por indiferencia, por desconocimiento, por rechazo a lo pactado, o por sentirse desconocidos por el Estado que los busca en elecciones pero los margina de las decisiones fundamentales que tienen que ver con su vida. Esta situación, en últimas, puso de manifiesto la necesidad de volver a la sociedad protagonista en las transformaciones para la paz.

Ante este nuevo impulso, ambas partes declararon que no se levantarían de la mesa, y por tanto el 6 de octubre llegaron a un nuevo acuerdo de diálogos anunciado días después desde Caracas para destrabar el proceso. En este, acordaron instalar el 27 de octubre la mesa pública de conversaciones en Quito, e iniciar la agenda con el punto 1 de Participación de la Sociedad, y el subpunto 5F de Acciones y dinámicas humanitarias. Además, el ELN se comprometía a liberar a dos de los secuestrados antes de esta fecha, y “A solicitud del ELN, y conforme a la ley, y una vez instalada la Mesa se procederá a desarrollar el trámite correspondiente para conceder dos (2) indultos en un plazo de 30 días”, data en otro de los documentos firmados por el Gobierno y la insurgencia.

Así las cosas, el ELN procedió a liberar inmediatamente al ex-alcalde de Charalá (Santander), Fabio León Ardila y a Nélson Alejandro Alarcón, último de los cuatro arroceros que estaban en su poder, y días antes también liberados. Y aunque con esto ya cumplía su compromiso, también inició operativos para proceder con la liberación de Odín Sánchez de Oca, político chocoano que le adeuda al Estado colombiano 5.855 millones de pesos y que fue condenado por participación en la conformación de grupos paramilitares en asocio con Fredy Rendón Herrera, alias “el Alemán”.

Con estos hechos, el panorama parecía alentador para dar inicio a la fase pública. La Cancillería de Ecuador tenía todo listo para garantizar las condiciones logísticas de la instalación, y por su parte Gobierno y ELN detallaron quiénes integrarían sus respectivas delegaciones negociadoras. A este ambiente se sumó que un día antes de la instalación circuló la noticia de que Odín Sánchez ya se encontraba en libertad. Sin embargo, horas después el Comité Internacional de la Cruz Roja desmintió la información, y a partir del momento el silencio prevaleció hasta el día siguiente, cuando al medio día, el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, anunció en un comunicado que “la ceremonia inaugural será reprogramada hasta que exista la certeza que el Señor Odín Sánchez ha regresado sano y salvo a la libertad”, señalando además que el Gobierno siempre “dejó claro que era necesaria la liberación efectiva del ex congresista Odín Sánchez para dar inicio a esta fase pública”.

Los sectores sociales que se sentaron en Quito
Lo sucedido fue para muchos colombianos una odisea, en especial para quienes viajaron por tierra y luego de 20 horas de viaje, justo cuando llegaron a la Capilla del Hombre, se dieron cuenta que la instalación había sido cancelada. Sin embargo, también fue una oportunidad para fortalecer y consolidar propuestas. Luego de debatir y analizar lo sucedido, los representantes de sectores sociales de Colombia presentes en Quito, entre ellos la Comisión Étnica de Paz, el Movice, la ONIC, el Comité de Impulso de la Mesa Social para la Paz, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento Social de Discapacidad de Colombia, el Coordinador Nacional Agrario y Voces por la Paz - grupo de refugiados colombianos en Ecuador-, citaron a varios medios de comunicación a una rueda de prensa para dar a conocer un documento público construido conjuntamente. Su mensaje fue que pese a la no instalación de la fase pública con el ELN, la sociedad ya se había sentado en la mesa, y por lo tanto, la negociación tendría que ser también con esta. Expresaron que se ofrecen como mediadores para contribuir a superar eventuales crisis del proceso, e hicieron un llamado a las partes “al cumplimiento de los gestos humanitarios que hayan asumido para la instalación de la mesa”.

Durante esta rueda de prensa también manifestaron que “La sociedad continúa trabajando en el fortalecimiento de una propuesta de participación en la construcción de paz”, y en función de eso, desarrollaron al día siguiente una reunión de organizaciones sociales en la Universidad Andina de Quito, con el objetivo de compartir las distintas visiones, apuestas y preocupaciones alrededor del tema de paz. Terminada esta agenda regresaron a Colombia con la esperanza de que los problemas y dificultades del proceso entre Gobierno y ELN se superaran, y así la fase pública en la que esperan participar, pudiera iniciarse prontamente.

