Diego Martinez

Diego Martinez

Sunday, 22 October 2017 00:00

De visita por el velorio

Allí me encontraba, sentado al lado de doña Teresa, una señora de 70 años, de baja estatura y una joroba muy notoria. La verdad no sabía bien qué estaba haciendo en estas circunstancias; si bien con Willy compartí parte de mi infancia, no habíamos hecho una gran amistad, ni cercana, es más, él era de esos niños maldadosos y se sentía superior a los demás.

Hacíamos un círculo alrededor del féretro; a mi derecha estaba Mauricio el hermano de Willy y al otro lado se encontraba su madre doña Teresa. – ¿Qué fue lo que le paso?–, le pregunte a Mauro. –Se puso a jugar borracho con un arma y se pegó un tiro en la cabeza–, me afirmo al oído. –Qué vaina, es la peor forma de morir–, le dije con tono de consolación. La verdad nunca he sido bueno para dar ánimos.

Quien más me intrigaba era la mamá de Willy, me dijeron que ella no se había dopado, porque a pesar la muerte su hijo se notaba tranquila. Por lo que me contaron, sí que lo había sufrido en vida. Recuerdo a mi madre hablar de ella; decía que a doña Teresa el marido le había dado muy mala vida, la golpeaba y solía irse por mucho tiempo dejándola con sus hijos sin nada de comida. Luego le tocó con Willy. Tal vez por eso casi nunca sonreía.

Estar allí me hizo devolverme en el tiempo, a mi barrio añorado que me vio crecer, de niño fui muy feliz a pesar de la pobreza. Doña Teresa, quien era muy amiga de mi madre, a veces la pasaba peor que nosotros, y por eso aunque yo estaba muy pequeño, cuando me caían algunos pesos los compartía con ella.

Camila, la hija menor de doña Teresa, había llorado toda la noche. Se le notaba en sus ojos cansados e irritados; a pesar de que peleaba mucho con Willy, Camila era de una personalidad muy afectuosa. Esa noche se sentía algo en el ambiente, como un alivio, no sé por qué.

– ¿No tenían otra foto?, esa que pusieron no me gusta, no era la apropiada para el sepelio de Willy– afirmé atrevidamente, a lo que Camila contestó: –no teníamos más fotos de él.  

Esa foto enmarcada de Willy, puesta en la cabecera del féretro, me llamaba la atención; posaba como un típico bandido, parecía no haber dormido en días, también se le veía pensativo, con el rostro acabado. Tenía una mirada abrumadora y abismal, tan penetrante que daba la sensación de haber visto terribles cosas y que conociera los misterios del mismísimo infierno.

Seguía llegando gente, todos iban más por curiosidad que por otra cosa. Así son todos los velorios, asiste hasta el que no conoce al difunto. Solo vi a una niña que lloraba desconsoladamente. – ¿Quién ese ella?–, le pregunte a Mauricio. –Esa es la hija de Willy–, me dijo Mauro. –Cuéntame un poco, ¿cómo paso todo? Yo aún no puedo creer que él esté muerto–, exclamé. –Nada parce, llegó de una farra a las tres de la mañana, toda la noche se había drogado y había tomado guaro, se sentó al lado de la cama de la cucha y se puso a jugar con la pistola, en esas se le disparó en el lado derecho de la cabeza, arriba de la oreja–. Le interrumpí para pedirle que saliéramos un rato.

La casa de doña Teresa estaba ubicada a las orillas de una quebrada. Para salir a la calle teníamos que subir unas escalas muy angostas atrapadas por dos muros, por lo que la genta hacía fila para poder ver a Willy. Eran alrededor de las siete de la noche, afuera no pasaba nada, las motos iban y venían como de costumbre en los barrios populares, sin embargo, adentro de esa casa había otra dimensión, por así decirlo. A pocos velorios he ido en mi vida y este era el más extraño de todos; mientras subía con Mauro pensaba, reflexionaba sobre la vida, me sentía raro en ese ambiente, no sé si en verdad esa dura despedida más bien era una celebración secreta. Disfrutando del aire frío de la noche veía las semejanzas de mi barrio villa Turbay con este, las calles mal pavimentadas, casas de tabla, de adobe y de todas las formas, una encima de otra, hacia arriba comenzando la montaña.

