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Por Sebastían Perdomo

La Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño (ASOVISNA) se pensó a finales de los 90, pero solo hasta el 2003 su creación se concretó tras la necesidad de escuchar a las víctimas del conflicto armado de esta parte de Antioquia. Sin embargo, su lucha se ha diversificado debido a las frecuentes formas de violencia que continúa soportando esta región.

Conflicto y lucha
En el año 1988, en el municipio de Segovia hubo una serie de amenazas mediante grafitis, boletines, cartas, entre otros, donde el gripo ilegal Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN) prometió acciones violentas contra dirigentes de izquierda. Previamente, entre marzo de 1986 y octubre de 1988, allí y en Remedios, fueron asesinados 16 líderes comunitarios, todos militantes de la Unión Patriótica (UP).

Luego, este grupo ilegal salió a la luz pública y, cuenta el informe del libro Silenciar la democracia: Las masacres de Remedios y Segovia (1982 – 1997) escrito por el Grupo de Memoria Histórica (GMH) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que las amenazas fueron persistentes contra los miembros de la UP, quienes en gran parte salieron victoriosos en las elecciones del 88 en esta región y donde sus militantes fueron el principal objetivo de estas actuaciones. Más tarde, en octubre de ese mismo año y tras enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Policía, tres agentes murieron, por lo que el Ejército tomó represalias contra la población.

Pero el caso más lamentable ocurrió el 11 de noviembre de 1988 durante un ataque del MRN, liderado por Fidel Castaño, dejando un saldo de 43 personas asesinadas y 45 heridas. Fernando Álvarez, Representante Legal de ASOVISNA, relata que para la séptima conmemoración de aquella masacre, se llevó a cabo una movilización nacional denominada “Peregrinación a Segovia”, la cual pretendía promover la no repetición de esos hechos.

En 1995, previo a la peregrinación, Fernando asegura que llamaron al Párroco y al Director del Hospital en Segovia a decirles: “les van a faltar tumbas y camas para las personas muertas y heridas que van a quedar”. Esa fue la amenaza que dictaron los paramilitares si continuaban invitando a la peregrinación de aquel año. A pesar del ambiente de miedo que se palpitaba, la caminata se realizó.

Ante estos ataques contra líderes sociales, en el mismo informe se manifiesta que “el último ciclo de protesta (1994 – 1997) marcó el declive progresivo de las manifestaciones de protesta social en la región”. Además, dice que “para comienzos de 1996, los miembros de las Juntas Cívicas que aún permanecían en la región redujeron su trabajo [de protesta social que fue fuerte luego de la masacre de 1988] a una veeduría ciudadana en medio de una estigmatización y victimización crecientes”.

Creación de ASOVISNA
Fernando Álvarez cuenta que tuvo que salir del municipio en 1996 junto a otros compañeros, pues hacían parte de un listado de inteligencia y les sindicaban como insurgentes; un señalamiento con el que siempre, aún hoy, tienen que sufrir. Otros compañeros se quedaron, pero poco a poco fueron saliendo y continuaban su lucha principalmente desde Medellín. El 22 de abril de 1996 se dio una masacre en dos barrios periféricos del casco urbano de Segovia, distantes entre sí: El Tigrito y La Paz. Como consecuencia de esta incursión de paramilitares, hubo 14 personas muertas. Poco después, las investigaciones dieron como resultado la condena de Rodrigo Antonio Cañas Forero, oficial del Ejército Nacional adscrito al Batallón de Contraguerrilla Nro. 46.

En 1997 entró a operar el GAN (Grupo de Autodefensas del Nordeste), pero se pudo establecer que tanto los que ejecutaron masacres el 22 de abril, como los que estuvieron ahí ocho meses entre el 2 de enero e inicios de septiembre de 1997, no eran una estructura propiamente paramilitar, sino que estaba compuesto por unas Convivir que operaban desde Medellín, y con la anuencia del Ejército Nacional. Muchos de esos que participaron en los asesinatos colectivos y selectivos, fueron asesinados luego en Medellín para borrar posibles testigos.

Así entonces, el informe realizado por el CNMH y todo lo vivido entre 1986 y 1996 por las dos poblaciones más importantes en esta parte de Antioquia, motivó la conformación de una organización que recogiera las historias de las víctimas del Estado, paramilitares y la insurgencia. En el 2003 y con la participación de 50 personas, se conformó ASOVISNA.

A partir de ahí, la asociación se centró en cuatro ejes:
Investigación; acompañamiento y denuncia; trabajo de memoria y verdad; y acompañamiento judicial. Por ahora han desarrollado principalmente memoria y verdad porque desde la asociación se espera que ambas no queden invisibilisadas.


La construcción de memoria se realiza hoy apartir de la publicación de informes. ASOVISNA le apuesta a esos dos conceptos fundamentales por el contexto actual, los cuales deben ser elaborados por las comunidades y no por una memoria oficial, porque la verdad se diluye y queda en el escenario, afirma Fernando.

Oliva de Jesús Castaño, secretaria de ASOVISNA, una mujer de 67 años que se vinculó a la organización en el 2015, concuerda con Álvarez al afirmar que se trabaja más en memoria y verdad porque saben que hay personas necesitadas de ser escuchadas. En este punto se hacen capacitaciones para que sus miembros puedan enfrentar la situación y mirar qué es lo que realmente pasó con ellos. "Todos tenemos derecho a eso, a la verdad", y subraya que "la voz del Estado no es tan verdad".

Oliva llegó a Medellín desplazada por los paramilitares en Segovia, y se vinculó gracias a una invitación de Fernando. Primero fue desplazada de San Roque, Antioquia (1994); luego cuando vivió en el campo, en Segovia (1997). De allí se fue al pueblo (barrio José Antonio Galán), hizo parte de la Junta de Acción Comunal (JAC), y la desplazaron de Segovia a Medellín (1997). En Medellín también fue desplazada de su barrio Esfuerzos de Paz, en el 2012 y, afirma ella, fue el Bloque Metro.

Ahora, en el acompañamiento judicial se labora en relación a demandas, algunas por desplazamiento, otras por ejecuciones extrajudiciales, y algunas por los hechos del 11 de noviembre de 1988. En la investigación, ASOVISNA ha frenado un poco por las condiciones del territorio. “Primero porque hay unos sectores que tienen control social, y también por la falta de recursos”, asegura Fernando.

La legitimidad social es buena, pues ella está articulada al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), y además hace parte de Plataforma Colombiana de Derechos Humanos. Cuentan con el apoyo de la Coordinación Colombia - Europa y el Proceso Social de Garantías. En esos escenarios se han podido visibilizar y ASOVISNA tiene cierto reconocimiento.

Hoy la lucha es por motivar a la construcción de la verdad, dejar el miedo, pues no es fácil reconocer que los Policías, como le sucedió a Oliva, desplazan comunidades, o son cómplices y victimarios directos en algunas masacres. Asimismo, el nordeste antioqueño hoy actúa contra un escenario de conflicto social paralelo al armado, en el que la solidaridad de todas las organizaciones sociales es fundamental para afrontarlo, y en el cual ASOVISNA está dispuesta a aportar.