¿En qué va el proceso?
La poca información existente frente a las conversaciones entre Gobierno y ELN luego de la fallida instalación, no brindan muchas ilusiones para el futuro próximo.

Luego del 27 de octubre han continuado los intercambios pero de manera muy esporádica, según lo contó el jefe de la delegación del ELN, Pablo Beltrán, al portal Verdad Abierta, cuando dice que “De vez en cuando aparece es el general Eduardo Herrera; a Frank Pearl no lo han vuelto a mandar por aquí; vino el cuñado del presidente, Mauricio Rodríguez, y tampoco volvió a aparecer”.

Las discusiones se han centrado en el tema de la liberación de Odín Sánchez como exigencia del Gobierno por fuera de lo pactado, mientras que el ELN dice que lo liberarán cuando el Gobierno cumpla con su parte de nombrar a dos prisioneros del ELN como gestores de paz e indultar a dos más. Sin embargo, el Gobierno se ha negado a ello y continúa dando un manejo mediático al caso del político chocoano a fin de ejercer presión sobre el ELN, a la vez que gana tiempo para concretar el acuerdo y refrendación de la negociación de La Habana, y convertir ello en otro elemento más de presión que obligue a la insurgencia elena a ceder en sus pretensiones de participación de la sociedad, transformaciones y democracia, cerrando de paso cualquier posibilidad de un acuerdo que en verdad contribuya a la construcción de la paz.

La sociedad insiste en la paz
Pese a esta dinámica estática que ha tomado la instalación de fase pública de la mesa de negociación, las diferentes organizaciones sociales del país han estado en constante movimiento exigiendo y construyendo propuestas para materializar el anhelo de paz de los colombianos. Este es el caso de la Mesa Social para la Paz que busca ser un espacio complementario de los diálogos con la insurgencia. Por ello, el Gobierno y el ELN no pueden menospreciar la participación activa de las organizaciones que hacen parte de su comité impulsor, y la de otras organizaciones que también asistieron a Quito; su papel en la fase de negociación será vital para avanzar en la consolidación de un consenso con las mayorías que hasta el momento no participan en la decisiones del país. Por eso, en el comunicado que elaboraron en Quito manifestaron que “los problemas que evidencia la actual crisis es la falta de mecanismos de comunicación entre las partes, y entre éstas y la sociedad”, dejando en claro que el éxito del proceso que se avecina dependerá en parte de aprender de los errores, en gran medida impuestos por el Gobierno, en materia de pedagogía y comunicación de la negociación de La Habana.

Muchas personas del Valle de Aburrá están expectantes frente al evento que se avecina ¡Y no es para menos! Más de 400 artistas de todos los rincones de Colombia, entre ellos cantantes, músicos, bailarines, actores, muralistas, cuenteros, payasos… y todos los que están convencidos de que el arte, además de brindar diversión, debe cumplir el papel social de transformar la realidad, se reunirán este año en nuestra ciudad. Los artistas, en el marco de este evento llamado Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda, tienen una cita desde el 9 hasta el 12 de diciembre con las comunidades que habitan los barrios de Medellín y sus alrededores, pues es que ellos creen que todas las comunidades, con dinero o sin dinero, deben tener acceso al arte y a su creación.

Es por eso que el Festival quiere extenderles la invitación con el fin de que ustedes no se queden por fuera. Este es un evento para todos y todas, donde podremos confluir entre el arte y la cultura, porque al son que nos toquen, bailamos.

Ustedes se preguntarán de dónde salieron este montón de aparecidos con la idea de hacer un Festival Nacional de Arte. Pues déjennos contarles que ya van siendo cuatro añitos en que todo este montón de artistas se reunieron, en las cálidas tierras de Barranquilla, con el propósito de crear un Movimiento Nacional de Arte y Cultura, donde personas de todos los lugares, estratos, edades, colores y sabores, pudieran disfrutar de los espectáculos totalmente gratis, es más, en sus barrios, esquinas y veredas, porque es que este festival se traslada solito a donde usted lo necesite. Luego de eso, el festival ha andado el frío paisaje de Pasto, el caliente clima de Arauca, y ahora, llega al clima templadito del Valle de Aburrá donde los anfitriones esperan con los brazos y el corazón abierto.