Ya habíamos cruzado varias calles, todo un laberinto. Llegamos hasta el puente sobre la quebrada ubicada detrás de la casa del velorio. –Mauro ¿entonces qué pasó? ¿Alcanzaron a llevarlo al hospital?–, le pregunté mientras divisaba la quebrada desde el puente por el que estábamos pasando. –Sisas, él aún estaba vivo, el primo y yo lo llevamos mientras repetía constantemente que no lo dejáramos morir. Cogimos un taxi. Estando en el hospital en urgencias nos hicieron esperar, mientras él se nos desangraba. Al cabo de una hora lo atendieron, a la madrugada nos dieron la inesperada noticia de que no pudieron hacer nada, dijo el médico que se le había ido sangre al cerebro–. Me estremecía ese relato espantoso.

-Oe parce, acá lo estamos esperando, está toda completa–, le gritaban desde el extremo del puente unos tipos, sentados en unas escalas muy improvisadas mientras levantaban la botella de ron. Sin decirme nada él se dirigió hacia ellos, yo no lo iba a esperar entonces me seguí. Luego de estar allí adentro me tomé un tinto y escuchaba la oración fúnebre. A pesar de las circunstancias sonreía en mi interior; me sentía contento de saber que aún tengo a mi madre viva, aunque su salud siempre tiene un pero.

–Maicol ¿cómo está tu mamá?–, me pregunto doña Teresa. –Bien, gracias a Dios–, contesté sonriendo. –Hace tiempo no la veo, tú estás muy grande, te pareces mucho a tu papá, aunque él era más alto. –Camila, doña Teresa, ya me voy a ir, me alegra haberlos visto, lástima la situación. Lamento mucho lo de  Willy–, dije. –Bueno Maicol, gracias por la compañía, me saluda a su madre, dígale que no se pierda tanto–, respondió Camila con una lágrima rodando por sus mejillas rosadas, con la voz entre cortada.

Tuesday, 20 September 2016 00:00

La tragedia de Sandra

Sandra Milena es una mujer campesina de 34 años, estatura mediana, delgada, piel trigueña y mirada triste. Es oriunda de Betania (Antioquia) y vive con su hijo de 5 años y una hermana en Pailania, vereda del municipio de San Francisco en el oriente antioqueño. Actualmente es víctima de la negligencia médica y debe soportar situaciones que no le permiten vivir digna y plenamente. Su historia es uno de los tantos ejemplos de exclusión y desigualdad que deben padecer los más pobres, y principalmente las mujeres que habitan en las zonas rurales del país.

La historia comenzó después del parto de su segundo hijo, hace 14 años, en el que sufrió un desgarro vaginal. Constantemente iba al médico para calmar sus dolores, pero solo le mandaban a tomar pastillas que de nada le servían; en otras ocasiones cuando llamaba a pedir cita en el hospital, le decían que no tenían agenda. Los síntomas más notorios eran los dolores en la parte baja del abdomen a la hora de tener relaciones sexuales con su pareja, y la pérdida de control del esfínter anal: “yo le decía a mi compañero que no soportaba el dolor cuando estaba con él, pero respondía de una manera agresiva, que era mentiras, que era que ya no quería” agrega. Pero no era solo la incapacidad de tener relaciones sexuales, y la dificultad de controlar las necesidades fisiológicas, sino que también le enervaba el dolor de cabeza y la depresión.

