“Nos sembramos como país, nos sembramos como luchas”

Diferentes organizaciones de víctimas del país se dieron cita el pasado 27 de julio en la Plaza de Bolívar de Bogotá, en el marco de la conmemoración de los nueve años de la ejecución extrajudicial de Fair Leonardo Porras Bernal, joven de Soacha víctima del conflicto armado. Allí los familiares de las víctimas manifestaron su rechazo a que los militares responsables de estos hechos fuesen acogidos por la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP.

 

La justicia en el caso de Soacha
En el año 2008, más de 15 jóvenes de Soacha fueron desaparecidos y posteriormente reportados por el Ejército como caídos en combate en Santander y Norte de Santander. Hasta el momento, solo pocos casos han sido juzgados. Uno de ellos es el de Leonardo Porras Bernal, hijo de Luz Marina Bernal, por el cual en 2012 fueron condenados seis militares a 53 y 54 años de prisión. También, este año, 21 militares que eran investigados fueron condenados por estar involucrados en el asesinato de cinco de estos jóvenes.

Sin embargo, María Ubilerma Sanabria, madre de Jaime Steven Sanabria, uno de estos jóvenes desaparecidos y asesinados, asegura que su caso se encuentra en la completa impunidad. Su hijo, de 16 años, fue llevado con engaños a Ocaña, en el Norte de Santander, donde la Brigada 16 del Ejército lo torturó y asesinó. Posteriormente lo llevó a una fosa común como NN, acusado de guerrillero. Luego de nueve años no hay respuesta sobre este crimen, asegura Sanabria.

Por esto, las madres, familiares y esposas de estos jóvenes, organizadas en el colectivo “Las Madres de Soacha”, se encontraron el pasado 27 de julio, junto con otras tantas organizaciones de víctimas, para honrar la memoria y dignificar a las víctimas de desapariciones y ejecuciones extrajudiciales desde la puesta artística “Cuerpos Gramaticales”.

Según la Unidad de Víctimas, en Colombia se han registrado a la fecha 8.504.127 víctimas, de las cuales 8.186.896 son del conflicto armado, de estas 1.770.470 son desapariciones forzadas, homicidios y fallecidos. Es por ello que en el marco de la negociación y los acuerdos de paz entre el Gobierno nacional y las FARC-EP, las partes manifestaron que las víctimas y sus familiares serían el centro del proceso. La JEP fue concertada y consignada en el punto quinto –Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto Armado– del documento final del Acuerdo de Paz, como el mecanismo judicial a través del cual se juzgarán los delitos cometidos por todos los actores del conflicto armado, con el fin de judicializar en el menor tiempo posible a los que se les demuestre culpabilidad en delitos en el contexto de guerra.

Pero un debate sobre las competencias o no de la JEP inició en marzo del presente año, cuando un juez ordinario se negó a imputar cargos por el caso de tres “falsos positivos” de Soacha, argumentando que precisamente el caso debe corresponderle a la justicia transicional. Organizaciones de derechos humanos, así como la fiscal del caso, se mostraron en desacuerdo manifestando que “fueron muertos en circunstancias de indefensión”, por lo que no hacen parte del conflicto.

María Sanabria, también integrante de Las Madres de Soacha, dice que sus principales exigencias en este espacio es que haya justicia, por lo tanto “estos casos no deben considerarse crímenes de guerra, son crímenes de lesa humanidad, crímenes cometidos por agentes estatales, y estos no tienen por qué tener prelación en la JEP. Estos casos son de la justicia ordinaria. Queremos a las cabezas altas, de donde viene la orden, porque los soldados solo cumplieron con disparar”.


Una siembra de resistencia y esperanza
Wilmar Botina, organizador de Cuerpos Gramaticales y perteneciente al Colectivo Agroarte cuenta que este es un colectivo que nace hace 15 años como forma de resistencia a la Escombrera en la ciudad de Medellín, lugar que era destinado a enterramientos clandestinos de personas que habían sido detenidas, torturadas, ejecutadas e inhumadas, aprovechando la condición de botadero de escombros para el ocultamiento de los cuerpos.

“Somos sembradores y sembradoras del territorio, nacemos como una forma de resistencia a las 22 operaciones. En el 2002 pasan cinco operaciones importantes y devastadoras en términos de derechos humanos, unas de ellas son Mariscal, Cortafuegos y la más cruel y la más tremenda es la Operación Orión, con la que inicia el tema de Seguridad Democrática con el Gobierno de entonces, que deja a más de 300 personas enterradas y desaparecidas en la Escombrera, 72 muertos y un centenar de personas violentadas en sus derechos fundamentales”, asegura Botina.

Cuerpos Gramaticales, para Sanabria, “es un espacio para contarle al mundo sobre las ejecuciones extrajudiciales y los falsos positivos; también para contar lo que sucedió en el mandato de Álvaro Uribe Vélez, siendo Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, que fue el cómplice. Fueron más de 6000 ejecuciones extrajudiciales”. Las Siembras, como ejercicios de recuperación de la memoria en espacios donde se implanta la política como miedo, permiten recuperar el territorio, generando espacios para el diálogo entre la búsqueda de la justicia y la verdad. Botina resume la propuesta artística como un espacio donde “nos sembramos como país, nos sembramos como luchas”.

El movimiento de víctimas crece en todo el país como respuesta a las cada vez más visibles violaciones de derechos humanos. Ante ello Sanabria asegura que “solos no hacemos nada”, y finaliza comentado que su lucha por la justicia es hoy, “mientras mis huesos tengan carne y mi nariz tenga halito, ahí estaré. Ellos están pensando que cada vez que me ponen trabas, que cada vez que sacan alguna ley o que me niegan el acceso a la justicia, yo me voy a cansar y me voy a sentar a llorar. Pues no, fíjese que con eso me dan más fuerzas para seguir adelante, no saben, no se lo imaginan. Necesitamos que más personas se unan, porque aún hay mucho miedo de decir, de contar, de denunciar. Queremos con todo esto que se hace, mostrarle a las otras personas que sí se puede, que unidas podemos”.

Transeúntes y curiosos se acercan a mirar la propuesta artística que tiene una duración aproximada de ocho horas. Algunos con inocencia preguntan: ¿Por qué se echan tierra encima esas personas? A lo cual unánimemente los organizadores responden: “Porque están sembrando esperanza”.

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