Martes, 05 Julio 2016 00:00

Manifiesto Periferia

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Dicen que los sueños, sueños son. Pero en Periferia llevamos más de diez años de lucha y esperamos seguir por muchos más, para que nuestros sueños, que son los sueños de buena parte de los oprimidos del mundo, se hagan realidad. Aquí compartimos con nuestros lectores algunos de esos sueños para que nos ayuden a seguirles dando forma y contorno en la lucha denodada por una sociedad mejor.

 

Sujeto Político

Desde su nacimiento, Periferia asumió como propósito contribuir a la construcción de un sujeto político en el país. Y entendemos por sujeto político a aquel capaz de comprender plenamente su realidad y de actuar consecuentemente para transformarla. Y esta es una tarea, aparte de política, fundamentalmente ética: se trata de un sujeto capaz de construir una sociedad nueva donde no exista dominación, explotación ni opresión de ningún tipo.

Por lo tanto este sujeto debe encarnar en sí mismo un proyecto ético en el cual la vida digna sea un valor fundamental y un derecho para todos. Por esa misma razón este sujeto es plural, en la medida en que aúna en su lucha la reivindicación de todos los oprimidos (obreros, campesinos, indígenas, mujeres, homosexuales, grupos étnicos, etc.), sin intentar subordinar ningún sector de esta lucha a un sector que se arrogue el privilegio de encarnar en sí mismo el sujeto revolucionario.

Las palancas fundamentales para la construcción de este sujeto son la autonomía, entendida como consciencia crítica, y la unidad de lo diverso. Dos dimensiones atacadas permanentemente desde el poder mediático que intenta aniquilar la capacidad de juicio de los individuos e imponer el pensamiento único, al servicio del sostenimiento de esta sociedad ominosa. Por eso creemos que nuestro trabajo, en tanto ayuda a recuperar la capacidad de juicio de los individuos y promueve la unidad de los diversos sectores oprimidos, es fundamental para la emergencia de este sujeto.

Economía

Desde Periferia apostamos por una economía alternativa y distinta, que redefina el concepto de necesidad humana y comprenda que éstas no pueden ser infinitas, porque nuestro planeta no es inagotable. Una economía verdaderamente solidaria, que nos lleve a replantear nuestro consumo excesivo. Que además replantee la división del trabajo entre intelectual y productivo, entre países productores de materias primas y productores de manufactura y tecnología, y que además propenda por la abolición de la división del trabajo entre hombres y mujeres, rescatando a estas últimas del sino capitalista y patriarcal que las relega a asumir como forma única de subsistencia el trabajo reproductivo. Una economía que devuelva a las  cosas su valor de uso y en la que prime el buen vivir de los seres humanos en armonía con la naturaleza, por encima de la productividad, la rentabilidad y el lucro.

Apostamos a las iniciativas de autogestión y de construcción de circuitos económicos solidarios que nos permitan reubicar nuestro papel como consumidores y a la vez productores de bienes y servicios, generando dinámicas más justas de intercambio y distribución.

Una economía que se cuestione la sobreproducción de basura contaminante, a partir de una reducción consciente de nuestro consumo. Que devuelva el papel central a las relaciones de intercambio local y nos hermane a nivel global en una única lucha por cuidar y dignificar la vida de todas las especies.

Para ello es necesario acabar con el lucro de la guerra, democratizar las instituciones internacionales de manera que todos los países del mundo tengan acceso en igualdad de condiciones a los espacios de toma de decisiones y la garantía para cada quién de un lugar en el mundo, donde pueda desarrollar su creatividad en medio del disfrute, construyendo territorio sin fronteras.

Democracia

La democracia es imposible en el capitalismo. Y, Periferia, como propuesta de comunicación popular, lo ha venido poniendo de manifiesto, no solo a través de un discurso teórico, ideológico y político sino con ejemplos palpables recogidos en la periferia de nuestros campos y ciudades, en cada una de sus ediciones. En ellos se  deja sin argumentos la propuesta del sistema capitalista, un sistema que descansa en la inequidad, la injusticia, la explotación y la opresión de unos pocos contra las mayorías; amén de la destrucción del planeta.

Por eso, para Periferia la democracia es más que un discurso, es una acción y una propuesta que descansa en valores y postulados, construidos colectivamente, como: el reconocimiento y el respeto de la diversidad, la individualidad y la singularidad de los sujetos sociales, aun dentro de las diversas propuestas políticas, los partidos y los movimientos. 

