Imprimir esta página

Las comunidades del Catatumbo

Para las comunidades del Catatumbo, Norte de Santander, el 2018 llegó con el incremento de la confrontación militar y política entre actores armados en distintos municipios de la región, que trae como consecuencia la incertidumbre y zozobra en las comunidades. La situación, sin embargo, se ha estado gestando desde hace varios años a raíz del abandono estatal, causa principal de la violencia en el Catatumbo. En el marco de este escenario, se encuentran la guerra entre insurgencias, el silencio del Estado y una comunidad que ha generado propuestas sociales que buscan, entre tanto, una paz estable y duradera, y un territorio en el que se respeten sus derechos y en el que se viva dignamente.

Para quienes la guerra ha cambiado sus prácticas cotidianas, las razones del conflicto no han sido del todo claras. El desconocimiento acerca de los orígenes de la confrontación armada entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), deja a la población a la expectativa de un cese armado. “Las gentes del Catatumbo no vivimos como se vivía anteriormente; hemos vivido entre pobreza, hemos vivido entre abandono estatal, pero vivíamos tranquilos”, dice un líder social del municipio de San Calixto.

En correspondencia con lo anterior, las mismas comunidades han sido partícipes activas en la construcción de la paz, creando escenarios de participación social e institucional, como lo son el gran Encuentro de El Tarra, que hizo un llamado a no involucrar a la población civil en la confrontación armada, y que tuvo como resultado la creación de la Comisión por la vida, la reconciliación y la paz del Catatumbo. Dicho escenario está conformado por el Comité de Integración Social del Catatumbo-CISCA, la Asociación Campesina del Catatumbo-ASCAMCAT, El Movimiento por la Constituyente Popular-MCP y el Movimiento Comunal de la región.

La Comisión por la vida, la reconciliación y la paz del Catatumbo desarrolló desde su creación la Misión de verificación, acompañada por el Gobierno nacional, organizaciones defensoras de Derechos Humanos nacionales e internacionales y medios de comunicación, quienes reconocieron la crisis humanitaria ocasionada por el conflicto. Igualmente, se conformó la Comisión mediadora para generar una interlocución, respaldada institucionalmente, con los actores del conflicto. Esto dio paso a la instalación de la Mesa Humanitaria, que tiene el propósito de articular un trabajo con la institucionalidad, además de generar un escenario de seguimiento a los acuerdos pactados con el Gobierno y las comunidades en las movilizaciones campesinas.

La Mesa Humanitaria y su apuesta por la paz
La Mesa Humanitaria, originada por la preocupación social frente al conflicto armado, busca realizar un balance de las situaciones que han ocurrido en la región como resultado de la confrontación entre el ELN y el EPL. Del mismo modo, tiene como prioridad atender asuntos de orden estructural con la institucionalidad, detonante de la crisis social de la región, y a su vez, ratificar el compromiso de esta con las comunidades del Catatumbo.

Para la Mesa Humanitaria, la salida a la crisis actual se materializa con el diálogo entre las partes, por lo que es prioritario exigir a las entidades gubernamentales una intervención social, no militar, a través de la creación de una Comisión Mediadora, garante, para resolver problemáticas netamente humanitarias. “La salida de este conflicto no son las armas. La confrontación la resuelve el diálogo”, afirma el presidente de una Junta de Acción Comunal, quien tiene la confianza puesta en la Comisión.

Exigencias para el cese de la guerra en el Catatumbo
Parar la guerra representa la máxima tarea de la Mesa Humanitaria. Para ello, las comunidades exigen a los principales actores –Gobierno nacional y grupos armados– ser escuchadas a través del escenario validado por la población civil del Catatumbo: la Comisión por la vida, la reconciliación y la paz del Catatumbo.

El Catatumbo ha exigido, por muchos años, salud, educación y vida digna. La garantía de los derechos básicos posibilita a las comunidades el crecimiento social, económico y cultural; sin embargo, la escasa inversión social ha obstaculizado el desarrollo comunitario en el territorio catatumbero. El levantamiento armado en el territorio colombiano es, según la historia y las voces de quienes han tenido que hacerle frente, la consecuencia de estos hechos. Por esta razón, las comunidades de base, representadas por las Juntas de Acción Comunal y las organizaciones sociales, exigen al Gobierno nacional detener las agresiones al territorio, consecuencia de la deuda histórica reflejada en la falta de garantía de los derechos y en los problemas de orden estructural.

Pese a que “la región tiene su plan de vida, su plan de desarrollo y su gobierno local construido, el Gobierno ha hecho oídos sordos a la región y ha demostrado poco interés en escuchar”, manifiesta un líder social. La población, que conoce la situación porque la está viviendo, sabe que las declaraciones del Ministerio de Defensa representan la negación de la crisis humanitaria que envuelve al Catatumbo.

La guerra ha implicado graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH), manifestadas en las afectaciones a la población civil, como el sembradío de minas antipersona, confrontaciones en viviendas, desplazamientos y amenazas a los líderes y lideresas sociales y comunales. La población civil hace un llamado urgente a los grupos armados en cuestión, a resolver, con voluntad, sus diferencias a través del diálogo y a excluir de la guerra a las comunidades, respetando los Derechos Humanos.

Las comunidades en medio del conflicto
La gente del Catatumbo se ha caracterizado por su resistencia, por la capacidad de organizarse, social y comunitariamente, para buscar salida a los problemas y recomponer el tejido social que las diferentes olas de violencia han querido eliminar. Hoy, mientas hay un silenciamiento selectivo de quienes se atreven a defender la vida de las comunidades, convirtiéndose en un estorbo para los enemigos de la paz, la posición del Estado se acentúa en la indiferencia.

La guerra en el Catatumbo ha puesto de manifiesto la crisis social, mostrando un panorama desalentador en un territorio de riqueza. La crisis se está reflejando en la salud, en los caminos y vías ahora poco transitadas, en la cotidianidad de la población, lo que genera desesperanza en un territorio que ve lejos la paz. En la Mesa Humanitaria se recalca que “no hay médicos, se necesita un plan de contingencia de salud, […] hay atentados, hay amenazados, no hay tranquilidad”.

En consecuencia, se hace un importante llamado a la protección y garantía del derecho a la vida y a la integridad de las y los habitantes de la región de Catatumbo.

“La comunidad sabe que la presencia institucional ha sido siempre de carácter militar, reflejando una mayor vulneración de los DDHH”, cuentan las comunidades que están sumergidas en la confrontación y afectadas en términos económicos, políticos y sociales.

Share this article

Acerca del Autor

Cisca