Por Estefanía Ocampo

En el año 2015 se iniciaron los proyectos hidroeléctricos en el municipio de Sonsón, Antioquia. Las empresas dueñas de estos proyectos afirmaron que no serían perjudiciales para el medio ambiente ni para las comunidades, sin embargo a medida que avanzan las construcciones, las afectaciones también lo han hecho.

 

En un principio los empresarios llegaron con las manos llenas de ilusiones, augurando desarrollo y valorización del territorio; prometieron construir carreteras que, al parecer, fomentarían la conexión entre las comunidades y el área urbana, y generar empleo, para evitar que habitantes del sector se desplazaran a otras localidades. Actualmente se adelantan procesos en dos de las ocho microcentrales eléctricas que se planean construir en el municipio, Aures Bajo S.A.S E.S.P e Hidro Arma E.S.A E.S.P, ambas ubicadas en el corregimiento de Alto de Sabanas; las otras seis aún se encuentran en estudios ambientales.

Las comunidades que habitan las áreas de impacto de estos proyectos han reportado enfermedades respiratorias, daños en los cultivos y contaminación del agua, a causa de la polvareda que se extiende a través de las carreteras que comunican la vía principal con las microcentrales. Dada la topografía escarpada y pendiente del lugar, se han reportado deslizamientos sobre y en los predios de los habitantes del sector, dañando sus cultivos y viviendas. En la parte baja, a orillas del río, los deslizamientos de tierra se han llevado a su paso el bosque nativo. Además se encontró que gran parte de la tierra removida en las construcciones ha sido lanzada al río para evitar el trabajo de trasportarla a otros sectores, y aunque se sabe que el código de recursos naturales prohíbe estas prácticas, las empresas han hecho caso omiso de ello, incluso Cornare conoce el proceso, pero no ha hecho nada para evitar que se continúen vulnerando los derechos de los ríos Aures y Arma.

Carmenza Carmona, directora de la Veeduría Ciudadana Ambiental del municipio, afirma que el caso de Sonsón no ha sido aislado al de varios municipios del Oriente antioqueño ricos en fuentes hídricas y minerales, como Guatapé, San Carlos, El Retiro y San Rafael, en los que también se han construido microcentrales eléctricas. Añade que estos proyectos debilitan el tejido rural, puesto que los campesinos al cambiar su labor de campesino a obrero, abandonan el oficio que han ejercido durante generaciones. Generalmente dichos proyectos atraen gente de diferentes lugares que alteran las costumbres y economía de la región. En cuanto al medio ambiente comenta que las repercusiones serán vistas en el cambio de los ecosistemas, la disminución y contaminación del caudal del río, la deforestación y explotación minera.

Cabe traer a colación que Sonsón tiene 94 títulos mineros. Como es bien sabido, la explotación minera necesita grandes cantidades de energía como las que se pretende generar con dichas hidroeléctricas, ubicadas estratégicamente en lugares ricos en bienes naturales.

La comunidad ha acudido en repetidas ocasiones a las autoridades locales como: Cornare, la Inspección de Policía y la Personería municipal para denunciar lo que está sucediendo, sin embargo, según relatan, todos se pasan la pelota unos a otros, excusándose en que no son la autoridad pertinente para solucionar dichas problemáticas y que solo pueden recibir las quejas y enviarlas a otra oficina. Generalmente las quejas recibidas son enviadas a la sede principal de Cornare, ubicada en el municipio del Santuario, donde se han demorado tanto tiempo para responder, que la comunidad en compañía de la Veeduría Ciudadana Ambiental y el MOVETE (Movimiento social por la defensa del agua, la vida y el territorio del Oriente antioqueño), ha tenido que adelantar acciones legales como derechos de petición, comunicados y denuncias ciudadanas para que se agilicen los procesos.

Aures bajo: será que por fin le responderán a los campesinos
Como se mencionó anteriormente, la construcción de la hidroeléctrica Aures Bajo S.A.S E.S.P ha provocado varias afectaciones en el territorio. Gran parte de ellas giran en torno a las carreteras de las veredas Naranjal y La Loma que conectan la vía principal con la sede de la empresa, pues aparte de la contaminación ambiental y los daños en los cultivos y viviendas de los campesinos, se descubrió que la carretera de la loma fue construida sin ser autorizada la licencia ambiental ni comprados los predios por donde fue trazada.

En contraposición a lo anterior, la comunidad se ha manifestado durante lo que ha corrido del presente año con actos no violentos como el cierre de la carretera, denuncias en los medios de comunicación regionales y derechos de petición expedidos a Cornare.

En respuesta, el 4 y 7 de julio del presente año se reunieron los campesinos afectados, los representantes legales de la empresa, el Alcalde municipal Obed Zuluaga, Cornare, MOVETE y la Veeduría Ciudadana Ambiental para hablar de la problemática, enfatizando en cómo la empresa no había respondido por los daños y perjuicios que se han venido presentando a raíz de la construcción de la carretera. Después de entrevistar a algunos de los líderes, nos enteramos que la empresa se está reuniendo con los campesinos de manera individual para llegar a un acuerdo legal. Y en cuanto a la carretera que fue trazada ilegalmente, ya fue expedida la licencia ambiental por parte de Cornare, a pesar de las fallas estructurales y geológicas que posee.

Por Lina Álvarez - El Cuarto Mosquetero

Hace más de 60 años sus familias habitan allí, en esas fincas llenas de diversos cultivos que se distribuyen por todo el Meta; son campesinos, orgullosos de su descendencia, de los caños que surcan sus territorios y la variedad de fauna y flora. Por esto llevaban más de un año intentando interlocutar de manera pacífica con Ecopetrol, empresa que pretende desarrollar el proyecto Trogón I. Sin embargo, se vieron obligados desde hace seis meses a crear un campamento permanente para no permitir la entrada de los funcionarios. Aun así, estos desconocieron el rechazo a la extracción petrolera por parte de los habitantes Pio XII en Guamal y con apoyo de las fuerzas represivas del Estado, lograron irrumpir en sus predios.

Inició el conflicto
Todo empezó hace cuatro años, cuando Ecopetrol llegó a la vereda Pio XII intentando comprar predios. Todos son pequeños propietarios, viven de los procesos agropecuarios, quieren su territorio y por ende, rechazaron las ofertas; pero no se imaginaron que una habitante que al parecer se dedicaba a las urbanizaciones piratas y a quien se le presentaban problemas a la hora lotear el terreno (en el que en algún momento se pretendió desarrollar un proyecto de interés social), vio como salvadora a la empresa y se lo vendió. Así, esta comunidad enfrentó su primera derrota, y aunque no podría decirse que era la comunidad más organizada, desde ese momento se lo propusieron. Muchos de ellos incluso estaban impidiendo que continuara la plataforma Lorito 1 en su municipio, y tenían muy claro por qué no querían extracción de petróleo allí, por más que les dijeran que Guamal tendría más “oportunidades” laborales.

