Edición 49 - Marzo 2010

ADOPTA UN PRESO POLÍTICO

 

 

ADOPTA UN PRESO POLÍTICO

 

Privar de la libertad a cualquier ser humano es someterlo a un castigo terrible, pero quitarle la libertad a un revolucionario es como quitarle la vida, es como enjaular a un ave. Nada más doloroso que encarcelar a quien lucha por la libertad de todos.

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Música y lucha por la tierra

xiste, no solo en Colombia sino en casi todo el resto del mundo, excepto algunos contados y dignos países, un problema que sigue siendo estructural y que explica la agudización permanente de esta situación de desigualdad. Con el surgimiento de la propiedad privada, surge también la acumulación y la desigualdad. Esto lo retrata muy bien un grupo que recientemente nos canta “No pase, no siga sin ser autorizado/ Que este terreno ya ha sido comprado/ No se sabe/ quién le compro a quién,/En todo caso lo partió muy bien./ Ya no puedo pasar, ya no puedo hacer nada ¡Ahora todo es propiedad privada!/ Y si me paso, las fronteras /nacionales/ Doblemente y con lesiones personales me devuelven/ Porque no soy de allá pero tampoco de acá,/ Porque la tierra, ya esta vendida, por unos cuantos que la tienen dividida…” (Para todos todo. Dr krapula. Bombea. 2005)

Ya larga es la historia de las luchas en Colombia por la tierra. Desde el siglo XIX, los campesinos se han organizado para luchar contra los dueños de la tierra. Colonos, aparceros, arrendatarios, etc., contra los hacendatarios, los terratenientes; contra los que la acumulan cada día más. Es la historia de Colombia, la de los últimos 140 años, la que hasta el momento han perdido siempre los campesinos, pues ha podido más la voracidad, la guerra que han emprendido desde la clase que nunca ha perdido en Colombia, los terratenientes.

Esa lucha de los campesinos de tierra para el que la trabaja, esa consigna que todavía articula no solo muchas de las peticiones sino de las luchas mismas por tierra para el que no la tiene y por poder producirla para los que poseen. “Yo pregunto a los presentes- Como dice un canto muy conocido- si no se han puesto a pensar que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más. Yo pregunto si en la tierra nunca habrá pensado usted que si las manos son nuestras es nuestro lo que nos den. ¡A desalambrar, a desalambrar! que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José. Si molesto con mi canto a alguien que no quiera oír le aseguro que es un gringo o un dueño de este país.” (A desalambrar. Daniel Viglietti).

Esta ha sido, es y será parte fundamental de la lucha social del país, de ese país que muchos ya desconocen o quieren mantener en el olvido, porque de los campesinos ya no se habla ni en “el profesor yarumo”, el programa de televisión que al menos mantenía una imagen del campesino. Es Colombia olvidada en el campo, condenada a la violencia perpetua, al control del Estado en todas sus modalidades violentas, pero no a la ayuda de éste; esa Colombia que desde el periodo denominado “La Violencia”, después de la muerte de Gaitán, y después del incumplimiento de la reforma agraria se encierra en una guerra fratricida, donde el único victorioso es quien tiene poder, tierra y dinero, no los campesinos que colocaban los muertos. Esa violencia hoy no para, tiene más de 4 millones de esos campesinos deambulando por el país, perdiendo su tierra, que ha sido en muchos casos arrebatada y tomada por quienes hicieron esta guerra.

Surge otro problema que sigue siendo una constante en Colombia: “Ricardo reunió a los hombres y les habló tan despacio /palabras verde esperanza teñidas de sal y selva /les dijo la tierra es nuestra también es nuestra la tierra y las palabras que traigo son semillas también nuestras… un disparo cortó el viento con sed de sangre emboscada y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra /Ricardo murió ese día hermano de hombre y semilla /murió mirando la vida que entre sus manos moría… Ricardo murió ese día haciendo bien sus quehaceres /cayó sembrando semillas de nuevos amaneceres” (Ricardo Semilla. interpretes Ana y Jaime). Y es que quien ha intentado o intente hablar, denunciar, organizar a los campesinos para defender lo que es suyo, o para pedir algo a lo que tiene derecho, como la tierra, ha sido asesinado, desaparecido, desterrado. Siempre ha podido más la avaricia, la intención de acumulación de más y más tierras, dejando a la mayoría de la población del campo en la miseria y el abandono, más aun, quitándole incluso la posibilidad del abandono, cuando les prohíben volver a su tierra, cuando en el mismo caso, se apropian de lo que se ha obligado a dejar. “Gritó Emiliano Zapata quiero tierra y libertad y el gobierno se reía cuando lo iban a enterrar” (Ska-P. Eurosis 1998)

