Periferia

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Wednesday, 06 December 2017 00:00

Editorial 134: Todo por ganar

El mal de todos no puede seguir siendo el consuelo de los tontos. Este año 2017 ha sido uno de los más frustrantes para la sociedad colombiana en general. Lo que podría haber sido la ventana para ver asomos de democracia y cambios, resultó ser un roto en la pared por el que se asoma un panorama lúgubre; en materia social y económica el balance no puede ser peor para los más humildes que no ven en los planes de los que conducen el país, y que se lo roban descaradamente, la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

La paz, como hemos dicho en otros editoriales, en vez de ser la esperanza de cambios democráticos de un país que ha sido testigo de la desigualdad, la injusticia y los horrores de la guerra durante 200 años, y de los atropellos de las élites a través de la muerte y el despojo, se ha convertido en la herramienta discursiva de las mismas élites para continuar disfrutando el botín burocrático del poder político. Pero este año al menos la reacción social en los territorios tuvo mayor impacto, mejor contenido, y desde las comunidades podría estarse encubando una suerte de opinión política alternativa interesante. Algo cualitativamente mejor a lo que ocurrió años anteriores.

Esta opinión política, moldeada en medio de la lucha y la movilización, y afianzada en reivindicaciones concretas que tocan el nervio de la gente pobre, como su necesidad por el agua potable, y por derechos fundamentales como la salud, la educación y el empleo, sería el paso que esperamos muchos hacia una base social capaz de engendrar una cultura política crítica, que produjera golpes claves sobre las instituciones corruptas de la vieja política. El voto castigo en contra de los partidos tradicionales y las facciones de derecha y ultraderecha, padres de todos los males y corruptelas, podría ser su primera manifestación concreta en las elecciones de 2018.

Es que todo el 2017 las calles y carreteras de ciudades y regiones colombianas estuvieron ocupadas de manifestantes de diferentes gremios como los transportadores, arroceros, magisterio, comunidades en contra de la minería y por la defensa del agua, campesinos, cocaleros, además de paros cívicos de más de 20 días en Chocó y Buenaventura, paros campesinos y barriales, mingas de la Cumbre Agraria, consultas populares en defensa del agua y el territorio; es decir acciones combinadas de corte extrainstitucional y también institucional. En la práctica los resultados no son muy diferentes a los de los años anteriores, el Gobierno logró apaciguar las protestas con promesas y posteriores incumplimientos, pero los paros cívicos y las consultas son elementos para observar con mayor interés y detenimiento.

En el caso de los paros cívicos, se nota un fortalecimiento de la protesta en el marco de una visión territorial regional, así es como el Occidente colombiano, o sea el Pacífico, se hizo sentir con reivindicaciones que lograron cautivar el apoyo del país y volcar la mirada centralista hacia la región, hacia la periferia nacional. Los pueblos afros e indígenas le recordaron al resto de colombianos que allí había unos compatriotas sufriendo las perversidades del centralismo y el clasismo de las élites. Este elemento no es de poca monta, porque con seguridad fortaleció la autoestima y el autoreconocimiento de los habitantes del Pacífico, y eso no va a parar ahí, menos en medio de un polvorín como el que se vive con la presencia de otros grupos armados, claramente encubados y financiados por los estamentos del Estado, como son los paramilitares, neoparamilitares, o como ahora los quieran llamar, disputándose esos territorios en donde todo el mundo tiene puestos sus ojos.

Por su parte, las consultas populares son luchas exitosas que le están ganando el pulso a las transnacionales, al Gobierno y a los grupos armados; y por otro lado le están torciendo el cuello al modelo neoliberal, el mismo que el Estado dice que no cede ni en un milímetro en las negociaciones de paz con las insurgencias. El tema es tan importante que el mismo Estado ha tenido que recurrir a su estructura jurídica, política y constitucional para burlar los resultados.

Esto lo que va a provocar es mayor indignación y fortalecimiento de la unidad de diferentes sectores de base que ya han demostrado que son capaces de pasar por encima de la disciplina de sus partidos. De hecho, es común ver a uribistas o vargaslleristas trabajando con fervor y de la mano con izquierdistas, ambientalistas, verdes, entre otros, en las consultas contra la minería y en favor del agua, aun en contra de sus jefes del Centro Democrático, Partido Liberal, o Cambio Radical.

