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“No creo que Federico dé una orden: una cosa es lo que sale a decir públicamente y otra la realidad”: Fernando Quijano

Luego de más de 240 homicidios, y de vivir el mes más violento en Medellín en cinco años (abril, con 71 muertos), el manejo de la seguridad del alcalde muestra su fracaso a solo 8 meses de terminar su administración. Periferia Prensa Alternativa conversó con Fernando Quijano, presidente de Corpades y experto en seguridad, sobre las zonas de confrontación, los grupos en disputa y la estrategia de seguridad actual de Medellín.

Periferia: ¿Cómo podríamos resumir la estrategia de seguridad que ha manejado la institucionalidad con Federico Gutiérrez?

Fernando Quijano: La estrategia está basada en lo mismo que las anteriores: captura, decomiso y control. Capturar jefes y capturar subjefes (aunque esos no son los verdaderos jefes). Algunos decomisos y apretar el crimen. Para mí esa es la estrategia de seguridad de la ciudad. Federico Gutiérrez se ha dedicado más a capturar, pero él simplemente es una pieza del engranaje, donde quien manda es la Policía y la Fiscalía. Ahora han metido más al Ejército. Pero no creo que Federico dé una orden: una cosa es lo que sale a decir públicamente y otra la realidad. A un general de la Policía no lo mueve un alcalde nunca.


P: ¿Cuáles son las zonas de confrontación en este momento?
FQ: ¿Cuál es la zona de impacto hoy? Toda la occidental está desestabilizada. El mayor número de homicidios está en esa parte. Al lado de la occidental, creemos que está comenzando la guerra de las convivir en la Comuna 10 (el Centro). Podría entrar la guerra a la Comuna 5 (Castilla), la Comuna 4 (Aranjuez), y la Comuna 8 (Villa Hermosa). Estamos seguros que La Terraza va a golpear la Comuna 8. Significa que la confrontación de la 7 (Robledo), la 12 (La América), y la 13 (San Javier), está irradiando en la Comuna 11. Muchos homicidios han ocurrido en Laureles.

P: ¿Por qué Laureles?
FQ: Es zona de cacería de los enemigos. Ahí todos se reúnen. Lo que hay que preguntarle a la Estación Laureles es por qué es tan permisiva con la presencia de los jefes de la Oficina ahí. Las otras son San Cristóbal y Altavista. Hay que anotarle la presencia de una de las bandas más poderosas del Valle de Aburrá: la banda de La Raya, que tiene todo el corredor del Manzanillo, tiene control en parte de Itagüí, y tiene control en comuna 15 (Guayabal).

P: ¿Y en San Antonio de Prado?

FQ: San Antonio de Prado es un corredor estratégico que va a otras subregiones. La desestabilización de la parte Occidental de la ciudad está ligada a la construcción del Túnel del Toyo, está pegada a los puertos de Urabá. Medellín y el Valle de Aburrá van a estar a tres horas y media. Quien tenga el control de todos estos lados va tener un poder inmenso. La Oficina lo sabe.

P: ¿Y la Comuna 13? ¿Es cierto que en la 13 mermó la guerra de inicios de este año a raíz de pactos entre las bandas?

FQ: Es un error decir “en la 13 está enfrentado el Coco, la Agonía, los de Betania”. Pura mierda: están enfrentadas las dos líneas. ¿A través de qué bandas? Pesebreros y Agonía. No me desgasto en esas simplezas de las bandas. Eso tiene una directriz y sobre ella se mueven ellos. Yo no creo que hayan dialogado. Y si lo hicieron, seguro fueron pactos muy locales, muy focalizados, pero no tienen nada qué ver con la confrontación. Aunque aquí se dialoga: se dialoga para los panamericanos, la venida del papa, los diciembres, la Feria de las Flores, las cumbres de la OEA. Se ponen de acuerdo todos cuando hay algo importante.

P:Bueno, ¿y cuáles son los actores y las bandas en confrontación?

FQ:
En términos generales, la confrontación de la ciudad se da entre la línea minoritaria, que la hemos llamado la “confederación criminal de Medellín”: La Terraza, San Pablo, Los Pesebreros. Ellos se están enfrentando a la “alianza del norte”, que tiene de aliados a la Oficina del 12, a los Chamizos y controla la Comuna 16 (Belén). Podría tener alianza con La Raya. Ese es el panorama. Significa que en cualquier momento podría reventar en el Centro porque las dos líneas tienen convivires aquí.

P: ¿Aún es posible hablar de un “pacto del fusil”?

FQ: El pacto del fusil existe hasta el momento. Desde 2013. Es un acuerdo entre Gaitanistas y la Oficina de Envigado. Hoy no hay guerra con los Gaitanistas. Ojo: hasta el momento la guerra es dentro de la Oficina, y la hemos definido como “guerra fría”. Directamente no se están matando, pero al que dé papaya le dan. Ya hay casos de jefes desaparecidos. La misma institucionalidad sabe que están desaparecidos y no los nombra.

P: ¿Y los grupos a nivel departamental?

FQ: Esa es la verdadera cuestión. ¿Cómo van a jugar los Caparrapos? ¿Cómo van a jugar los Gaitanistas o Clan del Golfo? ¿Cómo van a jugar las disidencias de los frentes 18 y 36? ¿Cómo va jugar el ELN? ¿Cómo va a jugar el crimen transnacional? No me desgasto con las banditas. Ellas tienen sus jefes.

P: ¿Tiene conocimiento de pactos y connivencias entre bandas y autoridades?

FQ: Claro, en toda la ciudad. Y hay nómina paralela. ¿Cuánto es la nómina paralela? Nosotros llegamos a decir que era del 40, pero ya no vamos a decir nada. Hay protección criminal al crimen, así existan capturas. Hay alianzas en todas las áreas: desde Fiscalía, Ejército, Policía. Las estructuras mandan. Cuando usted ve mover el contrabando en el Centro de Medellín de jueves a domingo, se da cuenta quién manda en la ciudad. La Policía se esconde o ayuda. Entran las tractomulas con el contrabando. Eso es protección oficial. Y si no hubiera protección oficial no habría convivir ni bandas.

En el caso del Centro, para qué más de 120 cámaras, 60 cuadrantes, un comando de la Policía, la Estación Candelaria, la presencia de la Alpujarra y la institucionalidad, si aquí en la esquina en la que yo estoy parado están las convivir. Eso significa protección oficial.

P: ¿En concreto, cómo podríamos enfocar la estrategia de seguridad para mejorarla?

FQ: Lo primero es entender que este no es un asunto de Medellín y Bello, sino departamental y nacional. Hay que construir una estrategia departamental e integral, con la presencia del Estado social de derecho. Con una Fuerza Pública democrática, reestructurada, transparente, depurada, y que ame su pueblo. Un Estado social que busque cerrar la brecha, y que pase de controlar a desmantelar.

Necesitamos una ley de sometimiento real. Una política permanente como la tiene Estados Unidos. Allá el mafioso va y dice “me quiero entregar”, y listo: pague, entregue, y está cinco añitos. Una estrategia de seguridad que involucre a todos los municipios en cabeza del gobernador, que cuente con la opinión de la ciudadanía y de las organizaciones políticas y culturales. No es un asunto de un gobernador, un alcalde, o un director de fiscalías. Es un asunto de todos.

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Acerca del Autor

Juan David Guerra