Periferia

Periferia

Martes, 12 Julio 2016 00:00

Fotoreportaje: Corazón Alegre

El tiempo transcurre como agua en un gotero antes de que los caminantes que llegan a Medellín procedentes del campo se atrevan a sonreír. La urbe no huele a pasto húmedo de rocío, ni se expande con libertad desde el valle hasta la cima. El futuro ya no es un campo de flores, caña o café. Sin embargo, el hombre campesino no es, a pesar del daño, un personaje gris. En su origen, allá en la finca del Alto del Cielo o en El Tejar, en el suelo donde cosechaba vida, cerca del corazón... allí siempre hay motivos para reír. 

Fotografías: Sara Castillejo

 

 

Martes, 05 Julio 2016 00:00

Manifiesto Periferia

Dicen que los sueños, sueños son. Pero en Periferia llevamos más de diez años de lucha y esperamos seguir por muchos más, para que nuestros sueños, que son los sueños de buena parte de los oprimidos del mundo, se hagan realidad. Aquí compartimos con nuestros lectores algunos de esos sueños para que nos ayuden a seguirles dando forma y contorno en la lucha denodada por una sociedad mejor.

 

Sujeto Político

Desde su nacimiento, Periferia asumió como propósito contribuir a la construcción de un sujeto político en el país. Y entendemos por sujeto político a aquel capaz de comprender plenamente su realidad y de actuar consecuentemente para transformarla. Y esta es una tarea, aparte de política, fundamentalmente ética: se trata de un sujeto capaz de construir una sociedad nueva donde no exista dominación, explotación ni opresión de ningún tipo.

Por lo tanto este sujeto debe encarnar en sí mismo un proyecto ético en el cual la vida digna sea un valor fundamental y un derecho para todos. Por esa misma razón este sujeto es plural, en la medida en que aúna en su lucha la reivindicación de todos los oprimidos (obreros, campesinos, indígenas, mujeres, homosexuales, grupos étnicos, etc.), sin intentar subordinar ningún sector de esta lucha a un sector que se arrogue el privilegio de encarnar en sí mismo el sujeto revolucionario.

Las palancas fundamentales para la construcción de este sujeto son la autonomía, entendida como consciencia crítica, y la unidad de lo diverso. Dos dimensiones atacadas permanentemente desde el poder mediático que intenta aniquilar la capacidad de juicio de los individuos e imponer el pensamiento único, al servicio del sostenimiento de esta sociedad ominosa. Por eso creemos que nuestro trabajo, en tanto ayuda a recuperar la capacidad de juicio de los individuos y promueve la unidad de los diversos sectores oprimidos, es fundamental para la emergencia de este sujeto.

Economía

Desde Periferia apostamos por una economía alternativa y distinta, que redefina el concepto de necesidad humana y comprenda que éstas no pueden ser infinitas, porque nuestro planeta no es inagotable. Una economía verdaderamente solidaria, que nos lleve a replantear nuestro consumo excesivo. Que además replantee la división del trabajo entre intelectual y productivo, entre países productores de materias primas y productores de manufactura y tecnología, y que además propenda por la abolición de la división del trabajo entre hombres y mujeres, rescatando a estas últimas del sino capitalista y patriarcal que las relega a asumir como forma única de subsistencia el trabajo reproductivo. Una economía que devuelva a las  cosas su valor de uso y en la que prime el buen vivir de los seres humanos en armonía con la naturaleza, por encima de la productividad, la rentabilidad y el lucro.

Apostamos a las iniciativas de autogestión y de construcción de circuitos económicos solidarios que nos permitan reubicar nuestro papel como consumidores y a la vez productores de bienes y servicios, generando dinámicas más justas de intercambio y distribución.

Una economía que se cuestione la sobreproducción de basura contaminante, a partir de una reducción consciente de nuestro consumo. Que devuelva el papel central a las relaciones de intercambio local y nos hermane a nivel global en una única lucha por cuidar y dignificar la vida de todas las especies.