Sin embargo, la lucha sigue, los campesinos siguen en resistencia, en lucha por tierra. Algunos en las ciudades creen que esto hace parte del remoto pasado, del siglo XIX y principios del XX, o de los que, según el Estado, siguen anacrónicos pidiendo tierra y dignidad en el siglo XXI. Hoy todavía se dan luchas de campesinos. Las “nuevas” luchas, o mejor, las luchas que actualmente se desarrollan también son por tierra, como lo muestran ahora Venezuela, Bolivia, o en los 90 los zapatistas y que nos lo canta Todos Tus Muertos cuando ese mismo Pedro, Maria, Juan y José de Viglietti cambian solo de nombre: “En su caballo blanco, Ramona, David, Felipe y Javier a seis años del 2000 golpean con un machete la miseria y la muerte ¡Alerta guerrillas! (Alerta guerrillas. Todos Tus Muertos. Dale aborigen. 1996)

Todavía luchamos por un país para todos, por un continente para todos, por un mundo para todos, sin exclusión, sin clases sociales, donde todos trabajamos por todos. Retomo el inicio:  “Este país es mío/ Este país es suyo y mío, el continente es mío, el continente es suyo y mío, este planeta es mío, este planeta es suyo y mío, el universo no es de ellos, el universo es suyo y nuestro… ¡Todo para todos! (Para todos todo. Dr krapula. Bombea. 2005). Queremos y seguimos luchando por un país, un continente y un mundo donde la paz, la justicia y la democracia real no sean solo un juego de palabras ni una justificación para aliviar la conciencia de alguna cantante o político de turno. Como dice Ska-p “tened fe, seguimos en pie, la utopía es una cerveza fría… bebed / tened fe, seguimos en pie, Rebeldía, yo nunca me arrodillaré… muy pronto va a amanecer” (Ska-P. Eurosis 1998)

Por último, para aquellos que creen en estas épocas sombrías que ya han logrado la victoria, les decimos: seguimos en pie, cantando Viene la erupción, lava de justicia /el volcán no duerme está latente /agua hirviendo para el mate del Che /dale fuego al agua caliente (Todos Tus Muertos. Dale Aborigen). Porque no basta con decirlo seguimos y seguiremos con el pueblo en la lucha. Y como dice Tijuana No! “A defender la dignidad, gritando fuerte… Tierra y Libertad!”

Orígenes del problema agrario en Colombia

En el marco de la celebración del bicentenario de la Independencia, conversamos con Raúl Alameda Ospina, Secretario Perpetuo de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y estudioso del problema agrario en Colombia. Con ochenta y cinco años de edad, Raúl es un declarado militante de la izquierda colombiana, que continúa contribuyendo a la causa de la revolución social escribiendo análisis e impartiendo conferencias sobre la realidad nacional e internacional, en diferentes escenarios de la vida pública. En esta oportunidad, el tema conversado con el profesor fue el histórico problema de la tierra en Colombia.

 

Periferia: ¿De qué forma se expresó  el problema de la tierra en la Colonia?
Raúl Alameda Ospina: La tierra ha sido por decenas de miles de años el principal medio de producción. A partir de finales del siglo XVIII, la industria, basada en la maquinofactura reemplaza en parte esta importancia fundamental. Pero no sólo es eso. La tierra está indisolublemente ligada a la especie humana en sus distintas fases de evolución. Ha sido la base de la recolección (caza, pesca, frutos), de la agricultura, de la ganadería y fuente principal de la alimentación, de las materias primas industriales y de la farmacología, pero, sobre todo, el ámbito en el que se desarrolla la sociedad humana y la vida en general.

En la Colonia se origina el problema de la tierra. Los conquistadores expropiaron violenta y masivamente a los indígenas, los esclavizaron, los convirtieron en sujetos de tributo en la Encomienda y los servilizaron a través de la hacienda neogranadina. Fueron tres siglos de estructuración de un orden señorial latifundista, mezclado con esclavitud minera y monopolio comercial metropolitano.