Democracia es argumento, equidad, comprensión, convencimiento y razón, en vez de violencia. Es igualdad a la hora de acceder y producir información, a la hora de comunicar, de conocer, de saber, de educarse, de abrigarse, de alimentarse; es distribución equitativa de la riqueza y de los bienes escasos; es el disfrute de todos los bienes naturales y los materiales y científicos, que producen felicidad y satisfacción a la humanidad; es la disposición y control público de los servicios domiciliarios, de salud y educación; es reconocer, respetar y defender la vida de todos los seres, incluida la naturaleza; es la construcción de una cosmovisión en donde humanidad sea equilibrio, equidad y convivencia entre hombres, mujeres y naturaleza; es soberanía alimentaria; es acceso a la justicia y a la dignidad; es participación política y posibilidad de participación en las decisiones sobre los temas más importantes de la nación. Es poder participar en la construcción colectiva de una nueva sociedad, autónoma, en donde se reconozca y respete la diversidad social, política, cultural, sexual, étnica y se construya un discurso amplio, fraterno, antipatriarcal e incluyente.

Justicia

La justicia no es la aplicación de la ley; pues la ley misma, en una sociedad dividida en clases, tiene como propósito sostener, legitimar y operativizar el privilegio de los poderosos y su dominación sobre el resto de la sociedad.

La justicia, tal como la entiende Periferia, nace de una sociedad que se organiza para superar las condiciones de opresión y sometimiento. En este sentido, la justicia es la conquista de la dignidad, tiene que ver con que se pongan al alcance de cada ser humano y de cada colectivo las condiciones necesarias y suficientes para realizar esa dignidad, para vivir una vida que valga la pena vivirla. Ese es el rasero para medir las leyes y su aplicación.

En este sentido la justicia se emparenta con la equidad y con la libertad. Es justa una sociedad que le ofrece a cada individuo y grupo social la posibilidad de realizarse como seres humanos libres, partiendo de las condiciones reales en las que se encuentra su vida. Así, la equidad significa que los recursos y las oportunidades no se distribuyen por igual entre los individuos y los colectivos, sino intentando fortalecer aquellos individuos y grupos que están en condiciones desventajosas frente a los demás.

La sociedad actual, organizada para promover la acumulación de capital mediante la explotación y la competencia, lo que espera es que cada individuo le aporte según sus capacidades y que reciba de ella, para satisfacer sus necesidades, proporcionalmente al trabajo realizado. Frente a esta máxima que hace imperar en la sociedad la ley del más fuerte, la máxima del Manifiesto del Partido Comunista sigue siendo la mejor expresión hasta nuestros días de ese ideal de justicia social: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Pues suele pasar que aquellos individuos o grupos que por sus propias condiciones están más impedidos para aportar al desarrollo material de una sociedad son justamente los que más necesitan. Y no hay que esperar al advenimiento de la sociedad comunista para empezar a aplicar en nuestras relaciones personales y sociales esta lógica, que debe horadar desde la cotidianidad la lógica salvaje del capitalismo en nuestros días. Esa ha sido también la apuesta en Periferia.

 Paz

Por paz en Periferia no entendemos la ausencia de guerra ni el silencio de los fusiles. Sociedades pacíficas no existen hoy en el mundo, aunque en muchas de ellas no haya guerra ni confrontación armada de ningún tipo. No puede haber paz en un mundo en guerra, pero la ausencia de la guerra no es garantía de nada. En una sociedad con profundas desigualdades sociales, con prácticas terribles de esclavitud y opresión, la ausencia de guerra y de confrontación más bien da testimonio de un poder de dominación alcanzado por los poderos que ni siquiera posibilita la manifestación más natural de los oprimidos. Esa dominación casi absoluta se logra muchas veces a través de la represión armada, pero también por la aniquilación de la capacidad de juicio que logra con su acción persistente, pero despiadada, la industria cultural.

La paz es una convivencia pacífica entre sectores sociales diversos, lo cual implica el respeto y la tolerancia recíproca. Pero la prédica de la tolerancia como un valor absoluto es un instrumento de guerra contra los oprimidos. En una sociedad organizada para mantener la dinámica de acumulación de capital que enriquece descaradamente a una minoría al tiempo que causa la ruina económica y moral de la mayoría, la paz exige justamente elevar en la conciencia de la gente a la calidad de intolerable lo que esta sociedad acepta por norma.

Así, pues, para nosotros la paz solo puede ser el resultado de una sociedad donde se hayan superado todas las formas de opresión, donde existan las condiciones necesarias y suficientes para que los individuos y los colectivos desarrollen su autonomía y la capacidad para idear y desarrollar sus propios proyectos de vida, sin que estos se vean obstruidos por intereses mercantiles y particularistas. Todo lo demás es una falsa paz, que oculta o impone como norma la desgracia de las mayorías; o a lo sumo es una pax romana, que se impone sobre aquellos que previamente han sido reducidos a la impotencia.

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