“Cuando iba a tener mi último hijo me hospitalizaron en Rionegro el 12 de junio del 2011. Ya se había cumplido el mes y nada que me atendían, entonces cansada de que me tuvieran allí, le dije al médico que no me dejaba revisar de él, que ya estaba cansada de esperarlo”, relata. Al final la atendió una médica que le dijo que no estaba en capacidad de tener un parto normal debido al desgarro que sufría, y que debía someterse a una cesárea. Entonces inmediatamente la entraron a cirugía.

Luego, ya con otro hijo a su cuidado, empezó a ir de un lugar a otro buscando solución a su problema de salud; de San Francisco la mandaron para Rionegro y de allá la mandaron para Medellín. Estando allí pidió las citas pertinentes en el Hospital San Vicente de Paul y le dijeron que no tenían el servicio: “fui a Metrosalud, pero no me podían atender porque no tenían espacio en la agenda; me mandaron para otro hospital que no recuerdo el nombre, allá también me la negaron diciendo que solo había atención para los niños”.

En este ir y venir, Don Emilio Buitrago, un líder social campesino de Cocorná que la conoce desde muy niña, empezó a acompañarla a las citas en Medellín porque ella con sus dolencias ya no podía sola. Al ver que los hospitales no la atendían, por consejo de su amigo Hernán Gaviria, médico y dirigente sindical de ASMEDAS, interpusieron una tutela hace un par de meses para que le hicieran los exámenes correspondientes la cual fallaron a favor, y otra para la cirugía, que hasta ahora no se han pronunciado. En vista de la situación, Hernán solidariamente le hizo un diagnóstico que puso en alerta a los demás médicos.

Don Emilio después de tantas vueltas de un hospital a otro, donde a ella le mandaron más de 10 exámenes que demoraban 15 o más días, decidió poner una queja en la Gobernación de Antioquia pero no la contestaron. Luego de eso, cuenta don Emilio: “una funcionaria del servicio seccional de salud departamental nos atendió luego de comentarle la situación, nos dijo que nos fuéramos urgentemente para la EPS Savia Salud a que la atendieran y si no que regresáramos, entonces la funcionaria nos sacó una cita por Metrosalud en la clínica SOMA, la examinaron y le mandaron otros exámenes, eso fue muy reciente”.

El doctor Hernán Gaviria, quien sigue atendiéndola en consulta médica, nos cuenta el diagnóstico real de su problema: “Ella es una mujer campesina relativamente joven, hace unos años le atendieron un parto vía vaginal en un hospital de Cocorná, donde le provocaron un daño en el piso pélvico, comprometiendo sus necesidades fisiológicas y su actividad sexual; menos mal que no le han dado infecciones urinarias” expresa con mucha indignación.

En el parto se hace una episiotomía que consiste en la ampliación del piso pélvico; se corta esa superficie y se aplica una fuerza moderada para que salga la cabeza del recién nacido, si esto no se hace bien puede producir un desgarro, y si se desgarra hay que corregirse lo más pronto posible. Pero esto último fue lo que no le hicieron a Sandra. Hernán prosigue diciendo: “es fácil pegar los esfínteres después del parto; la reconstrucción del piso pélvico lo puede hacer cualquier médico general. Ella tuvo un desgarro nivel tres que es cuando queda comunicado el piso de la vagina con el ano, pues no le suturaron, eso debió haber quedado en la nota quirúrgica y el médico debió haberla llamado”. Su omisión fue deliberada, sabiendo que después la corrección se haría por medio de una colostomía, cirugía que por su proceso complejo dura seis meses.

“Le mandaron exámenes de presión de sensibilidad de nervios porque ella no es capaz de cerrar el esfínter anal, entonces la atiende un coloproctólogo que es especialista en los problemas del colon, pero no son cirujanos, él solo dice qué hay que hacerle en la operación”, termina diciendo Hernán. La seccional de salud de Antioquia Savia Salud ha sido negligente con el problema de Sandra, y ha evadido sus responsabilidades aduciendo que hay muy pocos coloproctólogos, cuando este es un trámite innecesario.