En Trogón I se buscará confirmar el potencial del bloque CPO-9 que cuenta con su respectiva licencia, sin importar que allí existe uno de los acuíferos subterráneos más grandes de la región, del cual se surten acueductos comunitarios o municipios como Castilla La Nueva y la vereda Humadea. Pero ni la riqueza hídrica que debería ser protegida como lo establece la sentencia T-652/13 respecto al derecho fundamental del agua potable, logró ser argumento suficiente para que no continuaran con el proceso de “socialización”.

En repetidas ocasiones intentaron mostrar el respaldo de la comunidad al proyecto, convocando al parecer a habitantes de los alrededores de Guamal (más no de Pio XII) para que lo aprobaran. Aunque la comunidad denunció las irregularidades, como no ser convocados, que el espacio fuera insuficiente para que todos pudieran participar, o que se respaldaran en las oportunidades laborales pero no hablaran del verdadero impacto que finalizaría con su vocación agrícola, Ecopetrol siguió avanzando, sin tener en cuenta su inconformismo.

La comunidad empezó a manifestarse
Cuando el Concejo Municipal emitió una resolución en la que cambiaba la naturaleza del uso del suelo de la vereda Pio XII que históricamente había sido de tradición agropecuaria a zona de ampliación urbana, facilitando lo planeado por Ecopetrol, la comunidad sintió desfallecer. Sin embargo, con la ventaja legal de llegar a sus predios, los habitantes de esta zona decidieron realizar un plantón permanente y pacífico para impedir el ingreso a los funcionarios. Durante más de seis meses hicieron turnos, ollas comunitarias, durmieron en hamacas bajo un improvisado techo de plástico. Su defensa parecía segura, pero la fuerza pública empezó a hacer presencia en múltiples ocasiones, ultrajándolos, amenazándolos, hasta que una madrugada llegaron con el Esmad y no pudieron enfrentarlos más.

“Llegó el Esmad, recogió todas las sillas que teníamos en la propiedad, se acomodó con los escudos y comenzó a empujar la gente”, comenta un habitante de la tercera edad quien se encontraba en el campamento, quien además denuncia que no es la primera vez que los golpean. Justamente a él, un supuesto contratista de Ecopetrol le dio un planazo en la espalda hace algunas semanas, y las denuncias fueron en vano.

Ellos no esperaban la pronta llegada Esmad, como le señaló una de las lideresas del sector a los funcionarios: “Nosotros nos comunicamos con el ingeniero Juan Naranjo y acordamos respeto (…) Nosotros somos de aquí, llevamos más de 60 años, yo creo que lo primordial es que se comuniquen con nosotros, y venir aquí a decirnos tenemos licencia pero sin dejarnos leer no es válido (…) Nosotros nos hemos leído las 300 hojas de esa licencia y sabemos que ustedes no pueden estar aquí en este momento”, ya que además esperaban que llegarían a los predios después del pronunciamiento del Tribunal frente a la acción popular que presentaron. Exponen además que ni siquiera hubo presencia de la Defensoría Pública o personal de derechos humanos.

Interpusieron la acción popular porque aparte de los múltiples derechos que les han vulnerado durante el proceso, consideran que la exploración de Trogón I es inviable: “Entendiendo que esta vereda es una zona de alto riesgo, estamos ubicados a una altura de 570 metros sobre el nivel del mar; la Licencia 466 de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales- ANLA señala en sus páginas 16 a 21 que 23 de los 29 municipios del departamento presentan riesgo a los 575 metros de altura por estar ubicados en la falla geológica de Villavicencio”, manifiesta Diego Enrique Salcedo Ladino, miembro de la comunidad. En esta falla también están los municipios de Acacías, Guamal y Cubarral que además presentan especial riesgo aún por debajo de los 575 metros, “es por esa razón que las comunidades atendiendo la precaución nos manifestamos en contra de ese proyecto”.

Por ahora siguen organizándose, cuentan con el apoyo del movimiento ambiental y se apoyan entre ellos para no caer en la desesperanza; Ecopetrol con el apoyo del Esmad continúa entrando maquinaria y los elementos necesarios para llevar a cabo el proyecto. Ya perdieron la ilusión de recibir ayuda del Alcalde, pues en múltiples ocasiones intentaron hablar con él, pero este no se ha interesado en apoyarlos. La solución pacífica al problema que les está representando el proyecto Trogón I, les ha traído represión por parte del Esmad, militarización de la zona, incluso consideran una falta de respeto que los soldados estén acampando en las inmediaciones del colegio.

Todavía realizan turnos las 24 horas, diferentes actividades para fortalecer el tejido social, como jornadas lúdicas, cine plantón, compartires, y en general procesos para culturalizar y entender la problemática que están viviendo y la importancia de resistir: “Nosotros estamos hasta el final, porque estamos luchando por una causa justa; por el agua, por la vida y por el medio ambiente, entonces seguiremos aquí, a pesar del abuso de las autoridades municipales y departamentales seguiremos ahí, en la lucha, hasta que mi diosito nos dé fuerzas”, comentan los habitantes de esta vereda.

Jueves, 07 Septiembre 2017 00:00

Una visita al abuelo Macuna

Desde los cielos del Amazonas, la selva extensa y densa llamaba nuestra expectativa a un nuevo territorio colombiano por conocer.

El tiempo esperado se acercaba y luego de estar durante días en el municipio de Leticia, el calor producía el intenso sudor de siempre, las aves nos despertaban dulcemente de la misma forma que siete días atrás. Era martes 11 de julio de 2017. A las 10:00 a.m. tomamos un Tuk Tuk (moto-carro) hacia el kilómetro 11, y media hora después iniciamos el recorrido entre la selva amazónica, caminando por un sedero entre árboles nativos; algunos mochileros, loros y oropéndolas nos escoltaban hacia el lugar. Allí estaba, después de atravesar el último puente, una gran Maloca.

Un hombre de piel oscura y gruesa nos sonreía, nos invitaba a pasar y a tomar un descanso antes de iniciar. Él regresaba de su trabajo en la chagra (el lugar del cultivo); sudando se quitó la camisa para arreglarse. Nosotros lo saludamos y le pasamos un paquete con algunas cosas que le ofrecimos por su recibimiento: fariña (harina gruesa a base de yuca), café colombiano y azúcar.

Sin saber nada aún sobre lo que iba a pasar, sentía que al lugar le faltaba algo. Mientras Gustavo se refrescaba y se ponía con delicadeza uno a uno sus collares con piedras, semillas y colmillos, yo me preguntaba internamente, ¿dónde está su esposa?, ¿dónde están su hijos?, ¿no hay otro Macuna más? Sólo lo acompañaba un señor que lo ayudaba en sus labores y que mientras nosotros esperábamos el encuentro más cercano con Gustavo, llegaba con leña y la comenzaba a ubicar en lo que parecía ser la cocina del lugar. Esta estaba ubicada dentro de la Maloca hacia una esquina; en la otra esquina había una especie de altillo que parecía ser el lugar donde alguien dormía. Por dentro la Maloca era muy amplia, un comedor largo de madera dividía el lugar, allí nos sentamos; a un lado colgaban varias hamacas en la que por algo de dinero podíamos pasar la noche. El lugar estaba impregnado de tranquilidad y buena energía, y nosotros de ansiedad por descubrir lo que se escondía tras este hombre; habíamos llegado allí por la necesidad de conocer mundos ocultos y olvidados de la periferia de nuestro territorio colombiano, y aquí estábamos, pacientemente esperando.

