Editorial 143: A la luz de hoy

Era octubre del 2004, y en el editorial se denunciaba que en lo transcurrido del Gobierno 164 líderes sindicales habían sido asesinados, además se exponía con preocupación que el Gobierno no presuponía de la inocencia de nadie; por el contrario, todo quien pensara distinto era sospechoso. Asimismo, en ese artículo se ponía sobre la mesa un vergonzoso caso en el que tres sindicalistas de Arauca habían resultado asesinados a quema ropa por el Ejército, señalados de ser miembros de la insurgencia.

Este fue el primer editorial del periódico Periferia, hace 14 años. Los hechos referenciados marcaban el inicio de la campaña de judicialización contra líderes sociales, parte de una política de seguridad que con cifras buscaba demostrar que el Gobierno iba ganando la guerra, la misma que cínicamente negaba; también comenzó a denunciarse cómo la fuerza pública ejecutaba extrajudicialmente a miles de civiles para aumentar precisamente los informes de esta política de seguridad.

Volver sobre ella evidencia que sigue vigente el proyecto de un país basado en la exclusión y la violencia, a pesar de los esfuerzos de la sociedad que han obligado a abrir espacios de diálogo y de solución política al conflicto social y armado, y con esto a conseguir aquel hito histórico en el que se suscribió un acuerdo de paz entre la antigua guerrilla de las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos, a nombre del Estado colombiano.

Aunque estamos en un momento político diferente al del embrujo autoritario del primer gobierno de Uribe, basta solo referenciar el debate de control político, que tomó lugar en el Congreso de la República el pasado 5 de septiembre, para contrastar nuestra realidad con la de aquel momento. Este debate, realizado en la Cámara de Representantes y liderado por un grupo de parlamentarios que hacen parte de la bancada alternativa, tuvo el objetivo de prender la alarma sobre las cifras de asesinatos a líderes sociales que continúan preocupando, sobre todo ante su aumento en lo corrido del gobierno de Iván Duque.

Mientras sucedía el debate, la Plaza de Bolívar se encontraba a medio llenar por manifestantes. David Racero, joven parlamentario por la coalición Decentes, ubicó en un mapa los puntos más neurálgicos donde están sucediendo estos asesinatos y amenazas: norte de Arauca, Catatumbo, Nudo de Paramillo, Cordillera Central, Cauca, Tumaco, La Macarena, el río Caguán y Putumayo, fueron los lugares señalados, lo cuales a su vez lidian con el abandono estatal. Estos puntos, según el congresista, se reiteran al indagar otras variables como las solicitudes de permisos para explotación minera y licencias ya concedidas, solicitud de restitución de tierras, cultivos ilícitos, presencia de grupos armados, bajos índices de desempeño de la justicia local, entre otros. Por esto mismo, los perfiles de los líderes asesinados, según expuso el senador Alberto Castilla, son: “defensores del territorio y de los recursos naturales, se oponen al cambio del uso de suelo (…) se oponen al modelo extractivista de economía, reclaman tierras, defienden los territorios frente a los intereses privados y buscan el acceso a la participación política en los diversos debates electorales”.

Las cifras de estos asesinatos varían, sin embargo todas están por encima de cualquier nivel de vergüenza y descaro. Según el programa Somos Defensores, en los últimos ocho años la cifra asciende a 563 asesinados, y en el primer semestre del 2018 ya van 77 nuevos casos que se suman a este infame problema. De igual manera, también señala que la impunidad en estos casos llega a cerca del 91 por ciento, muy contrario a lo que señala la Fiscalía.

Así como se hizo en el primer editorial, hoy que cumplimos 14 años hacemos un llamado a continuar tejiendo la unidad en las calles y desde cada escenario en donde se gesta una lucha por la justicia; también a entender la comunicación como una herramienta que nos permite reconocernos en nuestra diferencia para buscar soluciones colectivas a los problemas derivados de este establecimiento excluyente y violento.

Por esto resaltamos que en el mes pasado se haya instalado el movimiento Colombia Humana con un carácter asambleario en la Plaza de Bolívar. De la misma manera el llamamiento que hacen los movimientos sociales a la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos: por la unidad, la vida, el territorio y la paz. En estos y otros escenarios hay que seguir insistiendo en que la comunicación es estratégica para generar las transformaciones que nuestro país tanto necesita. Así lo han demostrado diferentes procesos y/o medios de comunicación que han surgido en las últimas décadas como Prensa Rural, Trochando Sin Fronteras, Colombia Informa, Contagio Radio, Hekatombe, La Oreja Roja, Colombia Plural, la Alianza de Medios Alternativos, entre otros que han compartido con nosotros la tarea de hacer periodismo y comunicación para mostrar esa Colombia que no aparece en los medios que responden al poder económico.

Por eso para Periferia es grato recordar el caso del niño catatumbero que le leía el periódico a su papá analfabeto y les servía de herramienta didáctica a ambos para formarse políticamente; o el obrero que se vio representado en nuestras páginas y encontró un espacio para visibilizar sus historias. Seguimos convencidos de nuestro quehacer al saber que nuestros artículos registran la trayectoria de movimientos regionales, reconstruyen la historia de las victimas del paramilitarismo, y ponen rostro a los crímenes de Estado.

Tal vez al celebrar los próximos 14 años no tengamos que contar las muertes de quienes le apuestan a un país diferente, y podamos ahondar en la vida que siempre ha de merecer nuestra admiración. Para esto seguimos narrando y visibilizando esa Colombia que vive a las márgenes del poder y que se levanta todos los días a construir un país más digno para todos y todas.

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