El orden tribal comunitario autónomo, las culturas milenarias existentes antes de la invasión española, fueron brutalmente destruidos y la tierra convertida en medio de acumulación de riqueza y de poder para la minoría y de explotación y miseria para la mayoría.

P:
¿La Independencia resolvió ese problema?
RAO: No. Por el contrario, lo agravó. La independencia de España no fue una revolución social, burguesa, como la de Francia. Internamente representó una coyuntura de ensanche del latifundio.  Las grandes propiedades de los españoles pasaron a los criollos.  Igual cosa sucedió con los baldíos que, en no menos de tres millones de hectáreas, entraron a fortalecer los viejos latifundistas y a crear nuevos terratenientes. Con la Ley de Bienes de Manos Muertas de mediados del siglo XIX, las inmensas propiedades de la iglesia no regresaron a los indígenas ni fueron repartidas entre los campesinos sin tierra, pequeños y medianos. Fueron a parar al viejo señorío colonial o al nuevo de los patriotas.

P: ¿De qué forma se expresa el problema de la tierra hoy?
RAO: En una mayor, exagerada y absurda concentración de la tierra, producto a más de lo anterior, de la utilización latifundista de las guerras civiles del siglo antepasado, de la violencia desatada y mantenida desde l948, de la economía del narcotráfico y de la operación asesina del paramilitarismo. Hoy el problema de la tierra es mayor  que en ninguna otra época. Tres millones de campesinos: peones, terrazgueros, arrendatarios, obreros  agroindustriales  carecen de tierra, mientras cuatro millones y medio de campesinos llamados “desplazados” han sido expulsados de sus fincas, convertidas  en macrofundios dedicados a la siembra de la palma africana, el caucho, la soya, etc.

Así, menos del 0,5% de los propietarios de fundos con más de 500 hectáreas controlan, según datos no recientes del IGAC, el 57% de las  propiedades,  en tanto que el 67.4% de los propietarios con menos de 20 hectáreas, sólo poseen el 3,4% de las propiedades. Coincidiendo con este fenómeno, del 12,6% del  territorio con vocación agrícola, sólo el 4,6% se emplea en ella. Esto quiere decir que las dos terceras partes de extensas tierras útiles para la producción de alimentos se están usando para la ganadería extensiva que, además, cuenta con el 16,8% de la tierra utilizable en esta actividad.  Todo  esto en momentos en que, por la política de la  Apertura, el país importa al año más de 10 millones de toneladas de productos agrícolas que ha producido y está en capacidad de producir.

P: ¿Qué importancia tiene la solución del problema de la tierra hoy en el país?
RAO: El latifundio, el minifundio y la dependencia externa constituyen el principal obstáculo para la ampliación de las fuerzas productivas y sociales de la nación. Han impedido el uso social y económico de los recursos naturales, le han negado el empleo a la población, han limitado al máximo las posibilidades de la industria, la ciencia, la técnica, la educación. Son factor determinante del subdesarrollo, el atraso y la miseria, al extremo de que, sino se extirpan, Colombia no podrá pasar a un nivel superior de desarrollo.

Se incrementa el racismo en Europa

El ascenso del racismo, la xenofobia y las manifestaciones de hostilidad hacia los inmigrantes en Europa, son muestras de las contradicciones políticas y económicas que están sucediendo en el viejo continente. Tanto las políticas adoptadas por los gobiernos nacionales como el funcionamiento mismo de las instituciones de la Unión Europea desprecian o violan los derechos humanos de las personas extranjeras. Al mismo tiempo, este racismo institucional encuentra su traducción política en la proliferación de partidos de extrema derecha y de grupos fascistas que dificultan la posibilidad de una convivencia pacífica y ponen en grave peligro la democracia. Durante los últimos años se observa una ola creciente de violencia y de agresiones que tienen por motivos la diferencia nacional, étnica o religiosa.