Ante las trampas institucionales y la desfinanciación de las consultas, la gente viene ejecutando actividades colectivas para recoger los recursos necesarios para financiarlas. Esto evidencia la crisis de los partidos. Sin lugar a dudas el 2018 va a tener record en materia de consultas y sin riesgo a equivocarnos, todas las va a ganar la gente, el pueblo, las comunidades.

Estos son saltos cualitativos que deben ser atendidos por los sectores democráticos que luchan por el cambio. Las recientes audiencias de participación, acordadas en la mesa de Quito, aunque desarrolladas en la oscuridad y el aislamiento de la sociedad, ofrecieron gratos resultados. Entre las más de 200 exposiciones de los sectores populares y algunos institucionales representados allí, hubo consensos importantes que muestran que la sociedad se está cansando de las prácticas políticas tradicionales, y de las políticas excluyentes del Estado. Por ejemplo, casi todas las voces coincidieron en la necesidad de la participación amplia, plena, desde los territorios, de abajo hacia arriba, con capacidad de decisión, y en muchos casos exigiendo que la negociación de paz debe ser en Colombia y de cara a la sociedad.

Lo que le falta a la gente es creer en sus propias capacidades de participación y transformación; en la posibilidad de ejercer soberanía y decidir cuál es el país que quiere. Así, en el 2018 podríamos elevar la consigna del voto castigo contra los de siempre, o sea los uribistas, los santistas y los vargaslleristas, también contra los que se camuflan con otros nombres, pero son los mismos; luchar contra la cultura de “toca votar por el menos malo”. Hay posibilidad de construir nuevos referentes políticos, así se pierda en esta oportunidad electoral, ir acumulando hacia el 2022, y llegar a segunda vuelta con propuestas de cambio, de impacto social. Al fin y al cabo, después de padecer a las mismas élites durante 200 años, nada tenemos que perder y sí todo por ganar.

Wednesday, 06 December 2017 00:00

Editorial 134: Todo por ganar

El mal de todos no puede seguir siendo el consuelo de los tontos. Este año 2017 ha sido uno de los más frustrantes para la sociedad colombiana en general. Lo que podría haber sido la ventana para ver asomos de democracia y cambios, resultó ser un roto en la pared por el que se asoma un panorama lúgubre; en materia social y económica el balance no puede ser peor para los más humildes que no ven en los planes de los que conducen el país, y que se lo roban descaradamente, la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

La paz, como hemos dicho en otros editoriales, en vez de ser la esperanza de cambios democráticos de un país que ha sido testigo de la desigualdad, la injusticia y los horrores de la guerra durante 200 años, y de los atropellos de las élites a través de la muerte y el despojo, se ha convertido en la herramienta discursiva de las mismas élites para continuar disfrutando el botín burocrático del poder político. Pero este año al menos la reacción social en los territorios tuvo mayor impacto, mejor contenido, y desde las comunidades podría estarse encubando una suerte de opinión política alternativa interesante. Algo cualitativamente mejor a lo que ocurrió años anteriores.

Esta opinión política, moldeada en medio de la lucha y la movilización, y afianzada en reivindicaciones concretas que tocan el nervio de la gente pobre, como su necesidad por el agua potable, y por derechos fundamentales como la salud, la educación y el empleo, sería el paso que esperamos muchos hacia una base social capaz de engendrar una cultura política crítica, que produjera golpes claves sobre las instituciones corruptas de la vieja política. El voto castigo en contra de los partidos tradicionales y las facciones de derecha y ultraderecha, padres de todos los males y corruptelas, podría ser su primera manifestación concreta en las elecciones de 2018.

Es que todo el 2017 las calles y carreteras de ciudades y regiones colombianas estuvieron ocupadas de manifestantes de diferentes gremios como los transportadores, arroceros, magisterio, comunidades en contra de la minería y por la defensa del agua, campesinos, cocaleros, además de paros cívicos de más de 20 días en Chocó y Buenaventura, paros campesinos y barriales, mingas de la Cumbre Agraria, consultas populares en defensa del agua y el territorio; es decir acciones combinadas de corte extrainstitucional y también institucional. En la práctica los resultados no son muy diferentes a los de los años anteriores, el Gobierno logró apaciguar las protestas con promesas y posteriores incumplimientos, pero los paros cívicos y las consultas son elementos para observar con mayor interés y detenimiento.