¡Hey usted! Sí, usted, señor artista. Escríbanos a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y pregunte por el formulario de inscripción, ¿o es que se va a perder la oportunidad de compartir el sabor y las culturas que vienen con los artistas de todo el país?

Tuesday, 29 November 2016 00:00

Entren que caben cien

El Timbalero sonó con fuerza. La versión del coro más conocida de Héctor Lavoe. El salón del club de ejecutivos en el piso 30 del edificio Tequendama estaba con sobrecupo. “Entren que caben cien, entre que solo falta usted”, retumbó con fuerza en la voz del cantante; enseguida y ante la invitación del artista, desde la multitud fueron desfilando los sombreros caribeños y las marimondas, las decimas de los afros y el tiple y la machetilla de los norte santandereanos, las mujeres y la comunidad LGTBI, los llaneros, todo el centro oriente colombiano, y las comunidades de fe e iglesias. En pocos minutos estaba el escenario lleno de color, lleno de país, y los que no habían sido llamados querían pasar al escenario, querían participar de la fiesta.

Así, con alegría y rompiendo esquemas, la Mesa Social para la Paz le daba la bienvenida a cerca de 500 personas que reflejaban toda esa diversidad étnica, cultural y de clase que contiene nuestro país. Con esta puesta en escena, con esa explosión de alegría, el mensaje de la participación había sido bellamente expresado. “Entre usted también, empresario, Gobierno y todo el mundo, en esta propuesta caben todos y todas porque con los que se discute, se dialoga y se construye paz, y el país es también con los diferentes, con los contradictores”, así lo manifestó Marylen Serna, una de las lideresas del Congreso de los Pueblos y del comité de impulso de la Mesa Social para la Paz, quien además hacía las veces de maestra de ceremonia.

La Mesa Social para la Paz nacía oficialmente después de trasegar un año, en el que se dedicó a crecer, a conversar con todos y todas, a llenar de contenido la propuesta de participación y diálogo nacional para construir colectivamente la paz de Colombia. En esa tarea, fue fundamental el Comité de Impulso de la Mesa, que se había conformado en noviembre de 2015. En ese entonces acudieron al llamamiento más de mil personas que representaban 48 grandes procesos con cientos de organizaciones, entre las que se destacaron las comunidades de fe, iglesias menonitas, presbiterianas, musulmanas, que llegaron de regiones y del extranjero. También las comunidades afro y los indígenas. Esta era la cuota inicial de un gran movimiento por la paz.

Grande fue la sorpresa cuando Daniel García Peña, profesor de la Universidad Nacional, quien acompañaba en el protocolo a Marylen, invitó a dar un saludo al ex vicepresidente Francisco Santos del Centro Democrático. El auditorio enmudeció, era osado que una figura abiertamente contraria a la mayoría de los que llenaban el recinto se apareciera allí y mucho más para tomar la palabra. “Todos dirán que estoy en el lugar equivocado", manifestó Santos, y rompió el hielo; según el ex vicepresidente, la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz le gustaba, y hasta dijo que compartía la agenda del ELN, de la participación y el diálogo, y que estaba dispuesto a firmar el pacto que se proponía, el cual conservaba ese espíritu. Le aplaudieron y no hubo tomates ni insultos.

Es que la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz, y su invitación a ambientar un gran proceso democrático nacional para construir un país plural, justo, a través del diálogo entre los más diversos sectores, parece que le suena cada vez a más personas y procesos. Según la exposición que hizo uno de sus miembros, esta propuesta consta de tres pasos: ambientación y pacto político para el diálogo y la participación, que se haría después de caminar los territorios, hablar con las comunidades y sectores y sondear los temas polémicos de nuestra sociedad, tratando de construir una agenda común de país. Este pacto se acordaría entre la sociedad, el Gobierno y el ELN en la mesa de Quito, pero se desarrollaría fuera de allí. Una segunda etapa sería la deliberatoria o de diálogo nacional, debate, sistematización, y ordenamiento de los espacios en donde se concentrarían los temas de agenda de transformaciones necesarias para la paz y la democracia, que constituyen la tercera etapa de negociación de esa agenda junto con los acuerdos necesarios para la transformación. La refrendación e implementación se desarrollarían en la medida que la sociedad tenga capacidad de llegar a acuerdos, algo así como acuerdo alcanzado, acuerdo refrendado e implementado. Eso le propondrían a la mesa de Quito las organizaciones que se sumen a la iniciativa, que según dijeron sigue siendo un borrador al que le falta aún y que van a someter a la construcción colectiva. Participar es paz fue y será la consigna que impulsen en adelante.

