María Luisa Niño: “Educación digna de la cuna hasta la tumba”

Por Fernando Cuenca*

Entre las miles de personas que salieron a las calles exigiendo educación digna y mejores salarios para maestras y maestros en el pasado paro del mes de mayo, nos llamó la atención una profesora de estatura corta, cabello negro y ojos pequeños, quien no solo agitaba las consignas, sino que con sus apasionados gritos y su indignación llenaba el aire entre las miles de personas que protestaban.

Desde ese día y durante todos los días que duró el paro, tuvimos varias charlas con la profesora María Luisa Niño, una mujer oriunda de Corrales, departamento de Boyacá, y quien desde hace más de 30 años enseña, propone, investiga, discute, construye, deconstruye y junto a otras y otros docentes, trabaja la educación en todas sus aristas.

Esta mujer, madre de dos hijos, igual que miles de profesoras es cabeza de familia. Por lo que cuenta, evidencio que como dicen popularmente “le ha tocado guerrearla”. Desde joven se reveló contra el patriarcado (su primera forma de rebeldía), se negó a continuar lavando la ropa de sus hermanos mayores y prefería escaparse desde el sur de Bogotá a la biblioteca Luis Ángel Arango a leer, a indagar y por supuesto a hacer las tareas de la escuela. Se puede decir que desde pequeña tuvo la vena para enseñar, de hecho, siendo de las más pequeñas del curso, se paraba al frente del salón a explicarles a sus compañeros la manera de resolver los ejercicios que les dejaban los maestros.

Mientras María Luisa me hablaba de su vida, la noté siempre calmada pero apasionada, y de esta misma forma les reclamó a otros profesores por no sumarse al paro y defender la educación para toda la gente. Entre la charla me contó que cuando era niña hizo la primera comunión con el sacerdote Diego Cristóbal Uribe, cuando este fue cura en el barrio San Vicente, ubicado al sur de la ciudad de Bogotá, en la localidad de Tunjuelito. Este sacerdote “fue uno de esos que siguió los pasos de Camilo Torres, comprometiéndose con los pobres. Bebió de las mieles del amor eficaz y la teología de la liberación y al igual que el Cura Camilo, un día se fue para el monte y murió en un combate como un insurgente”, explica María Luisa.

Mientras seguía la marcha, se observó el humo de los gases que los policías lanzaron a los maestros. “Parece que esos del Esmad no pasaron por una escuela”, exclamaba la profesora indignada. Mientras tanto me contó que desde joven tuvo que trabajar, que se fue a las selvas del sur del país como maestra, cuando muchos ni conocían el Meta, el Guaviare o el Vaupés. En escuelas de la Colombia profunda empezó a enseñar. Quizás allí es que decidió lo que quería hacer con su vida. Por eso, cuando regresó a Bogotá estudió Literatura y Lingüística. Después hizo su especialización, tomando la lengua del pueblo Sikuani. María Luisa es de las pocas maestras que les enseña a los estudiantes a investigar e insiste en que la investigación no es un tema de eruditos, sino que la gente del pueblo también debe aprender a hacerlo.

Al fin nos detuvimos durante la caminata que realizamos por la calle 26, cerca de la Secretaría de Educación en Bogotá. La profesora le hablaba a sus compañeros, y averiguaban todos por los avances de las negociaciones. Me senté en el andén a descansar. La marcha estaba parada, el sol bogotano anunciaba lluvia, y el aire se llenaba del molesto olor de los gases, siempre asfixiantes. Es allí cuando me enteré que a esta profesora su compromiso con la consigna de una educación digna de la cuna hasta la tumba, le ha costado dolores y persecuciones. En 2005, en los años del Gobierno de Uribe, fue víctima de un falso positivo judicial, práctica muy común en Colombia. Estuvo en la cárcel durante dos años, acusada injustamente  de diversos delitos que finalmente no fueron más que humo. Como es apenas lógico, demandó por los daños y perjuicios que sufrieron ella y su familia, y ganó la demanda.

Mientras escuchaba a María Luisa, nos empezaron a interrumpir cada vez más. Llegaban mensajes y rumores de todas las personas. La negociación entre los directivos de Fecode y el Gobierno por fin había dado humo blanco. Los profesores lograron que el Gobierno cediera, y el paro fue levantado. Sin embargo, me asaltaban las dudas: ¿Y si el Gobierno no les cumple como otras veces? Calmada pero firme, María Luisa me responde: “Como otras veces, volveremos a las calles a protestar y a luchar, no nos queda de otra”.
* Periodista de la agencia de los pueblos Colombia Informa

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