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Feminismo popular: el grito que transforma Argentina y el mundo

Por Aldana Martino

 

El feminismo popular es, para decirlo sencillamente, el movimiento político y social del siglo XXI que vino a transformarlo todo. Y cuando digo todo, me refiero exactamente a eso. Transforma nuestras vidas y nuestros vínculos, pero también transforma los programas políticos y sobre todo, la forma de hacer política.

En Argentina, el movimiento feminista es sin lugar a dudas el más dinámico en la pelea contra el neoliberalismo. Y tiene tanta fuerza que se expandió incluso a nivel mundial, provocando esta “cuarta ola” feminista que tiene, al menos en nuestro país, características particulares respecto de las anteriores.

La primer y más importante característica es su impresionante masividad. Explotó el 3 de Junio del 2015, en la primer movilización convocada con la consigna “Ni una menos”, luego de uno de los tantos femicidios que ocurren todos los días. Esa primera movilización fue casi un vómito, un grito colectivo para exigir que paren de matarnos. La calle se llenó de cientos de miles de mujeres. Aunque todavía con poco contenido político, nacía en ese momento un fenómeno que no pararía de crecer.
Casi cuatro años después, es fácil notar la expansión cuantitativa y cualitativa de los cambios que el feminismo está generando en nuestra sociedad. Comenzamos exigiendo algo tan básico como poder vivir, pero luego empezamos a hablar del acoso y la necesidad de caminar tranquilas por la calle sin que nadie haga ni diga nada sobre nuestros cuerpos. Develamos que lo que hasta ahora naturalizábamos como “piropo” en realidad es acoso y se trata de un ejercicio de poder de los varones sobre nosotras.

Pusimos en cuestión masivamente los estereotipos de belleza que condicionan nuestras vidas en múltiples sentidos, la brecha salarial que existe entre hombres y mujeres porque nosotras ocupamos los trabajos peor remunerados y el rol meramente reproductivo asignado a la mujer, que implica una reclusión al ámbito privado y la realización de trabajo no pago en nuestras casas, y que a lo largo de la historia fue una de las piedras angulares del desarrollo productivo del capitalismo.


El punto más importante de la organización y la lucha fue la pelea que dimos durante este año por el aborto legal, seguro y gratuito. Si bien es una consigna que en nuestro país es bandera del feminismo hace décadas, este año se masificó al compás del crecimiento del feminismo en general. En un contexto de constantes retrocesos en materia de derechos, de haberse votado a favor en el Senado de la Nación, el aborto legal hubiera sido el único derecho efectivamente conquistado durante estos tres años de neoliberalismo brutal que está viviendo nuestro país, eso habla de la potencia del feminismo.


No lo conseguimos, pero ganamos de todas formas. Un tema que era tabú en nuestro país, por el peso fuertísimo de la Iglesia católica entre otras cosas, se instaló como pocas veces había sucedido con una pelea antes. Fue asumida por toda la sociedad: desde hace un año que una no puede caminar por la calle sin ver pibas con el pañuelo verde atado en la mochila, en el cuello, en la muñeca.


El derecho a abortar de forma legal, segura y gratuita, no sólo implica terminar con las muertes de cientos de mujeres y cuerpos gestantes que abortan en la más absoluta clandestinidad y en condiciones inseguras. Implica también poder decidir soberanamente sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas, terminando con el mandato de la maternidad obligatoria. Se trata, además, de nuestro derecho al deseo. De recuperar el goce que nos arrebataron cuando se ligó nuestra sexualidad a la reproducción.
La movilización popular que generó esta lucha fue una de las más grandes de los últimos tiempos. Fuimos 2 millones de personas en la calle sólo en la Ciudad de Buenos Aires, y miles en el resto del país, aguantando bajo la lluvia las casi 24 horas que duró la sesión en la Cámara de Diputados, en la que sí obtuvimos una victoria. Fuimos todavía más cuando el tema se discutió en el Senado Nacional. En este año electoral, las listas de todos los espacios políticos deberán armarse teniendo en cuenta esta agenda, y la postura de cada candidate respecto de este punto en particular. Si no es este año, será el que viene, o el otro, pero el aborto va a ser legal en la Argentina.

El feminismo es un movimiento político, y como cualquier otro, también está en disputa. Sin embargo, el sentido imperante del feminismo hoy es el del feminismo popular, y esto implica dos cosas fundamentales. Por un lado, que el feminismo es también del colectivo LGTTTBIQ, de las travas, travestis, trans, lesbianas, y todas aquellas identidades no binarias que son quienes han encabezado el debate contra el biologicismo conservador, y con quienes estamos transformando hasta el lenguaje para que nos incluya a todes. El feminismo es también multiétnico y multicultural, sencillamente porque concebimos la libertad de ser quienes queremos ser como un derecho y como una cuestión política y colectiva. Contamos con un piso importante para esto: durante el gobierno de Cristina Kirchner, conquistamos la Ley de matrimonio igualitario y la Ley de Indentidad de Género, que declara que hay tantas identidades de género como cada une se autoperciba, sin importar el sexo biológico asignado al nacer.


Por otro lado, que el feminismo sea popular implica también que entendemos que hay que ponerlo a dialogar con toda la sociedad, y que así como no hay socialismo, o Patria liberada, o justicia social, sin feminismo, tampoco hay feminismo sin todo eso. Por eso, si bien estamos avanzando en cambios culturales y estructurales muy profundos, sabemos que no podemos abandonar la disputa por el poder, y en Argentina en particular, por el poder del Estado. Así, asumimos el desafío de construir organizaciones políticas y sociales mixtas, transformandolas a su vez para que las compañeras nunca más quedemos relegadas en nuestros propios espacios ni militemos en ambientes violentos.

En este 2019, nuestro país es escenario de una de las paradas más importantes en esta América Latina que se disputa entre la avanzada conservadora que quiere el fin del ciclo progresista y popular, y las resistencias e incluso gobiernos populares que sostienen el proyecto soberano e igualitario para nuestros pueblos. Que Mauricio Macri sea elegido nuevamente y gobierne cuatro años más, o que sea desplazado por un proyecto popular, puede cambiar para un lado o para otro toda la correlación de fuerzas del continente.


Con esa batalla en la mira, las feministas avanzamos, aportando a la política no sólo la militancia de siempre, sino lazos colectivos y solidarios para construir otra política, que nos contenga a todes. Porque no hay forma de derrotar al capitalismo sin derrotar al patriarcado.

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