Sandra nunca estuvo consciente de su problema, pero cuando se da cuenta que tiene solución se estrella con la tramitología y los tiempos de espera, la tutela, la forma como la maltratan. Entonces la meten en otro problema que no tenía: las ganas de no vivir más, por lo que el sistema de salud vio con buenos ojos tratarla de “loca” y meterla a un tratamiento psiquiátrico.

La isla colombiana de San Andrés, es por sus paisajes y el color de las aguas que la rodean,  uno de los lugares preferidos por turistas nacionales y extranjeros. Pese a ello, este territorio no se escapa del abandono estatal, y padece condiciones que se agravan con el paso de los días. La sobrepoblación, el turismo, el deterioro ambiental y la falta de agua son algunas de ellas.

 

Desde años atrás, la isla de San Andrés viene colapsando a causa de la sobrepoblación. Hay demasiada gente para escasos 27 kilómetros cuadrados. Son 76.442 habitantes, que convierten a la isla en la más densamente poblada del mundo y según sus habitantes, ni el gobierno nacional ni el local han desarrollado políticas claras para resolver este problema. La sentencia C-530 de 1993 de la corte suprema de justicia estableció el límite de circulación y residencia paras los turistas que deberá ser de cuatro meses; al respecto, el magistrado ponente Alejandro Martínez Castellanos afirmó en su momento que su deseo era que “esta sentencia pueda ayudar a solucionar los problemas de sobrepoblación que afecta el archipiélago y no termine siendo el clamor consignado en la historia de un desastre que pudo ser evitado”. Por su parte, la señora Ofelia Livingston de Barker, miembro de La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo, dijo refiriéndose a la misma sentencia: “podemos ver que desde 1993 San Andrés era la isla más densamente poblada del Caribe y lo es aún más después de 23 años”. Claramente esta sentencia no fue acatada, por tanto no fue solución efectiva para dicho problema, reafirma.

La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo es un colectivo social que agrupa 25 pequeñas organizaciones en toda la isla y que se dedica a promover y reivindicar los derechos humanos de la comunidad étnica raizal, en especial los territoriales y ambientales. Para ellos, la situación de sobrepoblación, sumada a la demanda hotelera y turística, acrecientan las condiciones de miseria y empobrecimiento que padecen principalmente los raizales, debido a que la importación de productos de la zona continental para abastecer toda la demanda, desplazó su actividad agrícola y pesquera, y los productos además son muy costosos. Así mismo, porque el monopolio hotelero, manejado en este caso por On Vacation y Decamerón, concentra toda la riqueza y ejerce un turismo que no respeta a los raizales, el medio ambiente y la cultura nativa.

El pueblo raizal no tiene condiciones para verse beneficiado de la actividad turística, y sus actividades agrícolas y pesqueras se ven afectadas no solo por la importación de productos, sino porque a raíz del fallo de la Haya, el 19 de noviembre del 2012 la Corte Internacional de Justicia CIJ, entregó a Nicaragua 75 mil kilómetros cuadrados de mar territorial, no solo se les impidió la pesca en ese mar territorial, sino que empezaron a llegar barcos pesqueros de grandes empresas, así como pescadores artesanales de ese país, disminuyendo las posibilidades de los nativos. Dice doña Ofelia que “nuestros pescadores no han podido ir a faenar como antes lo hacían, por ende, la pesca se ha reducido. A veces se hace difícil encontrar pescado en la plaza, tanto así que la demanda de los hoteles que atraen al año aproximadamente un millón de turistas, no alcanza a ser cubierta y es por eso que están importando pescado de otra parte. En realidad es difícil conseguir el pescado de nosotros acá en San Andrés; ni siquiera para el consumo nuestro hay suficiente pescado”.