En el caso de los paros cívicos, se nota un fortalecimiento de la protesta en el marco de una visión territorial regional, así es como el Occidente colombiano, o sea el Pacífico, se hizo sentir con reivindicaciones que lograron cautivar el apoyo del país y volcar la mirada centralista hacia la región, hacia la periferia nacional. Los pueblos afros e indígenas le recordaron al resto de colombianos que allí había unos compatriotas sufriendo las perversidades del centralismo y el clasismo de las élites. Este elemento no es de poca monta, porque con seguridad fortaleció la autoestima y el autoreconocimiento de los habitantes del Pacífico, y eso no va a parar ahí, menos en medio de un polvorín como el que se vive con la presencia de otros grupos armados, claramente encubados y financiados por los estamentos del Estado, como son los paramilitares, neoparamilitares, o como ahora los quieran llamar, disputándose esos territorios en donde todo el mundo tiene puestos sus ojos.

Por su parte, las consultas populares son luchas exitosas que le están ganando el pulso a las transnacionales, al Gobierno y a los grupos armados; y por otro lado le están torciendo el cuello al modelo neoliberal, el mismo que el Estado dice que no cede ni en un milímetro en las negociaciones de paz con las insurgencias. El tema es tan importante que el mismo Estado ha tenido que recurrir a su estructura jurídica, política y constitucional para burlar los resultados.

Esto lo que va a provocar es mayor indignación y fortalecimiento de la unidad de diferentes sectores de base que ya han demostrado que son capaces de pasar por encima de la disciplina de sus partidos. De hecho, es común ver a uribistas o vargaslleristas trabajando con fervor y de la mano con izquierdistas, ambientalistas, verdes, entre otros, en las consultas contra la minería y en favor del agua, aun en contra de sus jefes del Centro Democrático, Partido Liberal, o Cambio Radical.

Ante las trampas institucionales y la desfinanciación de las consultas, la gente viene ejecutando actividades colectivas para recoger los recursos necesarios para financiarlas. Esto evidencia la crisis de los partidos. Sin lugar a dudas el 2018 va a tener record en materia de consultas y sin riesgo a equivocarnos, todas las va a ganar la gente, el pueblo, las comunidades.

Estos son saltos cualitativos que deben ser atendidos por los sectores democráticos que luchan por el cambio. Las recientes audiencias de participación, acordadas en la mesa de Quito, aunque desarrolladas en la oscuridad y el aislamiento de la sociedad, ofrecieron gratos resultados. Entre las más de 200 exposiciones de los sectores populares y algunos institucionales representados allí, hubo consensos importantes que muestran que la sociedad se está cansando de las prácticas políticas tradicionales, y de las políticas excluyentes del Estado. Por ejemplo, casi todas las voces coincidieron en la necesidad de la participación amplia, plena, desde los territorios, de abajo hacia arriba, con capacidad de decisión, y en muchos casos exigiendo que la negociación de paz debe ser en Colombia y de cara a la sociedad.

Lo que le falta a la gente es creer en sus propias capacidades de participación y transformación; en la posibilidad de ejercer soberanía y decidir cuál es el país que quiere. Así, en el 2018 podríamos elevar la consigna del voto castigo contra los de siempre, o sea los uribistas, los santistas y los vargaslleristas, también contra los que se camuflan con otros nombres, pero son los mismos; luchar contra la cultura de “toca votar por el menos malo”. Hay posibilidad de construir nuevos referentes políticos, así se pierda en esta oportunidad electoral, ir acumulando hacia el 2022, y llegar a segunda vuelta con propuestas de cambio, de impacto social. Al fin y al cabo, después de padecer a las mismas élites durante 200 años, nada tenemos que perder y sí todo por ganar.