Gustavo Salgado se sentó más allá del comedor de madera y mientras acomodaba a su lado una máscara, unos recipientes y otros elementos de su cultura, nos invitó a sentarnos frente a él en unos troncos de madera firme; nos recibió en su casa que no llama Maloca sino casa del abuelo “Ukuabiri” en lengua Macuna, que significa: la casa que construyen los abuelos con mucha sapiencia y espiritualidad para organizar a su comunidad; eso nos dice después de ponernos a deletrear la palabra “Ukuabiri” lentamente frente a la grabación de la cámara de nuestros celulares. Cuenta que a partir de sus siete años de edad se empoderó de sus ideas, que hacen parte de una cultura ancestral guiada por su madre, padre y abuelo a quienes menciona constantemente con respeto y admiración; ideas que hoy nos cuenta para mantener viva su cultura que poco a poco se ha ido extinguiendo.

Tal vez Gustavo sea el último abuelo de este lugar, sus hijos y sus nietos no quieren continuar sus tradiciones; la contaminación del hombre blanco ha hecho desviar sus caminos hacia un mundo civilizado “entre trago, mujeres y tecnología”, nos dice. En este momento se respondieron mis preguntas sobre la ausencia de las otras personas; él ya no hace parte de un resguardo indígena, y cuenta que aquí sólo vive junto con cinco personas más. Insiste que el mundo de hoy está perdido: “no sabemos a quién creerle, no sabemos para dónde vamos, quién nos está engañando a nosotros”, repite, por eso Gustavo viene “a compartir con el mundo entero”.

Hoy a sus 66 años de edad transmite con cariño, sabiduría y espiritualidad solo unos puntos de esta muy grande y dinámica historia. Su cultura viene de la orilla del río Amazonas y otros lugares que atraviesan los ríos Comeña, Pirá, Apaporis, Mirití-Paraná, Caquetá, Putumayo, San Rafael y La Chorrera. Él explica que el ser humano de donde quiera que venga debe tener claro cuatro ideas o principios para la existencia de la vida:

Herencia
La herencia es la sangre de nosotros, es totalmente intangible y se teje entre el trabajo de toda una comunidad; una herencia que se multiplica y se forma. “Multiplicar y formar”, repetía con constancia. Según Gustavo, la sangre nos mantiene vivos y sanos. Y si la herencia es la sangre, la existencia de las comunidades indígenas depende de la conservación de esa herencia.

Trabajo
Gustavo dice: “El mundo entero no está hablando de trabajo, habla mucho chéchere y le hace falta trabajo”.
Un trabajo sin ganancia económica que no necesitaba ninguna forma de comercio. Un trabajo vinculado al campo, a la construcción y el fortalecimiento de una comunidad. Gustavo nos contó que antes no tenían las herramientas que tenemos ahora, no había machetes, ni palas, pero sí mucha fuerza física, el trabajo era de la casa a la chagra y de la chagra a la casa. El trabajo es hacer la casa, sembrar y organizar la comida, sin distracciones, ni pagos que hacer, ni ocupaciones banales que alejan al ser humano de la naturaleza. Enfoca su principio en no manejar ideas ajenas, y lo repetía con voz de consejo durante su charla.

Comunicación
“Hay que mejorar la oración y mejorar el habla”, recalca Gustavo. Con sus palabras Gustavo nos enseña que la comunicación es respeto, es mantener una conexión transparente con la persona que miras, sonríes, compartes y vives. Él nos cuenta que existían las bancas de oración para la comunicación de sus abuelos y padre con la espiritualidad. Dice que el habla es poderosa y por eso hay que hablar bonito, no pronunciar palabras que traigan una espiritualidad negativa.

Sudor de los amigos
Es trabajo en equipo pensando en todos. Gustavo nos cuenta que durante la construcción de su “Ukuabiri” fue importante hacer las bases fuertes para evitar accidentes que pudieran afectar al otro. El sudor de los amigos es tener claro que no trabajamos solos y que construimos con todos un mundo para todos. “Blanco al indígena y el indígena al blanco, cuando el blanco no puede, el indígena puede y cuando el indígena no puede el blanco puede. Todos somos hermanos”, decía manifestando un mensaje de paz.

Gustavo hoy transmite su cultura para que sea sentida en unas pocas horas. Pero es imposible apropiarse de ella en tan poco tiempo, por lo que hay mucho que heredar aún. De Gustavo heredemos el amor al trabajo, la buena comunicación con nuestro entorno, la capacidad de valorar el sudor de los amigos trabajando en equipo, sonriendo siempre como sonríe él.

Jueves, 31 Agosto 2017 00:00

La loma también es Cali

Por Isabel Campos

Cali, una ciudad enorgullecida de su salsa, de su ritmo y de su valle, alberga un lugar que contradice ese dicho popular que resuena en las canciones y en las voces de muchos de sus habitantes, y que dice “Cali es Cali y lo demás es loma”. Se trata de Siloé, como es conocida la Comuna 20 de esta ciudad, una montaña mágica, un lugar en la ladera en donde se escuchan historias de conflicto, pero también de organización y resistencia. La loma también es Cali, y quienes la habitan se esfuerzan por cambiar el rumbo de su historia.

Nace un barrio
Elizabeth Álvarez ha dedicado sus años a servirle a la comunidad. Vive en el sector de Pueblo Joven, tiene 62 años, y sueña ver su barrio convertido en un lugar donde los niños y jóvenes puedan vivir dignamente. A borde de carretera tiene su puesto con venta de minutos, cigarrillos y dulces, también en su casa una pequeña tienda donde vende helados y productos varios. Recuerda con aprecio pero también con nostalgia su infancia en esta ladera. Allí llegó con sus padres a los ocho meses de nacida, cuando decidieron asentarse en uno de los terrenos de lo que hoy se conoce como Tierra Blanca.

Para esa época, Siloé apenas empezaba a poblarse. Aunque desde 1907 se asentaron los primeros pobladores, mineros provenientes de Marmato, fue en 1948, luego de la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, cuando muchos desplazados por la violencia llegaron a construir en la loma. Igual ocurrió en 1954 luego del golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla. Por eso cuando doña Elizabeth llegó a este lugar, los asentamientos aunque precarios, ya tomaban forma y dinámica.
Cuenta ella que “nos tocaba cargar el agua desde la parte baja hasta la parte de arriba, la remesa nos tocaba cargarla en caballo. Y para poder sobrevivir teníamos que trabajar en el Centro. La niñez fue muy dura. La carretera era toda destapada; cuando llovía, la gente que subía en las 'gualas' (jeeps) tenía que subirse a pie, porque los carros se devolvían por el barrizal que se hacía”.

