El Coordinador Nacional Agrario mandata por la paz con cambios

 

En el marco de la V Asamblea del Coordinador Nacional Agrario (CNA), realizada del 1 al 6 de febrero del presente año en el resguardo indígena San Lorenzo del municipio de Riosucio (Caldas), Periferia conversó con diversos líderes y lideresas nacionales y regionales de esta organización campesina, acerca de las perspectivas y caminos de construcción de paz que desde el movimiento campesino se vislumbran en medio de un contexto de negociación entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep, y de posibles diálogos con el ELN, para la terminación del conflicto armado. Sus voces nos dejaron ver preocupaciones y  retos que como movimiento social vienen planteando.

 

Las ZIDRES, un obstáculo para la paz en los territorios
Para el dirigente campesino y hoy senador de la república por el Polo Democrático, Alberto Castilla, “las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (ZIDRES) son la apuesta del Gobierno nacional por acabar con el campesinado, centralizar el territorio y quitar la facultad a los entes territoriales para ordenarlo y ponerlo en función del empresariado y las transnacionales. Es una política para entregar la tierra como activo a los empresarios y buscar “asociar” al campesino y pequeño productor a su gran proyecto productivo. Esto implica entregar las tierras baldías y acabar con las formas de protección de los territorios como las zonas de reserva forestal”.

Según Castilla, estas medidas se convierten en una forma concreta de obstaculizar la construcción de paz en los territorios. “… consideramos que el reconocimiento del campesino como sujeto político y de sus derechos, la forma como se ordena el territorio, la defensa de la economía campesina, la producción de alimentos, la soberanía que debe tener el campesino para decidir a través de la consulta popular lo que se hace o no en su territorio, son las mejores maneras de confrontar el modelo impuesto por el gobierno en las ZIDRES. De lo contrario el campesino desaparece”, manifestó el senador.

Por su parte Ricardo Herrera, quien fue elegido presidente del CNA en esta asamblea, manifiesta que “nos parece muy importante y respaldamos los diálogos de La Habana, pero nos preocupa mucho que ya no se habla de reforma agraria integral, sino de desarrollo rural. Este va en los términos modernistas del capitalismo y el modelo neoliberal, mientras que la reforma agraria integral ha sido nuestra bandera de lucha desde hace 60 años o más. Nos preocupa mucho que no se toque el problema de la tenencia de la tierra en este país, y que no haya un espacio de participación de las organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y populares”.

La participación en la construcción de la paz
Marylen Serna, vocera nacional del Congreso de los Pueblos y del CNA, quien además lidera la Mesa Social por la Paz, señala que “el campesinado ha venido ganando un protagonismo en la movilización social, en la articulación y también en la lucha jurídica por su reconocimiento en la constitución, pero también en la construcción de propuestas de país, de salidas a la situación que vive el campo colombiano. Hay que decir que los procesos de negociación no logran recoger esta perspectiva del movimiento campesino; por ejemplo en los diálogos de La Habana en el punto de desarrollo rural, no se ve una negociación que dé respuesta a este planteamiento del movimiento campesino en cuanto a la distribución inequitativa de la tierra y cómo frenar el despojo de bienes comunes de las comunidades en sus territorios. Ese es un punto donde el campesinado no se siente representado y por ello plantea generar otros escenarios de participación”.

En ese sentido considera que el espacio de negociación que se abriría con el ELN podría ofrecer algunas posibilidades. “Hay un planteamiento muy general; el ELN lo que ha dicho es que va a convocar a la sociedad para la participación; nos corresponde a los campesinos prepararnos con nuestras propuestas, con nuestra articulación, con nuestra fuerza de movilización para buscar unas garantías y condiciones para esa participación y proponer los cambios que se necesitan en cuanto a la tierra, la autonomía, la cultura, la soberanía. Sin embargo eso sigue siendo un atranque pues hasta ahora no hay un esquema de participación abierto, amplio, incluyente”.
Marylen afirma que desde el movimiento social se considera necesario “mirar el proceso de paz con una visión más integral y por eso hablamos de un gran diálogo nacional, y de una Mesa Social por la Paz, porque los actores para construir la paz no son solo la insurgencia y el gobierno. Ellos van a ser una parte importante en cuanto a la negociación del conflicto armado y también algunos componentes del conflicto social, pero eso no es todo. El escenario de paz tiene que ver con la implementación de los acuerdos, así como con un ejercicio real y directo de participación, donde sean las organizaciones y la sociedad representada en distintas instancias, quienes se sienten a negociar de manera directa con el gobierno nacional, no mediado ni dependiente de las insurgencias sino de una forma autónoma. Requerimos escenarios y agendas propias, y son necesarios los ejercicios de movilización para presionar el cumplimiento de los acuerdos”.

Frente a este tema, Ricardo Herrera complementa “nosotros creemos que es importante que se habilite la mesa con el ELN, pero el ejercicio que hemos venido haciendo de fortalecer la organización campesina, de construir plataformas y propuestas políticas, son apuestas reales y hechos concretos para construir la paz. Nosotros no podemos tener como única opción la mesa con las insurgencias, por eso hemos venido construyendo una verdadera paz para nuestra gente, para nuestros territorios, para nuestra nación. No debemos esperar que se establezcan esos diálogos, sino exigir al gobierno, a través de la movilización, que establezca una mesa con el movimiento social y que cumpla los acuerdos. Algo hemos hecho desde la cumbre agraria y, por lo tanto, debemos fortalecer ese proceso”.