 

Los medios de comunicación se encargan de divulgar el discurso racista. Primero, se difunde el infundado temor de que Europa está ante una presión migratoria masiva, ante el peligro de una invasión. La prensa, al referirse incluso a pequeños grupos de personas sin papeles, frecuentemente utiliza los términos “oleada” o “avalancha”. Mientras se les estigmatiza a los inmigrantes como sujetos sospechosos que ponen en peligro los pilares de la sociedad, se apela a la urgencia de “poner orden en este inmenso caos”. Hoy se observa, además, otro nivel del discurso xenófobo, que proclama una supuesta supremacía cultural de los países occidentales. Lamentablemente, esta visión eurocentrista que hace considerar como inferiores a culturas que no han seguido el modelo del progreso marcado por el referente europeo tiene resonancia en gran parte de la población. En este contexto se promueven artificialmente debates públicos sobre la conservación de las identidades nacionales, para las cuales la idea de una sociedad multicultural constituye una amenaza.

Explotación laboral
Los partidos derechistas, a su vez, vinculan explícitamente la inmigración con la delincuencia, el narcotráfico, el desempleo y el deterioro de los servicios públicos. Se busca un chivo expiatorio vulnerable y fácilmente identificable para hacer que los trabajadores nativos vean a los inmigrantes como competidores por el empleo y poder así sobre-explotarlos. Es cierto que el Estado de Bienestar está colapsado, pero eso no se debe a la inmigración; es más bien el resultado de la falta de inversión estatal y de las políticas neoliberales y privatizadoras impuestas por los gobiernos conservadores y socialdemócratas de los últimos veinte años. En realidad, la mayoría de los trabajadores extranjeros se emplean en la economía informal en condiciones precarias, puesto que, siendo los más desposeídos y en urgencia de enviar dinero a sus familias, se ven obligados a aceptar ocupaciones que no serían cubiertas por los nativos. La población musulmana es la que registra las tasas más altas de desempleo, recibe salarios humillantes y sufre los mayores índices de pobreza. Pero una situación similar afrontan los inmigrantes latinoamericanos y africanos.

Actualmente se fomenta, además, la división entre inmigrantes “legales” (a los que se puede explotar legalmente) e “ilegales” (a los que se explota, pero son invisibles). En vez de hablar hoy de cero inmigración, los partidos políticos se adhieren al modelo del inmigrante “útil para la economía”. Esta visión puramente utilitaria y funcional de los inmigrantes es la que marca la política migratoria de la Unión Europea. Se crea así la figura del trabajador desechable, que presta sus servicios temporalmente y, una vez el mercado laboral prescinde de él, retorna a su país de origen. En lo que concierne a la integración por parte del país de acogida, esta se entiende como sinónimo de asimilación, o de adaptación “correctiva”, es decir, a través de la imposición de cursos de la historia y de la cultura europea. Eso significa que los inmigrantes tienen la obligación de aceptar lo que se considera como “normal” en la sociedad europea.

Racismo desde arriba

Unos 25 millones de personas que residen en alguno de los estados de la Unión Europea son inmigrantes, lo que supone el 5,5% de la población. Mientras la crisis económica se prolonga y afecta los sectores sociales más excluidos, los estados europeos en su interior insisten en mantener políticas de extranjería discriminatorias y represivas. Una muestra de ello es la nueva Ley de Extranjería aprobada por el gobierno español. Entre las medidas que agravan la vulneración de los derechos humanos está el aumento del tiempo de internamiento de 40 a 60 días y la ampliación del catálogo de sanciones graves en materia de infracciones, tanto para los inmigrantes como para quien les apoye. Esto es especialmente preocupante con respecto a los menores no acompañados y los menores infractores, puesto que se limita seriamente su derecho a la reagrupación familiar.

La Unión Europea en su conjunto ejerce una política migratoria que no se corresponde con la realidad. El Parlamento Europeo ha emitido una directiva sobre el retorno de los inmigrantes irregulares, una especie de muro contra la entrada. Europa será pronto una fortaleza, a donde inmigrar clandestinamente equivaldrá a haber cometido un crimen mayor. Aparte del rotundo fracaso de las políticas de integración, nos encontramos frente a un escenario en el cual la UE ha buscado la manera de ir borrando el derecho de asilo y refugio consagrado en la Convención sobre el Estatus de los Refugiados (Convenio de Ginebra, 1951). Proyectos como el Pacto sobre la Inmigración y el Asilo, firmado en el 2008 por los jefes de estado de la UE, vulneran principios fundamentales del derecho internacional como el de no devolución al país de origen. En cuanto a la ayuda al desarrollo, esta se condiciona a la firma de acuerdos de readmisión por parte de los países receptores de la ayuda.