El ingenio y la necesidad de los habitantes fueron fundamentales para construir el barrio. Según David Gómez, historiador popular y líder comunitario de Siloé, en 1971, a raíz de los Juegos Panamericanos, Cali se convirtió en una metrópoli. Entonces a la ciudad llegaron con comercio pobladores de Cauca y Nariño, los cuales se asentaron posteriormente en esta ladera, dando paso a una nueva generación de habitantes que persiste hasta ahora. Por eso, como cuenta Elizabeth, no es casualidad encontrar que los rasgos de la mayor parte de la población sean caucanos.

Una lucha por el territorio con distintas caras
Asentarse y construir en la ladera es y ha sido un ejercicio mismo de resistencia. Aunque las administraciones municipales nombran este como un lugar de invasión, para David Gómez habitar la ladera es recuperar el territorio que fue arrebatado desde la época de los ancestros. Algunos barrios de esta comuna, como Belén, albergan esa rebeldía; la Anapo y el Partido Comunista fueron partícipes en esta construcción. Por eso David cuenta con orgullo que hoy en Siloé, luego de 60 años, el Monumento en contra de la opresión y en memoria a los estudiantes caídos el 8 y 9 de junio de 1954, durante la dictadura de Rojas Pinilla, se mantiene erguido y como un legado de esas épocas.

“Después de todo esto, en la década del 80, el M-19 llegó al territorio. Este fue el primer grupo que visibilizó a Siloé, aunque dejaron un legado de autoridad. Antes de ellos el barrio era más estigmatizado, pero ellos por ejemplo hicieron negociaciones para que el carro recolector de basuras recogiera los residuos que quedaban a cielo abierto, causando la muerte de muchos niños”, cuenta David, haciendo referencia al momento en que la lucha por el territorio empezó a tener otros matices.
El M-19 logró desarrollar un trabajo de organización barrial que tenía como fin la conquista de los derechos. Cuando lograron un acuerdo de paz con el Gobierno nacional, algunos de sus fusiles quedaron en el territorio, lo que, sumado a la instrucción militar que les dieron a muchos jóvenes, hizo que una confrontación de otro tipo se consolidara. Tomaron fuerza las pandillas y grupos ilegales de jóvenes, influenciados en mayor medida por “la penetración de la televisión con modelos norteamericanos de películas violentas entre pandillas”, explica David.

Estos grupos se enfrentaron para “defender” un pedazo de terreno, y “la comunidad llegó a necesitar maquiavélicamente de ellos para controlar el territorio y defenderse de los otros combos. Ahora, el enfrentamiento se da porque los mafiosos están convirtiendo las pandillas en bandas del crimen, y eso causa un problema mucho más complejo”, puntualiza Gómez mientras explica que la violencia se va volviendo cotidiana, y que seguirá mientras no haya salidas de educación y empleo.

Semillas que van creciendo
La marginalidad, la pobreza, y otros tantos problemas a los que deben enfrentarse estas comunidades que habitan la ladera, han generado que muchos de estos conflictos se arraiguen. David piensa que la rebeldía en los jóvenes ya no es la misma, pero cree que hay posibilidades desde el arte y la cultura para mantener viva la lucha y la esperanza de cambio. Por lo mismo, para no dejar desfallecer la memoria, David sostiene con esfuerzo el Museo Popular de Siloé, una casa llena de objetos, recuerdos e historias, con las cuales ha reconstruido minuciosamente la historia de esta Comuna y que ha servido para que muchos, desde los más pequeños hasta los más grandes, se empoderen de este, su territorio.

En Siloé el espacio público es casi inexistente. 11 centímetros por habitante, cuando la media en Cali es de cinco metros, es equivalente a un hacinamiento que, en medio del sol y los pocos árboles, sofoca. Sin embargo, los mismos jóvenes de esta ladera se han dispuesto no a reclamarlo, sino a construirlo. En Pueblo Joven, por ejemplo, varios jóvenes que crecieron con el rigor del conflicto, se agruparon para recuperar un territorio anteriormente controlado y perteneciente a los carabineros. Allí fundaron el Parque Ecológico Los Guayabales, un sendero en el que siembran plantas, recuperan árboles, reciclan y reutilizan los residuos sólidos. Tienen nueve comités y trabajan de manera autónoma y por medio de la autogestión; con el reciclaje que venden compran la tierra abonada, o papeles para publicidad con mensajes dirigidos a la comunidad. Jhon Caicedo, uno de los jóvenes impulsores de esta propuesta manifiesta con firmeza que “este es un territorio de paz, un territorio que ha roto fronteras. Esta es una propuesta de la misma comunidad, y no queremos que vengan empresas a tirar sobrados. Nos sirven las ayudas, pero no que vengan a invertir”.

En la parte baja del sendero, y a pocos metros de las últimas casas del sector, están las canchas de deporte que creó la misma comunidad sobre lo que antes era un basurero. Allí han logrado encontrarse alrededor del fútbol, lo que ha permitido que jóvenes de diferentes sectores, que antes tuvieron conflictos entre sí, lleguen para compartir. “A pesar que no hay donde sentarse, esto se llena”, cuenta esperanzado Jhon, porque sabe que con ello contribuyen a que el “conflicto de balas” se acabe. Habitar el espacio público y generar otro entorno es su apuesta de transformación. Ese es el legado que quieren dejarle a los más pequeños, esa es la semilla que están sembrando y que esperan pronto ver nacer y dar frutos.

Por José Antonio Gutiérrez D.

Bajando desde Micoahumado, camino hacia la cabecera municipal de Morales, Sur de Bolívar, hay un complejo ecosistema donde se encuentran las lomas de la Serranía de San Lucas con una sabana donde el tórrido aire se siente aplastante, y con la ciénaga, donde en sus cálidas aguas babillas y manatíes coexisten con infinidad de peces en las épocas de desove. En esta región se encuentra una de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) más antigua de la región, la de Arenal y Morales, creada por una resolución el 24 de junio de 1999 y desarrollada con un importante impulso del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

Esta ZRC, de 29.100 hectáreas como todas las que hay en el país, se creó en el marco de marchas y protestas campesinas en la región, según cuenta Víctor Campos, presidente de la ZRC, “durante una protesta en San Pablo, en 1996, ahí surgió la propuesta”. Hasta ese momento, la región era considerada Zona de Reserva Forestal, por lo cual los campesinos no tenían propiedad de la tierra. Los principales productos de la ZRC son arroz, yuca, plátano, maíz y pequeña ganadería. Todo es a pequeña escala: los arroceros más grandes no pasan de las 20 hectáreas; el promedio son dos o tres hectáreas. Los ganaderos tienen entre 30 y 50 vacas.

