Agroecología latinoaméricana: la lucha se hace sembrando.

Luego de haber dado un recorrido por la historia global de los mercados agroecológicos, pasando por el Tianguis de México, con el que asentamientos indígenas conservaron los saberes ancestrales del cultivo de la tierra (Edición 148), hablaremos del transcurso histórico que ha tenido la agroecología en el contexto latinoamericano con al
La invasión española que se propagó por Centroamérica y parte de Suramérica generó cambios en las culturas, y utilizó la fuerza para someter a los habitantes de estas tierras a los sistemas de producción que traían desde Europa, ignorando completamente la cosmovisión de las comunidades indígenas de Mesoamérica, los Andes y el trópico húmedo que constituyen las raíces de la agroecología en América Latina.

A la par que los invasores españoles instauraban su régimen, los nativos americanos resistían a su exterminio realizando mercados-tianguis en distintos lugares, con lo que hicieron posible mantener viva la tradición, las costumbres y la forma de comercio de una comunidad indígena que representaba toda una legión americana. Varios siglos pasaron para que se empezara a consolidar una forma de protejer el territorio de la explotación, teniendo para ello bases ideológicas y en ocasiones hasta usando la fuerza.

En 1940, los mexicanos fueron los primeros abanderados de la causa frente a la Revolución Verde y la industrialización que la Fundación Rockefeller intentó instaurar en ese momento, y con la cual quería postularse como la mejor alternativa de “progreso”, como supuesto desarrollo del país. Todos estos acontecimientos generaron una revolución social y se empezó a marcar el camino de resistencia a la homogenización tecnológica, es decir, a volvernos todos iguales sin importar las condiciones geográficas, ni climáticas, ni culturales. Apareció la imposición de intereses privados y corporativos del exterior del continente con planes de números y cifras frías, sin tener en cuenta la sociedad, pero aun así existieron movimientos que se fortalecieron con el ejemplo de México y su empeño por consevar y rescatar las prácticas de la agroecología en su totalidad.

A pesar de eso, desde esos tiempos los sistemas hegemónicos han querido inculcar el mito de que la agroecología puede convivir con la agricultura convencional que utiliza agroquímicos. Sin embargo, la agroecología está basada en un conjunto de conocimientos y técnicas que tienen su origen en las comunidades campesinas y en sus modos de experimentación, dichos conocimientos son tan ricos y diversos como lo son los paisajes, los grupos étnicos y culturales de América Latina y poco o nada tienen que ver con los sistemas modernos de producción.

En Venezuela, por ejemplo, a finales de los años 40 incrementaron los índices de abandono del campo por parte de los campesinos, a causa de las políticas gubernamentales de modernización y centralización que provocaron el desplazamiento inminente de estos a las ciudades. La influencia de la renta petrolera distorsionó la política agraria del país, y puso en peligro la seguridad alimentaria de los venezolanos a cambio de las regalías que dejaba el petróleo.

Afortunadamente la agroecología en Venezuela tiene mucha fuerza académica e institucional y es ampliamente aceptada por los movimientos sociales urbanos y rurales. No obstante, las tensiones con el fantasma de la renta petrolera y las ideas de desarrollo tecnológico importado aún siguen siendo parte de las políticas públicas del modelo agroalimentario nacional, algo que significa un reto todavía vivo para los grupos que luchan por una agricultura sustentable y una soberanía alimentaria.

En el caso de Bolivia, la agroecología tuvo su origen con la práctica ancestral indígena de tierras altas y bajas, la cual se basa en el aprovechamiento de las relaciones ecológicas en armonía con la estructura socio-cultural comunitaria, que es el ideario de las tribus nativas de América.

Lo que más tiempo lleva en estos procesos es la legalización y legitimación social que en Bolivia, por ejemplo, inició en la década de los 80s, experimentando la técnica, abriendo el debate en las universidades, perfeccionando el discurso para que al fin en el 2006 se crearan asociaciones de interés social que abrieron las posibilidades de incluir en las políticas nacionales el tema de la agroecología y su importancia en el desarrollo inteligente y sustentable del país.

La situación de Venezuela y la de Bolivia, aunque diferente en las problemáticas internas, se ve afectada por el mismo foco de destrucción y explotación indiscriminada que trajo la Revolución Verde, y se han tomado como ejemplo para evidenciar una problemática que afecta además al resto de países de Latinoamérica; esa idea de “desarrollo” por encima de la vida.


Y ¿qué es esa tal “Revolución Verde” de la que tanto hemos hablado y qué tiene que ver con la agroecología?
Esta estrategia señala un crecimiento exagerado de la producción agrícola que se dio entre 1960 y 1980 en Estados Unidos por la experimentación de científicos de la época, en donde aseguraban que todo el mundo tendría comida en menos tiempo utilizando para ello un aparato tecnológico y una serie de fertilizantes, plaguicidas y riegos.

El costo: una pobre calidad nutricional de los alimentos, nuevas plagas desconocidas, dependencia tecnológica y un alto costo de lo que antes les pertenecía a los campesinos, las sagradas semillas. El sembrador debe adaptarse según esta idea a que su semilla ya no le dará otra semilla para seguir sembrando, sino que debe, cada año como mínimo, ir a comprarle las semillas a una industria que se impuso bajo el disfraz del “desarrollo”. Los Mercados Agroecológicos nacen precisamente de esa tensión y protesta ante el sistema económico consumista que nos han implantado.

Ahora, ¿qué hay de nuestra querida y sufrida Colombia? Este exuberante país que a pesar de ser explotado tan intensamente, no para de dar.
Colombia ha tenido un nacimiento múltiple de la agroecología, un despertar colectivo entre muchas ONGs, activistas ambientales, agricultores, campesinos y académicos que han alimentado con la observación, la investigación y la práctica una consciencia del momento histórico y la responsabilidad existencial que tenemos como individuos del planeta que habitamos.

En la región del altiplano cundiboyacence, en la zona central cafetera, en el valle del Occidente, y en todas las regiones del país ya hay escuelas de educación formal y no formal en agroecología, que más que ser una profesión, es una visión coherente y lógica de relacionarse con la vida que es la tierra, como muchas manifestaciones sociales que lo expresan de la manera más natural y sincera, que ya tendremos la oportunidad de hablar con más atención en la próxima entrega de este especial.

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Jose Miguel Echeverry

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