Editorial 139: La periferia se hizo sentir

Este domingo 27 de mayo de 2018, por primera vez en la historia nacional, una propuesta social interpretada por un colombiano venido de la lucha popular pasó a segunda vuelta en las elecciones presidenciales, a pesar del miedo impuesto por las élites a través de los medios masivos de comunicación. Ganó en las urnas el valor de los humildes y su anhelo por encontrar un camino que les permita vivir mejor en su país; en esa Colombia saqueada y depredada por los de siempre, por las élites de la derecha, los liberales y los conservadores, los del Centro Democrático, los de Cambio Radical y la U.

Y no es cualquier triunfo, es uno que eriza la piel, que da esperanza, que permite recuperar el amor propio, la autoestima y el auto-reconocimiento de los desposeídos; es David elevando su onda al viento y descargando la piedra contra el gigante Goliat. Es la periferia haciéndose sentir.

En nueve de los 32 departamentos del país ganó Gustavo Petro, pero lo que hay que destacar es que son nueve de los más pobres, azotados por el conflicto armado y por el paramilitarismo. Varios de ellos aún viven bajo el control y la amenaza paramilitar o de mafias locales poderosas, como Córdoba y La Guajira; y otros como Nariño, que en su región pacífica sufren una guerra sin cuartel entre carteles mexicanos, paramilitares, y disidencias guerrilleras, bajo la mirada cómplice de las Fuerzas Militares y de la Policía. Los demás tienen de todo un poquito, corrupción, desigualdad, hambre, abandono estatal, racismo y exclusión, entre otros flagelos.

Hay que analizar otros elementos que confirman la tesis de que en las zonas que han sufrido la violencia y el control en carne propia, es donde la gente quiere el cambio y vota por alternativas que le juegan a la paz con justicia social. Por ejemplo en Antioquia, donde arrasó el uribismo en cabeza de Duque, en municipios como Vigía del Fuerte, Segovia y Remedios ganó Fajardo; mientras que en Turbo, Apartadó y Murindó, municipios con antecedentes de extrema violencia y control paramilitar, pero también de gran resistencia social, ganó Petro; han de sentirse con mucho deseo de salir de ese control mafioso para retar al establecimiento y apostarle a propuestas alternativas como la de la Colombia Humana o la de la Coalición Colombia, que junto a la de Humberto De La Calle alcanzaron casi diez millones de votos.

Perdieron en estas elecciones la extrema derecha y los medios que quisieron asustar a la población con el Castrochavismo, y estigmatizando a Petro; se sorprenden hoy los grandes opinadores y los analistas con el incremento de las votaciones, pero no reconocen que en esta contienda hubo un animador de primer orden que obligó a todas las campañas a hablar temas serios, los que la gente quería escuchar hace rato. Gustavo Petro y toda la gente que lo apoyó son responsables de animar la democracia, y poner al centro un discurso lleno de contenido humano. Los que tenían miedo eran otros, no la gente de la periferia; los que polarizaban eran otros, que en los territorios habían montado un ambiente de desolación en donde nadie pudiera creer en las transformaciones.

Yann Basser, director del observatorio de representación política de la Universidad del Rosario, manifestó en una entrevista para la Silla Académica del 9 de marzo de 2018, que “...la clave de la polarización está en los territorios, no en el discurso de Petro…”. Basser además de acertado en la mayoría de sus vaticinios electorales, señala al uribismo como el responsable de la polarización entre centro y periferia, ya que las bases del Centro Democrático se beneficiaron de su gobierno, mientras las regiones alejadas en el Norte y Sur del país sufrieron la intensificación de la guerra y la pobreza. Y las poblaciones jóvenes de estos territorios, y las de las zonas urbanas de las grandes ciudades se sentían excluidas y no veían la razón de participar en elecciones; la aparición de una propuesta que los incluyera garantizó que se rescataran para la democracia, y jugaran como sujeto político en estas presidenciales.

Como sea, y pase lo que pase en la segunda vuelta, este proceso ha sido muy interesante y deja muchas enseñanzas y también mucha gente desnuda. A la izquierda tradicional le enseña a que no se vive del discurso y del sectarismo, sino que los programas políticos hay que aterrizarlos en propuestas concretas, y que es necesario hacer los mayores esfuerzos por reconciliarse con las corrientes afines al cambio social si no quiere que la posibilidad real de ser gobierno se esfume. Quedan desnudos y de cuerpo entero los de Cambio Radical por su doble moral frente a la paz, y los liberales con Santos a la cabeza por su evidente mala intención y ruindad a la hora de aplicar los acuerdos de paz firmados con las FARC.

Aunque haya ganado el Centro Democrático, no ganó el discurso contra la paz; por el contrario viene en franco ascenso el concepto de la paz con justicia social, y eso se evidenció en medio de los debates televisados, en las entrevistas radiales y en las plazas públicas, en donde quién lo creyera, hasta los candidatos de la derecha que le quitaron la salud, las pensiones y los derechos laborales a la mayoría de colombianos y colombianas, terminaron hablando y comprometiéndose de manera muy “incluyente” con reformas en la educación, la salud, el empleo; y hasta se vieron de lo más diversos y antipatriarcales en sus intervenciones. Todos los candidatos se acordaron que las mujeres, los sectores Lgtbi, los jóvenes, los afros, los campesinos y los indígenas, sí existen.

Un día después de la primera vuelta presidencial en Colombia, se siente la resaca de la derecha. Ellos ya llegaron a su techo, y los votos de Vargas Lleras no son todos para Duque. El nerviosismo de los encuestadores y los directores de medios de comunicación, como Darío Arismendi, que en su programa radial de caracol recriminó fuertemente a Darcy Quinn por insinuar que si se juntan los votos de Petro, Fajardo y De la Calle, ganarían el 17 de junio; Arizmendi desea que las cosas sigan como hasta ahora, y más parece un jefe de campaña angustiado, que un periodista.

Pero para nadie es secreto que la Colombia Humana necesita del compromiso de la Coalición Colombia y de los liberales de base que acompañaron este bloque democrático; y especialmente de la gente de la Colombia profunda que aún está rezagada e indiferente. Hay esperanza en la periferia colombiana, hay razones para sacudirse y salir a apoyar una propuesta de cambio, de buen vivir. Hay que seguir pilas vigilando y denunciando las jugarretas de la Registraduría, la compra de votos, y lo que seguramente va a ser una guerra a fondo de la derecha para ganar a cualquier precio. Ojalá que los que no se han decidido a votar lo hagan, y que los que ya lo hicieron se metan a trabajar a fondo estas tres semanas que quedan. No hay nada que perder; es cierto que cuando más se oscurece es porque va a amanecer.

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