Friday, 25 November 2016 00:00

Editorial 123: La ruleta de la paz

A la paz se llega para vivir, para ser feliz, para alcanzar un mundo soñado, para lograr la libertad y hacer a otros lo que quisiéramos hacer con nosotros mismos, a la paz no se llega para morir.

Pero este es un país en un planeta donde buscar la paz es emprender un camino hacia la muerte. Un lugar en donde luchar por los cambios que aparentemente todos y todas queremos, es meterle cinco balas al tambor de la vida y darle vuelta para luego apuntarse en la cabeza; aunque tal vez tenga la oportunidad de sobrevivir.

Eso le viene sucediendo desde hace décadas a las personas que lo han intentado. Le sucedió a Guadalupe Salcedo en los años 50 cuando creyó en la paz que le ofrecía el general Rojas Pinilla. Salcedo, un hombre liberal que se dedicó a combatir contra las injusticias de su época y que jamás fue derrotado en el campo de batalla, vino a sucumbir en la silla vieja de una humilde tienda de barrio, bajo las balas del pacificador que lo invitó a él y a su ejército a hacer la paz.

Y le sucedió en los años 60 a unos hombres y mujeres conducidos por Ciro Trujillo, que huyendo de las violencias causadas por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, buscaron alejarse de la pacificación conservadora para construir su propia paz en territorios autónomos alejados del egoísmo individualista, pero también allí fueron alcanzados por las balas puestas en el tambor. Solo el azar permitió que un puñado de ellos lograra huir al juego de la ruleta y se fueran a construir un ejército del pueblo en las montañas de Colombia, para construir la paz algún día. A Pedro Antonio Marín le correspondió liderar ese grupo que ofrendaría muchas vidas durante décadas... por la paz.

También contra el plan de pacificación del pacto de élites acordado en 1958 y durante 16 años por el partido liberal y el conservador, llamado Frente Nacional, se fueron unos jóvenes para Cuba a entrenar para tratar de repetir en suelo patrio la proeza de los barbudos. Hoy, ya maduros y conducidos por uno de sus fundadores, se encuentran en Quito esperando a que los pacificadores decidan emprender con ellos el camino de la paz. Ojalá, pensarán ellos, que la invitación no sea a jugar a la ruleta de siempre, la misma que desde 1964 viene jugando Nicolás Rodríguez cuando apenas tenía 14 años y su señora madre remendaba los uniformes de la recién fundada guerrilla del ELN.

Entre los años 80 y 90 se quedaron en el camino otros soñadores de la paz como las cinco mil almas de la Unión patriótica, o los cientos de almas de A Luchar, y Carlos Pizarro Leongómez comandante del M-19 asesinado dentro de un avión en pleno vuelo, solo semanas después de haber firmado la paz con Virgilio Barco. Y muchos, pero muchísimos más, centenares de miles de anónimos se han quedado en el camino que emprendieron un día creyendo que por allí se llegaba a la justicia, a la igualdad y a la paz.

Hoy, ese camino plagado de peligros es evitado por la mayoría de la nación, y es lógico, ¿quién quiere andarlo sabiendo lo que le espera? Seguramente la gente no es boba, y no es que no quiera los cambios, pero no es capaz, le da miedo entrar en el juego mortal de la ruleta de la paz.
Por eso, quizás, queriendo salir del problema de cualquier manera, hoy se pide a gritos la paz a cualquier precio. La paz sin participación y sin cambios. La paz exprés desean otros y otras. Una paz sin armas y sin guerra dicen los más ingenuos. Será sin las armas y sin la guerra de las guerrillas porque en una sociedad militarizada y sin la opción de debatir sobre ese flagelo, millones de armas seguirán en las manos de paramilitares, bandas, mafias, civiles y fuerzas militares; estas últimas, en especial, no están dispuestas a dejar de disparar bajo ninguna circunstancia, se necesitan para “defender la patria”, aunque no se sabe ahora de quién la defenderán. Tal vez sea para defender a las transnacionales, a la oligarquía, a los corruptos y a los pacificadores de turno.