Para ello es necesario acabar con el lucro de la guerra, democratizar las instituciones internacionales de manera que todos los países del mundo tengan acceso en igualdad de condiciones a los espacios de toma de decisiones y la garantía para cada quién de un lugar en el mundo, donde pueda desarrollar su creatividad en medio del disfrute, construyendo territorio sin fronteras.

Democracia

La democracia es imposible en el capitalismo. Y, Periferia, como propuesta de comunicación popular, lo ha venido poniendo de manifiesto, no solo a través de un discurso teórico, ideológico y político sino con ejemplos palpables recogidos en la periferia de nuestros campos y ciudades, en cada una de sus ediciones. En ellos se  deja sin argumentos la propuesta del sistema capitalista, un sistema que descansa en la inequidad, la injusticia, la explotación y la opresión de unos pocos contra las mayorías; amén de la destrucción del planeta.

Por eso, para Periferia la democracia es más que un discurso, es una acción y una propuesta que descansa en valores y postulados, construidos colectivamente, como: el reconocimiento y el respeto de la diversidad, la individualidad y la singularidad de los sujetos sociales, aun dentro de las diversas propuestas políticas, los partidos y los movimientos. 

Democracia es argumento, equidad, comprensión, convencimiento y razón, en vez de violencia. Es igualdad a la hora de acceder y producir información, a la hora de comunicar, de conocer, de saber, de educarse, de abrigarse, de alimentarse; es distribución equitativa de la riqueza y de los bienes escasos; es el disfrute de todos los bienes naturales y los materiales y científicos, que producen felicidad y satisfacción a la humanidad; es la disposición y control público de los servicios domiciliarios, de salud y educación; es reconocer, respetar y defender la vida de todos los seres, incluida la naturaleza; es la construcción de una cosmovisión en donde humanidad sea equilibrio, equidad y convivencia entre hombres, mujeres y naturaleza; es soberanía alimentaria; es acceso a la justicia y a la dignidad; es participación política y posibilidad de participación en las decisiones sobre los temas más importantes de la nación. Es poder participar en la construcción colectiva de una nueva sociedad, autónoma, en donde se reconozca y respete la diversidad social, política, cultural, sexual, étnica y se construya un discurso amplio, fraterno, antipatriarcal e incluyente.

Justicia

La justicia no es la aplicación de la ley; pues la ley misma, en una sociedad dividida en clases, tiene como propósito sostener, legitimar y operativizar el privilegio de los poderosos y su dominación sobre el resto de la sociedad.

La justicia, tal como la entiende Periferia, nace de una sociedad que se organiza para superar las condiciones de opresión y sometimiento. En este sentido, la justicia es la conquista de la dignidad, tiene que ver con que se pongan al alcance de cada ser humano y de cada colectivo las condiciones necesarias y suficientes para realizar esa dignidad, para vivir una vida que valga la pena vivirla. Ese es el rasero para medir las leyes y su aplicación.

En este sentido la justicia se emparenta con la equidad y con la libertad. Es justa una sociedad que le ofrece a cada individuo y grupo social la posibilidad de realizarse como seres humanos libres, partiendo de las condiciones reales en las que se encuentra su vida. Así, la equidad significa que los recursos y las oportunidades no se distribuyen por igual entre los individuos y los colectivos, sino intentando fortalecer aquellos individuos y grupos que están en condiciones desventajosas frente a los demás.

La sociedad actual, organizada para promover la acumulación de capital mediante la explotación y la competencia, lo que espera es que cada individuo le aporte según sus capacidades y que reciba de ella, para satisfacer sus necesidades, proporcionalmente al trabajo realizado. Frente a esta máxima que hace imperar en la sociedad la ley del más fuerte, la máxima del Manifiesto del Partido Comunista sigue siendo la mejor expresión hasta nuestros días de ese ideal de justicia social: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Pues suele pasar que aquellos individuos o grupos que por sus propias condiciones están más impedidos para aportar al desarrollo material de una sociedad son justamente los que más necesitan. Y no hay que esperar al advenimiento de la sociedad comunista para empezar a aplicar en nuestras relaciones personales y sociales esta lógica, que debe horadar desde la cotidianidad la lógica salvaje del capitalismo en nuestros días. Esa ha sido también la apuesta en Periferia.

