¡Foooo!, yo no fui

malos-olores

Ingresamos al baño y nos sentamos en eso que el artista Marcel Duchamp en 1917 inmortalizó con el nombre “La Fuente” en el museo de Nueva York, otros lo han denominado como la silla de la filosofía y otros como el lugar de la intimidad más importante en esta sociedad. Luego de levantarnos le activamos el dispositivo que hace que corra una corriente de agua y se lleve bien lejos lo depuesto allí. Y no hay nada más incómodo que verlo dar vueltas y quedarse en aquel lugar o devolverse porque el desagüe se tapó.

 

Y la eterna pelea de los que habitan una casa, un apartamento, una empresa es cuando alguien no “suelta” el baño y deja allí sus excrecencias todo el día y toda la noche; el olor hediendo que emana de esa agüita pasará a convertirse en el olor característico de todo el lugar y el malestar del primero que llegue a usar ese servicio. Imagínense ustedes un barrio que ha soportado por más de 14 años a su vecino: la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de San Fernando, ubicada en el municipio de Itagüí.

Mucho tiempo se conoció el barrio como la Raya, por estar en el límite de los municipios de Medellín e Itagüí. Con las delimitaciones que se realizaron en el año 2005 lo conocido como la Raya se estableció como Guayabal La Raya de Medellín y San Fernando de Itagüí, aunque se siga nombrando como la Raya todo lo que va desde la Central Mayorista de Antioquia hasta Guayabal. Antes de esa fecha, la recién construida (2000) Planta de Tratamiento llevaba el nombre de Darío Londoño; los líderes comunales le hacían la petición a Empresas Públicas de Medellín –EPM- para que cambiara el nombre por Planta de Tratamiento de Aguas Residuales San Fernando con el objetivo de tener más reconocimiento como barrio de Itagüí ubicado en la frontera de Medellín. Así nos lo cuenta Fredy, uno de los líderes de la Junta de Acción Comunal:
“La gran mayoría de los habitantes del área metropolitana que pasa por la autopista sur solo conoce de la Planta sus dos grandes tanques que están ubicadas al lado de la estación Ayurá del sistema de transporte masivo –Metro; popularmente se les compara con dos senos por su forma tan parecida. Aunque comprende un espacio mucho más amplio, pues la planta ocupa realmente casi 14 hectáreas. Los tanques están al lado de la Mayorista, pero cruzando un puente sobre la calle 85 se llega a las instalaciones donde hacen los otros procesos para el tratamiento del agua, eso es lo que colinda con nuestro barrio; de esta parte de la Planta es de donde emanan los olores más putrefactos que alguien puede soportar, en especial en las épocas de verano”.

“A la Planta llegan las aguas residuales de las industrias, el comercio y las residencias de Itagüí, Envigado, Sabaneta, La Estrella, parte del corregimiento de San Antonio de Prado; imagínese cuanta mierda llega allí. Recién construida la Planta, nosotros estábamos muy contentos por tener una de las grandes empresas del sector público ubicada en el barrio, pues pensábamos que esto traería grandes beneficios en materia de inversión social. Inicialmente siempre nos aguantamos los olores durante todo el día creyendo que eran problemas técnicos que iban a resolver prontamente, y que la Junta de Acción Comunal nos colaborarían con recursos para los programas sociales, pero eso no se ha dado hasta hoy”.

“A uno de los costados de la Planta se ubica una institución educativa pública con más de 1200 estudiantes. Ellos han sido también unos de los más afectados por los olores emanados durante las jornadas académicas. El rector me ha contado que les ha escrito y llamado para solicitarles la vinculación a los programas institucionales; solo hace como 5 años le regalaron unas bolsitas de agua pero nada de grandes impactos. A nosotros como comunidad nos deja muy preocupados esa actitud. Tenemos un vecino tan grande que ni siquiera lo conocemos; yo nunca he entrado allí. La Planta está allí y nosotros aquí.”

“Recuerdo, hace como 4 años, cuando a uno de los camiones que sacan los residuos sólidos se le cayó el seguro de la tapa y todo eso quedó en el pavimento, al lado de la cancha de arena: eso fue todo un escándalo; las sirenas de los bomberos nos despertaron a eso de las 3:00 de la mañana, cerraron la calle y demoraron como 3 días limpiando todo ese mierdero. Y ni qué decir del olor tan fétido que eso produjo durante esos días; fue así como muchos en el barrio comprendimos que esos camiones no salían de la Mayorista, sino que eran de la misma Planta San Fernando sacando esos residuos que quedan del proceso.”

“Hace varios años no se sentía el olor tan fuerte como el del año pasado. Convivir con ese vecino nos acostumbró las narices a soportar los olores. La nariz y la paciencia tiene límites, especialmente cuando llega el verano. Todos sabemos lo que nos espera ese día; se hace insoportable. Entre el 8 y 19 de abril este barrio parecía un sanitario sin soltarse durante 30 días; recordábamos como se sentía en los primeros años de funcionamiento de la Planta, todo el día ese olorcito hediondo, ni los ambientadores lo tapaban. Ese mes de abril fue lo más aburridor de vivir en el barrio. Y la comunidad se movilizó a presentar quejas ante la Secretaría de Medio Ambiente del municipio de Itagüí y ellos realizaron una auditoría con diversos funcionarios. Encontraron dos fallas: la primera dicen que fue un “error humano”, uno de los funcionarios dejó abierta una de las escotillas y liberó gran proporción de olores. Lo que no entendemos, pues si la dejó abierta solo había que cerrarla el mismo día y no transcurridos casi 10 días. Y la segunda, encontraron en las redes de alcantarillado del barrio unas que estaban obstruidas por arrojo de basura. Pero todos sabemos que los problemas no son esos.”

“Yo creo que este barrio es de los que más empresas tiene, en cada cuadra encontramos una, empezando desde el sur con la Mayorista y terminando al norte con la Fábrica de Licores de Antioquia; que muchos creen que pertenece a Medellín, pero eso es falso, ella le paga sus impuestos a Itagüí. De todas ellas son contaditas con los dedos de la mano las que se meten la mano al bolsillo para apoyar los procesos comunitarios. Pero sí tenemos que aguantarnos los olores, el humo de los camiones, los carros parqueados en las aceras y todo el tráfico pesado sobre las vías. ¿Qué calidad de vida se puede tener con esta situación?”

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Arturo Buitrago

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