Saturday, 04 November 2017 00:00

Un arquitecto de sueños

Quienes conocieron a Rodrigo Saldarriaga lo recuerdan como un hombre comprensivo, cariñoso, supremamente tierno, y también, supremamente fuerte y obstinado. Contra viento y marea forjó su carrera política y sobre todo artística, con la que sembró muchas semillas y construyó muchos sueños.

A sus 20 años, cuando estudiaba arquitectura en la Universidad Nacional en Medellín, y militaba en el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario -MOIR-, descubrió que lo suyo era el teatro. Omaira Rodríguez, actriz y amiga incondicional de Rodrigo, lo conoció unos seis años después de que naciera Anacleto Morones, de Rulfo, la primera obra escrita y dirigida por Rodrigo, donde las viejitas rezanderas, cuenta Omaira, fueron interpretadas solo por hombres. Con esta obra se despidió del MOIR y fundó el Pequeño Teatro, en el año 1975. También desistió de su carrera como arquitecto, aunque nunca dejó de serlo.

“Yo estaba en quinto de bachillerato. Allá llegó un profesor que se llamaba Jorge Villa. Él nos decía que allá en el Pequeño Teatro había un mono barbado que dictaba clases de lectura, entonces llegamos, yo me madrugaba, venía acá de uniforme y todo. Yo no sé Rodrigo cómo hizo para encarretar a un señor, el dueño de esta casa. Ese señor se enamoró de Rodrigo porque vio que le gustaba Shakespeare, porque lo vio muy interesado en que esta casa era para teatro. El señor era muy intelectual, afortunadamente, entonces (en 1987) Rodrigo le entregó la cédula, y él le entregó las llaves de la casa, con el compromiso que le íbamos pagando de a poquito”, relata Omaira, quien además recuerda a Rodrigo, ese hombre de barba y pelo largos, como un padre.

Algunas de las anécdotas que contaba, y que recuerda Rodríguez, es que comenzando su carrera teatral, Saldarriaga fue expulsado de la Universidad de Antioquia porque se tomaba el teatro Camilo Torres para ensayar sus obras. Pero él ni siquiera era estudiante. “Me expulsaron de una Universidad donde yo no estaba ni inscrito”, decía. Años después, esta Universidad le dio el título honoris causa como Arquitecto, pues aunque abandonó su carrera, toda la vida dibujaba, diseñaba y soñaba con los escenarios. Era una de esas pasiones e ideas obstinadas que tenía Rodrigo, y muchos teatros de la ciudad y de algunos municipios fueron diseñados por él.

Rodrigo estaba empecinado en que las salas del teatro se llenaran. “Hace 15 años estábamos presentando una obra, y resulta que ese día solo vinieron dos niños de un colegio, para hacer una tarea. Habían comprado boletas de estudiante. Rodrigo les decía que entraran a ver la obra, y ellos decían “no, pero es que estamos solos”. Él les dijo, “vayan tranquilos que ellos hacen la obra para ustedes”. Entonces los acompañó y se sentó con ellos a ver la obra”, cuenta Omaira. Fue luego de este episodio cuando a Rodrigo se le ocurrió implementar la idea de entrada libre y aporte voluntario, inspirado en el teatro a la gorra que se hace en otros países. Y así fue, a la semana siguiente empezaron a repartir boletería, y la obra a la que antes habían asistido dos niños, estaba llena.

“Al principio daban monedas, como cuando van a la iglesia. Pero era normal, porque no había educación, entonces iniciamos la formación de públicos”, relata Omaira con alegría, pues esto significó un gran crecimiento para los actores. Ellos buscaban hacer teatro para la gente, y no para las sillas vacías, porque como decía Rodrigo, “una silla no llora, una silla no ríe, una silla no siente”.

A Rodrigo le gustaba leer, cocinar, dibujar, y contemplarse. Era además un gran amigo para quienes estuvieron cerca de él. Gabriela, su primera esposa y madre de su hijo, fue su confidente hasta el final de sus días. También fue así con Cristina Toro, integrante del Águila Descalza, con quien convivió durante 16 años. Rodrigo le huyó muchas veces a la muerte. Su imaginación y su personalidad activa no se detuvieron ni cuando tuvo un derrame cerebral, causado por la presión de las deudas que en algún momento tuvieron en el Pequeño Teatro, ni cuando tuvo problemas de la próstata, o cuando desmayó en el escenario por un problema en el corazón.