El problema se desplaza lejos de los ojos de la opinión pública, con la creación de “zonas oscuras”, exentas de cualquier normativa. Estas son las zonas de retención en los aeropuertos y los Centros de Permanencia Temporal, donde se interna a las personas “no comunitarias” por no llevar papeles. Los vergonzosos Centros de Internamiento son una especie de prisión, quizás peor ya que los inmigrantes no son detenidos por algún delito, sino por una mera falta administrativa. Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional han denunciado como muy alarmante el caso de España, donde el número de estatutos de refugiados concedidos se limita al 2,5% de los solicitantes. Esta tendencia a la baja en la protección internacional, supone un retroceso en las obligaciones de los estados en materia de derechos humanos.

¿Bicentenario de la Independencia?... ¿Y es qué hubo una independencia?

Algunas personas sostienen que nunca tuvimos un proceso de independencia, porque “luego permanecimos sometidos a otro imperio y a otra clase de dependencias”. Aunque estas razones son ciertas, es necesario precisar, que sí tuvimos un proceso de independencia, una guerra de independencia bastante difícil, heroica y compleja. Lo que nunca hemos tenido, en estos casi ya 200 años, es un Estado-Nación que haya creado una mayor suma de felicidad posible, una mayor suma de seguridad social y una mayor suma de estabilidad política; sino que, por el contrario, hemos tenido unos gobiernos que han entregado el país a unos poderes extranjeros, en detrimento de la felicidad, la seguridad social y la estabilidad política de los colombianos.

 

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Los “Milagros economicos” del uribismo

Entre algunas de las características más notorias del régimen uribista, se encuentra la de propalar mentiras en todos los terrenos para engrandecer las supuestas realizaciones del dueño del Ubérrimo. En el terreno económico, se nos aseguró, que estábamos viviendo en un paraíso de prosperidad que ni siquiera la crisis iba a dañar, porque la política económica de este régimen había sido tan benéfica que nos iba a blindar contra los peligros de la recesión mundial. A partir de tal falacia se postularon los “milagros económicos” a todos los niveles. Ya sabemos, con precisión, que tales milagros son en realidad pesadillas, como puede vislumbrarse al repasar de manera rápida unos cuantos aspectos de la economía colombiana, como los referidos al café, a la caída de las exportaciones a Venezuela y al deterioro del empleo y las condiciones de trabajo de los colombianos.

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Privación de la libertad no es privación de los derechos

Proponerme escribir sobre las personas privadas de la libertad, y sobre el sistema penitenciario y carcelario, implica un compromiso, no solo por tratar de darle continuidad a los temas propuestos, sino sobre  la veracidad de estos. Y sobre todo porque lo considero un compromiso por encender una llama que sensibilice y se vaya nutriendo de tal manera que los que sean  procesados cuenten con respeto por la dignidad humana. Pensar así no hace milagros, y parece idealista, pero afirma nuestra fe en un futuro menos injusto.

Posiblemente algunas personas estén convencidas que el estar privado de la libertad implica  también que se le prive de todos los demás derechos. Pero los que así piensan no han tenido que  pasar por el dolor de estar encerrados o ver a un ser querido en esta situación. No opinan lo mismo las familias de los que allí están, pues solo cuando a alguien le toca vivir tal cosa sabe que una condena no solo la paga el encartado, sino toda su familia, así nunca haya apoyado las acciones cometidas por este. Peor aún si se trata de un inocente.

Porque, no creamos que todos los que están privados de la libertad son culpables de haber cometido un delito. No; privados de la libertad y viviendo en condiciones realmente indignas hay una cantidad considerable de seres humanos, que, o estaban en el lugar equivocado en determinado momento, o tuvieron la osadía de opinar diferente frente a las políticas estatales o fueron las víctimas fatales de una necesidad por mostrar resultados efectivos por parte de los “guardianes de la ley y el orden” o, mínimo, fue avistado por un informante, que lo colocó como el peor de los terroristas para así ganarse el pan de cada día.

