Un problema de 500 hectáreas

Nací acá, igual que mis papás, mis abuelos y mis tatarabuelos. Somos la descendencia de nuestros antepasados, los Muiscas, y somos lo que somos gracias a lo que ha producido la tierra en este sector. Ese pedazo horrible que ustedes ven ahí, era igualitico a lo que está de ahí para arriba; esto era un campo que producía mucha comida. Lo único que nosotros hacemos acá es producir leche, sembrar papa, arveja, haba, zanahoria, cilantro… mientras producimos toneladas de comida para Bogotá, ellos nos traen toneladas de basuras para acá.

Ya son treinta años de dolor, treinta años de destrucción a la naturaleza, de afectación física y mental a todos los seres que habitamos la región. Desde que nos trajeron el botadero de Doña Juana, todo ha sido tristeza… es como una bomba de tiempo. Ahora, ya no nos aguantamos más el olor, las ratas, las moscas. Imagínese usted no poder comer tranquilos, tener que encerrarnos o meternos debajo de una cobija para poder comer… o que para salir uno tenga que andar con gafas y cubierto todo, porque si no las moscas se le meten por todos lados. O imagínese cómo ha cambiado nuestra tierra; por la contaminación ahora nos toca meterle químicos para que produzca.

Dentro de ese lugar había, hasta hace poco, más o menos ocho lagunas o humedales, pero los destruyeron todos. Este es un problema que mide 500 hectáreas, y aunque hemos peleado juntos para que no crezca más, ya llegó hasta el patio de esta última casa que ven ahí. Lo que más nos preocupa es la decisión del alcalde Peñalosa de expandir ese daño hasta el 2070, o sea que nos van a destruir todo de aquí para arriba, hasta el cerro ahí donde se ve, y de la carretera hacia arriba. Son otras 400 o 500 hectáreas más, y aunque el decreto donde dice eso se aprobó desde diciembre del año pasado, solo hasta hace unos días el Alcalde lo socializó.

Desde entonces, lo que está haciendo son cosas como las de ese avisito que se ve ahí, al lado de esa varilla… sellar las obras. Esta obra que se estaba construyendo ahí, una casa, ya no se puede hacer, porque supuestamente incumplió una norma. Los negocios, las panaderías, el comercio, la venta de alimentos se han sellado, o les decomisan los alimentos por lo mismo, que porque ahora ya no cumplen la norma. También tienen el argumento de que van a recuperar todo el corredor ecológico de la parte de abajo, al frente del basurero, y para eso están comprando, pero la lógica diría que si de eso se tratara, empezarían a comprar desde abajo. No, el Alcalde quiere empezar comprando desde arriba, porque así tendría la potestad de ir atravesando toda la vereda.
La pretensión es muy clara, quieren cansarnos, desesperarnos, disminuir el valor de todo lo que tenemos, para que al final nos veamos obligados a venderles. Ellos no se han dado cuenta que están destruyendo una zona campesina hermosa. Vea, allí baja una fuente de agua, allí otra, y vea otra. Son tres fuentes de agua, todas lindas, y nos las van a destruir. No solamente acaban con la cultura campesina, porque nos van a sacar a las buenas o a las malas, sino que el agravante es que nosotros estamos al pie del páramo de Sumapaz, el más grande de Colombia… o por lo menos eso es lo que uno escucha decir cuando va por allá a Bogotá, o en las universidades.

Esto también nos inquieta porque hace como un mes entró otra empresa, la Suez, a operar el basurero, y lo que nos dicen es que esa empresa tiene como objeto fundamental el comercio del agua. Eso quiere decir que entrar aquí a operar el relleno es el pretexto, la disculpa, y más ahora que se impone la delimitación del páramo. Eso es una contradicción, porque estaríamos dentro de la delimitación, pero ellos no van a conservar. Una parte es para las basuras, y otra parte es para producir agua y llevársela para otras naciones.

Nosotros como comunidad, y con las organizaciones sociales, le hemos hecho muchas propuestas a la alcaldía. Ya le demostramos que con todo el material orgánico que llega ahí, porque no todo es basura, se podría producir la energía eléctrica que movería el metro de Bogotá. Así, además, evitaríamos que le metan más presas a los ríos Blanco y Sumapaz, que es lo que pretenden. También les hemos dicho que todo ese material se podría convertir en abono, como recuperador de los suelos. Lo que más les ofende a ellos, sin embargo, no es que les hagamos propuestas, sino que les digamos que los activos que puede producir esto deben ser invertidos en el área de impacto, que somos los tres millones de habitantes que estamos en la cuenca del río Tunjuelo, y les ofende porque ellos no quieren compartir sus utilidades con nadie.

Por todas estas situaciones, nosotros ya hemos hecho varias movilizaciones. El año pasado hicimos una en agosto, y otra el 27 de septiembre. La respuesta siempre fue atacarnos con una fuerza excesiva de Policías, Esmad y el Ejército que está arriba en el batallón, y sacaron además un listado en el que nos sindican a 15 personas de delincuentes.

Hace poco Peñalosa vino a Pasquilla, una vereda que queda allí más arribita, y dijo prácticamente que duélale al que le duela, Mochuelo se acaba. Lo que no sabe es que aquí hay una comunidad muy inteligente; no somos ignorantes como ellos creen. Mientras existamos campesinos acá, pues le va a quedar muy difícil hacer las cosas como quiere. Nosotros queremos hacer una transformación de esa realidad que hoy tenemos al frente.

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El anterior es el testimonio colectivo de campesinos y habitantes de los barrios Mochuelo Alto y Mochuelo Bajo, en Bogotá. Gente como Elcy Rodríguez, Marta Fonseca, o José Alonso Díaz que desde hace 30 años, cuando apenas eran niños, han vivido la condena de tener el relleno sanitario más grande de Colombia al pie de sus casas.

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Sara López

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