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Audre Lorde versos desde la periferia

A menudo pensamos que la periferia está ubicada en un lugar geográfico al que es posible desplazarse, o que se trata de poblaciones alejadas de los grandes centros urbanos que crean relaciones e independencias con el paisaje que les rodea. Sin embargo, esta palabra guarda un significado que desde lo simbólico puede habitar cualquier espacio; hablamos entonces de las fuerzas que surgen a las márgenes del poder establecido, de las diferencias que se manifiestan en la cotidianidad y que no tienen cabida en las instituciones, pero que aun así constituyen una parte fundamental de la sociedad.

La poeta Audre Lorde habitó estas periferias del significado, identificándose después de muchos cuestionamientos personales como mujer, negra, lesbiana, y feminista; categorías que dejaban entrever su verdadero carácter: el de una luchadora incansable por la vida y los derechos humanos que dedicó su vida a darle fuerza y palabra a las mujeres de su tiempo.

Nació en Nueva York en 1934, lugar donde vivió gran parte de su vida, en una familia de migrantes afrocaribeños que sembraron en ella el amor y respeto por sus raíces africanas, condición que determinó su forma de ver el mundo. Fue en este momento donde comenzó a descubrir la poesía como un lenguaje propio, siendo esta un aprendizaje, su forma de darse a entender al mundo. Se formó en diversas instituciones académicas universitarias de Estados Unidos y cuestionó desde estos lugares, recintos donde se da forma a las ideas y donde convergen las manifestaciones de la cultura, los privilegios de unos humanos sobre otros y la latente muerte que esto conlleva.

Fue en el entendimiento de la diferencia, en el habitar estos bordes de los esquemas establecidos tradicionalmente, donde Lorde encontró su centro de poder dentro de un mundo que se le presentaba contradictorio, enfocando su lucha en tres ejes fundamentales: la liberación afroamericana, la liberación de la mujer y la liberación de la comunidad LGTBI. Todas estas sustentadas en una visión de servicio y justicia social que fluía junto a su obra poética e intelectual, llevando las teorías hacia acciones liberadoras. Su visión audaz sobre el futuro de los movimientos sociales a los que perteneció planteaba duras críticas hacia las formas de opresión que estos guardaban como vestigios de los poderes establecidos; acuñando la expresión “las herramientas del amo no tumbarán la casa del amo”, planteaba la necesidad de crear nuevos entendimientos para la palabra libertad, el trabajo colectivo y las formas posibles de lucha contra la tiranía del pensamiento occidental. Es por esto que sus visiones han servido de base para los movimientos que buscan la visibilidad de la mujer y las multiplicidades sexuales, y que se plantean la emancipación y el cambio del sistema económico y cultural imperante como asuntos indispensables para llegar a una verdadera libertad de ser.

Su producción poética e intelectual es abundante, publicó gran parte de su obra, insertándola a los debates de su contemporaneidad. Tal es el caso de su libro “Sister, outsider”, traducido al español como “La hermana, la marginal” o “La hermana, la extranjera”, en el que aborda desde su experiencia personal como mujer divergente las diferentes formas de desigualdad y omisión a las que se ve enfrentada, a la vez que abre ventanas para una posible liberación cotidiana. Sin embargo, su gran aporte podría ser el entendimiento del conocimiento, no como una proyección de la realidad como lo plantea el mito de la caverna de Platón, donde el ser humano se deleita con su propia sombra provocada por una luz exterior y ajena, sino como un poder que reside en la oscuridad de las propias entrañas, por lo que se hace necesario descender a ese interior sombrío de nuestro ser para entender sus contradicciones y encontrar allí la luz para irradiar el mundo. En esta filosofía se vislumbra la necesidad de volver a la raíz del pensamiento humano mediante el quebrantamiento de las lógicas occidentales que nos alejan del mundo y nos llevan a su destrucción.

En esta liberación se establece a la mujer, o al pensamiento femenino, como potencia transformadora. Audre nos enseña cómo transformar el miedo, la ira y el dolor que históricamente se ha enquistado en los cuerpos, que es invisibilizado a través de repetidos discursos, en una fuerza en potencia. Esto se hace evidente en sus escritos alrededor de la enfermedad que la llevó a la muerte en 1992; un cáncer con el que libró una batalla de 14 años. Es en ese momento que habla de la necesidad de abandonar el silencio, de hacer consciente sus causas comunes a todas, de la importancia de decir y decidir sobre el mundo que nos rodea, y de crearnos una red, una comunidad en la que se teja un apoyo colectivo, en el que el conocimiento de las diferencias y contradicciones sea el motor del movimiento hacia la emancipación. Con esta última conciencia partió de este mundo a sus 54 años, después de una ceremonia africana en la que tomó el nombre de Gambda Adisia, que en español traduce “Guerrera que hace saber su significado”.

Los escritos de Audre Lorde, a pesar de ser poco difundidos en Latinoamérica, han tenido una repercusión universal, es por esto que en el contexto que hoy vivimos en Colombia, donde las fuerzas de la muerte se empeñan en acabar con la vida y con quienes la defienden, en el que mediante la manipulación de la verdad pretenden dividirnos y crear distancias cada vez más amplias entre los seres humanos, a la vez que nos alejan de nuestra esencia y de la naturaleza, hay que recurrir a su lectura, a su poesía iluminadora, para alimentar el poder que nos habita, para fortalecernos y llevar a la acción colectiva nuestra potencia transformadora.

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Periferia