Ríos para la vida, no para la muerte

Al tiempo que el país se enfrenta más que nunca al drama sobre la producción de energía y extracción de recursos naturales, se moviliza en las ciudades, pueblos y veredas una masa de conciencia colectiva que hoy dice no al extractivismo salvaje ocasionado por las ansias de dinero y poder que caracterizan al sistema capitalista neoliberal, ampliamente apoyado por gobiernos y agentes internacionales.

A raíz de fenómenos como el fracking y la catástrofe de Hidroituango, la movilización se intensificó, y para responder a esta dinámica es que se celebró en Barrancabermeja, Santander, entre el 8 y el 12 de octubre, el segundo encuentro nacional del Movimiento Ríos Vivos. Fabio Muñoz, integrante del movimiento en el norte de Antioquia, habla un poco acerca de este encuentro: “El tema principal que nos trae acá tiene que ver con la transición minero-energética de nuestro país y nuestros territorios. La idea es mirar cómo le vamos a hacer para que no sigan los abusos y el saqueo de nuestras riquezas naturales”, y aclara que el primer día fue de ajustes, de acomodación logística y reafirmación de los principios del movimiento.

“Trabajamos con base en las tesis que se han creado en construcciones colectivas del movimiento. Es partir de los aportes de todas las personas y asociaciones que estamos vinculados al Movimiento Ríos Vivos”, destaca Muñoz, quien resalta además que entre las principales expectativas que se tuvieron fue la integración exitosa de regiones, de culturas, y de toda la riqueza que tiene el país. “A partir de eso, el segundo día en la noche hicimos una feria gastronómica, probamos muchas de las cosas sabrosas de nuestro país compartidas por las organizaciones, y tuvimos también el encuentro con las semillas, que es importantísimo porque muchos estamos en esa transición energética y la primera transición que tenemos que vivir es comernos nuestros propios alimentos con las semillas nativas”.


Un tejido de resistencias
El encuentro de Ríos Vivos contó con el acompañamiento de delegaciones de más de diez departamentos del país y de varios países del mundo. Cuba, Brasil, Alemania y Chile, hicieron parte de esta lista. Las situaciones particulares de las personas y organizaciones nacionales e internacionales que participaron hacen que se teja una red de resistencia que, apoyada por el arte y la simbología, va arando un nuevo rumbo para esta tierra sagrada.  

Mientras Elver Calderón escucha la poesía que una negra de Córdoba le canta a su territorio, cuenta un poco su historia. Elver es de la Asociación de afectados por la hidroeléctrica El Quimbo en Zuluaga, Huila. “Nosotros fuimos unos desplazados más de la multinacional que hizo este proyecto. Nos quitaron el trabajadero, la pesca, la minería artesanal y todos los derechos que teníamos sobre el río Magdalena. Ni siquiera podemos ir al paseo de olla porque privatizaron el río”.

Elver relata que se opusieron desde que empezaron las construcciones del megaproyecto. En el 2011 hicieron una movilización que hizo parar la construcción por cerca de 15 días y la multinacional, con ayuda del Gobierno, les echó el ESMAD. “Hubo varios heridos, entre ellos un niño de siete años que perdió un ojo”. Han hecho varias manifestaciones y tomas de tierra, reclamando lo que les pertenece.

“Reclamamos tierra para poder trabajar y nos volvieron a echar el ESMAD. En este momento hemos estado hablando con EMGESA para que vuelvan a realizar el censo de la población afectada y reconozcan sus derechos. No queremos más represas en el Huila, porque la energía no es para nosotros, la energía se la llevan para otros países. Lo nuestro vale más que una basada de petróleo o un kilovatio de energía”, atina Calderón.

Así, esta resistencia en Huila se conecta con la de La Patagonia en Chile. Pamela Díaz, cofundadora del movimiento Patagonia sin represas que lleva 12 años de lucha, relata que su trabajo consiste en impedir que los dos ríos más importantes de la región sean represados: “El Baquer y el Pascua, con tres y dos proyectos de represas respectivamente”.

“La lucha se convirtió sin querer en un hito a nivel chileno y logró frenar el que sería uno de los tendidos eléctricos más grandes del mundo. Nos empezamos a autoeducar; la campaña empezó muy incipiente, pero tomó un nivel de importancia enorme por lo que significa La Patagonia, al ser una de las reservas más grandes de agua dulce del planeta”, anota la chilena destacando que les ayudó mucho haber actuado frente a un proyecto que no se había consumado.

Por su parte, Carlos Rivera llegó desde El Salvador y es integrante del Movimiento Latinoamericano contra las Represas. Quisiera que todos los países se pudieran unir “para ser un solo frente de lucha contra las represas que tanto daño han hecho a la humanidad”. Carlos también es integrante del Frente Nacional Agrario de su país, y comenta que “hay una constante problemática con la privatización del agua que se expande por todo el mundo. Los capitalistas la ven con fines de lucro, no como bien común. A la lucha en nuestro país se han unido organizaciones como universidades y religiones, esperamos que la lucha no pare”. A Rivera le llama atención el afán de lucha alrededor de la energía en Colombia. “Acá veo que luchan mucho, se están dando pasos y se ve el avance en la defensa de la vida”, concluye.

Repensar el modelo energético
Álvaro Restrepo Gaviria, integrante de la Red de Acción Frente al Extractivismo (RAFE), presente en Medellín, cuenta a modo de reflexión que los seres humanos somos energía y necesitamos de ella, pero la forma en la que se genera y se distribuye es inequitativa, injusta y violenta. “Alrededor de 40 millones de personas en todo el mundo han sido desplazadas por proyectos de generación de energía hidroeléctrica, nuestro caso más reciente es el de Hidroituango. En Colombia tenemos un potencial importante en la generación de energía solar, esos son caminos que debemos empezar a explorar más”.

Varios paneles y conversatorios con expertos y con comunidades, una audiencia pública a la que asistieron varios congresistas de la oposición y una movilización por las calles de Barrancabermeja, fueron otras de las acciones realizadas en el encuentro. “De aquí salimos con unas bases y unos planes para cada una de las organizaciones”, afirma Fabio Muñoz de Ríos Vivos y añade que “como movimiento es placentero saber que recibimos varias delegaciones del país interesadas en conocer sobre el tema y aquí también están como veedores y acompañantes de este proceso que es importantísimo, porque no es hacer solos sino articulados”.

Álvaro, de la RAFE, concluye que “esencialmente la vida y la energía son una, todos somos parte de ese tejido, entonces cuando se rompe un nudo, todo se desarticula. Grandes ecosistemas se ven afectados por ese modelo capitalista. La idea no es chocar y crear más caos, sino fluir por otros rumbos y buscar mejores alternativas.”

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Sebastián Yarce Gil

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