Por la vida defendemos la Amazonía

La Amazonía: tierra de indígenas, afrodescendientes, campesinos y mestizos, de chagras y bosques; territorio propio de la gran diversidad pluriétnica y multicultural que la habita; región cosmogónicamente libre aun cuando está siendo usurpada por ajenos que buscan dominarla. Resiste desde sus pueblos los embates de la expoliación, el control económico, sociopolítico y cultural marcado hoy por las políticas militaristas, la exclusión y un profundo centralismo, que han perpetuado las élites de los países que la conforman: Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Surinam, Guyana y Guayana Francesa, esta última aún colonia de Francia.

Como sostén del marginamiento intencionado de la Amazonía, las políticas sociales han sido precarias, y la colonización además de militar y cultural se complejiza en torno a un colonialismo voraz sobre los bienes de la naturaleza. La estrategia de control territorial se manifiesta como una forma de ocupación en una zona biodiversa, compleja y rica en agua, evidenciando que la disputa por la Amazonía es geopolítica y geoestratégica, e impacta no solo a Colombia, sino a todos los países de la cuenca que se ven inmersos en esta estrategia de acumulación/
expropiación.

Los gobiernos de esta región siguen siendo proclives a los intereses del extractivismo y a las pretensiones de control hemisférico de Estados Unidos, reafirmadas tras el anuncio en 2017 de la realización de operaciones militares conjuntas en la llamada “Triple Frontera”, en las localidades de Leticia (Colombia), Tabatinga (Brasil) y Santa Rosa (Perú). Esto, en lo que será un centro de “logística internacional” por parte de EEUU en alianza estos tres países, cuyos gobiernos –abiertamente subordinados– lideran en la actualidad la estrategia de invasión y ocupación de la Amazonía, profundizando la lógica militarista y colonial.

Esta operación, “América Unida”, liderada por la Fuerza Armada Brasileña, estableció una base militar multinacional temporal en Tabatinga, lo que implica una ampliación de las acciones de control territorial y geoestratégico de la región frente a los recursos minero energéticos, hídricos y biológicos de la Amazonía. Incluso podría leerse como parte de la avanzada en contra de Venezuela, que tenía ya en Perú y Colombia importantes aliados, y que con la llegada al poder de Temer en Brasil consolida una estrategia de dominio territorial y político.

De otro lado, Bolivia con proyectos como la carretera sobre el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), Venezuela cuya economía se basa en el petróleo y la minería, y Ecuador con proyectos extractivos como el de Yasuní, dan continuidad a un modelo de desarrollo rentista que termina afectando a la Amazonía y a sus pueblos originarios. Guyana por su parte, con una economía frágil, intenta preservar la selva “con ayuda” de su antiguo colonizador Inglaterra y mantiene un diferendo territorial con Venezuela; Surinam se enfrenta a la crisis económica y social derivada de la caída de los precios del petróleo y el oro, a la contaminación y a la dependencia económica de Holanda, mientras la Guayana Francesa, desde su crisis interna con indicadores sociales en declive y constituida como la base militar en territorio suramericano de Francia y la OTAN, sigue luchando por su independencia política y por el reconocimiento de sus pueblos indígenas.

Pero no solo la militarización permea la Amazonía. Las mafias, la expansión de cultivos de uso ilícito, las economías ilegales, el tráfico de armas, el narcotráfico, la explotación ilegal de madera y fauna silvestre, así como la minería ilegal, son fenómenos constantes en la región. Sumado a ello, la voracidad sobre la naturaleza es combinada en los discursos y planes de desarrollo con la mirada de la economía verde, otra expresión neoliberal ligada a la apropiación de los conocimientos y saberes ancestrales, y a la expropiación del control cultural y autónomo sobre las semillas, las plantas, los bosques y el agua, ahora mercantilizados y convertidos en bonos, servicios ambientales y turismo trasnacional.

Sin embargo, ante esta realidad apabullante, este territorio y quienes lo habitan, resisten. Lo hacen mediante la articulación y unidad de acciones en defensa de la vida y permanencia en la Amazonía, entendiendo que de ella depende la vida de la humanidad. Lo hacen ante la continuidad del modelo extractivo en todos los países de la cuenca, la difícil situación social y política por la que atraviesan, la profundización de la neolatifundización, la desregulación ambiental y los paquetes legislativos que amenazan la pervivencia de los pueblos originarios. Esto último se demuestra en casos emblemáticos como la entrega de la Reserva Nacional de Cobre y Asociados (RENCA) por parte del gobierno de Brasil, así como el proyecto "Corazón Amazonía” y la ampliación de la industria petrolera y minera en los departamentos colombianos de Putumayo, Caquetá y Vaupés, afectando zonas como la Serranía del Taraira.

Esa resistencia de los distintos pueblos que habitan los nueve países de este territorio, se materializa desde el año 2002 en el Foro Social Panamazónico –FOSPA–, que en su más reciente encuentro bianual, celebrado en Tarapoto –Perú, con la participación de alrededor de 1500 delegados, reafirmó la concepción integral de la Amazonía, determinante para la preservación del tejido de la vida, que en todas sus manifestaciones se extiende e interconecta con ella desde los Andes al Atlántico, y rechazó cada una de las amenazas ya expuestas, las cuales son base de las economías de los Estados ubicados en esta región.

El FOSPA, que en su IX versión llega a Colombia para realizarse en el mes de noviembre de 2019 en la ciudad de Mocoa, ha venido creciendo con la participación de organizaciones, comunidades y procesos sociales y comunitarios de los departamentos andinoamazónicos de Putumayo, Caquetá, Nariño, Huila, Guaviare, Amazonas, Arauca, Vichada y Meta, y de procesos nacionales como la Organización Nacional Indígena de Colombia - ONIC, el Gobierno Mayor, la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía colombiana - OPIAC, la Red Eclesial Panamazónica - REPAM, la Corporación de Investigación y Acción Social y Económica - CIASE, CENSAT Agua Viva, el Grupo Comunicarte- Aler y la Asociación MINGA, entre otros.

Con la participación e interlocución activa de los comités nacionales de los distintos países de la cuenca, este espacio busca fortalecer las identidades y las culturas andinoamazónicas, y detener las políticas y proyectos que constituyen falsas soluciones al cambio climático, como las planteadas desde la economía verde. Así mismo, hacen veeduría y monitoreo ambiental participativo a las empresas transnacionales que generan actividades nocivas en la Amazonía, y a las inversiones que representan una amenaza, y visibilizan la preocupación generalizada ante la existencia, en pleno siglo XXI, de territorios en condición de colonia.

Bajo el eslogan “Por la vida, defendemos la Amazonía”, el Foro Social Panamazónico continúa su andar abrazando a quienes compartan el ánimo en la defensa de este territorio, mediante iniciativas de cambio y reflexiones colectivas. La Amazonía necesita del compromiso de todos y todas con la defensa de su vida, para que pueda continuar siendo el pulmón del mundo.

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