El Suroeste antioqueño: territorio sagrado para la vida

Desde el 8 al 15 de agosto más de 100 personas en representación de 15 organizaciones sociales, políticas y ambientales se movilizaron en la Travesía por el Suroeste Antioqueño: Un Abrazo a la Montaña, organizada por el Cinturón Occidental Ambiental (COA), como un mecanismo de construcción de paz territorial con justicia social y ambiental. El Abrazo a la Montaña recorrió a través de movilizaciones, foros, conferencias, presentaciones y actos culturales, los siguientes lugares del Suroeste: Jardín, el Resguardo Indígena Karmata Rua, Andes, Hispania, el Resguardo Indígena Hermenegildo Chakiama, Bolombolo, Peñalisa, Tarso, Pueblorrico, Jericó, Támesis, Valparaíso y Caramanta.

Los activistas participantes estuvieron sorprendidos por las representaciones de bailes tradicionales y  obras de teatro; empequeñecidos por saltos de agua y farallones; arrullados por ríos corriendo entre rocas y pájaros cantando en los arboles. Estaban mojados por aguaceros y bronceados por el sol, revividos por los varios tonos de verde que colorean las lomas, el aire limpio, y el bosque denso y natural. El ritmo de la jornada fue constante e intenso y se cansaron andando las montañas, pero la inspiración les cogió al llegar a cada pueblo, donde las comunidades locales seguían en defensa de sus territorios y, con una energía  y alegría compartieron de sus luchas locales. 

En Andes una mujer lideresa del grupo Huellas de Vida lamentó el uso del agua para el monocultivo de café, “es un problema para los campesinos que los monocultivos se lleven todo el agua, y también que ellos usan químicos venenosos para el agua, los cuales, de hecho, no son necesarios para cultivar. Mi sueño es recuperar todos los manantiales del municipio”.

Andrea Echeverri, integrante del Movimiento Social por la Vida y la Defensa del Territorio (MOVETE), expuso sobre los ríos colombianos y su uso en función del capitalismo: “En 2015 la energía hidráulica -aquélla que se obtiene por el movimiento, caída y corriente de las aguas- representó el 70% de la energía total del Sistema Interconectado Nacional, o sea que de cada 10 bombillos que se prenden en el país, 7 son alumbrados por nuestros ríos. Sin embargo, menos de 5% de esta energía está destinada  a los centros poblados. Casi la mitad (45,5%) termina siendo usada por las industrias y 21% es empleada en la explotación de minas y canteras; lo cual implica que las minas y canteras gastan 4 veces más energía de lo que nosotros hacemos en nuestras casas y es energía que en gran porcentaje requiere de la privatización de nuestros ríos y territorios para su generación, y que además genera otras injusticias en sus etapas de transmisión, distribución y comercialización. Según datos de la Unidad de Planeación Minero Energética-UPME, en 2015 la demanda interna fue menor a la generación. Pero, si se produjo más energía de la consumida ¿por qué los medios y el gobierno crearon un discurso de escasez que llevó a racionamientos en varios territorios y a una ofensiva contra nuestras aguas?”.

El COA constata que “nuestra justicia social y ambiental nos obliga a señalar que la naturaleza no sólo ha sido víctima del conflicto armado sino de un modelo de desarrollo que pretende destruirla a partir de mega-proyectos mineros, energéticos, petroleros, agroindustriales y privatizarla mediante políticas conservacionistas de economía verde”. Las amenazas que plagan el territorio del Suroeste Antioqueño en este momento son: microcentrales y represas de agua; monocultivos de café, pino, eucalipto, frutales; la minería de cobre y oro; la ganadería, agroindustria, y semillas alteradas genéticamente. Amenazas estas que hacen parte del Plan Nacional de Desarrollo y del modelo económico capitalista internacional que se están conociendo en el marco de negociaciones para el fin del conflicto armado como la ‘paz corporativa’. La paz corporativa, como explica el COA, es “el intento del ejecutivo colombiano por pacificar al país para entregar amplias zonas del territorio nacional a las corporaciones transnacionales”.

La Asociación Regional de Mujeres del Suroeste (ASUMBUS) y la Corporación Vamos Mujer constataron que, “son muchas las afectaciones y las implicaciones ambientales y socio-culturales negativas derivadas de los mega proyectos minero energéticos y extractivos: pobreza, violencias contra las mujeres de tipo sexual, física y económica, enfermedades, divisiones y rupturas del tejido comunitario y organizativo y expropiación del territorio y de los bienes naturales. Nos negamos y resistimos a esta propuesta del desarrollo excluyente y depredador, que mercantiliza la madre tierra y el cuerpo de las mujeres”.

