Jardines Mágicos: el útero como centro de poder

Ya está circulando Jardines Mágicos, una cartilla de úteros para colorear inspirada en flores colombianas. Su objetivo es empoderar a niñas y mujeres de su cuerpo y su feminidad. Periferia conversó con su autora, Carolina Ramírez, quien nos habló de su vida y nos contó sobre esta propuesta y el trabajo que gira alrededor de ella.

 

Periferia:Carolina, ¿qué es Jardines Mágicos, cuál es su objetivo?

Carolina Ramírez: Jardines Mágicos es un libro de úteros para colorear inspirado en flores colombianas. Nació porque en las historias que nosotras escuchamos de las mujeres, muchas de ellas nos cuentan cómo la misma medicina les decía que se sacaran el útero si ya habían tenido hijos. Esa carga con la que se ha visto el útero es muy fuerte, y cuando se ha extraído es solo por prevención, entonces hay que resignificar también el útero, hay que darle otras connotaciones. Nuestros órganos sexuales están también colonizados, porque por ejemplo las trompas de Falopio se llaman así porque Falopio era uno de los médicos que hacía experimentos con mujeres esclavas y sin anestesia, y mira, nosotros cargando la memoria de Falopio. Hay muchos asuntos para trabajar, porque también es necesario comprender que nosotras no tenemos un aparato reproductor, son nuestros órganos y no estamos tampoco obligadas a reproducirnos. Obviamente tampoco es negar a quien quiera reproducirse. Debemos mostrar a las niñas que llevamos un jardín en donde se pueden cultivar muchos sueños. El útero es un centro de poder para nosotras, porque si en el útero se logra gestar un hijo, imagínense la fuerza que se puede poner ahí, también para crear lo que nosotras queramos crear. Queremos seguir proponiendo esa metáfora.

P: ¿Cuéntanos un poco de ti y tu trabajo, cómo llegaste a este enfoque y a esta propuesta?

CR: Yo nací en Segovia, pero hace 15 años me vine a Medellín a estudiar psicología. Después que me gradué empecé a ver que todos los trabajos a los que llegaba era acompañando mujeres. A partir de un trabajo que tuve con enfoque de género, me movilicé mucho alrededor del tema. Allí empecé a tener un reconocimiento de mí misma y de las demás, a darme cuenta que todas las historias que llegaban tan macabras para mí eran las mismas historias de mi abuela, de mi tatarabuela, de mi vecina, es decir, que era la misma historia de las mujeres. Allí empezó esa inquietud mía por el trabajo con enfoque de género.

En el 2014 con otras amigas que habían sido compañeras de trabajo, decidimos emprender el colectivo Artemisa, y desde ahí tomé la decisión de no trabajar más con la institucionalidad. En el 2014 dos de nosotras hicimos la formación en terapia menstrual, con una mujer argentina. Allí trabajamos el ciclo femenino, relacionándolo con un momento de la vida de las mujeres, y con una fase vital de nosotras. Eso es fundamental, porque cuando hablamos de empoderamiento femenino, se trabaja mucho es desde lo político. También está esa otra parte de nuestro cuerpo y naturaleza. Una de las artimañas del patriarcado fue negar nuestra naturaleza, hacernos ver como histéricas, entonces de esa forma nos ponen a andar de manera lineal, y nosotras no somos lineales. Nuestra apuesta es empezar desde ahí, para reconocernos como mujeres cíclicas y entender que nuestro cuerpo no está enfermo. Allí empecé a recuperar la confianza en mí misma. También nos dimos cuenta de todas las taras que tienen las mujeres y la colectividad con la menstruación, pese a que sean muy empoderadas de lo político. Empezamos a entender que estamos muy conectadas con la tierra, y que la tierra es tan cíclica como nosotras. 

Allí iniciamos el trabajo de pedagogía menstrual, porque cuando nosotras aceptamos estos procesos físicos, biológicos, naturales en nuestro cuerpo y cuando nos damos cuenta que estamos en una conexión muy grande con la tierra, porque ella también pasa por cuatro ciclos, entonces nos damos cuenta que no estamos locas, ni histéricas, ni bipolares, sino que simplemente estamos supremamente conectadas con la tierra.  Se trata de recuperar ese saber y esa fuerza con los ciclos naturales de la vida. Desde allí nos reconocemos y empoderamos para que cuando lleguemos a los espacios políticos podamos respetar también nuestros propios ciclos. 

 

P: ¿En qué consiste el trabajo que realiza el colectivo Artemisa?

El fuerte de nosotros es la terapia menstrual, para sanar esos procesos de ciclicidad femenina, pero también hacemos el trabajo de pedagogía menstrual, no solo la terapia que es más personal. La pedagogía se hace en espacios públicos y privados, por ejemplo el Círculo de mujeres que facilitamos en el barrio Castilla, en el parque Juanes de la Paz desde hace dos años, cada 28 días, cada luna llena. Lo iniciamos porque se recrudeció en un momento la violencia en el territorio, entonces empezamos a hacer el círculo pensando en las mujeres que sufrían por la muerte de sus hijos, sus hermanos, pero después empezaron a llegar mujeres de otras partes de la ciudad, y ahí en el parque hemos tenido hasta 50 en un solo círculo. 

 

P: También eres autora de un trabajo llamado “El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo”, ¿en qué consiste esta propuesta?

Cuando nosotras empezamos a hacer el proceso de pedagogía menstrual, empezamos a darnos cuenta de la fractura que había en las mujeres a raíz de su menstruación, entonces empezamos a trabajar, a desmitificar, pero no había cómo hacerlo también con las niñas, para evitar o para hacer la prevención, y acompañarlas para que recibieran su menstruación de una forma más bonita. Ahí se nos ocurrió crear un cuento, materiales que estuvieran más a la mano de nosotras, y ahí me propuse escribir El vestido de Blancanieves se ha teñido de rojo. Nos interesaba mucho que fueran princesas clásicas, pues estas ya tienen un anclaje en lo colectivo, entonces era importante hacer la resignificación en ellas, porque también pensamos que esto de negarles a las niñas que se llamen princesas, es muchas veces nadar contra la corriente. Nosotras propusimos no pelear con eso, pero mostrarles a las niñas otra forma de ser princesas, porque está también Mononoke,por ejemplo, que es una princesa guerrera.

 

P: ¿Cómo esta propuesta se relaciona con los movimientos sociales y el trabajo político?

CR: Una de las cosas que también hizo el patriarcado fue hacernos pensar que lo espiritual era una cosa y lo político otra. Pero para que fluyan bien tienen que encontrarse estos dos componentes. Los movimientos sociales necesitan humedecer el alma, para que en su lucha no se resequen, y se humedece es desde allí, cultivando lo espiritual, y la relación que hombres y mujeres tenemos con los ciclos naturales.

Nota: Esta cartilla puede adquirirla en la sede principal de Periferia (Calle 50 # 46-36, of 504. Medellín), o a través de nuestras redes sociales.

 

 

 

 

 

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