“Las semillas que queremos, se siembran desde la verdad”

Dicen que algunas no se conocían. Muchas familias huyeron de Machuca pues el recuerdo de sus seres queridos golpeaba tan fuerte que era imposible continuar con la vida. Hijos, madres, padres, hermanos y abuelos de las víctimas del incendio se encontraron allí, algunas llevan en sus cuerpos las huellas de una tragedia que como todas las partes dicen, nunca debió ocurrir.

Tras 20 años de los hechos, los sobrevivientes han continuado, pues no solo las tragedias traen dolor y desgracia; de las tragedias surgen los recursos individuales, familiares y colectivos para seguir. Desde la perspectiva psicosocial, a esto se le llama mecanismos de afrontamiento.

Allí estábamos después de 20 años, aún con la negativa de las partes de generar acciones para reparar, atender y acompañar a las víctimas de la tragedia de Machuca. Una y otra promesa, un arreglo floral cada aniversario en el cementerio, otro rumor de reparación, pero nada de garantías reales de atención e indemnización a las víctimas. Allí nos dimos cita para participar de la presentación del libro Machuca de Gearoid O Loingsigh.

Este, como todos los encuentros de los familiares de víctimas, estaría lleno de emociones, dolor, frustración, rabia, miedo, culpa, entre otras. Estos espacios que ponen en el centro a las víctimas deben contribuir a su recuperación emocional. Por eso deben estar acompañados de acciones psicosociales que eviten el daño y la revictimización; el trabajo con las víctimas no solo requiere de buenas intenciones, también requiere de experticia y cuidado. Cada encuentro con las víctimas debe constituirse como una acción reparadora, es decir que reconozca el dolor de las víctimas, contribuya a la construcción de la verdad y permita la expresión del dolor, la solidaridad y el apoyo mutuo. Fue por eso que me invitaron para compartir con las familias de Machuca un encuentro psicosocial enmarcado en el lanzamiento del libro, pero que tenía como propósito central encontrarse, reconocerse y seguir caminando juntos y juntas.

Fue así como el encuentro se desarrolló en tres momentos: preparación del lanzamiento del libro, lanzamiento del libro y proyecciones organizativas. Tras mi experiencia por más de 20 años en acompañamiento a víctimas en Colombia, hoy tengo certeza que estos encuentros son potentes si se orientan de la manera adecuada, si se brindan las herramientas que permitan que las víctimas puedan resignificar lo ocurrido, identificar los daños, impactos o trasformaciones en su vida como consecuencia de los hechos, finalmente los mecanismos de afrontamiento o resilencia que le permitieron a las personas o colectivos continuar.

Los encuentros con víctimas deben tener un alto componente simbólico, de escucha y de contención emocional. Estos espacios deben propiciar la confianza y solidaridad. Según Paul Pérez la confianza es lo que rompe ante hechos de violencia. El encuentro contó con esta perspectiva psicosocial, se dio inicio invitando a los y las participantes a organizarse en círculo desde la persona mayor, hasta la más joven; algunos no se conocían, otros no se recordaban, otros solo se acordaron cuando se miraron a los ojos y se reconocieron todos y todas como testigos y sobrevivientes de aquel día trágico, que les cambió para siempre la vida. Desde allí se hizo una siembra simbólica de lo que necesitan como proceso de familias sobrevivientes de Machuca. Fue así como los y las asistentes sembraron las semillas de verdad, justicia, paz, reparación, reconciliación, tranquilidad, amor, esperanza, solidaridad, ayuda, entre otras.

Era muy importante el intercambio con el autor del libro, escuchar cuáles fueron las motivaciones para escribirlo. Estos diálogos son importantes y también son actos reparadores. El autor contestó cada una de las preguntas contribuyendo a la compresión de las partes de las expectativas sobre el contenido del libro. Este espacio fue muy complejo para las víctimas, quienes expresaban su rabia, molestia e indignación. Las intervenciones estuvieron centradas en la ausencia de verdad, la responsabilidad de las partes; tras 20 años las víctimas plantean que no han recibido atención por parte del Estado. Tenían dolor y frustración por el no reconocimiento de responsabilidad de Ocensa, y molestia ante la inasistencia de los delegados del ELN a los espacios que se comprometieron.

En el tercer momento, bajo la necesidad de continuar fortaleciéndose como proceso, y construir la verdad desde su propia experiencia, surgieron iniciativas como la de escribir un libro sobre lo sucedido y sobre los sueños y las expresiones culturales que se han convertido en acciones transformadoras.

Pasado, presente y futuro se configuran como un solo momento. El país que queremos necesariamente bebe incluir a las víctimas y sobrevivientes, pero también a las partes. Solo es posible la reconciliación cuando se transita desde la individualidad a lo colectivo, se resignifica la experiencia y se repara integralmente a las víctimas. Partir de la verdad, la de cada una de las partes, la que transformó la vida de las personas, familias y la comunidad de Machuca. Partir de los impactos que se generaron en todas las dimensiones, los daños permanentes.

Este encuentro terminó cargado de esperanzas, de compromisos e iniciativas. Las familias sobrevivientes de Machuca definieron seguir organizándose, para exigir sus derechos al Estado, Ocensa y al ELN. Se comprometieron con su proceso cada uno y cada una, aportando desde sus dones para evitar que tragedias como estas se repitan. Se compartieron ejercicios de respiración, de distención corporal, y cerramos este encuentro con semillas de girasol, adoptando sus características: buscar el sol que es la sabiduría, multiplicar la experiencia con otros y con otras, y germinar el territorio.

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Yeiny Carolina Torres
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