Después del 2 de octubre de 2016, cuando se perdió el plebiscito por la paz, las insurgencias y los millones que esperábamos el triunfo del Sí entramos en modo incertidumbre. Y aunque se encendieron las luces de la posible instalación de la mesa de Quito con el ELN, seguramente para ocultar el fracaso de La Habana, el gobierno y la oligarquía empezaban a vivir un sueño dorado, un país sin guerrilla a cambio de una ilusión de acuerdo de paz. Un sueño dorado porque con una guerrilla jugada por la paz y la otra esperando en Quito la instalación de unos diálogos que tal vez jamás inicien, el gobierno tiene el camino despejado para continuar la aplicación de reformas en contra de las libertades y la justicia social, y favorables al gran capital. Mientras tanto, el movimiento social ha estado ocupado, razonable y honestamente movilizándose en defensa de los acuerdos y exigiendo mayor participación de la sociedad en la construcción de la paz integral. ¿Qué más quieren los señores de la guerra?

Tal vez el nuevo acuerdo de La Habana del 12 de noviembre, aunque remendado y maltratado por la ultraderecha y quienes apoyaron el suicidio colectivo de la nación, sea un paso para que el camino de la incertidumbre y las minas anti transformaciones se abra. Como se dijo en el pasado editorial, la tierra está abonada para seguir sembrando. Y es terreno fértil para todos y todas, nadie tiene excusa para no jugársela por un país a la medida de sus intereses, los que sean. Los de una colonia en ultramar con reyezuelos terratenientes y homofóbicos; o la de una nueva patria equitativa, libre y soberana.

Ahí están las opciones. Pueden ser muchas más: la indiferencia, la de tirar la piedra y esconder la mano, la de responsabilizar a los demás. O, la de la participación y el diálogo entre todos y todas, la de los oídos abiertos especialmente a las necesidades de las víctimas y los despojados, la que distribuye mejor la riqueza, la que busca educación y salud universal y de calidad al alcance de todos y todas. No hay que tenerle miedo a la participación, a la democracia y a la vida.

Señores y señoras empresarios, políticos de toda clase, partidos, obreros y campesinos, negros e indígenas, estudiantes y mujeres, colombianos y colombianas, la mesa está servida.

La concepción americana del bien común es un libro escrito por Jaime Celis Arroyave, que analiza el hilo conductor de la historia de nuestro continente, desde sus verdaderos orígenes, los indígenas, hasta nuestros días; hilo conductor que se refiere a la lucha entre la concepción del bien común, desarrollada por los pueblos originarios, durante miles de años (el mayor aporte de América a la humanidad), y la concepción de la codicia particular, impuesta violenta y engañosamente por los invasores eurocristianos, a partir del siglo XVI. Por tanto, un balance de la rebeldía que hemos construido los pueblos americanos durante cinco siglos de resistencia a los diferentes imperialismos, que ha devenido en una corriente de avanzada, fundamento de nuestra inaplazable liberación.

En la presentación, el autor dice:

“América, a lo largo de su milenaria historia, que parte de los pueblos indígenas, ha construido su propia experiencia, su propia cultura y, esta, a pesar de la enorme influencia externa, a partir del siglo XVI, principalmente europea, sigue siendo americana, es decir, única; pero, a la vez, forma parte del bagaje cultural del mundo, con el que se interrelaciona dialécticamente y al que le ha aportado importantes elementos. Sin embargo, sigue teniendo, como los demás países y continentes, su propia identidad, la cual debe ser entendida para poder impulsar los cambios más acertados.

Precisar la singularidad de América, sin subjetivos regionalismos, es, además de recuperar y darle significado a sus valiosos aportes a la cultural mundial, encontrar el camino acertado para su transformación al servicio del bien común”.