Igualmente, sucede que los terrenos que antes eran aptos para cultivo ya no producen, debido a que el agua en el subsuelo está siendo extraída por la cantidad de posos artesanales construidos y por los más de 600 barrenos que la empresa PROACTIVA explota para satisfacer la demanda hotelera. Este deterioro ambiental y los escasos recursos con que cuenta la isla, la llevaron a ser declarada en emergencia ambiental y sanitaria. No hay agua potable ni una adecuada disposición de basuras y desechos humanos. Por ejemplo, en los sectores tradicionales de La Loma y San Luis siguen utilizando pozos sépticos porque no hay red de alcantarillado ni una planta de tratamiento, por lo que los desechos van a parar al mar. Al respecto, doña Ofelia Livingston comenta que ya han denunciado y exigido soluciones por diferentes medios, como derechos de petición, tutelas, y reuniones con las autoridades competentes, pero a estas, según ella, parece no interesarles el tema.

Por estos motivos es que para La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo, el turismo de San Andrés no ha traído progreso ni desarrollo, sino que es un turismo arrasador que no respeta el medio ambiente y acaba con recursos naturales como el agua. En resumen y de acuerdo a lo expresado por la señora Livingston de Barker, la isla de San Andrés, territorio colombiano en ultramar, vive su calvario porque el Estado desconoce el derecho que todos sus habitantes tienen de vivir dignamente, y es el momento para que los colectivos sociales raizales se empoderen y a través de sus experiencias organizativas apuesten por construir una paz que pase por la defensa de su territorio y la solución de sus conflictos sociales y ambientales.

Wednesday, 22 June 2016 00:00

Código de represión social ya está listo

El pasado jueves 16 de junio, después de 12 horas y 17 minutos de debate, la plenaria de la cámara de representantes aprobó el código de policía. Solo queda pendiente la conciliación ante el senado y la sanción presidencial. Este código impactará con más fuerza en los sectores políticos y sociales que se oponían a dicha reforma, porque será una herramienta política para exterminar cualquier posibilidad de expresión social y protesta.

 

Diego Felipe Becerra, joven grafitero de 17 años fue asesinado por un policía durante la persecución que se siguió luego de sorprenderlo pintando un grafiti el norte de Bogotá el 11 de agosto del 2011, y hasta ahora ha sido evidente la operación en la que ha incurrido la policía para tapar y desviar la investigación; al día de hoy los policías implicados han sido dejados en libertad por vencimiento de términos. En marzo del 2014 el joven Yeison Castrillón fue golpeado por la policías del CAI en la localidad de Kennedy en Bogotá, producto de tal agresión tuvo que ser operado inmediatamente, y estuvo en coma inducido.

Pese a que la policía ha perdido credibilidad y confianza de la mayoría de la población, no solo por estos casos sino por los desalojos, las agresiones contra comunidades pobres y vendedores ambulantes, sin contar los escándalos de corrupción, su relación con grupos delincuenciales y su participación en diversos delitos; con este nuevo código de policía se le otorgaron herramientas jurídicas que seguramente van a incremetar las cifras y los casos de arbitariedad y represión policial, ahora amparados en normas que buscan supuestamente “una mejor convivencia ciudadana”.

Javier Montoya, abogado de la universidad de Antioquia explica lo que significa la aprobación de este nuevo código de policía: “con este código se están tratando de revivir normas de estado de sitio, normas que trataron de implementar a través del estatuto antiterrorista hace muchos años para avasallar a las personas, violar los derechos, restringir la locomoción, la intimidad y la privacidad”
El 14 de junio se siguió en la cámara de representantes el debate sobre el código de policía, aprobado el 16 de junio. El Representante por el polo democrático Alirio Uribe Muñoz quien está de acuerdo con archivar dicha propuesta manifestó lo siguiente: “Claro que necesitamos un código nuevo de policía porque el que tenemos es un hijo de estado de sitio, nació como tal y luego se convirtió en legislación permanente, el problema de este código es que no lo hizo el congreso, es un código de policía hecho por policías, para darle poderes exorbitantes. Yo siento que en muchos artículos que tienen que ver con la minería ilegal con el proxenetismo, prostitución y demás estamos corriendo el riesgo de convertir delitos en contravenciones”. Esto en pocas palabras seria darle un tinte penal al código de policía.

