Una mirada atrás Destacado

El 2017 fue otra vez un año importante para la cinematografía nacional, hubo una gran participación de producciones nacionales en varios de los festivales más influyentes de la industria, y muchos festivales regionales y comunitarios se fortalecieron en el territorio colombiano.

Según Jerónimo Rivera, se estrenaron el año pasado 41 películas producidas o co-producidas en Colombia, entre las que se destacan géneros como la comedia o el terror y estilos narrativos como el documental. Entre estas producciones resaltan la más reciente película de Víctor Gaviria: “La mujer del animal”, una necesaria y cruda historia sobre el papel de la dominación y el terror al que puede ser sometido un cuerpo; también el último documental de Nicolás Rincón Guille: “Noche herida”, el cual pone en evidencia, frente a la cámara, sin pretensiones ni puestas en escena (más allá de la puesta en escena de la vida misma), la realidad represiva de la periferia bogotana.

También hubo momentos para el buen humor, la psicodelia desenfrenada y el sinsentido desesperado en una película que no deja indiferente a nadie: “Sin mover los labios”, del director Carlos Osuna; además hubo una obra que retrató de manera un poco institucional el fin de los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, uno de los temas coyunturales que mayor protagonismo tuvieron en los últimos años en el país: “El silencio de los fusiles” de Natalia Orozco.

Más allá de las realidades comunes y las experiencias compartidas como país, se presentaron relatos íntimos y personales como “Amazona” de los directores Clare Weiskopf y Nicolás Van Hemelryck, o “Epifanía” de Oscar Ruíz Navia y Anna Eborn. “La defensa del dragón” de la directora Natalia Santa fue la única película colombiana que participó en Cannes, en la sección de la Quincena de realizadores. Por último, resalta el reciente documental de Rubén Mendoza: “Señorita María: la falda de la montaña” –del cual se han escrito ya algunas palabras en Periferia–, un documental que va más allá de lo evidente, una historia del campo colombiano y del abandono por parte del Estado a cosas tan necesarias y simples como el derecho a construir una propia identidad.

Estas películas ofrecen un panorama no solo de lo que fue el cine nacional el año pasado, sino que además plantean interesantes preguntas de cara a lo que se viene en el futuro. Las mujeres tuvieron un papel protagónico en la dirección; los protagonistas fueron de nuevo personas comunes y corrientes, más agobiadas por la cotidianidad o la vida misma que por cuestiones heroicas; la experimentación en las películas de ficción cada vez se logra de manera más orgánica y natural; y los documentales vuelven a tener una relevancia única, no porque retratan la realidad sino porque dan voz (o escuchan) a aquellos personajes de la vida que poco descubrimos.

Vale la pena mencionar también algunos de los festivales regionales que mayor relevancia tuvieron y que se han fortalecido, ofreciendo mucho cine a las comunidades donde participan y ampliando las posibilidades que el séptimo arte tiene para enseñar. Uno de los más destacados es el Festival Internacional Cine en la Isla que este año cumplió su cuarto certamen. Se lleva a cabo en Isla Fuerte, Córdoba, y vale la pena mencionarlo porque a diferencia de varios festivales del país, en este se trabaja fuertemente para que los protagonistas sean los habitantes del territorio; este año la programación incluyó un taller de Stop motion para niños, uno de tradición oral y cuentería, un seminario de Cine y pedagogía, taller de cine para jóvenes, taller de dirección de no actores y una programación e invitados que cualquier gran festival envidiaría.

Otro festival que ha tomado una fuerza imbatible es el Festival Internacional de Cine de Cali. Su director, el cineasta Luis Ospina, ha hecho de este un escenario sin igual, basta decir, por ejemplo, que en noviembre pasado uno de los invitados especiales fue Barbet Schroeder director de “La virgen de los sicarios” (2000) o “Reversal of Fortune” (1990), película con la que fue nominado al Oscar como mejor director.

Por último, la versión 6 del Festival Audiovisual de los Montes de María, cuyo slogan fue “A son de paz”, se estableció como una ventana para descubrir esa Colombia sistemáticamente olvidada, allí la memoria y la construcción de identidad son los protagonistas, y la voz de las víctimas se alzan imponentes ante el silencio.

 


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