Lágrimas que no se evaporan Destacado

Luz Perla Cardozo se levanta temprano en medio del canto del gallo y el revolotear de sus aves. Con juicio y dedicación comienza el día poniendo a secar los forrajes que son la base sustancial de su producción de gallina criolla. Una vez pone las hojas a deshidratar, alimenta sus gallinas que son parte fundamental de su vida, una forma de defender el territorio y de reivindicar la memoria de su esposo.

Todos los días, mientras las alimenta, Luz Perla trata de responder las preguntas que retumban en su cabeza. ¿Por qué razón cometieron el indignante crimen? Aunque los autores materiales respondieron algunas preguntas ante Justicia y Paz, aún quedan interrogantes sin resolver. ¿Y los actores intelectuales…? Aquellos que señalaron, aquellos que ordenaron. ¿Dónde está la verdad? Hoy, lamentablemente, la única respuesta de Luz Perla es la impunidad.
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Al asomar los primeros rayos de sol inclemente que baña el Sur del Tolima, el lunes 25 de marzo del 2002, sobre las cinco de la mañana, la angustia levantó a Luz Perla, a su esposo Baudelino y a sus hijos. Luz Perla le recordó a su esposo que desde el sábado hombres pertenecientes al Bloque Tolima de las autodefensas habían ido a su finca a buscarlo.

La primera vez llegaron en un taxi amarillo hasta la entrada ubicada a escasos 30 metros de la carretera que comunica el municipio de Natagaima con el corregimiento de Castilla, situado en el municipio de Coyaima. La fisonomía y el acento delataba que los hombres no eran de estas tierras ancestrales. Una vez entraron en la finca Altagracia, preguntaron por Baudelino. Al ver que no estaba decidieron hablar con Luz Perla. Le exigieron que contribuyera con las necesidades del grupo armado entregándoles dos reses del resguardo Palma Alta cual era gobernador Baudelino. Al siguiente día —el domingo 24 de marzo— volvieron a buscar al Gobernador, pero no lograron encontrarlo. Esta vez entraron con el vehículo hasta la puerta de la casa, y avisaron que al siguiente día volverían.

Tras conocer la situación, Baudelino decidió reunirse con los integrantes del resguardo quienes le aconsejaron entregar las dos reses para que no molestaran más a sus familias. Además, la comunidad insistió que el Gobernador, y los compañeros más visibles en los escenarios de movilización y organización indígena, debían salir de la región o tomar medidas frente al inminente riesgo.

Luz Perla, en la misma sintonía de aquel clamor comunitario, le pidió a su esposo que se fuera del territorio, pues lo peor estaba por venir. Él, con coraje y dignidad, le dijo: “No lo haré, no debo nada y no tengo porque irme”. Ella sintió escalofrío al escuchar su respuesta. Y deseó no tener miedo, doblegar la angustia de perder a su amado compañero, al padre de sus hijos, al apoyo del hogar y de la comunidad.
La mañana del lunes 25, Baudelino abrazó a Perla quien organizaba una ropa para ir a lavarla en la quebrada Guaguarco. Él le manifestó su deseo de acompañarla y estar a su lado para brindarle algo de tranquilidad en esos momentos donde tanto necesitaban el uno del otro. Ella, entusiasmada, alistó todo en una carretilla y salieron rumbo a la quebrada. Cuando avanzaron un poco vieron que se acercaba aquel taxi amarillo. Ambos sintieron temor. Baudelino pensó que esa era la posibilidad para solucionar el problema, mientras que Luz Perla sintió un escalofrío.

Del auto se bajaron cinco hombres y preguntaron por Baudelino. Él se presentó con el ahínco característico del indígena pijao. Baudelino les dijo que tenía listas las reses que pidieron y que con gusto les diría cómo podían llegar hasta ellas. Los hombres le pidieron que los acompañara a recogerlas. “No hay necesidad que yo vaya, pueden ir ustedes mismos a recogerlas, les daré la indicación de cómo llegar”, respondió Baudelino. Los criminales le ordenaron que debía ir con ellos porque su jefe deseaba conversar con él. Baudelino, temiendo por su familia, les dijo que lo esperaran, que rápidamente se arreglaría.

Luz Perla, con la angustia de quien se encuentra rodeado por el verdugo, corrió detrás de él. Al entrar en la casa, mientras se colocaba sus botas, Baudelino bajó la mirada. Sin voltear la cara se quitó su argolla de matrimonio. De repente miró a sus hijos y luego, observándola fijamente, le entregó la argolla a su esposa y salió del hogar para ponerse a disposición de los paramilitares.

Los hombres subieron a Baudelino al carro. Iba en medio de los captores en la parte trasera del taxi. El Vicegobernador, que se encontraba afuera de la casa de Perla y Baudelino, dijo que si se llevan al Gobernador debían llevárselo también a él. Los hombres respondieron que eran cinco y con Baudelino llevaban sobrecupo. Desobediente, el hombre abrió la cajuela del taxi y se metió en ella. La suerte estaba echada.

Luz Perla y sus hijos miraron con angustia cómo el carro abandonaba el predio. El carro tomó carretera y pasó por un retén de la Policía que no le prestó atención al sobrecupo del automotor. El auto se detuvo en una estación de gasolina, al parecer su dueña estaba vinculada con los paramilitares. Allí bajaron al Vicegobernador y le ordenaron que se fuera. A pesar de su insistencia los captores siguieron su camino sin él.

