Los ríos de Cali resisten a la contaminación

La capital del Valle es una de las ciudades con más fuentes hídricas del país, rodeada  y atravesada por cinco ríos: Cauca, Cali, Meléndez, Lili y Cañaveralejo. Estos ríos surten de agua potable a la ciudad, en especial el río Cauca, que aporta el 76% del recurso. Pero este gigante hídrico sufre contaminaciones en grandes cantidades tanto por las industrias como por los asentamientos que se encuentran en su rivera.

Algunos de los factores contaminantes son: los agroquímicos utilizados en la industria de la caña, los cuales se filtran por el subsuelo llegando hasta el río, y contienen agentes dañinos para el ser humano; los desechos farmacéuticos de sustancias toxicas para los seres vivos que llegan a provocar malformaciones de quienes consumen esta agua, y la minería a gran escala de oro y platino, la cual no solo destruye la rivera del Cauca sino que además utiliza mercurio, un elemento altamente cancerígeno. Lo anterior afecta a todo el ecosistema, como se reporta en el monitoreo que tiene la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca – CVC en 19 estaciones a lo largo de unos 200 kilómetros del río a su paso por el Valle.

Pero no solo las industrias privadas son responsables de este crimen. Las entidades públicas encargadas del tratamiento del agua en la ciudad han provocado estragos en el río por falta de gestión. Existen déficits en las plantas de tratamiento de agua potable de Puerto Mallarino y Río Cauca, y una infraestructura incapaz de limpiar efectivamente al agua que se regresa al caudal del río, es decir que los componentes orgánicos son depurados, pero los metales pesados y demás agentes dañinos como el plomo y el mercurio son imposibles de separar. Por otro lado, es responsable la entidad encargada de la recolección de basura, por su mal manejo de residuos sólidos; estos eran llevados al antiguo basurero de Navarro, el cual quedaba rodeado por barrios, y aunque este fue cerrado ya hace 10 años, sigue generando  lixiviados (líquidos tóxicos por la degradación de la basura) que han atravesado las geomenbranas y filtrado en el agua subterránea que desemboca en el Cauca. Es decir que no solo los residuos orgánicos  no son separados del agua como debería ser para regresar al río, sino que además el río sale de la ciudad con una contaminación letal, gracias a las industrias con niveles que duplican los parámetros internacionales permitidos.

Por otro lado, el río Meléndez también ha sufrido los estragos de la sustracción de oro, platino, carbón y hasta la tala indiscriminada del roble negro, utilizado como carbón vegetal. La comunidad de Villacarmelo, un corregimiento a las afueras del occidente de la ciudad, en las puertas del Parque Nacional Natural Farallones, por medio de la Asociación Campesina Gotas de Lluvia, integrada por adultos, jóvenes y niños, ha estado desde finales de los noventa resistiendo a estas prácticas que acaban con el ecosistema que se nutre del río Meléndez. Su trabajo va desde la creación de proyectos de construcción de pozos sépticos, en colaboración con entidades privadas, para las familias que no pueden solventar estos costos; la denuncia a terratenientes que explotan de manera indiscriminada la montaña; las campañas de reforestación, hasta la acción directa en la que han creado comités de protección ambiental, deteniendo a las volquetas que transportan el carbón.

En la actualidad los censos que se realizan al río Meléndez a la altura del corregimiento marcan 0% de mercurio, lo que influye en el turismo de forma positiva en la zona. Pero aguas abajo, el Meléndez, como si no fuera el mismo, se torna oscuro y delgado, con una contaminación “aceptable” según el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - Dagma.

Aunque el agua en lo alto del Meléndez sea cristalina, las dificultades no se han terminado, los campesinos siguen trabajando y desdoblando su amor por su territorio a niñas, niños y jóvenes. La lucha se mantiene no solo con las empresas mineras y la tala, sino también con las entidades públicas como el Dagma, la CVC y Parques Nacionales, porque como dice Jaime, habitante del corregimiento, “no hacen, ni dejan hacer”.

*Este artículo fue producto del taller de Comunicación y Periodismo dinamizado por Periferia en el marco de la Escuela de Comunicación Uramba.

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