Cuando Saldarriaga empezó a recoger los frutos de su carrera teatral, quiso dedicarse a la política porque tenía el sueño de poder cambiar y ayudar a la gente desde este escenario. Fue candidato a la Gobernación de Antioquia en dos ocasiones, y aunque obtuvo mucha votación de amplios sectores alternativos, culturales y sociales del departamento, no lo logró. En el 2014 lo intentó de nuevo, pero esta vez para la Cámara de Representantes, y resultó electo.

Meses antes de viajar a Bogotá para asumir su cargo, a Rodrigo le descubrieron un cáncer linfático y cayó enfermo. Su salud empezó a deteriorar, y días después, a sus 64 años, falleció. Sus últimos deseos fueron que se firmara el compromiso legal, en los estatutos del Pequeño Teatro, para que ese lugar nunca se destine a algo diferente al arte; también deseó ser cremado para que con sus cenizas se sembrara un árbol. Y así fue. Hoy alimenta la vida de un guayacán amarillo que apenas crece en el cerro El Volador.

Rodrigo era un humanista, pensaba en un país donde todos tuvieran los mismos derechos; era un idealista. Siempre, desde los diferentes escenarios donde estuvo, luchó por los obreros, por los campesinos, por la gente pobre. Según Omaira, el principal aporte de Rodrigo fue “crear y dejar este legado, crear este pensamiento de que tenemos que seguir, a través del teatro, manifestándonos, diciendo cosas, tocando corazones, tocando al pueblo; seguir enseñando, a nivel sensitivo y de reflexión”.

Saturday, 04 November 2017 00:00

Editorial 133: Lo mataron porque no avisó

Ayer 17 de octubre asesinaron a Jair Cortés, un líder afro miembro de la junta de gobierno del Consejo Comunitario del Pueblo Autónomo de Alto Mira y Frontera del municipio de Tumaco, departamento de Nariño. Desde ayer mismo y como era natural sus familiares, amigos, sus compañeros y compañeras de trabajo; y todos los que luchamos por las causas sociales lo lloramos y denunciamos con dolor y rabia este crimen. No hicieron lo mismo los partidos políticos de gobierno, ni los que se autodenominan oposición, o sea la ultraderecha uribista y sus seguidores. Lo que más duele es que tampoco se pronunció la sociedad colombiana insensibilizada por los grandes medios masivos de comunicación acostumbrados a alimentar los sentimientos de la gente y conducir sus emociones hacia donde consideran pertinente, inclusive a la justificación de estos crímenes.

Hoy 18 de octubre, escuchamos por los medios radiales la voz del ministro de defensa Luis Carlos Villegas diciendo cínicamente que Jair Cortés “no avisó” que se dirigía a la zona de alto riesgo, o sea su territorio colectivo, el mismo en donde debe ejercer su labor de vocal en la junta de gobierno para lo cual fue elegido. Es decir que el ministro justificó el asesinato de Jair y le echó la culpa de su propia muerte. Con la misma palabrita, hace menos de una semana el ministro Villegas había justificado la demencial reacción policial contra una comisión de verificación que llevaba miembros de organismos internacionales como la ONU y Mapp Oea; periodistas y defensores de derechos humanos , porque “no avisaron” que iban a entrar a la zona riesgosa en donde una días antes, según decenas de testigos, la policía antinarcóticos asesinó alevemente a siete campesinos que protegían de la erradicación forzada sus cultivos de coca, y exigían el cumplimiento del punto pactado en la Habana que se comprometió a erradicar esos cultivos de manera consensuada y bajo condiciones de sustitución y garantías económicas.