A las 10:30 de la mañana, el carro llegó hasta el cruce de La Molana, una vereda del municipio de Natagaima, de allí tomaron rumbo hacia el río Magdalena. Sin haber avanzado mucho el carro se atascó por lo deteriorado del camino. En ese momento se bajaron los tripulantes y de forma fría y cobarde, aproximadamente a las 10:55 a.m., asesinaron a Baudelino.

Luz Perla pasó horas de angustia, desespero y dolor. Esa misma tarde, a eso de las dos de la tarde, llegó en una moto uno de los hombres que se había llevado a su esposo. Alterado le dijo: “Vieja hijueputa, entrégueme las armas”. El verdugo entró por la fuerza, revolcó la casa, y solo encontró una vieja escopeta de fisto, herramienta muy común entre los pobladores de la zona. Perla, desconsolada, le preguntó por Baudelino, a lo que el hombre simplemente respondió que en un rato llegaría, que estaba en una de las fincas cercanas.

Sobre las cinco de la tarde, cansada de esperar, Luz Perla, acompañada por el Vicegobernador, fue hasta el corregimiento de Castilla a preguntar por su esposo. Aunque allí era frecuente la presencia permanente de paramilitares, no encontraron rastro de los criminales.

Al otro día, el martes 26, Baudelino tampoco regresó. Luz Perla agarró su bicicleta y partió hacia el pueblo. Allí, un allegado de la familia le dijo que había un muerto sobre La Molana, que fuera a ver si podía identificarlo. El conocido sabía que era Baudelino, pero no tuvo el valor de darle la noticia. Ella también presintió que era su esposo, y en ese momento sintió que moría una parte de su vida.

A los tres meses del asesinato, los hombres de la muerte volvieron. Encerraron en el baño a Perla y a sus hijas, y destruyeron la casa. Después del suceso Perla decidió irse de su finca Altagracia. Se internó en los predios de la comunidad, y gracias a la ayuda de los miembros del resguardo logró levantar una casa.

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El crimen no solo transformó la vida de Luz Perla, también el espíritu de la comunidad. El resguardo Palma Alta hace parte de la Asociación de Cabildos Indígenas del Tolima (ACIT). Esta organización vivió de manera macabra e impune el accionar de los paramilitares. Según el informe número 1 “De los grupos percusores al bloque Tolima (AUC)”, elaborado en el 2015 por el Centro Nacional de Memoria Histórica, sobre la ACIT se cometieron el 60% de los homicidios, el 88% de las desapariciones forzadas y el 80% de las masacres perpetradas por este grupo paramilitar en el Sur del Tolima. Todos estos crímenes no son simples datos. Son muestra del atropello y la intención de desaparecer una organización política de la región. Familias enteras aún lloran con dolor al recordar esos años siniestros.

A pesar de las dificultades, el dolor, el abandono estatal y la impunidad, Luz Perla ha logrado salir adelante con valentía y heroísmo. Luego de estos hechos, apoyada por un líder comunitario y concejal llamado Alberto Márquez, el cual también fue asesinado, Perla recibió apoyo psicológico y jurídico. “Entendí que no soy la única víctima. Son cientos de mujeres y familias que tristemente hemos pasado esta situación y que hemos exigido siempre al Estado verdad, justicia, reparación y sobre todo protección para que nunca más esto vuelva a ocurrir. Es que es muy verraco pasar por todo esto y al final no saber a ciencia cierta quiénes y por qué razones cometieron estos crímenes”, señala Luz Perla quien actualmente se desempeña como defensora de derechos humanos.

Los políticos locales que la comunidad señala como precursores y aliados de los paramilitares nunca han respondido por los hechos. Los policías que jugaban fútbol con los criminales en las narices de la población tampoco responden. Las familias que impulsaban, financiaban y rodeaban el Bloque Tolima de las AUC mucho menos.

A pesar de la impunidad, poco a poco Luz Perla logró emprender un camino en el cual descubrió la producción agroecológica de gallinas criollas. Su propuesta productiva, con la cual defiende el territorio del que ha jurado nunca salir, parte de estos animales a los que cuida y alimenta con dedicación. Luz Perla ha decidido extender los aprendizajes a otras mujeres y familias víctimas de todo el accionar paramilitar, para que, al igual que ella, puedan sacar adelante la vida de sus seres queridos. “Las gallinas en la finca son la alegría, son una excusa para luchar, son una motivación para vivir. Una finca sin gallinas es fría y vacía, es casi como una casa sin niños”, asegura emocionada Luz Perla.

Luz Perla es una heroína, una mujer luchadora que provoca enorme admiración. Ha sido gobernadora del resguardo Palma Alta y es una líder que ejemplifica la defensa del territorio, de las víctimas, las mujeres, la cultura, y la biodiversidad.

Aún nos duele el Salado, Mapiripan, El Aro, Frías y todos los actos de barbarie cometidos por los paramilitares en todo el país. Aún nos da rabia recordar los compañeros de la ACIT cobardemente perseguidos y asesinados. Aún no hay perdón ni mucho menos olvido.

Desde la periferia Luz Perla nos invita a resistir. Con sus gallinas nos invita a tejer siempre propuestas dignas para luchar. Con su corazón nos contagia de dignidad y nos da razones para mirar el sur de Baudelino, Alberto, Efrén y todos los compañeros asesinados por los paramilitares. Nos recuerda que por ellos ni un minuto de silencio, porque en nuestros corazones siguen vivos.

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Anthony Rondón Camacho

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