El paro del sur en Bogotá es una fuerza que no se detiene

En el mes de septiembre la ciudad de Bogotá se vió inmersa en un proceso de movilización gestado desde los barrios populares del sur: el paro de sur, Tunjuelo. Este fue un proyecto de organización colectiva que tenía como intensión manifestarse en contra de las múltiples afectaciones que tienen las localidades de Ciudad Bolívar y Usme, pero que tuvo como punto de partida las consecuencias que ha dejado la mala administración del relleno sanitario Doña Juana sobre los habitantes de estas zonas.

Tomar como referencia el 27 de septiembre no era casual, más bien era algo sintomático. Los habitantes de la localidad recordaban cómo hace 20 años el relleno sanitario había tenido una explosión producto de la acumulación de gases, mal manejo de 800 toneladas de basura, algo que sin duda marcó un precedente para la población. Hoy, al verla proliferación de plagas en sus domicilios e incluso cultivos de la parte rural, sintieron que ese oscuro episodio se estaba repitiendo. Por eso elevaron su voz de descontento y empezaron a trabajar de forma colectiva en torno al desarrollo del paro del sur. Buscaban gritar que el sur no se podría seguir convirtiendo en el basurero de la ciudad, y que es necesario pensar en alternativas viables para dar un buen manejo a las 6000 toneladas de basura que llegan allí diariamente.

Pero esta era tan solo la punta del iceberg, por lo que otras localidades del sur de la ciudad se vieron involucradas y decidieron participar en esta movilización, que iba tomando más fuerza debido al trabajo barrial realizado por las mismas comunidades. La gente estuvo comprometida desde el inicio con el desarrollo del paro, y se encargó de brindar su apoyo, desde lo más pequeño,para que todo funcionara. 

¿Qué sucede en el sur?
Hace poco, el representante a la Cámara Inti Asprilla calificó como infame la forma de actuar de la actual administración con la gente del sur. Citó claramente cómo allí la clase popular tiene problemas con el ya mencionado relleno, sumado a la falta de rutas de transporte, la carencia de personal docente en las escuelas, las condiciones de inseguridad a las que están sometidos los jóvenes, ya que se denuncia que en estas zonas existe presencia paramilitar, el problema de la minería a cielo abierto, y como si fuera poco, los problemas que tiene el sistema de salud para estas zonas.

 

El paro se despertó en la ciudad
Durante la preparación del paro los participantes semanalmente se reunían a discutir la posibilidad de vincular la mayor cantidad de gente que aportara a la movilización. De dichas reuniones salían propuestas y asignación de tareas; había un proceso de organización que permitió involucrar a estudiantes, líderes sociales, maestros, medios de comunicación alternativa, y lo más importante, gente del común, convencidos de que este paro debía marcar un precedente histórico de movilización en toda la ciudad.

Llegó el 27 de septiembre y, sobre las 7:00 a.m., desde diferentes puntos de la ciudad se empezaban a agolpar personas que sentían la necesidad de apoyar la movilización. Llegaron organizaciones sociales, y aunque la administración militarizó las diferentes zonas como método de represión a la protesta social, el apoyo fue masivo, y los puntos de concentración fueron estratégicos. De esta forma salieron movilizaciones desde Bosa, Kennedy, El Tunal, algunos barrios del norte de la ciudad e incluso Universidades Públicas. Las consignas no se hicieron esperar y en la ciudad se escuchaba un grito:“¡A parar para avanzar, viva el paro popular!”
Andrey Téllez, docente que acompañó la movilización, manifestó que quien estaba en las calles era la “dignidad rebelde” exigiendo el pago de la deuda social de los problemas que siempre han existido, pero que lastimosamente se han agudizado y peor aún, que se están invisibilizando desde la administración. Al mismo tiempo dejó por sentado que esto no sería una movilización de un día, sino que era el inicio de todo un proceso que debía mantenerse hasta lograr una solución efectiva a las problemáticas del sur.

Así mismo, uno de los participantes de la marcha que salía desde la autopista sur, manifestó que “el sur tenía que dejar de ser patio trasero de la ciudad, porque el sur estaba poniendo el norte”, y que dicho evento debía ser un referente para las próximas generaciones para no permitir que dirigentes políticos hicieran de las suyas aprovechando el momento de elecciones que se aproxima.

Quedó claro entonces que la solidaridad y la lucha organizada del sur sabía cuál era el objetivo de parar la ciudad. Mostraron a los ciudadanos del común que allí estaban muchas personas dispuestas a poner su aliento y fuerzas con tal de ser escuchadas. El sol de la capital estaba en su mayor punto, y las calles se hicieron largas, pero las marchas no se detenían, y la idea de llegar hasta Usme no decaía.

Trascurrida la jornada y a pesar del cansancio y los encuentros con la Fuerza Pública, había una sonrisa en quienes participaban, y no era para menos, se había logrado detener gran parte de la ciudad: mostrar las problemáticas por la cuales se movían y aún más gratificante, se logró que cerca de mil personas se unieran en torno a una lucha que se había gestado desde meses atrás y que no se detendría allí.

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