A continuación los puntos más cuestionados del recién aprobado código de policía:

Allanamientos sin autorización judicial
En el artículo dos de la Constitución Política de Colombia, se plasma como principio fundamental el deber del Estado de garantizar la protección de honra y bienes por parte de las autoridades y se reafirma en el artículo 15 “derecho a la intimidad”. Por eso las autoridades requieren autorización judicial para ingresar a una vivienda, ya que si se va a excepcionar este derecho se debe hacer con el debido proceso y sus requisitos están establecidos en los artículos 213 de la ley penal.

“La sentencia más importante sobre las capturas es una sentencia del año 96 a raíz de una demanda de inconstitucionalidad en contra de las capturas administrativas, tal como se plantea violaría la reserva judicial legal frente a los domicilios. Hay por lo menos 15 causales para que los policías se metan a la casa de los ciudadanos. Es un código de policía que es imposible de aplicar”, señala Alirio Uribe Muñoz.

Restricción al derecho de protesta
Las protestas se harán cuando ellos las permitan y podrán disolverlas cuando se vea alterado el orden público. Esta norma también atenta contra el derecho constitucional a la libre expresión y la protesta, pues en otras palabras ellos deciden cuándo estas tienen un fin legítimo.

Como lo expresa en un pronunciamiento de la vocería del congreso de los pueblos “En Colombia, el Derecho a la protesta es un mecanismo de participación política que debe ser protegido. La jurisprudencia en reiteradas ocasiones ha reconocido El derecho de reunión como una libertad pública fundamental pues constituye una manifestación colectiva de la libertad de expresión y un medio para ejercer los derechos políticos.”(C 179/1994).

Un ejemplo de la selectividad del derecho a la protesta podría ser la marcha promovida por Álvaro Uribe el dos de abril del presente año, que contó implícitamente con la aprobación de la autoridad pública, por eso no había casi policías y no hizo presencia el ESMAD. Mientras tanto, en las movilizaciones promovidas por los sectores populares, caso la Minga Nacional que recién acaba de ocurrir en el país, los helicópteros sobrevolaban la multitud generando presión y los antimotines asechaban a los manifestantes en cada lugar. Incluso, resultaron tres comuneros indígenas muertos en confrontación con el ESMAD.

La estigmatización de las protestas, entonces, se harían más intensas y agresivas, pues estas de por sí ya implican una alteración del orden público y sus razones siempre son la inconformidad por el orden establecido.

Medidas correctivas
El nuevo código también establece la posibilidad de imponer medidas correctivas cuando la policía se considere amenazada o irrespetada y multas que permitirán el cobro coactivo y el reporte en centros de riesgos. Lejos de resolver problemas de los ciudadanos legaliza la estigmatización a los sectores sociales más pobres y atiza la violencia en las calles pues no establece controles a la actividad de los policías. Así, de forma selectiva someten a las requisas a cualquiera sin posibilidad de resistirse. Por ejemplo ¿Qué posibilidad tendrá la gente desempleada de sobrevivir, al no poder trabajar en los buses vendiendo? Así como lo establece la nueva normativa, esto será tan ilícito como robar.

muñequitos dibujo de niño colores vivos

El denominado programa Buen Comienzo es realmente la suma de varios programas de asistencia y formación para los niños y madres gestantes campesinas en Antioquia. Esto se hace con dineros que financia el gobierno y de los cuales  fundaciones y particulares se llevan una gran tajada. Melisa es una mujer de 29 años que ha trabajado en varios de estos programas  y conoce lo difícil que es laborar en las veredas con niños y madres gestantes sumidas en la pobreza. Ella nos contó de lo crítico de su situación, del descaro de estas entidades privadas que se roban el dinero que les da el gobierno y que los únicos que trabajan, y muy duro, son las personas a las que se mantiene con un salario miserable, además del trato insensible e inhumano al que son sometidas.

