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La periferia al desnudo

Cuando todavía no se había terminado de asentar el polvo de la caída de las torres gemelas, en el mes de diciembre, a un desocupado se le dio por salir a la calle en tanga narizona pregonando por todo el barrio el feliz año, junto con otro grupo de hombres que le siguieron la corriente, encarnando la festividad de una manera poco tradicional para una época tan coyuntural como lo fue el inicio del milenio. Alcoholizados y tan pelados como el rabito del niño dios, lo que empezó como una apuesta se convirtió en una tradición que se repetiría ininterrumpidamente por ya más de 16 años.  

Esta es la periferia al desnudo en una navidad poco tradicional.

En el barrio Emayá, al sur de la ciudad de Neiva, nació la popular carrera de los “calzoncillos”. Hombres, con nada más que la ropa interior, compiten en una carrera por todo el barrio mientras son bañados por baldados de agua fría y bofetadas de harina que son armonizadas por los gritos eufóricos de las arengas de los vecinos y curiosos. ‘El Sapo’, como es conocido Jorge Narváez, fue uno de los promotores de esta particular maratón tan famosa, a la que hasta en los noticieros nacionales le han dado crédito por su peculiar manera de despedir el año.

“Hace 13 años estábamos tomando trago con unos amigos y se nos ocurrió hacer un desfile en calzoncillos. Estábamos con Hugo Marín, Jairo Perdomo y otras personas del barrio y la carrera consistía en el que primero llegara en un breve recorrido por las cuadras del barrio; en aquella oportunidad salieron como tres o cuatro competidores”.

No hay que subestimar la carrera de los calzoncillos. Corredores de otras latitudes como España o Francia, y de otras ciudades de Colombia, han caído en la tentación de correrle desnudo al año que termina. Es un deporte popular que solo la periferia sabe disfrutarlo. Acá no importa quién gana o pierda; los cuerpos esbeltos y musculosos de abdomen marcado pasan desapercibidos. La pasarela de barrigas, ropa interior color amarilla, hombres barbados, bajitos, morenos, altos, blancos o delgados rompen con los parámetros de belleza comercial. La finalidad misma del evento es la integración entre barrios, vecinos, amigos y desconocidos, como una especie de ritual para dejar las diferencias y empezar el nuevo año con el pie derecho.

Este 31 de diciembre no será la excepción. En una nueva categoría los hijos de estos corredores se podrán integrar en carrera de costalazos. Eso sí, teniendo cuidado de no resbalar por las mojadas calles empinadas y terminar lesionado, porque la meta es llegar unidos, sanos y salvos al 2019.

 

*Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad Surcolombiana.

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Acerca del Autor

Juan Camilo Ortiz Carvajal