Editorial 137: El país sí está listo Destacado

Lo del pobre no es robado. Esa sería la sentencia popular luego del exitoso resultado electoral del 11 de marzo de 2018, que deja en el mapa político nacional un importante bloque de 20 senadores elegidos de las listas de los Verdes, el Polo Democrático Alternativo, los Decentes, y el Movimiento Alternativo Indígena y Social MAIS, con claras ideas transformadoras y de corte social. Si a este grupo se le suman los cinco senadores de las Farc, cuyas curules fueron parte del acuerdo de La Habana, una eventual alianza podría conformar una bancada alternativa de veinticinco senadores como nunca antes la hemos tenido en Colombia.

A este fenómeno electoral se suma el resultado de la consulta de la Inclusión Social para la Paz, que obtuvo 3.520.583 votos y catapultó a Gustavo Petro como candidato presidencial con una votación histórica. Ningún líder de ideas políticas contrarias al establecimiento, proveniente de una guerrilla, ingresado a la política legal luego de un proceso de negociación y acuerdo de paz, como la que se dio entre el M-19 y el gobierno de Barco, había recibido un apoyo semejante en unas elecciones. En esa materia (la electoral) la mayor votación histórica la había alcanzado el maestro Carlos Gaviria Díaz del Polo Democrático. Tampoco en las últimas siete décadas se presentaba un fenómeno de masas electoral que recogiera simpatía entre diversos sectores de la sociedad colombiana, con excepción de Jorge Eliecer Gaitán.

Sin embargo, lo que a la luz de los hechos significa la posibilidad de derrotar a los partidos tradicionales y a las élites de siempre en los comicios presidenciales de mayo de 2018, no fue visto de igual manera por los y las que fungieron como analistas en los canales de televisión la noche del 11 de marzo. Estos, sin mucha vergüenza, mostraron no sus análisis objetivos sino sus preferencias por los partidos tradicionales de derecha y sus candidatos, incluidos los corruptos que volvieron a ganar curules, ante los cuales guardaron cómplice silencio en sus valoraciones. En especial los analistas mostraron el pánico que les provoca un triunfo popular. Alguno se atrevió a decir que el mejor acto de grandeza de Petro era ceder su aspiración presidencial a Fajardo y sumarse a su campaña.

“Hay que evitar que los extremos suban al poder, no son buenos ni los violentos ni los vengadores”, insinuaron eufemísticamente los “analistas” refiriéndose a Uribe (no a Duque) y a Petro, respectivamente. También enfatizaron en que es el momento para una propuesta de centro. Pero eso mismo no lo dijeron cuando Uribe gobernó durante ocho años con mano de hierro contra los humildes, contra el proyecto social, y con los medios masivos a su servicio. Ahora que la propuesta social puede ascender, para ellos el centro es lo ideal, pero no ahondaron en cuál es concretamente la propuesta transformadora del centro. Ese fue el mensaje que dejaron los “analistas” en la retina de los televidentes. Tal vez les gusta el centro porque no se compromete con las necesidades de los pobres, o porque se parece más a la derecha.

Y esa práctica de apoyar a los poderosos y menospreciar a los críticos y las alternativas populares, aprovechando el poder de los dueños de comunicación, no es nueva. Tampoco lo es el uso y el abuso del miedo como un dispositivo social, que se activa ante la más mínima amenaza de cambio o transformación de las condiciones socioeconómicas del país, así estas no sean estructurales. Es lógico que quien se sienta muy cómodo con las actuales estructuras socioeconómicas y de poder político, o sea los gremios, los grandes empresarios, las transnacionales, los terratenientes, los banqueros, los corruptos, los carteles, etc, hagan hasta lo imposible para evitar el ascenso de un proyecto social y político alternativo, que les dé buen uso a los recursos de la nación y distribuya equitativamente sus frutos. Es muy peligroso para las élites que crezca la simpatía popular hacia una propuesta de esta envergadura.

Lo que no tiene sentido, y constituye el problema a sortear, es que los humildes y los desposeídos hagan suyos los miedos y las angustias de esa élite, y las defiendan hasta con su vida. Es increíble la capacidad que tienen los poderosos para inocular esos miedos y angustias, ese odio contra lo que amenaza sus intereses. ¿Cómo puedes tener miedo de que te quiten una casa que no tienes?, ¿por qué te da miedo que tus hijos e hijas puedan entrar a la universidad gratis?, ¿te asusta que mejoren el sistema de salud?, ¿te preocupa que se proteja el agua y la comida?, ¿te angustia si a un terrateniente le suben los impuestos de sus mil hectáreas?, ¿alguna vez has pensado o soñado un mejor país?

Las reformas propuestas por Petro no pasan limpias a los oídos de la gente, se ensucian en las bocas de aquellos que se sienten afectados por ellas. El mensaje se interfiere en los micrófonos, en las páginas y las cámaras de los medios masivos. Estos claman para que se den alianzas entre las propuestas del centro y de la derecha… en sus cabezas retumban las voces temerosas de los poderosos: que nadie se alíe a Petro, ese es de izquierda, qué tal que gane. Ningún analista se toma el tiempo para explicar que el programa petrista es una mezcla del liberal Alfonso López, del conservador Álvaro Gómez, y del socialista Jorge Eliecer Gaitán. En Colombia la cultura política es tan pobre que una propuesta como la de Petro, basada en reformas liberales que ya se dieron en los países democráticos, se tildan de radicales de izquierda. Asusta que la educación superior sea pública y gratuita, pero a nadie le indigna la infame concentración de la tierra ni el despojo de esta a los campesinos.

Es hora de sacudirnos un poco la ignorancia y el miedo impropios. No necesitamos ventrílocuos ni traductores de las propuestas de los candidatos. Que hablen, que lo hagan por televisión, en horario triple A, y con el tiempo suficiente para que expliquen qué es lo que van a hacer frente a las necesidades concretas de la sociedad. Todos y todas queremos un empleo decente, educación y salud gratuitas y de calidad. Queremos que cese la violencia contra las mujeres. Y también queremos servicios públicos y carreteras para el Pacífico. Queremos que un nuevo Gobierno haga lo que no hicieron en 200 años los de siempre, queremos que devuelvan lo que se han robado. Es a eso que le tienen miedo, ¿es a eso que le llaman venganza?

El país sí está listo para los cambios, para la transición a la democracia; los que no están listos son otros, son los que viven sembrando sus miedos, sus egoísmos y su odio en las cabezas de una sociedad azotada y atolondrada por tantos golpes recibidos.

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