EE.UU. busca recolonizar Suramérica

Latinoamérica desde hace siglos  ha sido codiciada y sometida al saqueo y exterminio. Hoy, Estados Unidos señala al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de violador de los derechos humanos, como excusas para entrometerse en los asuntos internos de otros países, y consolidar su plan de dominio sobre las naciones latinas, poseedoras de inmensos recursos naturales y estratégicos –petróleo, gas, minas metálicas, y otros–.

Hay muchas razones para la obsesión contrarrevolucionaria de Estados Unidos, entre ellas, la caída del presidente de Venezuela. Sin embargo, no siempre el blanco de la agresión es el verdadero motivo de la confrontación. Un golpe de Estado pondría fin a la Revolución Bolivariana, y después vendría la recolonización de América del Sur. Esta guerra que se avizora se debe a las reservas de agua potable que posee el continente. Hay otras razones, entre ellas: el petróleo, el coltán y el aluminio –Venezuela posee las mayores reservas de estos recursos a escala mundial–. Pero el agua es la dinámica obsesiva de Estados Unidos, que intenta superar a través de la contrarrevolución venezolana, invasiones y recolonización.

Según informe de la Dirección del Departamento de Agricultura de EE.UU, para 2080 este país habrá acabado su última reserva selvática, y con ella, las fuentes de agua. También  señala que el 90% de la superficie de la cadena montañosa de los Apalaches ha desaparecido por contaminación, sus áreas desérticas se observan como si los árboles fueron bombardeados con napalm o gasolina gelatinosa. Agrega el informe que el Monte Mitchell –Carolina del Norte–, despliega una extensa zona de árboles secos; el ecosistema, según el Servicio Forestal de Estados Unidos, parece haber sido rociado con productos químicos defoliantes, o fumigado con herbicida de alta concentración, a base de glifosato.

La región de los Grandes Lagos se seca pavorosamente. Ya en 1960, el congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución cuando descubrió la elevada concentración de fósforo presente en los lagos Erie, Ontario y Míchigan. Por el agotamiento de sus fuentes hídricas, sus habitantes abandonarán su país natal, rumbo hacia un triste, penoso y amargo exilio.

Un estudio realizado durante la era Clinton, concluyó que 39 Estados de las 50 entidades sub-nacionales padecerá a partir de 2022 las consecuencias de la escasez de agua, y en 2025, todos sus ríos, lagos y fuentes de agua potable estarán en fase toxico-dinámica, “donde ningún ciudadano podrá sobrevivir”, según la Asociación Mundial del Agua.
El Ogallala, el mayor acuífero de Estados Unidos, suministra la irrigación de 6.5 millones de hectáreas dedicadas al maíz, sorgo, soya y trigo, pero consumen 160% la tasa de recarga del acuífero. Mientras “Estudios científicos estiman que el lago Mead en los próximos 18 años, será un árido desierto” que según la FAO, afectará en los próximos siete años la producción agrícola en 33,33%.

El futuro Armagedón de los Estados Unidos incita su ánimo invasor. Y para apropiarse de las reservas de agua de América Latina, necesita derrocar la Revolución Bolivariana, pero el objetivo es el agua. La Amazonía es la región biológica más diversa, con el sistema hidrológico más vasto del planeta. El acuífero Guaraní, es el mayor curso de agua dulce bajo tierra. Con un área total de 1,2 millones de km², se extiende bajo el  subsuelo de los Estados de Goiás, Mato Grosso do Sul, Minas Gerais, São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul. Reserva 1.175.000 km3 de agua. Es tal su capacidad que podrá abastecer 6.000 millones de personas durante 200 años.

Por su parte, el acuífero de Puelche –Argentina–, alberga 300 billones de litros de agua, que distribuidos entre 6.000 millones de humanos, equivale a 200.000 litros por persona. Esto es 33% más del agua que una persona consume en toda su vida. Es decir que los dos acuíferos pueden abastecer la actual humanidad durante 350 años.
 
El control del acuífero, es un reto al dilema estadounidense: hacer frente al futuro de airadas espirales de violentas protestas reprimidas sangrientamente, u ocupar militarmente las fuentes hídricas. La demanda de agua es para EE.UU. energía y  parte de su doctrina de seguridad, que está buscando en Suramérica, pero el gobierno de Washington lo niega.

El documento Santa Fe IV, preparado por el partido republicano en el año 2000, a fines del gobierno de Bill Clinton, plantea la doctrina geo-estratégica, vigente para la seguridad nacional de los Estados Unidos en el siglo XXI, donde habla de “garantizar que los países del hemisferio provean los recursos naturales, especialmente el agua”.

En estrecho vínculo, hay otro punto en el documento de los ex asesores de Rehagan, Clinton y Bush, que instan a países suramericanos a promulgar legislaciones favorables a sus intereses. Dice el documento: “los EE.UU. debe asegurar que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales…esta prioridad requiere de aliados confiables de EE.UU”.

En febrero de 2004, el diario británico The Guardian publicó un informe secreto del consejero del pentágono, Andrew Marshall. Allí se sugiere que “EE.UU. debe prepararse para estar en condiciones de apropiarse de este recurso estratégico allí donde esté y, cuando sea necesario”.

Para recolonizar Suramérica, Estados Unidos está utilizando el mismo pretexto aplicado contra Sadam Husein para invadir Irak y apropiarse del petróleo. Ese mismo libreto pretende ahora  aplicarlo contra el presidente Nicolás Maduro para apropiarse de los recursos de Venezuela, y del  agua del continente, por lo que plantea una lucha en torno a quien va a controlarla. En Venezuela no existe oposición, sino un proceso contra-revolucionario que se vislumbra como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, vaticinado por Hugo Chávez: “El imperio viene por gas, petróleo, vegetación y agua”.

Un informe del pentágono de fines de febrero de 2004, dice: “el gobierno de Estados Unidos debe desplegar sus Fuerzas Armadas por todo el planeta, para tomar el control de sus recursos naturales, especialmente el agua, donde quiera que se encuentre, es vital para la supervivencia de Estados Unidos como potencia rectora del mundo… su hegemonía tendrá continuidad, en la medida que controle el abastecimiento de agua dulce”.

El 10 de enero 2017, Rusia Today publicó un artículo de Ariel Noyola Rodríguez titulado Sudamérica bajo amenaza: EE.UU. instalará una nueva base militar en Perú. Dice el periodista que el Comando Sur de Estados Unidos –U.S. Southern Command– instaló “una nueva base militar en Perú, camuflada bajo el nombre de Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) de Amazonas”. La intervención fingida de ayuda humanitaria desembarcó 3200 soldados del Comando Sur en el Terminal Portuario del Callao – Perú.

Continúa diciendo el investigador: “antes de establecer esta nueva base militar en el departamento de Amazonas, el Comando Sur de Estados Unidos ya se había establecido en las regiones de Lambayeque, Trujillo, Tumbes, Piura, San Martín y Loreto”.

Actualmente el gobierno de Mauricio Macri adelanta negociaciones con los Estados Unidos para emplazar otra base militar en Argentina, próxima a la frontera con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, área donde exactamente está el acuífero Guaraní.

Ante la aventura contrarrevolucionaria promovida, financiada y asesorada por el imperio estadounidense y la extrema derecha internacional, es necesaria la solidaridad incondicional para defender, rodilla en tierra, la Revolución Bolivariana, revolución de América Latina. De otro modo, Suramérica sería recolonizada.

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