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Cajamarca no deja de cultivar sueños de país

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

En el campo santo me voy a sembrar, ya tengo mi semilla

es que ando buscando lleno e voluntad y..

repleta mi mochila de semillas pa’ sembrar

maravilla en tierra mágica

de semillas pa’ sembrar

maravilla que da la vida

 Sistema solar, Pa’ sembrar.


Entre las reflexiones y experiencias que dejó el encierro impuesto para evitar el contagio del COVID-19, están las prácticas de solidaridad entre la gente que se vio a gatas para sostener las tres raciones diarias de comida. Las comunidades campesinas fueron parte de la solución a este problema que el Estado colombiano ignoró por completo, y que Iván Duque pretendió resolver con cartones de color verde y rojo a través de la pantalla de televisión.

A raíz de esta experiencia, uno de los casos solidarios parido por el pueblo se ubica en el municipio de Cajamarca, Tolima. Aquel que sacó a la empresa minera Anglo Gold Ashanti del territorio con la consulta popular el 26 de marzo del 2017. En este municipio existe ASOARRACACHOS, cuyos socios y socias se vieron obligados a procesar la arracacha con harina y otros elementos cultivados en sus fincas para garantizar una parte de la alimentación diaria de este municipio durante la etapa de aislamiento impuesto en la pandemia.[1]

Estas elaboraciones siguen haciéndose y comercializándose en Cajamarca desde entonces. Gracias al mercado campesino realizado el 2 de septiembre en las instalaciones de la Cooperativa Latinoamericana de Ahorro y Crédito, ubicada en la ciudad de Ibagué, conocí los alimentos y otras elaboraciones que siembran e impulsan la Asociación de Mujeres de Cajamarca (ASOMUCA), AGROTUANAIME, dedicado al turismo ambiental, AGROMONTAÑA, que trabaja la agroecología, y ASOMONITA, dedicado a la comercialización justa de la tierra directo a las mesas de Cajamarca.

Desde las ocho de la mañana las mesas estuvieron listas con sus manteles, sobre ellos naranjas, plátanos, huevos criollos, yuca, arracacha, artesanías alusivas al campesinado cajamarcuno, vino artesanal, cremas curativas a base de coca, cannabis y romero, arequipe de arracacha, yogur casero de frutas y granos como el maní.

Mientras la sede de la cooperativa se convertía en una plaza de mercado, conversé con Mónica Silva, quien hace parte de la organización social Tierra Libre, uno de los movimientos que impulsa el fortalecimiento de la soberanía alimentaria para dignificar la vida campesina, defender el territorio y cuidar la tierra en Cajamarca”.

La soberanía alimentaria y agroecológica está fortalecida en esta localidad tolimenses gracias a cinco asociaciones que trabajan con 84 familias en 22 de las 44 veredas del municipio. Sin embargo, existen amenazas externas que ponen en riesgo el carácter agrícola para la alimentación sana del municipio, principalmente por parte de las multinacionales del agronegocio que vienen imponiendo el monocultivo de aguacate, frijol y plátano para la exportación.

Pregunta: ¿Qué prácticas agroecológicas existen en el territorio?Mónica Silva, Tierra Libre: Hemos encontrado fincas con mucha diversidad poco aprovechada. Es una diversidad subvalorada. Ellos consideran que tener poquitos de varias cosas les perjudica su economía, pero cuando sopesamos cargas de una cosa con otra, las fincas más productivas son las que menos tienen dependencia del comercio en Cajamarca. Cuando hay cierres en la vía, quienes están dentro y tienen sus fincas diversificas no les falta nada. Hemos encontrado almuerzos hechos con todo en la finca.