Resulta que esas personas que están en esas tumbas anticipadas que se llaman cárceles, y diseminados por todos los rincones del territorio patrio, están categorizados, estatizados, divididos por fases, procesados mediante  diferentes normatividades penales. Sí, como lo oye usted, diferentes normatividades; porque aquí se procesa, se juzga y se condena, dependiendo de la clase social a la que usted pertenezca y de  qué lado este usted. Y lo peor de todo, durante los años que dure la condena en prisión, también está condenado a sufrir   el dolor continuo del desarraigo y el abandono familiar.

Se tiene conciencia de que al estar preso, la persona debe estar completamente privada del derecho a transitar libremente (locomoción), y que algunos otros derechos se restringen. Pero a eso se le suma que los encargados de vigilar en aras de hacer que se cumplan las condenas impuestas, y aplicando la ley a su arbitrio, también hacen lo posible y lo imposible para que este castigo sea un verdadero suplicio, y un sometimiento a las más dolorosas y perversas situaciones.
El sistema penitenciario colombiano conlleva esa negación de la dignidad humana, ese irrespeto a la vida, ese indebido social que no garantiza para nada una rehabilitación y reinserción a la sociedad del que realmente delinquió; y que, además, es una venganza contra el que se atrevió a pensar diferente y a oponerse a este sistema de desigualdad e injusticia.

Una muy  frecuente  y  arbitraria situación que le toca vivir a un condenado es ese paseo por el territorio nacional de cárcel en cárcel, pues muy pocas veces  cumple su condena en un solo establecimiento, y menos todavía en uno cercano a su residencia. El tener que dejar de compartir con sus familias es el castigo más grande que pueda sufrir un condenado; pues, la mayoría de las veces, la situación económica no permite que hijos, padres, hermanos, abuelos y demás allegados de un detenido puedan volver a verlo durante años. Frente a esto dice la Corte en Sentencia  T 596 de 1992 y reiterada en la sentencia T 345 de 2009 donde se tutela un acercamiento familiar:

“Nada más alejado del concepto de dignidad humana y del texto constitucional mismo que esta visión dominante sobre las violaciones a los derechos de los presos… todo sufrimiento innecesario impuesto a un recluso, pierde la justificación del ejercicio legítimo de la violencia por parte del Estado y se convierte en una atropello que debe ser evaluado de la misma manera como se evalúa cualquier violencia injustificada, ejercida contra un ciudadano que no se encuentra privado de la libertad. Los presos no tienen derechos de menor categoría; tienen derechos restringidos o limitados y cuando esto no sucede, es decir cuando la pena impuesta no se encuentra en contradicción con el ejercicio pleno de un derecho, este debe ser tan protegido y respetado como el de cualquier otra persona.”

Por hoy termino diciendo: el día que se haga del derecho penal no un medio de suplicio, ni de venganza, sino de justicia y de libertad, ese día comprenderemos, con el maestro J. Guillermo Escobar Mejía, “que la justicia no es abstracta, es física como el pan, fresca, diáfana y sencilla como el agua en  la tinaja de barro. Colectiva como es el aire y debiera ser el trabajo. No es celestial para repartir infiernos. Es tierra cuyos cielos son las realizaciones de cada quien. Puede ser parcela para el campesino; pedacito de suelo para los tugurianos y empleados modestos. Patria maternal para todos: profesionales, maestros, dementes, sabios, artesanos, obreros. Autonomía y orgullo cultural. Greda de pueblos; oro muisca; fragmentos de historia, cuyos artífices seamos todos trenzando cadenetas de fraternidad universal”.

EDITORIAL No. 49NO VOTE, luche y p…


Una horda de alimañas se dispone a salir del Congreso y de la casa de Nari; Sin embargo, la mayoría de ellas se quedará. En el caso contrario, alimañas de peor calaña los reemplazarán. Ese es el futuro que nos ha construido Álvaro Uribe Vélez y la élite mafiosa que lo acompañó en estos ocho años de perversidades políticas al frente del país. Pero aunque el hecho de que el congreso y la casa de Nari sigan habitados de alimañas ya no depende de nosotros, sí depende de nosotros la legitimación que le demos y de esta legitimación depende la prolongación en largos años de desventura para el país o el inicio de un periodo nuevo en donde reconstruyamos la dignidad de los colombianos. Por eso, NO VOTE, es el mejor favor que le puede hacer al país y a la humanidad.

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