Los animales : una causa que vale la vida Destacado

Pitalito, un municipio del sur del Huila, cuenta con unos 200 mil habitantes. Es un pueblo que crece rápidamente, pero que desde hace algunos años se ha vuelto famoso por numerosos casos de maltrato y abandono de animales. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para Yolanda Martínez, una mujer que lo ha dado todo por ellos en esta región desde hace casi dos décadas.

El refugio
Para llegar, hay que ir al barrio Tequendama, al frente de la terminal en el norte de Pitalito; luego, cruzarlo completamente en la misma dirección y transitar por un camino estrecho y rocoso. A unos 10 minutos a pie y justo antes de la ancha puerta que abre paso al refugio de animales, hay un pequeño puente bordeado de basura y por el que pasa una pequeña y sucia quebrada.

Por el silencio que predomina en esta área, puedes estar seguro de que los perros han escuchado tus pasos antes de llegar. Una vez allí, ves muchos perritos correr hacia la entrada de la casa, la cual apenas está circundada por mallas de alambres de púa y par de guaduales que adornan la quebrada. Entonces estás en el refugio, llamado Fundación Protectora de Animales y del Medio Ambiente Santa Marta, la cual Yolanda Martínez fundó hace 20 años.

Este espacio es un campo abierto que cuenta con menos de dos hectáreas y donde conviven, en una zona verde adaptada para ellos, entre 300 y 400 animales, la mayoría perros y gatos, que han llegado en complicado estado de salud o luego de ser abandonados en las calles de Pitalito.

Sobreviven con las uñas y trabajan como héroes
Esta mujer de casi 50 años de edad es una médica veterinaria de la Universidad Nacional de Bogotá. Empezó trabajando en los alrededores de la capital de Colombia como voluntaria en diferentes centros de protección animal y más tarde, a sus 28 años de edad, llegó a vivir a Pitalito.

Apenas inició labores en esta parte del país, se dio cuenta que, aunque hay muchas personas buenas, la gente en general es brutalmente indiferente con los caninos. Estos animales no solamente llegan golpeados o heridos a su refugio, sino que las personas los dejan ahí con tal de no seguir asumiendo la responsabilidad del animal. Sin medir esto, el centro de protección animal creció exponencialmente, por lo que hoy se encuentra hacinado.

A pesar de todo, hace unos seis años Alex Valdés trabaja con Yolanda Martínez en su clínica Territorio Animal y en la fundación de ella. Yolanda y su colega sobreviven con las uñas y trabajan como héroes. Los costos de los medicamentos, la comida o las operaciones quirúrgicas son supremamente bajos, además adoptan perros y gatos diariamente. Todo ello con el fin de que otras personas puedan llevar y cuidar a las mascotas abandonadas.

Lo más difícil de ayudar animales
El pasado 31 de diciembre Yolanda celebraba año nuevo en la clínica Territorio Animal junto a sus colegas y familiares. Ella salió simplemente para ver si su moto seguía parqueada donde la había dejado por última vez y para su sorpresa, había desaparecido. Aunque creyó que se la habían robado, su búsqueda no duró mucho. A comienzos de este año la encontraron tirada en una calle de un barrio periférico con las llantas pinchadas, espejos retrovisores rotos, luces dañadas, y desajustes en algunas partes del vehículo. Todos creen firmemente que fue una especie de sabotaje y venganza por su trabajo.

Yolanda junto a su equipo de trabajo hacen una especie de servicio de emergencia y ambulancia en aquella motocicleta Yamaha, un poco vieja y ruidosa, pero importantísima, pues les ha servido para asistir incluso a caballos o yeguas maltratadas o en delicado estado de salud.

A pesar del enorme esfuerzo, muchos laboyanos han criticado la forma en que actúan Yolanda y los demás animalistas que ejercen este tipo de labores en el municipio.

Como protocolo de salubridad, una de las primeras cosas que Yolanda hace cuando encuentra un perro en la calle es verificar si ha sido esterilizado, esto como un ejercicio legal y de prevención para que no haya más perros abandonados en las calles de las ciudades. La Policía ambiental de Pitalito trabaja de alguna manera de la mano con Yolanda, quien además apoya la campaña que ella promueve.

Aun así, esto incomoda a laboyanos como Edgar o Juan Carlos, uno dueño de un pitbull y el otro de un labrador. Perros de raza que fueron esterilizados, además de alimentados y cuidados, cuando desaparecieron de sus casas por algunos días y fueron hallados en ese estado. Yolanda dice que la gente desconoce la importancia de evitar que estos animales se reproduzcan en demasía.

En enero del presente año, de la vereda Regueros de Pitalito llegó a la clínica un perro con una herida en la parte superior de su lomo, cerca de su cola. El canino recibió un machetazo por un desconocido del sector. Este finalmente no pudo ser salvado debido a la profundidad del corte. De ese tipo son las noticias que se han vuelto recurrentes en los medios de comunicación locales. Todos los días llegan a la clínica o al refugio animales accidentados, maltratados o enfermos.

“Una inversión de vida”
A Yolanda por supuesto que esas cosas la lastiman. Su lucha es ayudar, cuidar e incentivar la protección hacia los animales, especialmente perros y gatos. Lleva unos 30 años en esto, alrededor de unos 20 en Pitalito, y su trabajo es tan complejo que ha pasado algunos días sin comer lo suficientemente bien.

Yolanda admite también y sin pena alguna, que reciben ropa de personas que quieren ayudar con la causa. Ha vendido las cosas de su casa, desde sillas hasta camas, con tal de invertir lo necesario en los animalitos a los que les dedica tanto empeño. Con una sonrisa en su rostro y algo de timidez acepta que espera la caída de un ángel del cielo que les dé una mano con un “lotecito” para “construir algo digno”. Yolanda le denomina a todo ese esfuerzo una inversión de vida, pues sabe que son felices con lo que hacen.

Con un poco de esfuerzo y lágrimas de emoción en sus ojos, reconoce que lo más hermoso de su trabajo es cuando han rescatado a un perrito tras estar “vuelto nada” y lo ven moviendo la cola, contento, o en un hogar adoptado por alguien. Por esas razones que parecieran ser tan simples, para Yolanda valió toda la pena y el sacrificio.

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Manuel Sebastián Perdomo

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