Y en otros apartes dice:

“Con la concepción indígena del bien común se inició tanto la historia de América como la de su proceso revolucionario que nos llevará a una sociedad integral, plena, equitativa soberana y en paz, para el buen vivir”.

“El pueblo americano tiene su propio y original discurso, expresado por millones de bocas y de ejemplos a lo largo del continente y de su historia; este discurso cuenta con una matriz: el bien común, la cual tiene presencia, gracias a nuestros pueblos indígenas, desde el principio de los tiempos”.

El libro puede conseguirse en la sede del periódico Periferia, en algunas de las principales librerías de Medellín, o llamando a su autor, al teléfono 3146020150.  

    

 

Thursday, 03 November 2016 00:00

Una nueva oportunidad para la paz

Algunas caras nuevas en la delegación oficial de paz de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, hacen prever que los “elenos” estarían preparados para enfrentar con seguridad y suficiencia la fase pública de las conversaciones de paz con el gobierno de Colombia, que iniciarían el 27 de octubre en la ciudad de Quito, en temas como los de género, diversidades étnicas, paramilitarismo y víctimas, que han sido el corazón de las polémicas en los acuerdos de La Habana por cuenta de los mensajes engañosos impulsados por el Centro Democrático.

Una figura de mujer, desconocida para casi la totalidad de los televidentes que observaron en vivo la transmisión del anuncio de la fase pública entre el ELN y el gobierno, es uno de esos nuevos rostros. Se trata de Consuelo Palacios, una joven de ascendencia afrodescendiente, quien militó en el movimiento social y político A Luchar en los años 90 en la región antioqueña.

Consuelo se vinculó desde muy joven a A Luchar y ante la persecución, los asesinatos y el exterminio al que fue sometida su organización social a manos de los organismos de seguridad y armados del Estado colombiano, tuvo que huir. “Luego cuando se incrementó toda esa persecución me vinculé a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, pero esta organización también fue prácticamente exterminada, entonces ya no tuve otra opción que irme para la montaña para preservar mi vida y continuar mi proyecto revolucionario, empuñando las armas del ELN”.

Frente a las preguntas por el presunto maltrato que reciben las mujeres en la guerrilla y la condición de desigualdad a las que son sometidas, Palacios manifiesta: “el ELN tiene una política de igualdad de género en el desarrollo del trabajo, en las oportunidades y el crecimiento como militantes. La conducción estratégica de la organización respalda la participación y el desempeño de la mujer en el liderazgo social y político. Nunca he recibido maltratos; tenemos un código de funcionamiento, una normatividad que regula el trato entre compañeros y no se permite el maltrato o violencia contra las mujeres, este código interno penaliza este tipo de maltratos”. Lo que pasa, dice Consuelo, es que el régimen sataniza la participación de la mujer como líder y como revolucionaria, entonces a través de los medios masivos deja ver que allí en la guerrilla la mujer se prostituye, la maltratan o la hacen abortar, pero según ella, en el ELN no es así.

Consuelo Palacios llegó a la delegación por sus capacidades según dice, nadie le regaló nada. En el ELN hay varias mujeres que están en la línea de mando, y no solo será ella la que participe en el proceso desde la delegación, son varias mujeres que apoyarán diferentes campos en esta negociación de paz. Como ella viene del trabajo político y social, considera que tiene capacidad para abordar temas en este campo y en el de participación política y el debate de género.

En las imágenes de Telesur y en las fotos de los diarios y de las redes sociales, aparecen junto a Consuelo dos hombres, uno de ellos, el más joven, es Bernardo Téllez. Es un campesino caribeño nacido en el departamento del Cesar, quien también dio sus primeros pasos en la lucha revolucionaria en los procesos sociales. “En 1987 en el contexto del paro costeño estuve en un núcleo de colaboradores clandestinos, posteriormente me incorporé con tan solo 17 años. Luego el paramilitarismo conociendo mi vinculación a la guerrilla secuestró a mis padres y los tuvieron cautivos por más de un año. En esa época los paramilitares utilizaban toda la información de los organismos de inteligencia del ejército y la policía para golpear no solo a los guerrilleros sino especialmente a sus seres queridos, con el fin de doblegarlos. Por fortuna mis padres fueron dejados en libertad por mediación de la Cruz Roja, hacia el año 97. Pero años después en el 2005, los paramilitares asesinaron a mi único hermano, un campesino que no tenía ningún vínculo con la guerrilla”, concluyó Bernardo.

