Una confesión hacia la autocrítica y el cambio

Qué escribir: esa ha sido mi pregunta por un número de horas indeterminadas frente a un ordenador, que refleja mi vacío mental en una hoja blanca. Leer un texto y expresar mi opinión, o hacer lo que considero un análisis del mismo, para agregar a mi mundo nuevos conceptos, no es sencillo, pero no me deja en blanco. Ver imágenes, hablar de historia, procesar las que parecen ser verdades ocultas, sorprenderme, criticar, sentir dolor e incomprensión, asombrarme con lo poco o nada que sabía, y lo perdida, engañada o distraída que estaba, es el humano resultado de mi proceso académico, y tampoco me deja en blanco. Pero escribir y plasmar mi perspectiva desde lo simple, no resulta en lo más mínimo ser lo mismo.

He pensado, por el eco imparable, persistente y demasiado fuerte de Man in the mirror de Michael Jackson, si me miré en algún momento realmente en el espejo y fui capaz de empezar por cambiar a quien veo en el reflejo. Me contesté sin duda alguna, y como cuando escuché la canción con la sinceridad de mis sentimientos, que no. A lo largo de los años critiqué y me indigné, señalé y acusé, cuestioné y maldecí. Tuve momentos fugaces de iniciativa y busqué caminos, pero los dejé y simplemente me alejé; no vi más noticias a diario, no leí, no me conmoví igual, perdí la fe si se quiere decir, vi todo igual y monocromático, preferí el mar, el sol, y utilizar las viejas dolencias de injustica solo para clase o buenas impresiones que dieran luces de intelectualismo. Debo decirme a mí misma que guardé en un cajón que siempre llevo conmigo, una parte de mí, y que sin dejar de ser yo omití partes de mí.

Hoy me hice y me hicieron el favor de reaprender algunos conceptos, que generalmente no comprendemos si no los escuchamos constantemente, como burguesía y proletariado, capitalismo y comunismo, guerras mundiales, acumulación de riquezas, centros de poder y periferias de pobreza, guerra fría, manipulación mediática, conquista de los imaginarios, divisiones y bloqueos económicos, países desarrollados y subdesarrollados o tercermundistas, economía global, terrorismo, ataques, manejo y manipulación de la información, entre otros. Con el privilegio de otra perspectiva, traté de borrar la niebla que cargamos en los ojos a causa de un sinfín de basura, para poder vislumbrar lo que llamamos contexto mundial.

No tengo por intención desarrollar un ilustre y muy académico texto para poner posturas y definiciones, con citas de grandes pensadores de los conceptos antes mencionados. Lo que intento es mostrar que la moneda tiene dos caras, y que tratar de comprender los mismos contextos desde el revés puede a lo menos traernos un montón de dudas razonables, que nos den la capacidad de cuestionar y nos despierten el deber de inquietarnos constantemente con lo que leemos, escuchamos, vemos y vivimos.

Tomándonos enserio nuestras realidades, y no dejándolas al paso de los días, nos confesaremos a nosotros mismos las mentiras que trae el ansia, la codicia, la avaricia, la envidia y la competencia de los pocos ricos que sostienen, a costillas de millones pobres, el sistema que conocemos como capitalismo. Confesándonos con nosotros mismos, veremos lo insensibles que nos vuelven al normalizarnos o escondernos las tragedias que cubren el sostenimiento de este modelo económico. Nos debemos esa confesión y se la debemos al mundo, o lo que está quedando de él y de nuestra humanidad tan poco humanizada.

Simplemente preguntemos, para poder así sea inventarnos respuestas y soluciones. Cuestionemos si las guerras mundiales dejaron efectos secundarios tan graves que aun los sentimos, o si seguimos en una guerra mundial maquillada. Preguntémonos si es real que los ataques civiles tan de moda y dolorosos son simples arrebatos religiosos, o si pueden tener otras causas. Si tal vez solo se pasó por alto, en medio del afán de paz, juzgar los crímenes de guerra que cometieron EEUU y sus aliados en la segunda guerra mundial, y solo se alcanzó a juzgar los alemanes.

Cuestionémonos si aún es válido un mundo de malos y buenos a blanco y negro; analicemos si el capitalismo es el único modelo económico que esta generación de humanos puede usar; si la historia es contada de la misma manera por los vencidos; si es necesario borrar nuestra identidad para saciarnos de felicidad con el consumismo; o cómo un pueblo tan pobre es capaz de tener un armamento y una inteligencia tan avanzada, que coordina el mayor atentado a la cuna del capitalismo y derrumba las conocidas torres gemelas; si es cierto que nos invaden para ayudarnos a combatir la corrupción que contamina hasta las más altas cúpulas de nuestro gobierno, pero no roza ni una esquina política del país más consumidor de esa droga que producimos; preguntemos y preguntemos para tener nuestra visión del mundo y no la de otros.

Eso sí, no te asustes, no fatalices, no desesperes, no abandones, no odies, no huyas, no te mientas, no te escondas, no cambies lo que eres, no camines sin preguntarte si te gusta a dónde vas, no desconfíes ni confíes, no seas extremista, no apuntes con el dedo, no te permitas la ignorancia, no desfallezcas, no veas imposibles, no te menosprecies ni menosprecies, no tragues entero como dicen las mamás, no te atragantes con tu conocimiento e inquietudes y multiplícalas. Niégate y di todos los no que no te permitirás, para que el mundo siga siendo tan tóxico como lo es. Ponte en frente todos los sí que necesites: sí sueño, sí puedo, sí hay alternativas y cambio, sí hay verdad, sí voy a donde quiero, sí aprendo y entiendo, sí me transformo y transformo, sí podemos, sí cuestiono, sí confió y creo en mí, sí apoyo, sí hay felicidad con sabiduría, con mi pueblo y sin fama. Sí y sí y sí.

Empoderarse no es un término del feminismo, de un grupo minoritario exclusivo o nuevo. Es un término que fue muy bien aprendido y mal empleado por algunos pocos, y que le fue negado o escondido a otros muchos. Empoderarse es quererse, es querer las raíces, la tierra, el territorio, la cultura, la idiosincrasia, las tradiciones y las innovaciones, las diferencias y las similitudes; es comprensión absoluta, es ser y hacer tejido social; es entendernos como pueblos y comprendernos como comunidades; es proponer trabajar juntos y cambiar; es sin lugar a dudas tener el poder en nuestras manos y saber compartirlo al tocar la mano de los demás.

Los individuos, las familias, las comunidades, los pueblos, las regiones, los países, el mundo se merecen que nos confesemos con nosotros mismos ante el espejo, en un proceso de autocrítica y cambio, pues nos debemos al mundo y tenemos una deuda milenaria con el mismo. Yo me prometo intentarlo, como tal vez otros que ya lo hicieron y lo lograron, y que buscan el cambio mientras me veo en el espejo solo para peinarme o maquillarme.

 *Estudiante de Derecho

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Daniela Huertas
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