“Esto es un problema estructural, y de corrupción. No es solo del Hospital” Destacado

Tres entradas principales dividen el Hospital, cada una conduce a un servicio distinto: citas médicas y atención a madres gestantes, farmacia, y urgencias. En la primera entrada del Hospital Rosalpi, ubicado en el municipio de Bello, Antioquia, como es usual en las entidades de salud del país, amanece una fila de pacientes. El objetivo es conseguir uno de los 18 fichos para citas médicas que reparten de lunes a jueves a las 6:00 a.m. La sala de espera es grande, y aun así no da abasto. El ruido de los dos televisores que hay en la sala se mezcla con el de las voces de los pacientes que conversan, los niños que intentan infructuosamente jugar en los pasillos, las recepcionistas que tramitan las diligencias de las personas, y los médicos y enfermeras que, afanados, tratan de atender a los pacientes.

Más aparte, en la farmacia, se forma otra fila conformada en su mayoría por adultos mayores que, uno a uno, van reclamando sus medicamentos. En la tercera puerta, la que conduce al servicio prioritario de urgencias, el ritmo es otro. Constantemente llegan y se van las ambulancias, así como entran y salen los pacientes. En la salita de espera del servicio de urgencias hay pocas personas. Una de ellas es Darli, una mujer de 30 años que espera para ser atendida mientras se queja por unos fuertes dolores que siente en el vientre. El primero en salir es Julián Camilo Pérez, un filósofo de la Universidad de Antioquia que trabaja como profesor de español, y que recurrió al servicio de urgencias por un fuerte dolor de oído.

“Yo tengo una otitis. La enfermedad la tengo desde el jueves, anoche me dio fiebre y se me hinchó bastante. El dolor es insoportable. Entonces llegué, me revisaron, me dijeron que no era grave. Me devolvieron y me dijeron que pidiera una cita prioritaria. Cuando estaba allá pasaron corrillos de gente quejándose porque hay pocos insumos. Además, hay muy poquitos médicos y muy poquitas enfermeras atendiendo”, cuenta Julián Camilo.

Lo que dice Julián es cierto. En el Rosalpi hacen falta insumos. Fuera de eso a los trabajadores les han venido incumpliendo con los pagos desde noviembre de 2017, y ahora acumulan tres meses sin sueldo. Esto ha motivado a los empleados del Hospital, que han decidido continuar sus deberes laborares con normalidad, a organizarse y a protestar contra la Administración del municipio de Bello.

¿Qué originó la problemática?
Jorge Iván Gil, un microbiólogo que ha trabajado más de 20 años en el Hospital y que fue nombrado como uno de sus representantes en la movilización, explica cómo fue que el establecimiento empezó a crear un déficit que hoy se calcula en 6000 millones de pesos: “La mayoría de los ingresos dependen de los pacientes de Savia Salud EPS, y ellos tienen unos pagos atrasados, nos deben más o menos 980 millones. Tenemos un problema también con Caprecóm que desapareció y nos quedó debiendo como 1500 millones de pesos”.

Ante esta situación se han vislumbrado varias salidas, pero todas dependen de la voluntad política de varias instituciones. En primer lugar, la entidad está intervenida fiscalmente, por lo que la Alcaldía, la Gobernación, y el Ministerio de Hacienda se comprometieron a hacer un salvamento fiscal de 6000 millones de pesos, repartidos en tres años: 2017, 2018 y 2019. Pero estos pagos no han comenzado. En segundo lugar, dada la importancia que tiene el Rosalpi para el municipio de Bello y la presión que ha ejercido la ciudadanía, la Alcaldía se comprometió, primero, a realizar un préstamo, previa autorización del Concejo municipal, para sanearlo fiscalmente, y segundo, a desembolsar 425 millones de pesos que le debe a este desde hace un año.

Pero ni lo uno ni lo otro. La Alcaldía incumplió sus compromisos. Según otro representante del Hospital, el odontólogo Pedro Cano, el desembolso de la deuda, que estaba pactado para antes del primer lunes de febrero, no se dio, y el préstamo ni siquiera ha empezado a tramitarse: “Hasta el momento no hemos visto ningún movimiento para hacer el desembolso. Y el alcalde no se ha dignado citar a los concejales a sesiones extras para aprobar el préstamo”, agrega Cano. El único avance, hasta el momento, ha sido recibir el sueldo correspondiente al mes de noviembre del año 2017, pero, de nuevo, se van a acumular tres meses sin sueldo, y no ha habido cómo pagarles a los proveedores.

***
Entre la sala de espera y los médicos de urgencias hay una gran puerta gris que cada que se abre acapara las miradas de todos. Detrás de ella hay un pasillo en cuyo final hay cuatro personas sentadas recibiendo oxígeno. Justo al lado está la entrada a la zona de las camillas y a los consultorios, donde atienden a quienes van por urgencias. Dos camillas están ocupadas; en una de ellas hay una mujer dormida con un catéter inyectado en sus brazos, y en la otra un hombre mayor que espera ser remitido a otra institución médica ya que requiere de la atención de un neurólogo y allí no lo hay.

En este lugar trabaja Maribel Duque, quien es la jefa de enfermeras del servicio de urgencias, y una de las afectadas por la crisis económica que atraviesa el Hospital. Maribel, que además de ser enfermera estudia derecho por las noches en la Universidad Santo Tomás, tuvo que endeudarse para poder continuar sus estudios, y ha visto cómo los servicios se han afectado desde que la crisis comenzó. “Existen dificultades desde la parte de compras, porque algunos proveedores ya no están despachando insumos ya que la cartera se ha incrementado bastante. Tuvimos unos días en que no teníamos todas las suturas, y todavía hay carencias de algunos medicamentos. Les toca a los médicos reemplazarlos por otros. Estamos funcionando a media marcha”, explica Maribel, quien además cuenta que, como en todo el Hospital, y a pesar de que no les han pagado y no tienen los suficientes insumos para atender a los pacientes, han continuado con la atención de la manera habitual. “Nosotros sabemos que es una atención prioritaria y no la podemos detener por nada”, agrega Maribel. De la misma manera opina Jorge Iván Gil: “La mayoría tenemos más de veinte años de trabajar en la empresa. ¿En estos momentos para dónde se va uno? La salud está mal en todas partes. Tenemos que cumplir con el trabajo, tenemos que venir a trabajar. Por eso estamos haciendo la movilización”.

El lunes 12 de febrero los empleados del Hospital Rosalpi realizaron nuevamente una marcha. Esta vez desde la estación Bello del Metro hasta la sede de la Alcaldía en el parque del municipio. Esta marcha es solo una de las tantas manifestaciones que han realizado, además de las asambleas generales que hacen semanalmente, las actividades con la comunidad, y la empapelada de una parte de la fachada del Hospital con carteles que invitan a la movilización. Todo con el fin de denunciar y protestar contra el olvido que la Administración municipal tiene con una entidad conocida por su servicio a los bellanitas. Como sentenció Julián Camilo Pérez, “esto es un problema estructural y de corrupción. No es solo del Hospital”.

 

Share this article

Acerca del Autor

Juan David Guerra
Dejar un comentario

Asegúrese de ingresar la información requerida (*) donde se indica. Código HTML no está permitido

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.