El ministro Villegas, que se ha convertido, por sus declaraciones, en un militar reaccionario de traje y corbata, nos hizo recordar al expresidente Uribe cuando en el año 2007 se dirigió al país por televisión en horario tripe A, y justificó los crímenes de Estado cometidos contra indefensos jóvenes de Soacha, humildes campesinos, habitantes de calle, líderes sociales, etc. Que más tarde desataría el escándalo conocido como falsos positivos cuyas denuncias dejaron salir de la olla podrida el olor nauseabundo que producían los miles de muertos a manos de los miembros de las fuerzas militares en macabra complicidad con los paramilitares, a cambio de dinero, vacaciones, permisos y cuanta dadiva ofreció el gobierno de Uribe para mostrar resultados en la lucha contrainsurgente y justificar la inversión militar y de paso imponer una cultura de la guerra. En ese entonces Uribe dijo que esos jóvenes hallados muertos supuestamente en combate en inmediaciones de Ocaña Norte de Santander “no estaban precisamente sembrando café” y que además eran poco más que pillos de barrio, como quien dice “ si hubo equivocación de todas maneras eran delincuentes a los que se puede matar y de paso se le hace un favor a la sociedad”.
Este discurso convertido en cultura justificadora de la muerte sobrevivió a Uribe y se renovó con con Santos y su ministro Villegas. La culpa de los asesinatos de líderes, campesinos y comunidades que protestan por incumplimiento de acuerdos, o contra la devastación de sus territorios bajo el poder de la locomotora minero energética, ahora son responsabilidad de las bandas, las disidencias de las Farc, los neoparamilitares y otra cantidad de grupos armados, a los que el Estado extrañamente no puede controlar ni derrotar; así se ocultan el terrorismo de Estado y se justifica la existencia de un gigantesco ejército.

Varios miembros del gobierno y del Congreso dieron su pésame hoy a la familia de Jair y “lamentaron” su muerte. Muchos de ellos habían hablado con el líder a propósito de la masacre de siete campesinos el día jueves 5 de octubre de 2017 a manos de la policía antinarcóticos ocurridos en medio de la erradicación forzada y de irregulares hechos. En esta denuncia Jair y su comunidad estuvieron activos y beligerantes en la defensa de su territorio y de su gente. Todos los congresistas que fueron a Tumaco y hablaron con la comunidad de Alto Mira y Frontera saben muy bien lo que pasó, como lo sabe el comandante de la policía que extrañamente no retiró a sus agentes una vez se conocieron las irregularidades en medio del operativo que provocó la masacre, y que hubiera evitado una eventual tragedia con la comisión de verificación recibida a tiros por estos mismos dementes. Los grandes medios también lo saben, y el presidente de la República; los policías se quedaron borrando las huellas que dejaron sus armas, sus disparos, su crimen tres días atrás; huellas que los forenses leerían como se hace con un libro, huellas que son testigos de la crueldad de los militares colombianos.

El asesinato de Jair no es un caso aislado, es una agresión sistemática contra los gobiernos autónomos de las comunidades afro; desde su nacimiento legal en 1997, Alto Mira y Frontera ha recibido el dolor de la muerte de sus líderes en quince oportunidades, cinco de ellas contra miembros de la junta de gobierno, el más reciente fue Genaro García en 2015. El asesinato de Jair se ha lamentado hipócritamente desde el gobierno, pero el de los siete campesinos y los más de 220 líderes sociales ocurridos en los últimos 20 meses no. Por el contrario se han justificado, se han minimizado, se ha dicho por parte de Villegas y Santos y el ministro Rivera del interior, que son casos aislados, que no son sistemáticos. Que la culpa es de ellos, por no avisar, por tomarse el atrevimiento de defender el territorio, su cultura, su vida y por construir paz.

Lo mínimo que deberían hacer el Estado y el gobierno de Santos, si algo les queda de vergüenza, sería ofrecer las garantías a todos los colombianos y las colombianas que luchan por los derechos humanos, por las transformaciones sociales, por la participación y la paz, para ejercer su digna actividad; ahora con mayor razón en medio del cese bilateral que pactó con el ELN, en el que entre otras cosas se comprometió a prevenir atentados y asesinatos de líderes sociales, y aplicar la justicia a los responsables materiales.

Monday, 16 October 2017 00:00

Fondo Editorial

FONDO EDITORIAL

 

Monday, 16 October 2017 00:00

Artes Gráficas

Ya son más de trece años empeñados en sacar adelante el proyecto de comunicación popular Periferia. Hemos logrado posicionar nuestro periódico como referente y herramienta para las luchas sociales y populares. Hoy estamos luchando por garantizar el futuro de la comunicación popular a través de la autogestión.