 Paz

Por paz en Periferia no entendemos la ausencia de guerra ni el silencio de los fusiles. Sociedades pacíficas no existen hoy en el mundo, aunque en muchas de ellas no haya guerra ni confrontación armada de ningún tipo. No puede haber paz en un mundo en guerra, pero la ausencia de la guerra no es garantía de nada. En una sociedad con profundas desigualdades sociales, con prácticas terribles de esclavitud y opresión, la ausencia de guerra y de confrontación más bien da testimonio de un poder de dominación alcanzado por los poderos que ni siquiera posibilita la manifestación más natural de los oprimidos. Esa dominación casi absoluta se logra muchas veces a través de la represión armada, pero también por la aniquilación de la capacidad de juicio que logra con su acción persistente, pero despiadada, la industria cultural.

La paz es una convivencia pacífica entre sectores sociales diversos, lo cual implica el respeto y la tolerancia recíproca. Pero la prédica de la tolerancia como un valor absoluto es un instrumento de guerra contra los oprimidos. En una sociedad organizada para mantener la dinámica de acumulación de capital que enriquece descaradamente a una minoría al tiempo que causa la ruina económica y moral de la mayoría, la paz exige justamente elevar en la conciencia de la gente a la calidad de intolerable lo que esta sociedad acepta por norma.

Así, pues, para nosotros la paz solo puede ser el resultado de una sociedad donde se hayan superado todas las formas de opresión, donde existan las condiciones necesarias y suficientes para que los individuos y los colectivos desarrollen su autonomía y la capacidad para idear y desarrollar sus propios proyectos de vida, sin que estos se vean obstruidos por intereses mercantiles y particularistas. Todo lo demás es una falsa paz, que oculta o impone como norma la desgracia de las mayorías; o a lo sumo es una pax romana, que se impone sobre aquellos que previamente han sido reducidos a la impotencia.

Miércoles, 29 Junio 2016 00:00

Editorial 118: Una mirada esquiva

Un mapa realizado por la Organización de Naciones Unidas señaló 29 puntos de la geografía nacional en donde los campesinos, las comunidades negras y los indígenas se concentraron o bloquearon las carreteras durante la Minga Nacional que convocó la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. El mapa no era tan preciso, ya que le faltaban 13 puntos en el territorio del Centro Oriente colombiano; en los departamentos de Arauca, Casanare, Boyacá y Santander, que incluían el bloqueo de dos campos petroleros, una estación de bombeo y una de gas, y había más de 8.500 campesinos, afros e indígenas. También faltaba otro en Antioquia que se traslado por razones de seguridad de Tarazá a Porcesito.

Miércoles, 29 Junio 2016 00:00

Editorial 116: Párese duro: ¡cambiemos esto!

Es un llamado que junta a muchos sectores de la sociedad inconforme con las injusticias que aquejan a la población de la barriada, de los territorios olvidados e incluso a las comunidades que no ven en los partidos y corrientes políticas tradicionales una posibilidad organizativa para resolver sus problemas cotidianos. También será una de las consignas que se agitarán para animar el paro nacional que se avecina y que probablemente se llevará a cabo antes de terminar este primer semestre. Es una campaña que pretende robarse los corazones de los más humildes y se empezará a mover por todos los medios y las redes a partir del 23 abril de 2016.

No es una iniciativa aislada, que busca protagonismos y privilegios, por el contrario reconoce y suma su propuesta de movilización y su creatividad al reciente proceso emprendido por diferentes organizaciones sindicales, sociales y populares articuladas en el comando nacional unitario que promovió el paro de marzo 17 de 2016. Párese Duro: cambiemos esto, agitará la participación en una jornada de alcances superiores, que promete paralizar el país en todos los territorios por más de quince días.

