“Un gobierno progresista debe velar por la constituyente en los territorios”

Unas horas antes de la realización de la asamblea del movimiento Progresistas en Antioquia, Gustavo Petro, el ex alcalde de Bogotá y una de las figuras alternativas que aparece en los primeros lugares hacia la presidencia en los sondeos de opinión, nos recibió en el emblemático Hotel Nutibara para dialogar sobre la paz y sus propuestas de camino a las elecciones presidenciales del 2018.

Periferia: ¿Cómo lee el actual estado de implementación del Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno y las FARC?
Gustavo Petro: Desde antes del plebiscito expresé mis inquietudes un tanto escépticas alrededor de esto que hemos llamado el proceso de paz, básicamente porque creo que la lucha armada en Colombia desde hace bastantes años dejó de tener una pertinencia. Quizás el último eco que pudiera haber producido una transformación democrática a partir de la lucha armada, o por lo menos de la dejación de esa lucha, la ubicamos en el 91, ya hace bastantes años. Entonces un Estado o Gobierno, que es una expresión de un sector de la sociedad, la que siempre ha manejado a Colombia, que no ve en el proceso de paz una excusa para transformaciones democráticas, pone unas líneas rojas de las cuales la guerrilla no debe lograr mayores reivindicaciones, lo que conduce el proceso a prácticamente una desmovilización militar y a unas garantías jurídicas un tanto irrisorias para su comandancia y prácticamente ninguna transformación de la sociedad. Realmente no hubo esa emoción, ese enamoramiento y se debe básicamente a que no se observa que el Acuerdo de Paz sea un acuerdo que transforme las condiciones cotidianas de esta sociedad que sigue desenvolviéndose en la violencia.

P: Precisamente en las negociaciones entre Gobierno y ELN se retoma la participación de la sociedad como un punto central ¿Qué opina usted sobre convocar a la sociedad a participar en la construcción de paz?
GP: El Gobierno, incluso más radical respecto al ELN, mantiene la línea roja, la quiere tender más en su beneficio, es decir cero transformaciones al modelo extractivista y neoliberal y con una alta restricción política. El ELN quisiera transformaciones sociales y quisiera medirse comparativamente con las FARC como que sí lograron más transformaciones. El contexto es mucho más negativo ahora. Primero porque juntos quizás hubieran podido lograr más, segundo porque la impertinencia de la lucha armada sigue vigente, cuando el ELN pide que la sociedad participe, ¿la sociedad quiere participar en eso? O cierto extracto minoritario de la sociedad permeado, que quisiera participar pero que no es representativamente la sociedad.

Si uno quisiera hablar de vinculación de la sociedad en un proceso de paz, uno tendría que estar hablando del poder constituyente, y cuando uno habla del poder constituyente entonces primero la sociedad toda con capacidad de decisión indudablemente, ni siquiera de participación sino de decisión, y en segundo lugar, toda la agenda gravitaría alrededor de las problemáticas de la sociedad, no de las problemáticas de la guerrilla. Es otra lógica y eso es lo que yo llamo la paz mayor.   

P: ¿Ve usted posibilidad de disputarle el poder a las élites con la experiencia de gobierno en la Bogotá Humana?
GP: La experiencia es parte, Bogotá de todas maneras no se puede extrapolar al conjunto del país, los territorios todos son diversos, las poblaciones son diversas, las problemáticas son diversas, pero indudablemente estamos hablando de un gobierno que fue alternativo, aunque sin la posibilidad de cambiar las normas,que se hizo en la principal ciudad de Colombia, en el contexto de un Estado neoliberal y autoritario, y de ahí la tensión que se provocó y las medidas que se tomaron contra mí.  

Esa experiencia sirve para pensar entonces qué pasaría con un acceso al gobierno nacional con capacidad de cambiar las normas, y esto tiene que ver con el poder constituyente más que con tener una mayoría en el Congreso. Un Gobierno progresista en Colombia debe velar por la constituyente en todos los territorios, no una Asamblea Nacional Constituyente, sino en cada territorio, precisamente para que las ciudadanías territoriales tengan la opción de decidir. Eso cambia seguramente el modelo económico depredador, y políticamente también cambia porque lo que hoy tenemos es una especie de alianza entre  una oligarquía santafereña y unas mafias regionales armadas y corruptas que han desplazado en los territorios la decisión del pueblo. Si uno desata el poder constituyente lo que está haciendo es cambiar el poder de esas élites mafiosas hacia la ciudadanía diversa. Me parece que ese debería ser el primer enfoque de un Gobierno alternativo.