Frente a las condiciones y características que diferencian esta negociación de otros esfuerzos realizados en años anteriores, Téllez señala que en esta oportunidad pareciera que en la sociedad existen intenciones de paz verdaderas, “viene creciendo un fuerte anhelo por encontrar una solución política al conflicto social y armado, pero se requiere de la capacidad del proyecto social y de las organizaciones populares que puedan catapultar una propuesta de paz y participación política que sea imparable”.

Téllez considera que todo esto se puede dar si hay voluntad del ELN, si hay participación del pueblo en la construcción de la paz, y en especial si hay la voluntad por parte del Estado, sus gobernantes y el régimen, de sacar la violencia y la guerra sucia de la lucha política y de ideas. Si es así, si el ELN en su exploración observa que las condiciones están dadas, estaría dispuesto, según Téllez, a posibilitar que las armas se vayan dejando y así pasar a la lucha política sin armas.

El tercer integrante de la delegación, que no es nuevo en el ELN, es Gustavo Martínez. Este hombre es realmente un baluarte del ELN en la lucha contra el paramilitarismo. Martínez ha desarrollado su vida guerrillera en diferentes frentes, pero el que más conoce de sus proezas es el Darío Ramírez Castro, con influencia en el departamento de Antioquia y la parte sur de Bolívar.

Martínez manifiesta que conoce casi hasta el último palmo de esas regiones y que allí junto con el comandante Alape del secretariado de las Farc confrontaron durante muchos años la arremetida del paramilitarismo, descaradamente apoyada por las fuerzas militares. Dice que a estos les proporcionaron más de dos mil bajas, y recibieron también en sus filas por lo menos a 500. Martínez es un hombre inteligente, de un gran olfato político, con intereses culturales profundos y con alcances comunicativos altos. A pesar de estar curtido en la guerra, tiene una inclinación al diálogo y a la comprensión de los fenómenos de la violencia desde el punto de vista humanista y sociológico.

El 27 de octubre el ELN y el Gobierno de Colombia tendrán una oportunidad para inyectar optimismo a la nación a través de este proceso que da paso a la fase pública. Serán por lo menos 30 los insurgentes que integrarán el equipo o delegación de paz, y 10 de ellos estarán en la mesa como principales y suplentes. Es posible que este proceso se inicie con un pacto de cese del fuego y con unos gestos de carácter bilateral para darle confianza a las partes. Ya el ELN inició la entrega de retenidos y probablemente este gesto sea respondido de la misma manera por el gobierno dejando en libertad o como gestores de paz a varios de sus miembros presos en las cárceles. Esta fase pública iniciará abordando el primer punto de la agenda, “Participación de la Sociedad”, y el 5F, que trata sobre acuerdos humanitarios. Ojalá esta sea otra oportunidad para la paz en Colombia.

Thursday, 03 November 2016 00:00

Editorial 122: Tierra abonada

Un huracán pasó por Colombia y causó toda clase de desastres. También dejó tierra fértil abonada para sembrar con los excluidos, los escépticos y los oprimidos. El huracán del NO tocó tierra firme el 2 de octubre y aún no se sabe cuántos muertos dejó ni cuántos más causará, tampoco el número de corazones solidarios que despertó, ni los nuevos vientos huracanados y tormentas salvajes que desató.

Las últimas semanas que hemos vivido los colombianos y colombianas hacen parte de una obra de suspenso, seguramente tenebrosa y perversamente calculada por las élites que encabezan los oligarcas y terratenientes, para desarmar y desmovilizar totalmente gratis a uno de sus mayores contradictores. Los resultados apretados del plebiscito dejarían en un verdadero paraíso a las oligarquías para seguir promoviendo un Estado atrasado, conservador e injusto, en medio de una paz neoliberal y con una oposición armada reducida drásticamente.