Pero una de las actividades más importantes en la región es la pesca. Existe en la región un complejo cenagoso compuesto por Simoa, Confín, Morrocoy, Manatí, San Rafael y Paredes, parte del cual se encuentra en la ZRC y está siendo amenazado por distintas actividades humanas. Un ejemplo puede ilustrar la problemática. Hace unos siete años se secó la ciénaga de Morales: para hacer caminos carreteables y para evitar inundaciones, fueron construyendo muros y puentes de relleno con los cuales bloquearon los caños que irrigaban la ciénaga. En gran medida han sido responsables de esto los ganaderos y políticos de Morales, que cercaron la ciénaga para utilizarla como pastizales para las vacas. Esto ha sido posible porque desde hace décadas el INCORA (luego INCODER, ahora ANT) entrega títulos a los ganaderos sobre los playones.

La ciénaga de Morales está sedimentada, y allí están sembrando palma aceitera, la cual succiona, cada una, unos 30 litros de agua al día. Estos terrenos luego son cercados y a veces protegidos con seguridad privada. Debido a esto, la ciénaga se ha secado, y los pescadores que antes pescaban allí se han ido para la ciénaga de Simoa, lo que genera una gran sobreexplotación. Los pescadores que llegan de Morales son unos 60, mientras que de Simoíta apenas son unos 15 pescadores, y de Simoa son apenas unos 10. Esta situación se ha vuelto insostenible y demanda, según Campos, todo un re-ordenamiento territorial.

Como consecuencia, el 16 de enero del 2016, guerrilleros del Frente Luis José Solano Sepúlveda del Ejército de Liberación Nacional (ELN) retuvieron a 15 pescadores en la ciénaga de Simoa mientras estaban realizando sus labores de pesca con transmayos. A las 36 horas los dejaron en libertad, pero un par de veces volvieron a tomar acción destruyendo los transmayos. En un reciente comunicado de este frente, aclaran que “conocedores (…) de la labor que ustedes desempeñan para sacar la alimentación para sus familias, (…) ustedes (…) están causando un daño muy grande al medio ambiente porque están haciendo una pesca destructora (…) por esa razón nos ha tocado actuar con algunos reteniéndolos y destruyendo los transmayos; tenemos conocimiento que se están organizando para hacer una pesca adecuada, nos parece que ese debe ser el camino correcto, respetar las normas de pesca. En ningún momento hemos prohibido la pesca, lo que sí estamos en contra es del método que están utilizando y mientras ustedes no piensen en el futuro de sus hijos y nietos (…) vamos a estar muy vigilantes y cuando ustedes no cumplan nos toca actuar porque nosotros no compartimos el daño que ustedes hacen con coger un pescado y matar dos para botarlo”.

Para evitar nuevos incidentes, parte de la población ha tomado la iniciativa, como se menciona en el comunicado. Se han puesto ciertas regulaciones sobre la pesca: la malla del transmayo con la que permiten pescar debe ser de 320 en adelante, una malla grande, para que no atrape al pescado pequeño. Cada canoa no puede llevar un transmayo de más de cuatro kilos. Los pescadores comerciales pueden pescar solamente de lunes a viernes, quedando esta práctica estrictamente vedada los fines de semana, aunque sí se permite la pesca para el consumo familiar. Se pueden instalar las redes solamente desde las 2pm en adelante. La caza del manatí y del caimán queda terminantemente prohibida. La comunidad se encarga de que haya gente de ellos mismos vigilando que esta normativa se cumpla. Al que no cumple con las medidas de las mallas, se les queman. Si reincide o si caza, se le prohíbe el ingreso a la ciénaga.

Pero si bien las regulaciones están ayudando a un manejo más sostenible de la pesca, los pobladores que dependen de la ciénaga para su subsistencia son concientes de la necesidad de desarrollar alternativas económicas, pues la pesca tiene solamente una temporada de dos a tres meses en la cual se puede desarrollar. Ya han presentado algunas propuestas a la alcaldía de Morales y están a la espera de una respuesta por parte de las autoridades. Sin embargo, es en este punto que se encuentran con el más grande obstáculo: la falta de organización de la comunidad. Como lo reconoce la vicepresidenta de la ZRC, Melina del Real, “no se ha logrado un acuerdo comunitario para hacer la actividad en la ciénaga sostenible, en buena medida, porque las asociaciones de pescadores son inexistentes”.

La necesidad de proteger la ciénaga de la sobreexplotación tras el incidente con los elenos, ha llevado a que comiencen a darse los primeros rudimentos de organización, muy incipiente e informal, que está sirviendo tanto para regular la actividad, como para contribuir a una mayor educación sobre la necesidad de proteger este ecosistema único. Recientemente, 57 organizaciones comunitarias domiciliadas dentro de la ZRC se han agrupado en una figura llamada Azocamsur (Asociación de la Zona Campesina de Morales y Arenal, Sur de Bolívar), la cual reúne a Juntas de Acción Comunal, de mujeres, cooperativas, agropecuarias, de víctimas, de transporte. Los grandes ausentes son los pescadores. Esta asociación, fundada en diciembre del 2016, busca fortalecer las organizaciones sociales, interlocutar con las instituciones e implementar un plan de desarrollo propio sostenible para la ZRC. Este espacio también se relaciona con otros procesos organizativos en el Sur de Bolívar: con Fedeagromisbol y también con las asociaciones de Micoahumado, territorio que se define como agroalimentario.

Nos comenta Melina que “la idea es poder ampliar la ZRC a Micoahumado y hacerla lo más incluyente posible. Porque no podemos permitir que cosas políticas nos afecten, ya que la ZRC es una figura que nos permite la permanencia en el territorio. No estamos todavía en ANZORC, pero estamos ya articulando trabajos. Desde nuestra perspectiva, ANZORC es una asociación nacional que agrupa a ZRC, esto debe ir más allá de los espacios hoy alineados con Marcha Patriótica o con el Congreso de los Pueblos, hay que buscar la unidad. Como ZRC debemos vencer prevenciones para no quedar desarticulados de lo que pasa en el país”. El desafío es grande, pero posible. De la misma manera que la ZRC es una garantía para la permanencia del campesinado en el territorio, debe ser también un mecanismo para la preservación del medio ambiente y la producción sostenible. La preservación del complejo cenagoso del Sur de Bolívar y de esta cultura anfibia parece depender de estos esfuerzos.

Jueves, 31 Agosto 2017 00:00

Al militante desaparecido

Por Pablo Oviedo

Hoy a más de 20 años las murallas, el barrio Getsemaní y hasta la refrescante brisa marina siente tu ausencia y todavía te extraña. Todavía la heroica llora tu partida, por tu explosiva risa fiestera al momento de sonreír y por robarle las alegrías a la vida. Tú, maduro, seguro y sereno, humilde y de alma noble, el más luchador, el más fraterno y  revolucionario. Así eras, así eres Alonso, así te añora tu Cartagena del alma.