P: ¿Cuáles son los temas centrales en la propuesta de gobierno que está construyendo?
GP:Hay personas que creen que lo que el país amerita es mantener su sistema económico y político, y echar unos cuantos corruptos a la cárcel. El sistema económico y político que tenemos genera más corruptos y más poderosos porque en sí mismo es corrupto, entonces no se puede plantear una lucha contra la corrupción sino se plantea una  trasformación  del sistema político. La agenda entonces de justicia social, de transformaciones sociales, y ampliación de la democracia me parece muy importante. Lo mismo que la agenda de la paz, hay ciertos sectores de la vida política que parecieran girar alrededor exclusivamente de los acuerdos ya firmados, que son pequeños en su alcance por lo que yo dije, y entonces estos sectores políticos reducirían su peso específico en la sociedad colombiana, porque no le estarían hablando a la sociedad sino a los protagonistas de los acuerdos de La Habana. La verdad es que si uno quiere pensar la paz en serio, tiene que pensar es en una trasformación del sistema político del país, en términos de justicia social, de democracia,  de equidad, es ahí donde yo veo que se puede propiciar una confluencia si somos más audaces, yo creo que la sociedad colombiana está demandando cambios en las cosas que lo están afectando diariamente, esos cambios tienen que ver con la salud, con la educación, con el medio ambiente indudablemente, con el territorio, y si la agenda no toca esos temas entonces no hay una comunicación con el cuerpo social que es finalmente el que determina si se gana o no se gana.

P: ¿Con quiénes se debería hacer una coalición y con quiénes no para estos cambios que propone?
GP: Yo pienso que hay que trazar una línea, no en términos de derechas e izquierdas. Me parece que el concepto está sobrepasado en el siglo XX, ahí quedó; el siglo XXI está afrontando una serie de problemáticas en el globo que nos hacen pensar que  la línea divisoria está entre la política de la muerte y la política de la vida, en realidad quienes ganan elecciones en los centros de poder mundial son la política de la muerte, y se está viendo en un incremento a la barbarie que hace mucho tiempo no veíamos, estamos llegando a una situación como en 1933; el mar mediterráneo se ha vuelto una fosa común, los países petroleros están cautivos en la masacre, en la sangre, de los pueblos árabes no queda ningún recuerdo de su identidad. Por tanto  una reconstitución democrática, de las posibilidades de la libertad, de la diversidad, de la humanidad, está alrededor de una política de la vida. Los que están aquí interesados como fuerzas, como individuos, como ciudadanos,  en construir esa gran coalición ciudadana de fuerzas de la vida, que tendrían que mirar cada tema, territorial, salud, educación, pensiones, economía, desde ese prisma de la política de la vida.

P: Existen diferencias en los sectores alternativos de la política ¿Ve posible de aquí al 2018 lograr que estos se unan en un mismo proyecto?
GP: La diversidad en sí misma no es mala.  Al contrario me parece positiva, no hay que verla como un hecho negativo. Parte de las fuerzas guerrilleras fueron homogeneizadoras al punto que mataban al contrincante político en los territorios, incluso dentro de sus propias filas; los paramilitares son una fuerza homogenizadora, igualmente exterminaban la diferencia; hay fuerzas políticas reaccionarias que son homogenizadoras, Ordoñez, sectores del uribismo; el mismo Polo en su fase final, siendo una fuerza que se planteó la diversidad como agenda al inicio, termina siendo también una fuerza homogenizadora. Yo pienso que esas fuerzas así no tienen capacidad  de convocatoria, terminan reducidas al mínimo desde el punto de vista político, y creo que la diversidad que hoy se ve, podría, si se sabe tratar, ser la explosión de nueva  una gran coalición diversa y dinamizadora, muy amplia, que pudiera incluso aportar a las mayorías nacionales, pero hay que saberlo construir desde esa diversidad, sin quitar y respetando esa diversidad.


Durante el 2017, Periferia dialogará con los candidatos de izquierda o alternativos, hacia las elecciones presidenciales del 2018. Espere las entrevistas en nuestras próximas ediciones.

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