Mantener un proyecto con un objetivo diferente al de los grandes medios masivos de comunicación, no ha sido tarea fácil. Sin embargo, el esfuerzo colectivo y el de cada individuo que conforma el equipo de Periferia, sumado al de los colaboradores/as, amigos/as, suscriptores/as, lectores/as y las organizaciones campesinas, afro, indígenas, sociales y sindicales, han permitido que Periferia se mantenga.

La forma en que lo hemos logrado, aparte de la venta del periódico, ha sido con el posicionamiento de productos que llevan la propuesta de la comunicación y la memoria histórica de las comunidades a todas partes. Anualmente publicamos la agenda Periferia, coeditamos libros y revistas de carácter académico y político e intermediamos en la producción de trabajos litográficos para organizaciones hermanas que ven en esta práctica una forma de solidaridad y apoyo al proyecto Periferia.

Esta experiencia, aunque nos ha permitido sostenernos mínimamente, nos hizo reflexionar frente a la necesidad de apostarle a la creación de una empresa que financie seriamente no solo la propuesta de comunicación popular sino que le sirva a las organizaciones sociales para que produzcan allí todas sus publicaciones, conduciendo los recursos de los/as trabajadores/as y las comunidades hacia proyectos de construcción de autogestión, de economía propia y autonomía política.

 

¿Qué piensas de esto?

Después de más de 110 años de lucha obrera y popular en Colombia no existe una gran empresa, en manos de los trabajadores o las comunidades, dedicada a la producción y publicación de medios alternativos, literatura, investigación, prensa y propaganda con enfoque popular, encaminada a fortalecer la propuesta transformadora, autónoma y autogestionaria de las organizaciones sociales.

 

La mejor forma de decir es hacer

No basta afirmar que los culpables de todo son los grandes medios porque engañan y desinforman, ni decir que la comunicación popular es necesaria y que nos gusta el periódico Periferia. Hay que hacer algo concreto para apoyar la consolidación de nuestros proyectos y si no es comprando, suscribiéndose y difundiendo la prensa y los demás productos, es brindándole trabajo a su nueva propuesta autogestionaria materializada en la empresa de artes gráficas.

 

¿Qué ofrecemos?

Anualmente las organizaciones sociales y populares gastan fortunas en la publicación, diseño y difusión de sus propuestas. Gran parte de estos recursos van a parar a las arcas de los empresarios capitalistas, en especial los que dominan los grandes medios masivos de comunicación, los cuales en muchos casos manipulan y maquillan la información a su conveniencia.

Nosotros ofrecemos un servicio de comunicación pleno, garantizando un marcado respeto por los contenidos políticos, por la seguridad y confidencialidad.

 

Ofrecemos servicios como:

Servicio de DISEÑO GRÁFICO: Desarrollo de propuestas creativas o sobre pedido.

Servicio IMPRESIÓN LITOGRÁFICA: Impresión en sistema off-set de periódicos, revistas, folletos y papelería empresarial en general.

Servicio IMPRESIÓN LASER: Impresión digital en la elaboración de piezas de señalización, carnetización, vallas, pendones, decoración.

Servicio de DISEÑO AUDIOVISUAL: Diseño y montaje de presentaciones audiovisuales y paginas WEB.

 

MAYORES INFORMES A:

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-Medellín-

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Parque Berrío  (bajos del Metro), Junín con Maracaibo,

Parque Bolivar puesto de Doña Blanca (Caracas con Junín)

Avenida Oriental calle 49a, módulo 092, Donde Hernando Hernandez

 

 

-Bogotá-

LIBROS LEIDOS 

(Calle 45 numero 20 - 46)

 Pensamiento Crítico 

(Kra 8a No.15-62), 

Librería Alejandría 

(Calle 72 No. 14-32), Kiosko Periódicos (Kra 5ta con calle 28), 

Café y semilla “tienda y tostadora”

(Cra. 16 No.56-39 Esquina)

Café libro “El Copetón” 

kra 3ra No.12B-79 - 

 

-Cartagena-

Portal de los Dulces, 

puesto 104

 

-Bucaramanga-

CUT Santander. 

Cll 42 No.14-09 piso 3

SES Librería el educador.  

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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