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Un árbol a punto de morir por el furibismo

Arbol que opina

El 4 de febrero del año en curso falleció Guillermo Augusto Quintero Carrasquilla, a los 68 años de edad. Él fue creador del árbol de opinión, el primer árbol/media de Colombia, según sus propias palabras. Pero a pesar de que su hija, esposa, hermanos y amigos más cercanos se unieron para continuar con su legado, el árbol también se encuentra a punto de morir, pues desde su creación hace tres años, ha sido objeto de las represalias de sus detractores, que han buscado suprimirlo por todos los medios posibles.

 

Según su propio creador, el árbol de opinión “es ante todo un ejercicio de higiene mental. Un grito que pretende hallar eco en la conciencia colectiva. Es bálsamo y herida, reflexión y duda. Es riesgo. Ruptura con la inercia hereditaria que nos ata a partidos y matanzas mesiánicas maquilladas por J.Jotas, Obdulios, Plinios y otros fósiles. Es una sonrisa para sentirnos pensantes”. Busca, en vez de instalar verdades absolutas, secularizadas o moldeadas a un criterio de sabios o expertos, que la gente piense por sí misma y no trague entero todo lo que dicen los medios masivos de comunicación.

El árbol empezó a dar sus primeros frutos y a echar raíces en la conciencia colectiva a partir del intento frustrado de crear un periódico, el cual se llamaría Sin Rabia. Su eslogan rezaría: “pero con su cosita maluca, pa´ qué!”. Tras varias reuniones con el grupo de amigos que se encargaría de la elaboración del mismo, y tras haber contactado a comerciantes de la zona para poder autofinanciarlo, el proyecto se vino a tierra porque el único que seguía en firme era Guillermo.

Un 17 de abril, cansado del incumplimiento de sus amigos cercanos y simpatizantes, Guillermo decidió empezar a pintar tablas en las que escribía frases cortas, caracterizadas por su mordacidad, por su humor negro, su crítica política, su brevedad, y sobre todo, por su libertad en la forma y el contenido de sus mensajes. Las colgaba posteriormente en un falso laurel, ubicado en la carrera 66, entre la estación Suramericana del Metro, y el Éxito de Colombia, en Medellín.

Don Guillermo tenía el genio, el carácter y las cualidades para hacer eso, pues había sido profesor de filosofía e historia del arte en la Universidad Autónoma, pero terminó siendo un “avisero”, según su expresión, que pintaba publicidad para los negocios, pues no quería hacer concesiones y seguirle los juegos al poder.

Desde su origen, el árbol tuvo efectos contradictorios en sus lectores, pues aunque muchos pasaban afanados por sobre la acera en la que se encontraba y seguían de largo, era inevitable por lo menos no verlo. Quienes hacían el ejercicio de acercarse a su contenido les causaba o bien risa y simpatía, o rabia y repulsión. Sin embargo, aunque tuvo detractores inmediatos, por lo menos dejaron que las tablas siguieran adheridas al árbol por un tiempo.

Algunos subrepticios enemigos de la luz del árbol, de corte uribista la gran mayoría, han aprovechado la oscuridad para camuflarse y atacarlo. Primero pusieron sus propias tablas, en las que denigraban de Guillermo, atacando no sus ideas sino su persona. Como la intención era opinar libremente, y tener como una de sus máximas aquella frase de Voltaire "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo", allí permanecieron, a pesar de los improperios y ofensas, que decían algo así como “gamines y guerrilleros no están de acuerdo con Uribe”.

Así se establecía un evidente contraste en los argumentos elaborados y sustentados de una parte, y el ataque pasional, fanático, de la otra. Al no dar resultado, y al ver el efecto contrario que causaban sus pobres frases en cuanto a estilo, contenido, finura, forma y humor, pasaron a vías de hecho, como usar las tablas para hacer un fogón de leña, o simplemente quebrar algunas tantas y dejarlas desperdigadas por el suelo, como vestigio de su coerción.

Mas el árbol volvió a resurgir de sus cenizas, y a pesar de los intentos por suprimir otras voces, formas de pensar y opinar, Guillermo continuó con su producción de tablas, tanto propias como de otras personas, que se sumaban a la invitación de atreverse a pensar por sí mismos, y a ese llamado que encabezaba la presentación de las tablas: “CALLAR no es una opción”. Y volvieron a germinar en él sus ideas, sus opiniones, en contra de la tempestad y el mal clima uribista.

Los detractores también siguieron gestando en ellos el parásito del exterminio, y sofisticaron sus métodos represivos, al ver que incluso muchos turistas o estudiantes extranjeros querían replicar la idea en sus respectivos países. Fue por ello que se entabló una querella jurídica entre Guillermo Quintero y la Secretaría de Medio Ambiente del Área Metropolitana, pues se interpusieron quejas ciudadanas ante esta instancia gubernamental, so pretexto de provocar daños ecológicos y contaminación visual.

Un día festivo, algunos policías llegaron al lugar, y aprovechándose de la soledad, sin ninguna clase de orden jurídica, retiraron las tablas y se las llevaron, a lo cual no había forma de oponer resistencia, pues la edad y la falta de respaldo de Guillermo pesaban para iniciar cualquier acción.

Fue entonces cuando se hizo la primera retoma del árbol, el 20 de julio del 2013, por medio de un evento cultural que pretendía liberar la palabra de la mordaza oficialista, de la mordaza criminal. Un nuevo florecer despuntó entre las ramas verdes y tupidas del falso laurel.

Pero tras la muerte de Guillermo, y a unos pocos días del hecho, los detractores volvieron a atacar, valiéndose, nuevamente de las sombras de la noche para resguardar sus acciones. Pero esta vez los herederos de Guillermo siguieron el ejemplo legado, y realizaron una nueva retoma para seguir cultivando las ideas y opiniones libres, convencidos de que “se podrán llevar las tablas, pero no las ideas”.

Hasta el día de hoy se han realizado tres retomas del árbol, a cuenta de los múltiples y continuos ataques de sus adversarios, que lejos de plantear argumentos, esgrimir ideas propias, establecer un campo de confrontación ideológico, buscan trincheras dogmáticas de hecho. Van hasta el punto de agredir físicamente, como sucedió este sábado 7 de Junio, cuando una familia uribista, encolerizada ante las nuevas tablas que algunos continuadores pegaban al árbol, interpeló a uno de ellos vociferando que si ya se había cumplido con la labor del facho de Santos y que le quitaran las tablas de ahí, porque eso era un irrespeto, y que a ellos no les gustaría, por ejemplo, que les pusieran un letrero irrespetando a su mamá. Tales eran sus argumentos.

Sin embargo, los ánimos se caldearon a tal punto, que la cuestión terminó casi a los golpes y con amenaza de muerte de por medio. Los agresores estaban indignados por frases como estas: “¿En qué se diferencian Lalo el muñeco de Donoso y Óscar Iván el muñeco de Uribe? En que Lalo parece que hablara por su cuenta”, o como estas otras: “Según las últimas averiguaciones, Óscar Iván Zuluaga no nació en Pensilvania, sino en Transilvania”, “Lo bueno de Óscar Iván: que no se le nota el nailon”. Y furibundos juraban que mataban y le “daban bala” al que fuera, pero que las tablas las quitaban porque las quitaban. Así, el árbol también está hoy a punto de morir, pero no por el cáncer, como Don Guillermo, sino a causa de esta peligrosa enfermedad para el pensamiento libre y divergente.

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