Zapatero a sus zapatos

No tenía qué decir ni qué hacer el señor Iván Duque en sus primeros meses de mandato, iba de tumbo en tumbo haciendo el oso en sus giras internacionales, llevando razones de su jefe a la monarquía española, y ofreciendo conferencias sobre los siete enanitos en el foro de la Unesco; también adueñándose a su conveniencia de los resultados del Acuerdo de paz en Europa, mientras aquí en Colombia los hacía trizas. Llegó a tener tan solo el 23% de favorabilidad después de anunciar una reforma tributaria disfrazada, de respaldar abiertamente al corrupto y criminal jefe de la Fiscalía, y luego de pagar favores a los expresidentes a través de nombramientos de sus esposas o exesposas: una embajada para doña Nohra Puyana, otra para doña Ana Milena Muñoz; la mermelada se le agotó muy pronto cubriendo las deudas de campaña electoral. Duque se quedó a merced de Álvaro Uribe, ese que sí sabe cómo subir en las encuestas a punta de odio, guerra y señalamiento.

Hay que reconocer que las acciones armadas de la insurgencia del ELN en la Escuela de Cadetes General Santander de Bogotá, y la arremetida mediática y económica del imperio contra Venezuela le dieron respiración artificial a un Gobierno desorientado como el de Duque, que con cada acto demostraba su falta de experiencia y de gobernabilidad. El discurso de Duque claramente influenciado por Uribe y sus asesores se puso a la ofensiva. Y los medios masivos, los compinches y cómplices de fechorías rápidamente se montaron en la estrategia de señalar los enemigos a enfrentar. Ahora Duque y los uribistas tenían qué decir y que hacer, jugar a la guerra con la sangre y la vida de los demás, práctica en la que les sobra experiencia y experticia.

No obstante, el nivel de popularidad de Duque inflado a punta de encuestas y de la sumisa postración de los medios masivos no alcanzó los niveles esperados. El desprecio por los problemas del país y su claro respaldo a las élites y a los responsables de desfalcos y desastres ambientales como el de Hidroituango, así como el ataque a la JEP, y su silencio ante el genocidio contra líderes y lideresas sociales le sigue pasando cuenta de cobro en un país que trata de sacar la cabeza y reaccionar ante el desgobierno.

El discurso de la guerra sin duda le dio réditos a Duque por unas semanas y lo sacó parcialmente del lodazal en que se encontraba, pero sus cartas jugadas sin cautela y con tal fanatismo y servilismo a los designios del polémico Donald Trump le podrían pasar una nueva cuenta de cobro ante el fracaso del 22 y 23 de febrero, donde actuó como general invasor sin éxito.

Iván Duque creyó ciegamente en el poder omnímodo del imperio norteamericano, y se envalentonó con el precario apoyo de un grupo de países que los medios masivos se encargaron de calificar a los cuatro vientos como “mayoría”, cuando en realidad no son ni la cuarta parte del sistema de universal de naciones; el mismo Duque se tragó el anzuelo mediático que tendría la tarea perversa de convencer a la humanidad sobre la “tragedia humanitaria” que vivía el pueblo venezolano y desviar la atención de las verdaderas intenciones gringas sobre su petróleo.
Los medios, en especial, ocultaron las consecuencias fatídicas de la guerra mundial que podría desatarse por la confluencia de factores de poder global, como los que representa no solo EEUU, sino Rusia, China, Irán, entre otros países que tienen intereses en la región y poseen armas nucleares.
Lo cierto es que a Cúcuta y al concierto por Venezuela no llegó Donald Trump, pero sí sus peones Piñera de Chile, Abdo de Paraguay, y más nadie. Duque se quedó solo, con su sonrisa socarrona y nerviosa, escuchando a los destemplados “artistas” que fueron convocados para el concierto “Venezuela Aid Live”. Ni el concierto, ni los camiones o gandolas, como dicen los venezolanos, llenos de supuestas ayudas “humanitarias” que nadie pudo ver ni saborear, lograron calentar la temperatura de las personas que se encontraban en las inmediaciones de los puentes fronterizos, como para atreverse a pasar por encima de la guardia venezolana e introducirlas por la fuerza al vecino país.

Tampoco fueron capaces de insurreccionar a las masas “desesperadas” y hambrientas que anunciaban los medios masivos, a los cientos de jóvenes encapuchados contratados por la oposición venezolana, ni a los paracos entrenados ofrecidos gustosamente por el Gobierno colombiano, con el fin de generar el ambiente propicio de guerra, caos, muertos y heridos, de los que se culparía a la guardia y a los agentes de seguridad chavistas.

Todo esto se llevó a cabo sin éxito, y las pruebas navegan por decenas en las redes sociales que en directo fueron testigos de la anarquía vivida en territorio colombiano y a la vista de las autoridades. Por lo menos dos camiones con supuestas ayudas humanitarias fueron incinerados por los propios “manifestantes” bajo la mirada cómplice de servidores públicos colombianos.

Las críticas contra el mandatario colombiano no se hicieron esperar, ya que muchos colombianos y colombianas sufrían el rigor de las tragedias invernales en Chocó y otros puntos del país, sin recibir la misma atención y solidaridad que su Presidente ofrecía en otras latitudes.

Algunos diputados de la oposición venezolana que se vinieron a Colombia a dirigir el desorden y pagar a los vándalos, fueron agarrados a trompadas por no cumplir su compromiso; y uno de ellos, Freddy Superlano, investigado por corrupción a manos de Odebrech, por andar bebiendo y celebrando por anticipado la caída de maduro, fue drogado junto a su primo Carlos Salinas en un motel de Cúcuta por dos mujeres, causándole la muerte a Salinas. El senador republicano, Marco Rubio, quiso utilizar esta situación mediáticamente para dejar en el ambiente un asesinato por envenenamiento en su desayuno. Es la catadura de quienes están detrás de la provocación militar contra Venezuela.

La resaca del lunes 25 de febrero llevó a los alicaídos presidentes de 10 países que hacen parte del debilitado grupo de Lima a reunirse en la ciudad de Bogotá en medio de protestas contra la intromisión imperialista en América Latina, y en contra de la guerra con Venezuela. La declaración que salió de esta reunión es tan larga como insípida y babosa; 18 puntos que refuerzan y explican de diferentes maneras que Maduro debe salir, y que afianzarán el “cerco diplomático”.

Tal vez toda esta novela haga reflexionar a los colombianos y colombianas frente a los problemas que aquejan al país, y le exijamos con movilización y protesta a Duque que gobierne y resuelva la grave situación de pobreza, hambre y violencia que cunde en los territorios de Colombia. Para eso fue que lo eligieron, no para andar jugando a la guerra y al invasor con la vida de los demás

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