Aunque las razones para movilizarse y protestar en Colombia sobran y van desde la corrupción rampante del gobierno y sus instituciones – con las fuerzas militares y de policía a la cabeza, pasando por las maromas del Centro Democrático para desviar la atención sobre los actos criminales de sus miembros y de los familiares de su principal líder, hasta los escándalos de Reficar, los niños desnutridos en la Guajira, la crisis de la salud, el desempleo y la venta de Isagén; hay una razón que causa mayor preocupación, por lo menos a los campesinos más humildes y a los líderes de las organizaciones sociales, y es la reactivación  del paramilitarismo, cuyo desmonte debería ser un propósito nacional de todos los sectores democráticos.

Y no es para menos. El escenario que se presenta en Colombia complejiza cada vez más el logro de la justicia social, de las transformaciones y por supuesto de la paz. El reciente paro armado llevado a cabo por el aparato político militar de la ultraderecha, que no es nuevo y que jamás se desarticuló, tiene más de fondo que de ancho. ¿Por qué salieron los paramilitares en más de 5 departamentos y 33 municipios, según la revista Semana, fuertemente armados, paralizando todo en esos territorios, sin que las autoridades desplegaran operativos de la magnitud que desarrollan cuando se trata de un grupo guerrillero? ¿Por qué sus mensajes atemorizantes se movieron con tanta facilidad en redes sociales? ¿Por qué los medios masivos de información estrecharon sus informes periodísticos?

A nuestro juicio, el paro armado de los paramilitares del 1° de abril, y la marcha convocada por el centro democrático el 2 de abril, están articulados y hacen parte de una estrategia de la ultraderecha que pone en la palestra nacional varias intenciones. Uno de ellos es visibilizarse y legitimarse como opción de poder político y militar; dos, jugar su postura política en contra de la solución política negociada al conflicto armado; tres, desviar la atención de la sociedad sobre los escándalos que involucran a sus miembros en graves delitos; cuatro, arrancar la campaña para regresar a la presidencia de la república en 2018; cinco, aprovechar la creciente indignación de sectores sociales inconformes con las políticas del gobierno y finalmente generar un clima de ingobernabilidad.

Esto es delicado. En nuestro pasado editorial denunciamos el incremento de los asesinatos de líderes sociales a manos del paramilitarismo y su reactivación en varias regiones, situación imposible de llevar a cabo sin la colaboración y apoyo de las fuerzas militares y de policía, o por lo menos de segmentos descompuestos que hacen parte de estas, y que hoy después de los escándalos es imposible negar. Si esto es así, entonces hay una división en el Estado colombiano, y el Presidente de la República y el Ministro de Defensa no tienen el mando unificado de sus tropas, las que a su vez comulgan con un jefe natural distinto al gobierno legalmente constituido. Gravísimo.

Gravísimo porque se supone que el país, el gobierno y las insurgencias a las que se les responsabiliza hasta de hacer llover, están en medio de mesas de negociación, justamente para darle fin a lo que se ha señalado por décadas como la razón mayor de las tristezas y desgracias de este país. En el paro armado de la ultraderecha fueron asesinados a manos de los paramilitares 10 policías, o sea que el paramilitarismo no tiene ningún reparo en arremeter contra quienes se interpongan en su camino. Gravísimo también que no se hayan escuchado las voces condolidas del procurador Ordoñez y del Centro Democrático denunciando con vehemencia a los asesinos y condenando los actos de violencia ejecutados en la arremetida paramilitar.

Los que acabaron con los derechos sociales de los trabajadores, le entregaron a las transnacionales la soberanía y se robaron el erario público, hoy se visten de camuflado y se disponen a luchar a sangre y fuego por la recuperación del poder político y militar del establecimiento, que de todas maneras conservaron o está intacto en algunos territorios. Esto quiere decir que posiblemente nuestro país pase de tener en la oposición unas guerrillas de izquierda, a un ejército paramilitar de ultraderecha.