Eras ese muchacho moreno, de gafas redondas que trataba de cambiar el rumbo de la historia como muchos en Colombia,  tus únicas armas siempre fueron tu conciencia,  tus ideales y la fuerza de tu palabra, del debate, tus ideales, tus sueños. Le brindaste la mano al que lo necesitaba. Es así como te recordamos los que tuvimos la oportunidad y la dicha de conocerte, hermano.

No esperábamos que ese 15 de enero de 1996 salieras a cumplirle una cita a la muerte, luego de recibir una llamada y salir de la pensión en el barrio Getsemaní donde habitabas.  Fue el último día que te vimos con vida. Saldrías para nunca más regresar.  Nueve días después, el 24 de enero, tus restos fueron encontrados en una bolsa plástica en la bahía de Cartagena, Bolívar. Paramilitares te cortaron las manos y la parte baja de tu abdomen y luego te ejecutaron, a ti, estudiante de filosofía en la Universidad de Cartagena, a ti, Alonso Corrales Hernández, profesor también de ciencias sociales en el colegio INESI y uno de los fundadores de la Asamblea Nacional de Estudiantes Universitarios (ANEU), además  dirigente de la Juventud Comunista (JUCO) y la Unión Patriótica UP, ex integrante del Consejo Estudiantil de la Universidad de Cartagena.

Sigue en la más completa impunidad tu vil y cobarde asesinato a manos de un estado paramilitar, torturador y asesino. Se equivocaron los que te mataron porque no te enterramos: te sembramos, y a más de dos décadas sigues germinando en nuestros corazones y en  cada revolucionario que existe; seguimos con tus banderas adelante cambiando las cosas con la fuerza de la razón. Hoy en día en la universidad de Cartagena existe el centro de estudios políticos y filosófico Alonso Corrales Hernández. Gracias hermano, camarada, compañero, por tu ejemplo. Hoy sigues vivo. Representas también a las miles de víctimas de crímenes de Estado. Tu único pecado era “ser un soñador”.

Por Corporación Claretiana Norman Perez Bello

Los Indígenas Kubeo-Sikuani que retornaron desde el 2015 a la inspección de El Porvenir en el municipio de Puerto Gaitán, Meta, fueron nuevamente amenazados por resistir en sus territorios ancestrales.

La Corporación Claretiana Norman Pérez Bello (CCNPB), organización defensora de Derechos Humanos y acompañante de esta comunidad indígena, denunció que el pasado lunes 28 de agosto de 2017 el encargado de custodiar “Matarredonda”, una gran porción de tierras invadida por personas de la familia Sierra, en los predios de El Porvenir (Puerto Gaitán), se dirigió a la casa del  Gobernador Kubeo- Sikuani, Mauro Chipiaje para “prevenirlos” de que “en horas de la noche de hoy (28 de agosto), llegarían hombres armados en motos y carros para desplazar a toda la comunidad de los predios donde viven actualmente y que él venía a informarles para evitar una MASACRE”, relata dicha Corporación en una Acción Urgente.

Al día de hoy no hay claridad sobre los autores de la amenaza, sin embargo, en la región vienen operando desde 2010 grupos armados que se identifican como Águilas Negras, El Clan Úsuga, Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, La Empresa, entre otros. Pero estos actos no son nuevos en El Porvenir; tanto indígenas como campesinos han sido constantemente amenazados y perseguidos.

Entre el año 2014 y 2015 fueron asesinadas cinco personas y amenazados varios líderes de la vereda Matarratón y El Porvenir, ocasionando el desplazamiento de uno de ellos.En agosto de 2016 fueron desplazadas por lo menos nueve personas, quienes habían sido llevadas para invadir tierras. Estas sufrieron un atentado con arma de fuego y tuvieron que esconderse varios días en los bosques y casas de campesinos para evitar ser asesinadas.

Estos hechos y otros se han denunciado públicamente y ante las autoridades nacionales competentes como la Fiscalía General de la Nación, Procuraduría General de la Nación, Ministerios y a la comunidad internacional. Actualmente la CCNPB está gestionando reuniones entre las comunidades indígenas y las instituciones con el fin de preservar la seguridad y la defensa de la vida. No obstante, el pueblo Kubeo-Sikuani se siente inseguro y sin ninguna garantía de permanecer en el territorio.

Medios de comunicación y periodistas nos dimos cita en Quito (Ecuador) en el marco del Encuentro Internacional 'Periodismo que Transforma', organizado por la Federación Internacional de Prensa de los Pueblos (FIPU), para discutir sobre el aporte de los medios de comunicación a la construcción de la paz de Colombia y conocer los avances y dificultades que afronta el proceso de paz entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Hacemos un llamado a las partes para que adelanten acciones de desescalamiento del conflicto y construcción de confianzas, y en gesto de voluntad de paz en el marco de la visita del Papa Francisco a Colombia, se firme un cese al fuego bilateral como acto humanitario en favor de la vida y que mejorará sustancialmente las condiciones para continuar el proceso de paz.

 

De igual manera, en respuesta a la carta abierta de la delegación de paz del ELN, enviada al Encuentro, reconocemos como un hecho positivo que se propongan espacios de discusión futuros sobre el quehacer de los medios de comunicación en la construcción de la paz y reafirmamos nuestra disposición a trabajar en ese sentido.

 

Ciudad de Quito, agosto 20 de 2017

Medios firmantes: Con la Oreja Roja | contravia.tv | Análisis Urbano | Revista Hekatombe | Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP) | Periferia Prensa Alternativa | Contagio Radio | Revista Generación Paz | La Plena - Prensa Alternativa y Popular del Caribe | Revista Lanzas y Letras | La Barra Espaciadora | ZonaPública | Trochando Sin Fornteras | Federación Internacional de Prensa de los Pueblos (FIPU)


Foto: Gustavo Montoya

Viernes, 11 Agosto 2017 00:00

En lo alto de Soacha le cantan a la paz

Por: Elizabeth Otálvaro

Fotografías: Víctor Calixto y Asociación Codo a Codo

 El municipio de Soacha, Cundinamarca, afronta una fuerte situación de vulneración de derechos humanos. En lo que va corrido del año se suman 19 hechos violentos, registrados por el CINEP, que preocupan y alertan a sus habitantes. La presencia de los grupos armados ha cultivado el miedo, pero, ante este contexto, también hay líderes que hacen del trabajo comunitario y de la música una forma clara de resistencia.

 

Un límite difuso entre lo rural y urbano se traza a 40 minutos a pie desde el parque principal de Soacha hasta el cerro El Esparto, donde se levantan dispersas las casas que forman el barrio Altos de la Florida. Pero ni las facilidades de lo urbano ni la tranquilidad de lo rural son dueñas de la cotidianidad de los habitantes de esta fracción de la Comuna 6 del municipio de Soacha, quienes desde que este cerro comenzó a poblarse –a principios de la década de 1990–, han visto como las problemáticas de la informalidad son la ley.