Doña blanca es una testigo de la realidad que se vive en la comuna 8, donde están los barrios La Sierra, Villatina y el Ocho de Marzo, unos de los más pobres y violentos de Medellín. Ella le contó a Periferia que tuvo que renunciar a todo por huir de la violencia y el control social que ejercen los paramilitares allí. Según doña Blanca, la política municipal de participación ciudadana ha sido una forma de financiación de los paramilitares, que se roban los recursos, amenazan y asesinan a quienes intenten denunciar los robos, como le pasó a Pacho habitante del sector de la Arenera, a quien le tocó salir del barrio no sólo para conservar su vida, sino también la de su familia.{jcomments on}

Tuesday, 20 September 2011 22:31

En Colombia sí existe la pena de muerte

El 19 de agosto del 2011 en Bogotá el policía Wilmer Antonio Alarcón Vargas asesinó a Diego Felipe Becerra, de 16 años, que se encontraba con otros amigos haciendo un grafiti. Ante el intento del joven por escapar de la policía, el patrullero le disparó por la espalda. El policia y la institución policial, en cabeza del comandante de la policía metropolitana de Bogotá han ensayado varias versiones (no siempre concordantes) para justificar el hecho de que el policía disparara, como si el joven no le hubiera dejado otra opción. Pero analizados bien los hechos que se han logrado conocer, todo parece indicar que no había ningún motivo que explique el homicidio.{jcomments on}

La corte Suprema de Justicia ha determinado que el contenido de los computadores de el exjefe guerrillero “Raúl Reyes”, asesinado junto con sus hombres por el ejército colombiano en los pasados bombardeos en tierra ecuatoriana, no constituyen prueba para ningún proceso. La corte ha considerado que las pruebas son ilegales pues no cumplieron con los tratados internacionales para su respectivo levantamiento. El auto inhibitorio que expidió la Corte ha causado revuelo.

Wednesday, 13 October 2010 20:58

La terrible historia de Juan

Recuerdo aquellos tiempos en que era un niño; apenas si tenía pocos amigos, casi todos vecinos mío. Pero no era, por ejemplo, amigo de Juan, que también era vecino y vivía en la otra cuadra, por unas escalas. Creció conmigo y nos veíamos casi todos los días; hicimos la primaria en la misma escuela una escuela muy humilde, pequeña, con apenas ocho salones. Después la tumbaron y construyeron en su lugar un edificio más grande con tres pisos y una placa deportiva, y lo convirtieron en colegio. Pero en aquel tiempo, unos diez años atrás, teníamos que terminar nuestros estudios de bachiller en el Colegio Félix Henao Botero,  a la entrada del barrio Villatina. Allí fuimos Juan y yo, pero nos tocó en grupos distintos. Por eso, tal vez, tampoco en el colegio hicimos amistad.

Thursday, 14 January 2010 23:03

Caminando entre la miseria

Eran las 10:30 de la noche, hacía mucho frió, me encontraba al frente de un bar, por la Avenida Primero de mayo esperando el bus de Robledo, tres cuadras debajo de donde parquean. Ya estaba cansado y decidí esperarlo. Aunque solo había vagabundos y borrachos, me parecía peligroso subir. EL ambiente era pesado, pasaban muchos buses menos el que yo esperaba, a mi lado estaban dos señores esperando, no me percaté de uno de ellos que se me acercó y me dijo:

– Qué bus está esperando. Yo estoy muy cansado de caminar y tengo mucha hambre, bendito sea Dios. Mire hombre, ya no sé qué hacer, estoy desesperado, me estoy volviendo loco. Discúlpeme no le voy a hacer nada.