El escenario es muy probable. Porque ante la consigna de la ultraderecha de que un acuerdo de paz es entregarle el país a la guerrilla, ellos no se van a quedar de brazos cruzados cuando esto ocurra. En 2018 lucharán por hacerse a la presidencia y desconocerán los acuerdos de paz, o simplemente eliminarán a quienes los suscribieron. Si la que asume el gobierno es la izquierda o una coalición democrática, esta tendrá que enfrentarse a una oposición político – militar, pero esta vez de ultraderecha y en defensa de los intereses de las élites. También podría haber combinaciones y acuerdos entre la derecha y la ultraderecha. Estaríamos caminando hacia un país inviable, basado en el miedo y el autoritarismo, caminaríamos hacia un Estado fallido, si no es que ya estamos en él.

Por donde se le mire, el problema es complejo y la paz vista por la derecha como una ausencia de confrontación armada no se dará por mucho tiempo; menos se llegará a la justicia social. Entonces la participación activa de la sociedad en esta complejísima coyuntura es fundamental.

La principal herramienta para derrotar la visión guerrerista y militarista de la sociedad contaminada, y de promover un ambiente de transformaciones sociales hacia una democracia, es la manifestación eficaz de querer esos cambios y para ello hay que salir a las calles, a las carreteras, a los parques, a las instituciones, a exigir el desmonte del paramilitarismo y de la cultura que lo agencia, desde las autoridades hasta los medios masivos de comunicación que los siguen promoviendo como alternativa.

A las élites se les debe entregar el mensaje de esta manera, a través de una sociedad compacta que se para duro, firme ante las injusticias; que le juega a los principios básicos de reconstrucción de la Nación por medio de los derechos sociales al alcance de todos y todas. Hay que salir al paro para que cambiemos esto. Hay que pedir salud, empleo, educación, vivienda, defensa del agua, pero también exigiendo la desmilitarización de la sociedad y el desmonte del paramilitarismo.

Era 1986 y las manifestaciones sociales y políticas en contra de la dictadura de Augusto Pinochet se enfrentaban a la más dura represión. El descontento popular creció luego de que en 1980 se aprobara mediante plebiscito una Constitución Política que institucionalizaba el régimen y otorgaba amplias atribuciones a Pinochet, como su elección a la presidencia por ocho años más. En consecuencia, esta década de los 80 fue de profundas reformas a los sistemas de educación, salud y pensiones en Chile. Las manifestaciones nacionales iniciadas exigían la renuncia de Pinochet, la derogación de la constitución política de 1980, y el derecho a poder elegir de manera democrática a sus gobernantes.

Ese año Rodrigo Rojas de Negri regresaba de Canadá, luego de estar exiliado junto con su madre Verónica de Negri desde hacía 10 años. Tenía apenas 19 años y le apasionaba la fotografía. Llegó a Chile buscando sus raíces, y durante su estadía en el país la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) lo acogió. Tenía la certeza que su mejor arma era su cámara, por eso estaba interesado en retratar los conflictos sociales, y en especial los momentos cuando la gente se levantaba en contra de la represión que vivían en ese momento.

En medio de las protestas, la Asamblea de la Civilidad convocó a un Paro Cívico Nacional para el 2 y 3 de julio. Rodrigo no dudó en participar y por eso desde muy temprano se encontró fotografiando y acompañando las barricadas en la Estación Central, junto con otros estudiantes, entre ellos Carmen Gloria Quintana de 18 años. Todo iba bien, hasta que una patrulla militar se les acercó, y logró detener a Rodrigo y a Carmen.