Piensa mal y acertarás, dice un sabio dicho. A eso nos han acostumbrado los políticos y las clases que se han aplastado por más de dos siglos en el poder y que se niegan a levantarse para que otros se sienten, o mejor para que despedacen ese cómodo sillón y se pongan a trabajar en beneficio de una nación lacerada por tantos golpes, engaños y crueldades recibidas. El imperialismo, la comunidad internacional, los garantes y los financiadores harían parte del reparto de la fina obra tejida con filigrana. “¡Qué pena, qué pesar!, –dirían todos al unísono– nos esforzamos tanto, pero lamentablemente el mismo pueblo en su máxima democracia dijo NO a los acuerdos. Nada podemos hacer”.

Y en este estado de cosas, tal como pasó en 1957, el país se salvaría con un gran pacto de élites. Al fin y al cabo una ya tiene premio Nobel y la otra está viva y coleando para jugar de nuevo en la presidencia hacia el 2018, o por lo menos en dicho pacto para gobernar. Todos veremos avanzar las reformas en contra del pueblo sin que ninguna de estas dos partes mueva un dedo para frenarlas.

Pero el diablo es puerco, también dice el refrán popular. Y lo que se pierde por un lado se gana por otro. El nivel de unidad y movilización provocado por lo que sería un gran engaño al proceso de paz generó la salida a la calle de cientos de miles de colombianos y colombianas, y en estos próximos días podría crecer exponencialmente. A pesar de que muchos de los que se movilizan solo quieren que se respeten los acuerdos de La Habana, otros sectores han planteado salir contra la reforma tributaria, la ley Zidres y las demás reformas arbitrarias e injustas que se aprobaron o se cocinan en el Congreso de la República.

Las propuestas que van tomando fuerza y que se han escuchado en boca de los más disímiles actores políticos hablan de impulsar un Gran Diálogo Nacional por la Paz y contra el pacto de élites. Se habla de formas democráticas de participación como cabildos abiertos, asambleas populares, mingas de pensamiento, etc., en donde la ciudadanía y los sectores de toda clase pongan a jugar sus propuestas de paz, encaminadas a superar asuntos sociales y cotidianos como el pésimo sistema de salud, el costo de la educación y la ruina en que se encuentra la universidad pública, los altos costos de los servicios públicos, la tragedia ambiental, la pobreza y la desnutrición en la que viven millones de personas en Colombia, entre otros. Tal vez estos temas y asuntos serían los que estaban esperando los 22 millones de colombianos y colombianas que no ven en las urnas ninguna posibilidad para mejorar su crítico nivel de vida.

Un elemento en favor de estas iniciativas es que los mismos sectores y comunidades que se sumen a estos procesos de participación y movilización se representarían a sí mismos y no serían suplantados por los partidos tradicionales y tampoco por otras formas organizativas. En suma, los efectos negativos de los resultados del plebiscito, estarían provocando toda una suerte de proceso constituyente en donde por primera vez en la historia el pueblo caminaría hacia la construcción de su propio futuro.

Es tierra abonada para las organizaciones comunitarias, sociales y populares de todas las tendencias políticas, que siempre han hablado de organización y trabajo desde la base. Un momento para dejar de hablar tanto y actuar en consecuencia y coherencia con el contenido de sus discursos.

A este panorama se le suma el reciente anuncio del Ejército de Liberación Nacional, ELN, de instalar este 27 de octubre la fase pública de conversaciones con el gobierno en Quito- Ecuador, cuyo primer punto de la agenda habla justamente de la participación de la sociedad en la construcción de la paz. Uno de sus máximos líderes y jefe de la delegación de paz de esa guerrilla, planteó en la entrevista concedida a Telesur el sábado 15 de octubre, que la responsabilidad de trabajar por la paz y por su propio destino está en la sociedad misma, e invitó a todas las iniciativas sociales y políticas, y en especial al 63 % que no participó en el plebiscito, a que se apropien de esta propuesta.

Es un momento para trabajar como verdaderas hormigas, de manera laboriosa, colectiva y coordinada. Como dice la canción de la agrupación Calle 13,  “Aquí llegaron las hormigas, vamos conquistando tierras enemigas. Invisible, silenciosa y simultánea, toda la invasión es subterránea. Sin disparar al aire, sin tirar misiles, sin tener que matar gente usando proyectiles, la guerra la peleamos sin usar fusiles. Somos muchos hermanos con muchos primos, la familia es grande porque nos reproducimos”.

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