Friday, 01 August 2014 21:35

Trabajando en Buen Comienzo con un mal final

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muñequitos dibujo de niño colores vivos

El denominado programa Buen Comienzo es realmente la suma de varios programas de asistencia y formación para los niños y madres gestantes campesinas en Antioquia. Esto se hace con dineros que financia el gobierno y de los cuales  fundaciones y particulares se llevan una gran tajada. Melisa es una mujer de 29 años que ha trabajado en varios de estos programas  y conoce lo difícil que es laborar en las veredas con niños y madres gestantes sumidas en la pobreza. Ella nos contó de lo crítico de su situación, del descaro de estas entidades privadas que se roban el dinero que les da el gobierno y que los únicos que trabajan, y muy duro, son las personas a las que se mantiene con un salario miserable, además del trato insensible e inhumano al que son sometidas.

Soy licenciada en atención integral, y en este momento me encuentro desempleada. Trabajaba en la Fundación Universitaria Autónoma de las Américas, en la sede san Luis, departamento de Antioquia. Tengo un bebé de tres años que parece de 6 meses por una enfermedad que no lo deja crecer y le afecta la columna; en este momento se encuentra hospitalizado en Medellín, está grave y necesita respirar con ayuda de un tanque de oxígeno. Allí le dio un ataque de neumonía y tuve que acompañarlo mucho tiempo en el hospital, por lo que decidí renunciar, pues me dijeron que si no iba a trabajar inmediatamente a san Luis me despedían, porque no me podían dar más permisos pues afectaba a los niños del programa al dejarlos solos, como si en realidad les importara.

Tampoco me siento mal por haberlo hecho, pues este trabajo es muy mal pago tanto para las trabajadoras sociales, auxiliares y madres comunitarias que trabajan con los niños como para las que lo hacen en las veredas con la primera infancia. Tengo experiencia en este trabajo, tan necesario y bonito, que se hace con los niños y las madres lactantes de bajos recursos, pues con la crisis social tan profunda de estos días son los que más necesitan protección y buen acompañamiento para fortalecer sus aptitudes hacia el futuro.

Empecé trabajando en el programa Buen Comienzo Antioquia de Cero a Siempre en el 2003. No puedo olvidar la primera reunión: nos indicaron con cuánto dinero se iba a trabajar ese mes; no recuerdo bien la cantidad, pero era demasiado. También nos dijeron la miseria que íbamos a ganar cada una; obvio, a las que tuvieran más estudios les pagaban más, y con mucha desfachatez también confesaron que con el resto de la plata ellos se iban a quedar, como quien dice todo lo vamos a robar de frente.

El programa Buen Comienzo consiste en ir a las veredas más pobres de Antioquia y buscar madres embarazadas, lactando niños y niñas de 1 a 5 años. Con lo poco que nos pagaban nos tocaba comprar pasajes para ir cuatro veces al mes y en ocasiones me quedaba sin dinero para mis gastos. Cada semana visitábamos una vereda diferente, todas muy desoladas y pobres. Luego de llegar en bus, caminábamos casi siempre 40 minutos; después, teníamos que buscar a las madres gestantes de casa en casa. En muchos casos a los niños desnutridos los alimentábamos con un refrigerio y un almuerzo, aunque tengo presente que esta no es la forma de acabar con la pobreza de estos sectores campesinos, reconozco que es un pequeño aporte a las madres de estas familias. Al final dábamos un informe donde decíamos cómo iba el trabajo con los niños y con sus madres.

Allí duré 6 meses como auxiliar pedagógica. A mí me pagaban un millón cien mil pesos y de allí me tocaba pagar la seguridad social y la ARP, además de los pasajes; como el contrato era de prestación de servicios ellos se libraban de esos gastos.

Las madres comunitarias, por su parte, trabajaban 9 horas con los niños y solo ganaban un salario mínimo. Su contrato también era de prestación de servicios, la diferencia es que las que tenían un poquito más de estudios tenían un poco más de descanso. También teníamos que estar al día con la colilla, pues al retrasarnos en el pago de la seguridad social nos retrasaban el pago del sueldo, aunque importaba poco pues casi siempre nos pagaban tarde, cada dos meses; nos tocaba sacar dinero del sueldo para los viáticos y cuando llegaba el pago ya lo debíamos todo.

Cada mes nos recordaban la importancia de hacer bien el trabajo, pues se llenaban la boca diciéndonos los beneficios individuales y sociales que aportaba la educación preescolar, y lo significativos que eran a corto y largo plazo. El trabajo con la primera infancia, como toda estrategia social de prevención y educación, cada día se hace más necesario en los pueblos y desde hace muchos años se viene trabajando allí, pero los únicos que se benefician son quienes los administran. Por eso, a pesar de lo mucho que me gusta el trabajo, no me sentía cómoda ni contenta pues la furia corría por mis venas al verme a gatas a toda hora.

También trabajé en otros programas como Hogar de Bienestar. En todos veía lo mal pagados que eran las madres comunitarias.

En la Fundación ni vacaciones teníamos, porque “hay que pensar en los niños y niñas”, decía la coordinadora. Lo que pasa es que en esos proyectos la mayoría de niños están desnutridos y supuestamente no podíamos dejar que aguantaran hambre, como si en sus casas cuando descansábamos nosotras dejaran de comer. Pero mentiras, lo que pasa es que un niño que no esté registrado en una lista de asistencia, es un niño o niña que no le paga el gobierno el programa; por eso nos decían que teníamos que estar siempre para hacer excusas como si fuéramos la mamá de los niños que no acuden, y falsificar la firma de las madres gestantes que no asistían.

Lo último que aconteció y que dejó ver más la insensibilidad e inhumanidad que merodeaba en nuestro trabajo, fue la muerte de una compañera muy querida. Ella sufrió de un ataque al corazón en medio del trabajo con los niños y con la excusa de que no podíamos dejarlos solos, no nos permitieron asistir al velorio y ni siquiera al entierro. Luego de esto muchas renunciaron, pues se convirtió en algo insoportable y descarado.

Durante bastante tiempo he trabajado en estas condiciones dándose cuenta uno tristemente que todo es una excusa para que los administradores se enriquezcan, pues al personal que trabaja con todas las dificultades le toca desgastarse y trabajar casi que con las uñas. Lastimosamente, como todo en este país, la educación de la primera infancia es una estrategia rentable. Bien es sabido que este gobierno es muy corrupto, pero las operadoras privadas no se quedan atrás sino que se embolsillan buena parte de los recursos que el Estado destina para la educación y atención a los niños y madres pobres".

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