A ella la postraron contra la pared y a Rodrigo contra el piso; los patearon, los insultaron, les rociaron gasolina, y finalmente les prendieron fuego. Luego los abandonaron lejos del lugar donde fueron detenidos. Aún estaban consientes cuando una patrulla de carabineros los recogió y los trasladó a un hospital, pero a causa de las quemaduras, Rodrigo murió cuatro días después, el 6 de julio. La dictadura prohibió a los periodistas publicar el caso, y cuando fu inevitable que se conociera, las declaraciones oficiales dijeron que los jóvenes llevaban material explosivo y que el fuego se había prendido accidentalmente.

Los hechos fueron investigados, pero inicialmente sólo se culpabilizó a los militares implicados por no prestar ayuda a las víctimas, y luego, en 1991 el teniente Pedro Fernández Dittu, quien comandaba la patrulla militar, fue declarado culpable y condenado a 2 años de prisión.
Ya han pasado 30 años desde este suceso, y desde entonces, Rodrigo se ha convertido en símbolo de resistencia. Lo han homenajeado al calor de la lucha y la memoria. Y es que este joven no vaciló en fotografiar la injusticia y enfrentarse a la dura represión de una dictadura, a la que también en Colombia se enfrentan miles de fotógrafos, reporteros, periodistas, comunicadores, y en general, luchadores populares.

Por eso quienes durante las semanas pasadas estuvimos en las calles y carreteras de todo Colombia retratando y narrando la Minga Nacional por la paz y en contra del modelo económico, enfrentados también a la represión estatal de este gobierno, hacemos un homenaje a Rodrigo, porque como lo declaró su madre Verónica en una misiva enviada tras su muerte: "En el rostro de nuestra juventud vive mi hijo. En el espíritu unitario de los chilenos [y ahora latinoamericanos] luchando por la justicia, vive mi hijo. En este tiempo encendido de esperanzas vive mi hijo. Por último, en la solidaridad de todos ustedes, vive mi hijo".

Miércoles, 22 Junio 2016 00:00

"Para seguir viviendo"

Era 1986 y las manifestaciones sociales y políticas en contra de la dictadura de Augusto Pinochet se enfrentaban a la más dura represión. El descontento popular creció luego de que en 1980 se aprobara mediante plebiscito una Constitución Política que institucionalizaba el régimen y otorgaba amplias atribuciones a Pinochet, como su elección a la presidencia por ocho años más. En consecuencia, esta década de los 80 fue de profundas reformas a los sistemas de educación, salud y pensiones en Chile. Las manifestaciones nacionales iniciadas exigían la renuncia de Pinochet, la derogación de la constitución política de 1980, y el derecho a poder elegir de manera democrática a sus gobernantes.

Miércoles, 22 Junio 2016 00:00

La fiesta de la protesta

El corazón de Willinton Quibarecama retumbaba, la ansiedad se apoderaba de él, sabía que tomarse la carretera a la altura de la Delfina en la vía que de Buga conduce al puerto de Buenaventura, no iba a ser cosa fácil, así estuviera acompañado de cientos de sus hermanos Emberas, vecinos y amigos de su resguardo Dachini, municipio de Trujillo en el Valle del Cauca. Pero la decisión estaba tomada, el furor del guerrero milenario que corría por sus venas lo empujaba, además, esta acción daría inicio a la Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular y a un paro de magnitud insospechada. Su ansiedad se convirtió en angustia cuando agentes del Esmad arremetieron contra el grupo en donde él se encontraba y sin mediar palabra los golpearon con sus armas contundentes, con puños, patadas y con las tanquetas. A pesar de su valerosa reacción, la mayoría fueron agredidos sin piedad, unos heridos de gravedad y Willinton arrollado por una tanqueta que lo hizo caer desde el puente, unos 50 metros y estrellarse contra las piedras. Eran las 10 de la noche del 29 de mayo de 2016; la oscuridad del inmenso cielo que los arropaba cubrió como su manto a Willinton y apagó la luz que lo alumbraba. El Estado cobraba con sangre la osadía de los desobedientes, no permitiría que esta semilla germinara.

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