En el Resguardo Indígena Hermenegildo Chakiama, antes de un acto espiritual, se escuchó sobre las diferencias entre un plan de desarrollo y un plan para la vida. Un plan para la vida, explicado por el gobernador indígena, “es un plan de largo plazo. Es un plan que incluye fortalecer el pueblo con una construcción continua de identidad, pensamiento, idioma, comida y territorio. El plan de vida tiene una educación propia, medicina tradicional y una defensa del territorio, el agua, el bosque y todos los recursos naturales”.  Eva Vélez, la  coordinadora del grupo de baile en el Resguardo Indígena Embera Chami Karmata Rua, explicó su qué hacer a través del arte como parte de un plan para la vida: “La danza sirve para enseñar la historia, para construir comunidad entre los jóvenes y para defender la cultura y el territorio”. 

Desde una tarima en Valparaíso, antes de empezar el acto cultural, el maestro de ceremonias recordó que “los campesinos alimentan este país, no las multinacionales”.  Se conocieron propuestas comunitarias como el Circuito Económico Solidario de Támesis (CESTA) que vende productos de campesinos y trabaja la conservación de la semilla criolla.

Durante un foro en Jericó, pueblo sede de la oficina de la empresa Anglo Gold Ashanti, los panelistas reconocieron que la paz va a dividir más a la sociedad que la guerra, porque aunque todos están en contra de la guerra, derecha e izquierda, multinacionales y campesinado, queda todavía la pregunta de cómo se va a construir la paz porque cada sector lo imagina distinto. Algo en lo cual todos los exponentes estaban de acuerdo es en la indignación de tener que negociar con empresas privadas en sus territorios como si fuera un actor político legítimo. Maria José, panelista del COA, lo explicó alegóricamente: “Tanto como no negociaremos con un ladrón que nos va a robar la plata en la calle, no negociaremos con multinacionales que vienen a robarnos el territorio”. Por eso, en Palermo una lideresa comunitaria expresó el compromiso del pueblo de no dejar a entrar a Anglo Gold Ashanti en su territorio: “Hemos visto lo que ha pasado a los pueblos vecinos, hemos visto que la minería trae la destrucción de la comunidad y el medio ambiente y trae la prostitución de las niñas y los niños y la corrupción en el gobierno para dejarlo pasar... eso no queremos para Palermo”.

En Tarso, el ambientalista Juan Alejandro Palacio recordó de la importancia de entender “un bonito paisaje” como más que una vista, y reconocerlo como un sistema ecológico que hay que entender como habitantes del mimo sistema. “Mostrar a los niños fauna en un zoológico es como mostrar a los extraterrestres los seres humanos en un manicomio”, dijo mientras exponía sobre la flora y la fauna diversa y extensiva del Suroeste Antioqueño, mucha de ella en riesgo de perderse por la minería, represas y la ganadería a gran escala como una práctica para el lavado de dinero. El Director de Escuelas Rurales también resaltó la importancia de conocer el territorio con su comentario, “el territorio es la educación, y la educación es el territorio”.

Daniel Pardo de la Corporación Social Nuevo Día enfatizó sobre la importancia de la participación ciudadana directa desde los territorios en la política, reafirmando que “la paz son cambios; no se decreta, se construye”.

En toda la travesía la lucha de las comunidades campesinas e indígenas mostraron su dedicación a la vida digna, su insistencia para un territorio libre de explotación y lleno de recursos naturales, biodiversidad y economía propias. Mientras las negociaciones para el fin del conflicto armado continúan en Colombia, los pueblos, más que nunca, tienen que unir las voces para defender su auto-determinación y soberanía, para obligar que el uso del territorio se quede en las manos de los habitantes y no mandado desde el gobierno nacional y mucho menos desde las empresas privadas, sean Colombianas o multinacionales.

 

Share this article

About Author

Gina Spigarelli
Leave a comment

Make sure you enter the (*) required information where indicated. HTML code is not allowed.

Librería

La Fogata

Apóyenos

Centro de Artes

 

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

 

Calle 50 #46-36 of. 504

 

(4) 231 08 42

 

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Bono solidario

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.