Al recorrer las calles que van cicatrizando la montaña, cada vez más y con más fuerza al ritmo de un excesivo crecimiento poblacional, y al escuchar las voces de sus líderes, quedan claras las principales angustias de los habitantes del territorio que a sus espaldas tiene la grandeza del Sumapaz. La inseguridad, la drogadicción, la frecuencia de los homicidios, la mal llamada “limpieza social” y el problema de la titulación de predios a manos de los “tierreros” –personas que se apropian de porciones de tierra para luego estafar a otros–, son algunas de las situaciones por las que se reclama atención a esta comunidad.

Por ello, casi entre susurros y con el miedo como velo, se manifiesta la preocupación de sus habitantes al ver como en los últimos meses se viene agravando la situación de violencia. Lo que ocurre en Altos de la Florida no está lejos de las complejidades vividas por otros sectores del municipio de Soacha; tan solo para lo transcurrido en el 2017, el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) registra 19 casos de violación a los derechos humanos.

Estas acciones tienen unos presuntos responsables y responden a intereses macro que reconocen la ubicación estratégica de este lugar, pues es la conexión de la capital con buena parte del sur del país. De acuerdo con el informe de la Defensoría del Pueblo del 30 de marzo de 2017, “para el municipio de Soacha, presuntos grupos armados autodenominados Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) han ampliado el control territorial en aquellas zonas donde pretenden manejar los circuitos asociados al tráfico de sustancias psicoactivas”.

El informe agrega que las vulneraciones a la dignidad humana derivadas de la presencia de estos actores no han sido ejecutadas de forma aislada ni independiente; al contrario, se asocian con el accionar de bandas y grupos delincuenciales locales. “Las autodenominadas Águilas Negras presuntamente hacen presencia en seis comunas de Soacha […], podrían estar inmersas en una oferta de servicios que puede ser conveniente para una estructura con mayor grado de organización a nivel nacional como las AGC, en la medida en que facilita su hegemonía sobre los circuitos locales y regionales de actividades ilegales, sin llamar la atención directa de las autoridades sobre su posible responsabilidad en actos delictivos”, explica la Defensoría del Pueblo.

Esta situación, que parece escalar con el tiempo, no es una extrañeza para quienes habitan el barrio Altos de la Florida, es su cotidianidad; sin embargo, no por esto esperan normalizar la vulneración a su dignidad. Este panorama evidencia como a pocos minutos al sur de Bogotá hay quienes aun no ven hecha realidad aquella promesa de una paz con justicia social.

Altos de la Florida: un ejemplo de cómo resistir a través de la música y el encuentro con el otro
Cuando cae la noche y como si se tratara de luciérnagas, se ven las luces en la colina sobre la que se levanta Altos de la Florida; las mismas que, después de algunas acciones organizativas se lograron encender en el año 2000. Y es que la espontaneidad que no conoce planes de ordenamiento y que, por demás, se derivó de los desplazamientos del conflicto armado colombiano, permitió el asentamiento informal de las familias que conforman los cuatro sectores de este barrio, quienes aun hoy siguen librando la lucha por el acceso a los servicios públicos básicos: al agua, por ejemplo, que solo llega en carrotanque y en ocasiones puede tardar semanas en hacerlo.

En medio de tal oscuridad, también hay otras luciérnagas; asoman una vez se pisa el barrio. Son algunos jóvenes que se resisten al miedo con el que han convivido desde que Altos de la Florida es para los grupos armados y las bandas delincuenciales el escenario ideal. Han visto morir a sus amigos, han crecido escuchando el sonido de las balas y aun así han decidido hacer de la música la trinchera contra un futuro que, a simple vista, no parece muy prometedor en este rincón de Soacha.

MaicolOrtíz es uno de esos jóvenes que usa su guitarra contra el miedo. Él hace parte de los voluntarios de la Asociación Codo a Codo que se dedican a formar niños y niñas en el programa de musicalidad ofrecido por la fundación. “No hay que temer, hay que decirles ‘hey, aquí estamos un grupo de personas que queremos lo mejor para el barrio’”, dice al referirse a actividades que Codo a Codo y organizaciones como Kairós, Fe y Alegría, la Casa Pastoral y el Servicio Jesuita a Refugiados, convocan y lideran.

Una muestra del poder de lo colectivo y del arte se dio cita el último sábado de julio en Altos de la Florida. El Servicio Jesuita a Refugiados (SRJ) invitó alrededor de 30 niños, niñas y jóvenes con distintos talentos musicales para que se presentaran en el festival artístico y cultural “Cultura de paz y reconciliación”, instalado justo al lado del “Árbol del amor”, un roble icónico no solo para los habitantes de la comuna sino para todos los soachunos.

El encuentro tuvo el objetivo claro de integrar a la población. En palabras de Maryi Marroquí, integrante del SRJ, “se logró mostrar cómo la cultura, la música, el arte, el baile, empiezan a movilizar masas para contribuir a la transformación social”, para ella el sentido de agrupar diferentes esfuerzos y esperanzas se agranda si se recuerda que el país entero camina hacia un escenario de reconciliación y que para ello es preciso comenzar por encontrarse con el vecino, con el otro.

Ritmos urbanos, africanos, andinos, canciones infantiles y baladas románticas se escucharon en una tarde en la que no fue precisamente el miedo el invasor. Los juegos, el compartir y, por supuesto, la música sirvieron de excusa para reunir a un estimado de 50 personas de la comunidad, entre ellas los integrantes de las organizaciones sociales presentes en el territorio y otros invitados interesados en acompañar los procesos comunitarios que allí se gestan, como es el caso de la Corporación Nysqua: Semillas de Justicia y Dignidad, un colectivo interdisciplinar de profesionales enfocado en la defensa de los derechos fundamentales de la población más vulnerable.

“Me pareció que el evento fue importante porque nos permitió un acercamiento personal, es decir, en nuestra formación jurídica siempre nos enseñan a ver el problema, pero se nos olvida la parte humana o sencillamente uno la refunde entre todo el trámite y los papeles. Ese evento nos permitió conocer a fondo las personas por las cuales vamos a iniciar procesos o lo que haya que hacer por ellos”, manifiesta Andrea Angulo, abogada e integrante de la Corporación Nysqua.

Pero todo esto tiene un origen en aquellos que creen en la juventud y en el arte. “La importancia que tiene la formación musical con los niños de Soacha y en el barrio en particular es arrancarnos un poquitico de esos problemas tan fuertes a nivel social. Sabemos que estos niños constantemente están influenciados por problemas de seguridad, pandillismo, microtráfico, así que la música siempre va a rescatar vidas”, esta es la opinión que comparte Ricardo Londoño, coordinador del programa de musicalidad de la Asociación Codo a Codo.

Es entonces así como la identidad por el territorio está enraizada en esos jóvenes que caminan y viven las calles de Altos de la Florida, MaicolOrtíz es uno de ellos. Ante las problemáticas no es ingenuo, pero en sus ojos, en sus palabras y en su canto está la fuerza de la juventud y la esperanza que no se desvanece con la violencia. “Los buenos en el barrio somos más”, dice con plena contundencia y sabe que así como a él, a aquellos niños y niñas que forma a través de la música, el arte los puede salvar.

 

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