Las voces de las regiones
Campesinas y campesinos de todo el país, también expresaron desde su cotidianidad las preocupaciones por una paz que, según ellos, sigue esquiva en las políticas de gobierno, y que debe nacer de las prácticas que tejen las organizaciones sociales en los territorios.

Para Luz Stella Cifuentes de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA), existe una gran preocupación en tanto que “… con las comunidades que trabajamos en el suroeste, occidente y oriente Antioqueño hemos conversado y reflexionado sobre esa paz que se está construyendo desde el Estado, es una paz pensada para la entrega de los territorios, porque igual siguen avanzando los proyectos para hacer micro-centrales, para explotaciones mineras, para proyectos agro turísticos pero con visión de mercado, entonces ¿dónde van a vivir los campesinos? Esos son unos acuerdos de paz que buscan un país para las empresas trasnacionales, para el mercado y la producción de dinero, y no propiamente para los campesinos, campesinas, indígenas, negros”.

“La opción de vida nuestra es la paz. Nos hemos visto insertos en una guerra que no provocamos, que no es nuestra; todo lo que hacemos en nuestra cotidianidad como campesinos, son hechos de paz. Estamos recuperando la soberanía alimentaria, producimos nuestra comida limpia y orgánica, nuestros propios abonos. La paz es que todos vivamos en condiciones de dignidad; estamos luchando por una propuesta de economía propia donde la producción, la transformación y la comercialización sea de los campesinos y campesinas, de los indígenas y los negros; estamos luchando por una educación propia, por una salud propia, por recuperar todos esos saberes ancestrales”, puntualiza Luz Stella.

Por su parte Cruz Quilina Piraza de Asoquinchas, municipio Litoral del San Juan al sur del Chocó, manifiesta que: “Como pueblos interétnicos reclamamos la participación de la sociedad en el proceso de paz. En nuestro territorio hay cantidades de macroproyectos, una fuerte presencia paramilitar, y encima, un descuido y desamparo del Estado. En el Alto Baudó se está viendo afectada el agua; en el Litoral del San Juan hay concesiones mineras que comprometen el río San Juan y Condoto, toda la parte del Alto San Juan. Hay otros proyectos como la carretera Panamericana, y la carretera de agua dulce que se va a hacer desde Bahía hasta Tribugá”.

Sin embargo, señala “en el Alto Baudó se está llevando a cabo una propuesta de mejoramiento de planes de vida de los pueblos afro e indígenas; se hizo una minga interétnica con la que se logró que las instituciones del Estado y la gobernación del departamento instalaran unas mesas de trabajo con las comunidades afro e indígenas, para que estas formulen sus propios proyectos y aporten a los planes de vida de los pueblos interétnicos”.

De igual modo Gonzalo Romero, del Congreso de los Pueblos Santander, dice que “en la región queremos la paz, pero no cualquier paz; nos parece muy bien el ejercicio de negociación del Estado con la Insurgencia, pero la paz que nos imaginamos es una donde haya una real participación de la sociedad y se vean resueltas las condiciones sociales, económicas, de salud, de educación y laborales del pueblo. Las manifestaciones del Estado en el territorio no son de paz; por ejemplo, la privatización de las aguas en las provincias Guarentina, Comunera y Veleña para hacer 14 represas; o que el 70% del territorio de Santander esté concesionado a multinacionales mineras; o que en Vélez, Caño Bonito, Cimitarra, Landázuri aproximadamente 3000 hectáreas se le entregaran a una multinacional hindú para la explotación de carbón a cielo abierto”.

Gonzalo cuenta que en su región vienen haciendo esfuerzos para organizarse y trabajar por la paz: “Estamos organizados en torno a la tierra, y a 250 acueductos comunitarios construidos y administrados por las mismas comunidades, como propuesta de resistencia a esos megaproyectos de represas”.

Dagoberto Medina Martínez, Vocero del CNA en el departamento del Tolima, dice que “nosotros hacemos un análisis bien concienzudo en el territorio porque estamos a la expectativa, porque vemos que desde el Estado y las Multinacionales va a haber una andanada de recursos en los territorios que no sabemos de qué índole, pero que van a desestabilizar la región. Estamos aportándole a la paz muy decididamente, con propuestas claras: hay que dignificar al campesino como sujeto político, y los campesinos necesitamos una reforma agraria integral”.

Por último, Gabriel Henao integrante de la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del Cesar y dirigente regional del CNA, señala que “si bien es positivo que se esté hablando de paz en la Habana, vemos en los territorios que están creciendo los grupos paramilitares que nunca se fueron. Hace poco llegó a la zona un grupo de 80 paramilitares a disputarse el territorio, entonces mientras se habla de paz nos despojan del territorio, y esa es precisamente nuestra lucha, por el territorio”.

Según Gabriel, “la propuesta de paz de nosotros es que si la gente tiene donde trabajar, si tiene salud, educación, vivienda y lo necesario para vivir dignamente, puede haber paz, pero parece que eso en la agenda del gobierno no está. Y con nosotros por ejemplo ha habido una mesa, pero el gobierno no ha querido volverse a sentar; quieren cansarnos, quieren dividirnos, pero con el gran paro que estamos preparando creemos que es el momento para hacer sentar al gobierno a negociar con el movimiento social".

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