Se relaciona también con la diversidad las relaciones armónicas con la naturaleza para su protección y cuidado. La agricultura no es tema aparte de la naturaleza, sino que se integran al agua, los bosques, la fauna y demás bienes comunes para que la finca sea un sistema integrado de vida. Esta práctica colectiva responde a apropiar la agroecología como una postura política que defiende a la naturaleza y por otro lado, se considera una alternativa económica. Precisamente, la pandemia y la guerra en Ucrania, escaseó el suministro de alimentos y subió los precios de los insumos agrícolas importados respectivamente, convirtiendo a la agroecología en un salvavidas.

Cabe resaltar que las y los campesinos de estas cinco asociaciones llevan con orgullo el ser campesino, su historia en el territorio y la innovación en la tecnología análoga tradicional, lo que afianza las raíces como campesinado que le gusta trabajar la tierra y defender el territorio, pero a pesar de esto el Estado brilla por su ausencia en términos de asistencia técnica y financiera dirigido a fortalecer todo este entramado campesino, socioambiental y agroecológico. Espero que veamos en este periodo progresista las acciones colectivas necesarias para que ese rol del Estado colombiano se haga realidad.

P: La sopa no es el único plato que se puede hacer con la arracacha R: Nos dedicamos a cultivar arracacha, no solo la cultivamos sino también la transformamos. De ella estamos sacando la harina, el arequipe, snacks, la mermelada, la pulpa, subidos de arracacha, tortas, empanadas, también se preparan tamales y también la harina nos sirve para todo lo que es panadería, preparamos una deliciosa avena con esta harina. Todo nació a partir de la pandemia, porque en ese tiempo no se podía comercializar entonces allí todos los campesinos empezaron a ver que todos sus productos estaban quedando en la finca y no se podía comercializar, de ahí nació ese emprendimiento de empezar a hacer la transformación.

Los 30 miembros se dividen en 15 mujeres y 15 hombres, ellas transforman la arracacha que ellos cultivan. La primera transformación con la que probaron estas familias fue con la harina, que gracias a la enseñanza de Flor Sierra Duarte (representante legal de la asociación). Esta genialidad campesina viene abonándose en la juventud de los y las asociadas, para que el arraigo a la tierra que caracteriza también a este campesinado no se pierda y la juventud nacida en el campo siga pariendo comida. Esta visión estratégica incluye la venta fuera del país de los transformados de ASOARRACACHOS, quienes ven con buenos ojos la postura del actual gobierno del Pacto Histórico de querer meterle mano al campo recampesinandolo.

P: ¿Qué cambios impuso la pandemia a la gente?                           R: Nos enseñó a hacer más unidos, porque ahí fue donde vimos que nosotros los del campo podíamos llevarle a las personas del pueblo, llevarles productos de nosotros y no tan costosos. Sacamos varios mercados al pueblo y gracias a dios pudimos suplir las necesidades de varias personas.”

La sociedad colombiana también necesita una transformación      La lluvia me obligó a comprarme una sombrilla de manera sorpresiva, y me impidió comprar lo planeado en el mercado campesino de mis paisanos y paisanas de Cajamarca. Me fui con algunos productos elaborados a base del romero y el kiwi. Quería llevarme para la casa el vino de arracacha, pero no pierdo la esperanza porque dicen que al que le quieren dar le guardan.

Esa misma esperanza cubre a este campesinado organizado de cara al actual gobierno, pues el diálogo es su forma de gobernar junto a la clase popular. Los diálogos sociales empezaron a desarrollarse para construir el Plan Nacional de Desarrollo con la participación de las comunidades, la aplicación real del primer punto de los acuerdos de La Habana, referente a la reforma rural integral, es la hoja de ruta del ministerio de agricultura y desarrollo agrario. Se acercan las elecciones a alcaldías y los instrumentos de participación para construir los planes municipales están establecidos, sin embargo, siguen existiendo grandes limitantes para la participación eficaz del campesinado y del resto de los sectores sociales y pueblos que vienen construyendo y enraizando sus territorialidades, el reto está en que no defraude el gobierno nacional, porque de eso tenemos 212 años de experiencia. Pero también las calles y la movilización son nuestra garantía.

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