Ya uno no le cree a nadie y pensé de pronto que me iba a atracar. Me quedé callado sin decir nada, el me siguió hablando y yo no le puse atención. Empezó a hablar de su trágica situación  y de sus hijos, luego noté que no tenia intensiones de robarme, lo detallé bien y le notaba lo cansado, estaba muy delgado y ojeroso. Me atreví a preguntarle de dónde venía.

– Bendito sea mi Dios, vengo caminando desde San Javier. Estoy que me desmayo del cansancio, estoy por acá mirando a ver qué me puedo rebuscar, mis hijos deben tener hambre, los dejé con un conocido mientras me buscaba cualquier cosa que llevarles.

La verdad sentí mucha lástima de él, no sabía qué hacer, apenas tenía 5.000 pesos en el bolsillo pero al día siguiente tenia que volver al centro y necesitaba pasajes. Por eso nada más le di 1000 pesos, me lo agradeció tanto, le cambio la cara.

- Mijo, gracias. Estos mil pesitos son sagrados, los tengo que cuidar mucho.

Mientas yo esperaba con paciencia escuchaba que me decía:

 -Esta situación está muy dura, nunca me había tocado así, solo Dios sabe. Ni agua le dan a uno, a los únicos que sí les dan son a esos viciosos, a ellos sí les dan plata para el vicio. Pero bueno, qué más se va hacer, nadie sabe lo de uno, a nadie le importa, este es un sufrimiento muy berraco.

Fueron palabras muy profunda, pero ya las  he escuchado antes. Me he hecho fuerte o más bien me he insensibilizado con aquellas personas que están en una situación crítica. Me imagino que hay mucha gente así y ya no me sorprende. Sin embargo, traté de alentarlo pero no encontraba palabras, la verdad ahí, como estaban las cosas, no se podía hacer nada. Entonces le dije:

–Yo lo veo muy cansado a usted, no le digo que me acompañe a mi casa porque, ¿después como se devuelve? Lo único que le puedo decir es que busque dónde pueda quedarse esta noche, se que es difícil pero no falta quien tenga buen corazón, o devuélvase para san Javier, yo le doy los pasajes. Descanse y mañana será otro día, mire a ver si donde tiene a los hijos le pueden prestar dinero. No sé, pero así como está en estos momentos no va a hacer nada.

Esas palabras no fueron muy reconfortantes, la verdad tal vez ni él podía hacer eso. La plata que tenía era para el agua de panela, y es que los conductores no lo llevarían gratis. Luego de escucharme me dijo:

– Tranquilo mijo, ahí yo miro a ver que hago, ¿usted donde vive?:

- En Robledo. Pero estoy preocupado de que ya no haya más buses a esta hora; ellos recogen a la gente más arriba, sino que me da pereza subir.

- Venga vamos -me dijo –yo lo acompaño hasta allá, esto por acá es muy peligroso y no vaya a ser que le pase algo.

Cuando se prestó a acompañarme pensé un montón de cosas malas, pero luego me despreocupé. La tristeza y aburrimiento que tenía en los ojos se le notaban, era inofensivo, en la forma en que caminaba parecía que se fuera a desmayar.

- ¿Usted qué estudia?- me preguntó

- Derecho en la Universidad de Medellín- le dije.

- Yo he trabajado muchos años de mesero, pero ya estoy muy viejo, y a esa gente no le sirven ya las personas viejas. En estos momento necesito trabajar en lo que sea; un señor de la minorista me dijo que si me conseguía 10 mil pesos me daba un bulto de limones para vender, pero yo de dónde 10.000 pesos, eso es mucha plata para mi.

Cuando llegamos al bus, antes de despedirme le di unas monedas que tenía, aunque sé que no le servirían de mucho, al otro día estaría igual o peor. Pero yo no tenía otra forma de ayudarlo. Además, sé que no es el único y que las limosnas no los ayudan mucho. Solo es el sentir que aun soy sensible y que me duele la realidad de los que están en la miseria, aunque con una limosna no los pueda ayudar.
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